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Fadrique Álvarez de Toledo

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Biografía

Álvarez de Toledo, Fadrique. Duque de Alba de Tormes (II). ?, s. m. s. XV – Alba de Tormes (Salamanca), 1531. Noble, militar.

Lo mismo que sucedía con los duques del Infantado, este descendiente de Fernán Álvarez de Toledo, caballero al servicio de Pedro I y Enrique II, ostenta los tres grados en que se hallaba constituida la primera nobleza, aquella que en 1520 fue reconocida por Carlos V como posesora de la condición oficial de Grande. Su padre, García Álvarez de Toledo, a quien, en 1470, Enrique IV otorgara el ducado de Alba de Tormes y el marquesado de Coria, esperando con ello ganar un partidario para Juana, “la hija de la reina”, contrajo matrimonio con Leonor Enríquez, hija del almirante de Castilla y hermana de Juana que, al casarse con Juan II de Aragón, se convirtió en madre de Fernando el Católico. Esto le convertía en primo hermano del Rey. En cierta ocasión, en que Isabel mostraba su disgusto a causa de los términos destemplados, en el curso de un juego, él replicó que “hablaba con su primo”, indicando de este modo las relaciones estrechas que con él le unían.

Desde el primer momento, siendo muy joven, mostró adhesión a la causa de los Reyes Católicos. En 1475 figuró como mantenedor del torneo que, en Valladolid, pretendía ser la fiesta de comienzo del reinado.

Pagó los gastos. Durante la guerra con Portugal, el ducado de Alba fue escenario para el paso de los ejércitos portugueses, pero los soldados del duque permanecieron en las filas de Isabel. También desempeñó un papel importante atrayendo a los Estúñiga, con quienes emparentó, a la amistad con los Reyes Católicos. Es, sin embargo, la guerra de Granada la que cimenta la fama militar de Fadrique que, en 1486, asume la capitanía general de la Frontera con la misión de conservar todo el terreno conquistado durante un breve tiempo de suspensión de las operaciones.

A él corresponde firmar, en nombre de los Reyes, las capitulaciones del 25 de noviembre de 1491 que significaban la entrega de la ciudad y los últimos reductos obedientes a Boabdil.

Los testimonios de los cronistas nos ayudan a comprender que, gracias a estas operaciones, se cimentó la fama militar del II duque de Alba y II marqués de Coria, no sólo por sus dotes estratégicas sino también por su valor personal. En el decenio siguiente figura como uno de los consejeros más escuchados por los Reyes, apareciendo en cierto modo como cabeza de aquel sector de la aristocracia que se mostraba más adicta a los monarcas. En todo momento el estrecho parentesco, reforzado por el hecho de su boda con una hija del antiguo duque de Arévalo, Álvaro de Estúñiga, al que había conseguido atraer hacia esta misma posición política, le dio fuerzas muy considerables.

Cuando Luis XII de Francia decidió, en el curso de la denominada segunda guerra de Italia, invadir el Rosellón poniendo cerco a la fortaleza de Salses, Fernando le encomendó el mando sobre esta frontera, en la que confluían los refuerzos castellanos al lado de los que se movilizarán en Aragón y Cataluña. Los cronistas del tiempo elogian extraordinariamente la operación que permitió levantar el cerco de Salses y retroceder a los franceses hasta su punto de partida.

Esto aumentó su fama. Entre los grandes castellanos —todavía no había sido promovido a este nivel Gonzalo Fernández de Córdoba— estaba siendo considerado como el más hábil. También su primo el Rey le tenía por el más digno de confianza. Así se demostró muy pronto.

Al producirse el fallecimiento de la reina Isabel, en cuyo testamento se declaraba que, en caso de ausencia o incapacidad de Juana, Fernando debía asumir las funciones de gobierno, Fadrique se colocó al lado de Fernando. Vino a España Felipe el Hermoso, con propósito de tomar posesión de una Corona que por matrimonio le correspondía, y aunque no pudo conseguir ni la renuncia de Juana ni la incapacidad de ésta, Fernando decidió abandonar la partida trasladándose a sus reinos de la Corona de Aragón y a Nápoles, con el propósito de convertir este reino en uno más dentro de la Corona. El duque de Alba decidió abandonar también Castilla siguiendo a quien consideraba verdaderamente como su rey. Fue éste el primer contacto entre la Casa de Alba y Nápoles, preludiando así la defensa que de él haría más tarde su nieto en los años decisivos de Carlos V y comienzo del reinado de Felipe II. Volvía a la Península en el séquito de Fernando cuando éste, a su vez, retornó.

Serios acontecimientos habían tenido, entre tanto, lugar. La muerte de Felipe convertía a Juana y a su hijo Carlos, nacido en 1500, en titulares de la Corona.

Fue la ocasión para que se cumpliese el testamento de Isabel, asumiendo Fernando las funciones correspondientes hasta su muerte en 1516. Durante esta etapa, el Rey le encomendó la misión más delicada, conquistar Navarra sin provocar los traumas que una guerra de conquista llevaba consigo. El duque de Alba tuvo, de nuevo, un gran éxito: consiguió que la guerra concluyese no por medio de las armas sino mediante un pacto en virtud del cual el reino se incorporaba a la Corona de Castilla, conservando su calidad de tal y siendo reconocidas, por el duque en cuanto plenipotenciario, y por el Rey en aquellos puntos que exigían una potestad mayor, las condiciones de libertad que asegurarían, con el Fuero, condiciones muy específicas.

En 1517, habiendo fallecido el regente, cardenal Cisneros, fue el principal noble en la recepción que se brindó a Carlos V en Valladolid, donde estaban convocadas las Cortes para proceder al juramento del Rey.

Carlos mostró, desde el primer momento, su confianza hacia Fadrique, al que incorporó a su séquito. En estas circunstancias, acompañó al Emperador a Barcelona, contribuyendo mucho a mantener un clima favorable al nuevo Monarca que, en el Capítulo que en esta ciudad se celebró en 1519, le otorgó el Toisón de Oro, siendo así el primero de los nobles castellanos que obtuvo la preciada distinción. Al año siguiente accedería a la Grandeza de España, que le permitía permanecer cubierto delante del Rey. Viajó a Alemania para hallarse presente en la proclamación de Carlos como Rey de Romanos, y estuvo en Flandes.

Las noticias que venían de España por el comienzo de las Comunidades le obligaron a regresar. Fue un factor decisivo que impidió que la alta nobleza se sumara a este movimiento reivindicatorio de la pequeña nobleza y las oligarquías ciudadanas. Siendo ya de edad avanzada volcó todos sus esfuerzos en preparar a su nieto Fernando, del que no se separaba y para quien organizó un equipo de educadores, presidido por el benedictino siciliano Bernardo Gentile, al que trajo de Italia. Por última vez se le ve desempeñar un papel importante en 1526, cuando recibe, a la emperatriz Isabel y acompaña a los nuevos esposos en su viaje a Sevilla. Se retiró luego a sus dominios de Alba de Tormes donde falleció en 1531. De su matrimonio con Isabel de Zúñiga (Estúñiga) y Pimentel tuvo cinco hijos: García de Toledo; Pedro Álvarez de Toledo; Diego de Toledo, Prior de la Orden de San Juan; Aldonza Leonor de Toledo y Juan Álvarez de Toledo, Cardenal Arzobispo de Burgos.

 

Bibl.: M. A. Ladero Quesada, Castilla y la conquista del reino de Granada, Valladolid, Universidad, 1967; L. Suárez Fernández, Fernando el católico y Navarra: el proceso de incorporación del reino a la Corona de España, Madrid, Rialp, 1985; R. Pérez-Bustante y J. M. Calderón Ortega, Felipe el Hermoso, Palencia, Diputación Provincial, 1995; A. de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Fundación Carlos III-Palafox y Pezuela, 2000; M. Fernández Álvarez, Carlos V, Madrid, Espasa Calpe, 2000; S. Fernández Conti, “Álvarez de Toledo, Fadrique (II Duque de Alba)”, en J. Martínez Millán (dir.), La Corte de Carlos V. Los Consejos y los Consejeros de Carlos V, vol. III, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, págs. 32-33; L. Suárez Fernández, Isabel I, reina, Barcelona, Editorial Ariel, 2002; L. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía: entendimiento y rivalidad: el proceso de construcción de la Corona española, Madrid, La Esfera de los Libros, 2003.

 

Luis Suárez Fernández

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