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Juan Alfonso de Haro (IV)

Biografía

Alfonso de Haro, Juan. Señor del Busto, Revilla de Campos e Iniesta. ?, p. m. s. xv – 1493. Merino mayor de Asturias, aposentador mayor de Enrique IV, copero real de “Alfonso XII” y guarda mayor de Fernando el Católico.

Primer hijo nacido del matrimonio de Diego López de Haro, señor del Busto, Revilla y Paradilla del Alcor, con Ginebra de Acuña Girón. Constituye un ejemplo de la actividad de las ramas secundarias de los grandes linajes castellanos durante el predominio de la nobleza en los años centrales del siglo xv. La situación de Juan de Haro fluctúa en función de los vaivenes del enfrentamiento entre bandos nobiliarios; finalmente, la difícil maniobra de incorporarse al servicio de los Reyes Católicos le permite mantener su posición, pero merma su hacienda.

Siguiendo el camino de su padre, comienza al servicio del príncipe don Enrique y de su privado Juan Pacheco, marqués de Villena, pariente suyo por línea materna. Así, tras crear Juan II el principado de Asturias para su heredero en 1445, este príncipe nombra merino mayor de Asturias a Juan de Haro para someter a los Quiñones, linaje hegemónico en dicho territorio.

Sin embargo, su primera etapa en este cargo dura poco, pues, dos años más tarde, don Enrique devuelve la merindad asturiana a Pedro de Quiñones en un intento de recabar su apoyo en el enfrentamiento con su padre, el rey. Continúa prestando sus servicios al príncipe en otros escenarios. Durante el verano de 1447, desde el castillo de Garci-Muñoz, socorre a Diego Hurtado de Mendoza, sitiado en Cuenca por las fuerzas reales del obispo Lope de Barrientos.

Un año después, tras la entrevista de Záfraga entre Juan II y su hijo, él se encarga de encerrar en el castillo de Roa al conde de Alba y a Pedro de Quiñones, así como de su posterior traslado al alcázar de Segovia.

Gracias a la vinculación de los Quiñones con el bando del monarca, retorna a la merindad y alcaldía mayor de Asturias a finales de 1452. De esta época dataría también su matrimonio con Aldonza Carrillo de Mendoza, señora del Villar del Saz de Don Guillén e hija del primer conde de Priego.

Dos fallecimientos, el del rey Juan II y el de su padre, Diego López de Haro, aumentan la extensión de sus responsabilidades. Por una parte, en su afán por poner coto a la patrimonialización de los oficios de la Casa del Rey, el nuevo monarca Enrique IV le nombra “aposentador mayor” (cargo desempeñado por los Ayala durante el último medio siglo) y merino real de la villa de Carrión; al mismo tiempo, su padre Diego le acompaña a la corte, desempeñando el oficio de “guarda mayor”. En 1257, el rey le encarga cooperar con Pedro Fajardo, adelantado de Murcia, en el sometimiento de su primo rebelde Alonso Fajardo. En esta misión, Juan de Haro evidencia una mayor autonomía; pacta con Alonso Fajardo la rendición del castillo de Lorca, entregándole a su propio hijo Diego López de Haro como rehén, y protege a Pedro Fajardo, vástago del rebelde refugiado en Caravaca. De esta manera, entra en posesión de Caravaca, iniciando una duradera enemistad con el adelantado de Murcia por el control de esta rentable encomienda de la Orden de Santiago. Por otra parte, a la muerte de su progenitor, meses después de hacer testamento en febrero de 1460, recibe el mayorazgo del Busto (fundado el año anterior) y el señorío de Revilla de Campos.

Al desempeñar los citados cargos y mercedes, Juan de Haro alcanza el cenit de su poder; sin embargo, pronto surgen algunos contratiempos. Su primer problema se halla en Asturias, cuyo gobierno resulta bastante gravoso, pues precisa del apoyo del monarca, defendiéndolo frente a las intromisiones de corregidores y justicias en 1455 y confirmándolo en sus cargos tres años más tarde; además, los 150.000 maravedíes adeudados por Juan de Caso en 1460 denotan problemas recaudatorios en dicha merindad. Bien por estas dificultades, bien por resultarle Asturias muy alejada de sus recién adquiridas responsabilidades en la meseta castellana, en septiembre de 1460 acuerda la venta de la merindad y alcaidía mayores de Asturias a Diego Fernández de Quiñones bajo la forma de un arrendamiento durante quince años por 125.000 maravedíes anuales. Aunque resulta claro el interés de Juan de Haro y de los Quiñones, deseosos de recuperar un ámbito de poder tradicionalmente vinculado a ellos, la operación no se culmina. Un mes más tarde, los procuradores de ambas partes evidencian su desencuentro en Valladolid; al mismo tiempo, también se propone la compra de la merindad de Asturias a la condesa de Trastámara, Inés de Guzmán. Detrás de estas complicaciones podría encontrarse Enrique IV, contrariado por el deseo de Juan de Haro de desprenderse de la merindad y reticente a que los Quiñones recuperen posiciones en el principado. La solución a este embrollo sólo puede venir del marqués de Villena, valido del rey y patrón del merino. Juan Pacheco compra los cargos de merino y alcaldes mayores a Juan de Haro y, a continuación, los vende a Diego Fernández de Quiñones por millón y medio de maravedíes. Al poco de concluir la intrincada venta de la merindad de Asturias, el ascenso de nuevos privados del monarca, Miguel Lucas de Iranzo y Beltrán de la Cueva, provoca una sublevación nobiliaria capitaneada por el marqués de Villena que lleva a cabo la deposición de Enrique IV, en la llamada “Farsa de Ávila”, y la entronización de su hermano menor como “Alfonso XII” en el verano de 1465. Juan de Haro se mantiene fiel a Juan Pacheco, recibiendo el cargo de copero real del nuevo rey. Sin embargo, los 8.000 maravedíes anuales que le reporta este oficio, una de las retribuciones más bajas de dicha corte, no compensan las pérdidas que le acarrea su alejamiento de Enrique IV. En 1463 debe entregar a censo y perpetua enfiteusis sus heredades sitas en Villamar y, dos años más tarde, el depuesto monarca secuestra su villa de Revilla de Campos. La muerte de “Alfonso XII” y el matrimonio de la princesa Isabel con Fernando de Aragón llevan a la facción nobiliaria del marqués de Villena a retornar a la obediencia de Enrique IV, reconociendo como heredera a su hija Juana mediante el Tratado de Valdelozoya en 1471. Una vez más al servicio de Juan Pacheco, Juan de Haro recibe la alcaidía de la ciudad de Alcaraz, plaza que defiende eficazmente de los ataques del conde de Paredes, Pedro Manrique, seguidor de Fernando e Isabel.

En 1474, los fallecimientos de sus señores, el marqués de Villena, el 4 de octubre, y Enrique IV, el 12 de diciembre, dejan a Juan de Haro en una situación bastante expuesta. Entonces, inicia un acercamiento al bando de los futuros Reyes Católicos, donde militan otros parientes suyos, como los Acuña y los Mendoza.

La ejecución de esta maniobra supone renunciar a la encomienda de Caravaca, cedida a Pedro Vélez de Guevara (comendador de Ricote en la Orden de Santiago) en 1475, y casar a su primogénito Diego López de Haro con Beatriz de Sotomayor, hija de Luis Méndez de Sotomayor, señor de El Carpio, en 1479.

Aun así, este cambio de fidelidad resulta complicado, pues el adelantado de Murcia, Pedro Fajardo, rompe el anterior acuerdo y ocupa Caravaca, prendiendo a Juan de Haro. Esta agresión a su padre provoca que Diego López de Haro desafíe al adelantado el 12 de noviembre de 1480 en la ciudad de Toledo, debiendo intervenir los Reyes Católicos para evitar el enfrentamiento.

No consigue recuperar Caravaca, encomienda que pasa a Juan Fajardo, hijo del adelantado, ni el cargo de aposentador mayor, recuperado por los Ayala en 1489. A pesar de ello, vuelve a la corte como guarda mayor de Fernando el Católico, cargo que le permite la liquidez suficiente para comprar la villa de Villacís de Campos en 1482 y liberar el censo que pesaba sobre Revilla de Campos en 1489. En octubre de 1492 otorga testamento y codicilo en Villar del Saz de don Guillén, falleciendo poco después, pues esta última voluntad es ejecutada por la audiencia de Valladolid el 14 de diciembre de 1493. De este modo, finaliza una vida llena de desvelos por mantener los bienes y la honra de su familia durante unos años convulsos y cambiantes; el desigual balance final lo expresa Fernández de Oviedo, cronista coetáneo, en su acertada definición de Juan de Haro: “buen caballero, pero no tubo tanta hacienda como linage”.

 

Bibl.: A. López de Haro, Nobiliario Genealógico de los Reyes y Títulos de España, vol. II, Madrid, Luís Sánchez impresor, 1622, pág. 419; L. de Salazar y Castro, Casa de Silva, vol. II, Madrid, Melchor Álvarez y Mateo de Llanos, 1685, pág. 763; Salazar y Castro, Historia genealógica de la casa de Lara, vol. II, Madrid, Imprenta Real, 1694-97, pág. 324; E. Buceta, “Cartel de desafío enviado por D. Diego López de Haro al Adelantado de Murcia, Pedro Fajardo (1480)”, en Revue Hispanique, LXXXI (1933), págs. 462-463; D. de Valera, Memorial de diversas hazañas. Crónica de Enrique IV, Madrid, Espasa Calpe, 1941, pág. 47; J. Mata Carriazo, Crónica del halconero de Juan II, Pedro Carrillo de Huete, Madrid, Espasa Calpe, 1946, págs. 483, 499 y 503; C. Rosell (ed.), Crónicas de los reyes de Castilla: Crónica del rey don Juan Segundo, por el Doctor Lorenzo Galíndez de Carvajal, Madrid, Atlas, 1953 (col. Biblioteca de Autores Españoles, vol. LXVIII), pág. 657; R. Pérez Bustamante, El gobierno y la administración territorial de Castilla (1230-1474), vols. I y II, Madrid, Universidad Autónoma, 1976, págs. 232 y 233 y págs. 222, 227, 246 y 304; E. Benito Ruano, “La merindad y alcaldía mayores de Asturias a mediados del siglo xv”, en Asturiensia Medievalia, III (1976), págs. 275-329; J. Zurita, Anales de la Corona de Aragón, vols. VII y VIII, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 1977, pág. 652 y pág. 382; C. Álvarez Álvarez, El condado de Luna en la Baja Edad Media, León, Colegio Universitario de León, 1982, pág. 161; A. Sánchez Martín, “Crónica de Enrique IV” de Diego Enriquez del Castillo, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1994, págs. 367 y 369; J. de Salazar y Acha, La casa del Rey de Castilla y León en la Edad Media, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000, págs. 125, 280, 303, 503, 529 y 553; J. L. Martín Rodríguez, Enrique IV de Castilla. Rey de Navarra, príncipe de Cataluña, Hondarribia, Nerea, 2003, pág. 280.

 

Tomás Sáenz de Haro

 

 

 

 

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