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Juan Zavala de la Puente

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Biografía

Zavala de la Puente, Juan. Marqués de Sierra Bullones (I), conde de Paredes de Nava (XVI). Lima (Perú), 27.XII.1804 – Madrid, 29.XII.1879. Militar y político.

De familia noble su padre era marqués de San Lorenzo y conde de Valle Umbroso, además de coronel de Infantería.

Juan Zavala iniciaba su formación castrense en 1818, cuando contaba catorce años, ingresando como cadete en las aristocráticas Milicias Disciplinarias de Lima, en cuyo Regimiento de Dragones obtuvo, dos años después, el nombramiento de oficial portaguión.

En 1821 llegó a España en compañía de su padre, que cumplía una misión especial del virrey, tras un accidentado viaje en el que no faltaron varios meses de cautiverio en manos de corsarios argentinos. Su hoja de servicios ya recoge la acreditación de “serenidad y valor” en el comportamiento mostrado por el joven oficial durante el enfrentamiento entre el bergantín de guerra en el que viajaba y la corbeta pirata que les abordó.

Ya en la Península reinicia sus estudios militares hasta que, en 1825, es promovido al empleo de alférez del Regimiento de Lanceros de la Guardia Real. En plena Década Ominosa sufrió la investigación de la Junta de Oficiales Subalternos de Castilla la Nueva, resultando “purificado de la conducta militar y política”, vivencia ésta que debió marcarle profundamente. En agosto de 1827 siguió desde Aragón con su Regimiento la evolución de las revueltas de los apostólicos contra Fernando VII, los agraviados o “Malcontents”.

Su prueba de valor en al campo de batalla le llega, con el grado ya de capitán, en la Guerra Civil desatada en 1833 tras la muerte de Fernando VII. Desde su inicio no deja de participar en cuantas acciones se desarrollan en los sucesivos frentes, la mayoría de ellas bajo el mando directo del general Espartero de quien era ayudante de campo desde el 9 de enero de 1834. Zavala se fue distinguiendo por su valor a medida que transcurre la campaña, sobre todo a partir de su destino en el Regimiento de Húsares de la Princesa como comandante del mismo en 1835. Especialmente significativas fueron las acciones de Orduña (1836) en la que mostró un arrojo casi temerario, la de Gra (1837) donde superó la vacilante iniciativa de su jefe, el barón de Meer y en la decisiva toma de Peñacerrada en junio de 1838 en la que pudo mostrar a Espartero la eficacia de la contundente carga de caballería en apoyo de las compañías de Cazadores. Terminaba Juan Zavala la Primera Guerra Carlista, que había iniciado en 1833 de capitán, con el empleo de brigadier de Caballería cinco años después y tres Cruces Laureadas de San Fernando.

Además del valor manifestado en el combate, Zavala debió mostrar inteligencia, serenidad y dotes para la negociación, por lo que fue comisionado por Espartero junto a su secretario particular, el también brigadier Francisco Linaje, para iniciar con el general carlista Maroto las primeras conversaciones de paz que culminaron con la firma del llamado Convenio de Vergara el 31 de agosto de 1839. Espartero quiso premiar a Zavala con el empleo superior de mariscal, pero éste le devolvió el fajín que don Baldomero le enviara por su manifiesto deseo de ganarlo en acción de guerra, cosa que no tardó mucho en ocurrir con motivo de las brillantes acciones en la zona del Maestrazgo en persecución del general Cabrera, en abril de 1840. Finalizaba la guerra Zavala como comandante general de la Caballería, si bien el ascenso a mariscal le supuso la baja en su arma de procedencia. Una vez disuelto el Ejército de operaciones, quedó de segundo cabo de la Capitanía de Cataluña.

Nombrado por el regente Espartero capitán general de Valencia en diciembre de 1842, en este puesto le sorprendieron los sucesos revolucionarios de julio de 1843 promovidos por la coalición de moderados y progresistas disconformes que dieron con Espartero en el exilio. Fiel a su jefe y protector, el temor a posibles represalias le llevó a Perpiñán desde donde, una vez reconocida la nueva situación política, solicitó licencia por asuntos propios. Aprovechó esta situación, don Juan, para viajar a Perú y a su regreso debió participar en la conspiración progresista que desembocó en los disturbios de la primavera de 1848, con las dos sublevaciones militares en Madrid y Sevilla, por lo que fue condenado a destierro en Ceuta el 11 de mayo de 1848, si bien ni siquiera llegó a cumplir un mes de pena fijando su residencia en Madrid.

Al mando de la Segunda División del Ejército expedicionario, que, de acuerdo con Francia, habría de intentar la reposición de Pío IX, Zavala embarcó el 23 de mayo de 1849, regresando a España a primeros del año siguiente sin haber entrado en combate.

Solicita entonces tres años de licencia para viajar de nuevo a Perú. En esta situación se produce su ascenso a teniente general.

En 1853 solicita permiso de residencia para Francia, desde donde debió participar en la conspiración que al año siguiente llevaría a la caída del conde de San Luis. Encargado Espartero de formar gobierno, Zavala es nombrado capitán general de Andalucía el 1 de agosto de 1854, puesto del que dimite al mes de su nombramiento para ocupar el 15 de septiembre siguiente el importante mando de la Capitanía General de Castilla la Nueva.

De la mano de su antiguo jefe militar, Espartero, en pleno Bienio Progresista, don Juan Zabala es nombrado ministro de Estado el 6 de junio de 1855, cargo que ocupa hasta que el 14 de julio del año siguiente cuando O’Donnell sustituye a Espartero al frente del Gobierno. En la primavera de 1856, sin abandonar el Ministerio, fue comisionado como capitán general de Valencia con el fin de neutralizar los motines que se produjeron en aquellos días. Como Ministro de Estado debió hacer frente a la crisis con la Santa Sede como consecuencia de la ruptura de relaciones de ésta con España por el voto en las Cortes españolas de una segunda desamortización.

Al poco de iniciase el gobierno largo del general O’Donnell, Zavala es nombrado director general de Caballería, importante puesto que tenía más atribuciones sobre el Arma que el propio ministro de la Guerra. El 18 de julio de 1858 ocupa un escaño en el Senado.

A raíz de uno de los múltiples incidentes que se producían en la frontera de Ceuta, O’Donnell declaró la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859. Pretendía don Leopoldo una empresa de prestigio que estimulara el sentimiento patriótico del pueblo español, por un lado y por otro ocupar en sus tareas propias al Ejército con objeto de alejarlo, en lo posible, de la tendencia a la politización a la que le habían abocado el protagonismo de los generales “espadones”. Unos cuarenta y cinco mil hombres se agruparon en tres cuerpos de Ejército y para el mando del segundo se designó al teniente general Zavala, destacando fundamentalmente en la Sierra de Bullones, donde resistió con inteligencia el embate de las tropas de Muleyel- Abbas y en la batalla de Los Castillejos, en la que salvó al general Prim de una difícil situación atacando intensamente el flanco derecho del enemigo. De la campaña se retiró Zavala enfermo con la única Gran Cruz de San Fernando que el Gobierno concedió en esta contienda y con el título de marqués de Sierra Bullones con grandeza de España.

Presidiendo el Gobierno de nuevo O’Donnell, jefe de la Unión Liberal, encarga a Zavala la cartera de Marina. Éste se dedicó a la reforma de la Armada con entusiasmo durante el tiempo que duró el ministerio entre el 10 de julio de 1860 y el 2 de marzo de 1863. Bajo su mandato se proyectó la construcción de dos diques en El Ferrol y otros dos en los arsenales de Cádiz y Cartagena, respectivamente; se construyeron varios buques tanto en España como en Inglaterra y Francia y llegó a apoyar decididamente el proyecto de submarino Ictineo de Monturiol.

Fue llamado por el gobierno presidido por el marqués de Miraflores, siendo don José Gutiérrez de la Concha ministro de la Guerra, para intentar solucionar el conflicto producido en el seno del Cuerpo de Artillería entre los oficiales prácticos, procedentes de suboficial y los técnicos formados en la Academia que de ninguna manera querían que aquellos ascendieran a jefes dentro de Cuerpo. Zabala ejerció el cargo de director general de Artillería entre junio y octubre de 1866, mostrando unas dotes conciliadoras poco corrientes.

De nuevo entra en el Gobierno presidido por O’Donnell en unos momentos delicados: asumir la cartera de Marina cuando la Armada española se encuentra en plena guerra del Pacífico contra la escuadra chileno-peruana. Fue nombrado ministro el 21 de junio de 1865 cuando se preveía el fracaso de las negociaciones diplomáticas con las autoridades peruanas y la entrada de Chile en la confrontación. Al suicidarse el almirante Pareja, jefe de la flota española por el apresamiento de la goleta Cavadonga, Zabala ascendió sobre la marcha al capitán de navío Casto Méndez Nuñez poniéndole al frente de la escuadra. Tras el bombardeo de Valparaiso la flota se dirigió a Callao donde se desarrolló un intenso combate entre las baterías de la costa y los barcos españoles la mañana del 2 de mayo de 1866 que terminó en tablas, igual que los sucesivos enfrentamientos entre la flota española y las fortificaciones costeras peruanas. El 3 de mayo se daban por suspendidas las hostilidades.

Ejerciendo el ministerio de Marina, al comenzar el año 1866 se produjo la sublevación del general Prim en Villarejo y Zavala es nombrado comandante general de la división formada para perseguir a los insurrectos hasta la frontera portuguesa. Algunos autores piensan que de haberse empleado Zavala a fondo con las fuerzas que se le asignaron otra cosa hubiera sido del héroe de Castillejos. Participó también muy activamente en los sucesos revolucionarios del cuartel de San Gil el 22 de junio de 1866 al lado del Gobierno, siéndole concedida, la Gran Cruz Roja del Mérito Militar. Sufrió, como otros generales, el pretendido rigor de González Bravo, siendo desterrado a Lugo el 7 de julio de 1868.

Probablemente no participó activamente en los preparativos de la revolución de septiembre de 1868, pero, ante el interés de Prim por que figurase muy cerca del nuevo Rey, Zavala aceptó a la muerte del conde de Reus el encargo de Topete de recibir a Amadeo en Cartagena y acompañarle en su entrada en Madrid. El 4 de enero de 1871 era nombrado primer ayudante de campo y jefe del Cuarto Militar del Rey, dimitiendo de dicho cargo el 29 de abril del mismo año. Más efímero fue el ejercicio del cargo de ministro de la Guerra en el gobierno de Sagasta de abril de 1872. Poco más de un mes ejerció don Juan dicho ministerio.

Durante la República únicamente colaboró con Emilio Castelar, cuando éste decidió tomar las medidas adecuadas para salvar el régimen intentando acabar con los tres frentes bélicos que en aquellos momentos contribuían a su destrucción: cubano, cantonal y carlista. Una de las decisiones más acuciantes era el restablecimiento del Arma de Artillería cuyos componentes habían abandonado el servicio activo en desacuerdo con los nombramientos del general Hidalgo, presunto instigador de los sucesos del cuartel de San Gil en los que murieron varios oficiales artilleros a manos de los sargentos amotinados. Disuelto el Cuerpo por Ruiz Zorrilla, último Jefe de Gobierno de don Amadeo, Castelar recurrió a Zavala nombrándole de nuevo director general de Artillería. Las gestiones en torno a la nueva organización del Cuerpo, según estaba antes de la disolución, fueron un éxito para Zavala que consiguió el reingreso de la mayoría de los oficiales artilleros.

Cuando el general Pavía, con el apoyo de todo el Ejército, disolvió por la fuerza las Cortes que pretendían insistir en la República Federal el 3 de enero de 1874 mediante el primer golpe de Estado en la historia de España, Juan Zavala colaboró formando parte del primer Gobierno del poder ejecutivo, ocupando la cartera de Guerra. Un gobierno presidido por el general Serrano que, a su vez, mantenía la jefatura del Estado.

Participó activamente en la operación política que pretendía la oscilación del gobierno hacia posiciones unionistas. En este contexto se encuadra por una parte la designación del marqués del Duero como jefe de operaciones del importante frente Norte carlista y sobre todo la separación de poderes por parte de Serrano que quedaba como Jefe del Estado, mientras Zavala ocupaba la Jefatura del Gobierno, además de retener la cartera de Guerra. Tras su nombramiento el 26 de febrero de 1874 conservó el gabinete heredado de Serrano hasta la crisis del mes de mayo en la que salen radicales y republicanos, quedando potenciado el núcleo constitucional-unionista. Algunos autores ven tanto en el nombramiento del marqués del Duero como en la entrada en el gobierno de Alonso Martínez un pacto con los canovistas de cara a que unas Cortes convocadas determinasen la mejor opción de gobierno.

La muerte en combate de Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero dio al traste con los planes restauracionistas de Cánovas basados en un resonante triunfo de aquél en la guerra carlista. Zabala, que había sido promovido al empleo de capitán general el 7 de mayo de 1874, sustituyó a Concha al frente del Ejército del Norte el 29 de junio del mismo año, dejando interinamente la presidencia a Mateo Sagasta que ocupaba además la cartera de Estado.

Estas tareas políticas no distrajeron a Zabala de su vocación militar. Como ministro de la Guerra reorganizó y dotó de material al Ejército en campaña, indicando al marqués del Duero el planteamiento estratégico de las operaciones. Una vez al frente directo del Ejército del Norte, tras la muerte de Concha, Zavala, tras levantar la moral de soldados y mandos, organizó dos cuerpos de Ejército y una división de vanguardia colocándose en una defensiva activa debido a la falta de recursos necesarios en otros frentes.

Afectado por una feroz campaña de prensa en su contra, presentó la dimisión de todos sus cargos el 3 de octubre de 1874, formando gobierno efectivo, tras cuatro meses de interinidad, Práxedes Mateo Sagasta. El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunciaba en Sagunto proclamando a Alfonso de Borbón como rey de España. Se iniciaba la Restauración con el protagonismo indiscutible de don Antonio Cánovas.

Zavala no volvió a la política activa, ocupándose, desde el 5 de agosto de 1876, de la presidencia de la influyente Junta Superior Consultiva de Guerra, cargo que ejercía cuando el 29 de diciembre de 1879 falleció en Madrid por una congestión cerebral. El año anterior el rey Alfonso XII reconocía la brillante aportación militar y política de Zabala imponiéndole el collar del Toisón de Oro.

Juan Zabala de la Puente representa el tipo de militar profesional que situándose al margen de todo interés partidista muestra un claro interés de Estado. Son los que crean para el futuro la opción de un militar de prestigio capaz de gestionar diversas opciones políticas sin implicarse en ninguna, ideal para presidir gobiernos de concentración nacional en caso de necesidad.

 

Bibl.: R. Calvo Jiménez, Zavala. Vida y hechos del Capitán General Marqués de Sierra Bullones, Conde de Paredes de Nava, Madrid, La Revista Biográfica, 1924; J. Vigón, Historia de la Artillería Española, t. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1947; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, France, Ruedo Ibérico, 1968; M. Alonso Baquer, El ejército en la sociedad española, Madrid, Editora Nacional, 1971; R. J. Alonso, Historia Política del Ejército Español, Madrid, Editora Nacional, 1974; C. Seco Serrano, Militarismo y Civilismo en la España Contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; J. Albi y L. Stampa, Campañas de la caballería española en el siglo XIX, Madrid, Servicio Histórico Militar, 1985; M. Martínez, Caballería y Liberalismo (1800-1875), Valladolid, Academia de Caballería, 1991; F. Bordejé y Morencos, Crónica de la marina española en el siglo XIX, 1995, 2 vols.

 

Pablo González-Pola de la Granja

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