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Pedro Espinosa

Biografía

Espinosa, Pedro. Antequera (Málaga), VI.1578 – Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 21.X.1650. Poeta y antólogo, cabeza visible del grupo antequerano-granadino.

Discurre la primera etapa en la vida de Pedro Espinosa entre coordenadas inciertas que sitúan al joven autor, de manera probable aunque no ratificada, formándose al abrigo humanista de la famosa cátedra de Gramática de Antequera. No consta, aunque también se presupone al ser presentado en ocasiones como licenciado, su graduación universitaria, acaso en Cánones o Teología. Inmerso en el esplendor de su ciudad natal como centro cultural insoslayable durante la segunda mitad del siglo xvi y principios del xvii, Espinosa compartió amistad y relaciones poéticas con singulares personalidades residentes entonces en Antequera, como Juan de Aguilar y Bartolomé Martínez —preceptores en la cátedra—, o los poetas Agustín de Tejada, Juan Bautista de Mesa, Luis Martín de la Plaza, Juan de Valdés y Meléndez o Cristobalina Fernández de Alarcón, a quien se ha venido identificando con la Crisalda de sus poemas; si bien, el idilio supuesto entre ellos no se justifique más allá de la mera hipótesis. Muy estrechos, asimismo, fueron sus vínculos con el círculo poético de Granada, integrado por antequeranos insignes como el mencionado Tejada, el lucenés Luis Barahona de Soto o granadinos de renombre como Pedro Rodríguez de Ardila o Gregorio Morillo. Por afinidades personales, estéticas y de transmisión conjunta de textos constituyen los nombres más destacados del llamado grupo antequerano- granadino. Fluido fue igualmente el trato de Espinosa con el grupo poético sevillano, con Juan de Arguijo a la cabeza, y especialmente con las figuras del pintor Francisco Pacheco, del cosmógrafo Antonio Moreno, y más tarde, del poeta Rodrigo Caro.

Con ocasión de publicar las Flores de poetas ilustres de España se supone su ubicación en la corte de Valladolid hacia 1603, fecha de aprobación y de la dedicatoria encaminada al mismo duque de Béjar, a quien Cervantes destinó su Quijote. El florilegio también salió a la luz en 1605, convirtiéndose en la primera antología impresa en literatura española consagrada a la poesía cultista. Con vocación renovadora, y en la línea de erudición poética enunciada por Fernando de Herrera, Espinosa sumó a composiciones propias y de su entorno andaluz más inmediato las de otros autores de acreditada circulación y fama: entre otros, Vicente Espinel, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Lupercio Leonardo de Argensola, y en especial Luis de Góngora, auténtico homenajeado de la antología.

Tras la aventura cortesana, se asiste a un cambio radical en la vida de Espinosa, quien con el nombre de Pedro de Jesús se entrega al retiro espiritual en la ermita antequerana de la Magdalena —de la que llegó a ser presbítero, capellán y patrono—, y a partir de 1613, también en la cercana de Nuestra Señora de Gracia de Archidona. No existen razones confesadas para esta transformación y se especula con un proceso de renovación íntima desencadenada acaso por desengaños sentimentales. Su producción lírica de este tiempo, en su mayor parte recogida en forma manuscrita en las Flores de poetas de 1611 compiladas por A. Calderón, refleja en cierto modo su nueva condición y se reorienta exclusivamente a la temática religiosa, tanto en su vertiente intimista como de devoción popular. Parece ser el momento de consolidación del estoicismo y el senequismo que impregnarán su obra en adelante, así como de la inspiración ascética en autores como fray Luis de Granada y del ejercicio poético en la línea ignaciana.

Un nuevo giro vital aviene en 1615 cuando, tras haberse ordenado sacerdote, Espinosa trueca el yermo por la Corte sanluqueña de la que llegaría a ser VIII duque de Medina Sidonia, Manuel Alonso Pérez de Guzmán, hombre también aficionado a la poesía y a quien Góngora dedicó su Polifemo. A su servicio ocupó el puesto de capellán de la iglesia de la Caridad y, desde 1618, el de rector del colegio de San Ildefonso. Fuertemente unido al noble, el duque y su linaje se convirtieron prácticamente en el eje de su creación, centrada ahora especialmente en una prosa panegírica impregnada de lirismo y reorientada en ocasiones hacia un conceptismo quevediano burlesco, sentencioso y moralizante que tiene en El perro y la calentura. Novela peregrina su exponente más original. Insidias palaciegas y desacuerdos familiares favorecieron que, tras la muerte del duque en 1636, Espinosa se distanciase progresivamente de la familia hasta abandonar un año después todas sus obligaciones.

Testó en 1646 y de su último testamento se desprende su afición a la pintura, rasgo que se traduce de manera evidente en su obra y que explica los profusos contactos con otros pintores-poetas, como Pacheco o Antonio Mohedano, entre otros. Falleció el 21 de octubre de 1650 con orden de ser enterrado en la Caridad de Sanlúcar de Barrameda.

Tanto desde su difusión manuscrita como impresa, las obras de Pedro Espinosa resultaron poco asequibles a sus contemporáneos. Aunque algunos ingenios como Lope reconocieron su valía poética, su estimación ha sido tardía y coincidente con su recuperación como antólogo a fines del siglo xix y principios del siglo xx, cuando paralelamente se le empieza a configurar como cabeza distinguida del grupo antequerano-granadino.

Frente al resto de autores de la escuela, Espinosa ha acaparado el escenario crítico y es considerado como el autor emblemático de sus características más específicas: un manierismo poético de vocación renovadora de fuentes, temas, géneros, metros, diseños estructurales y expresión que con base en la variedad y en la erudición creativa tamiza la expresión lírica a través de una perspectiva retórica e intelectualizante. El artificio poético sustenta básicamente el pluritematismo, la preocupación por el detalle, la exaltación colorista y preciosista que eleva la naturaleza a ente autónomo a través del lenguaje. En este sentido, las Flores de poetas ilustres se erigen como una determinante propuesta de contenido y entramado que encierra las composiciones de Espinosa más representativas de esta estética: la Canción al Bautismo de Jesús, la Canción a la navegación de San Raimundo y su afamada Fábula de Genil, donde Espinosa define “que a la materia sobrepuja el arte”. Reconducidos a sus poesías espirituales tales principios encarnan su ideal de belleza y naturaleza ligadas a la unión con Dios y a ello sirven la exuberancia verbal y el elevado cultismo que las caracteriza. La Soledad de Pedro Espinosa o Epístola I a Heliodoro y la Soledad del Gran Duque o Epístola II a Heliodoro modelan tal manierismo hasta integrarlo con el intimismo cristiano y el encomio desde la experiencia espiritual en una reformulación estética que se ha puesto en contacto con las grandes Soledades de Góngora.

La voz de Espinosa se ha prolongado explícitamente en algunos poetas románticos y de la Generación del 27, así como en aquellos autores o movimientos que han perpetuado de algún modo la estela gongorina, pues se reconoce al poeta como paso inexcusable en los caminos de la renovación poética cultista.

 

Obras de ~: Primera parte de las Flores de poetas ilustres de España, dividida en dos libros. Ordenada por Pedro Espinosa, natural de la ciudad de Antequera, Valladolid, Luis Sánchez, 1605 (ed. parcial de A. de Castro, Poetas líricos castellanos de los siglos xvi y xvii, II, Madrid, Rivadeneyra, 1857 [Biblioteca de Autores Españoles, XLII], págs. 1-43; ed. de J. Quirós de los Ríos y F. Rodríguez Marín, Sevilla, E. Rasco, 1896; ed. de B. Molina Huete, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2005; ed. de I. Pepe y J. L. Reyes Cano, Madrid, Cátedra, 2006) [19 composiciones]; F. de Luque Fajardo, Relación de la fiesta que se hizo en Sevilla a la Beatificación del glorioso San Ignacio, Sevilla, Luis Estupiñán, 1610 [4 composiciones]; [A. Calderón], Flores de poetas, a. q. 1611 (ms. R-6673, Fundación Bartolomé March, Mallorca; ed. por J. Quirós de los Ríos y F. Rodríguez Marín, Sevilla, E. Rasco, 1896) [1 prelim. y 26 composiciones]; Relación de la forma que se tuvo en el entierro de don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia..., Sevilla, Alonso Rodríguez Gamarra, 1615 (atrib. por F. Rodríguez Marín, “Una poesía de Pedro Espinosa...”, Sevilla, F. de P. Díaz, 1896); R. Caro, Santuario de Nuestra Señora de Consolación y Antigüedad de la villa de Utrera, dirigida a la inmaculada y purísima Concepción de la Virgen Santísima Nuestra Señora, Osuna, Juan Serrano de Bargas, 1622 [1 prelim.]; Bosque de doña Ana. A la presencia de Felipo Cuarto..., Sevilla, Juan de Cabrera, 1624; [Relación poética sobre el regalo ecuestre del Duque de Medina Sidonia a Felipe IV] (atrib. por J. C. Torres, “Una nueva relación poética (del año 1624)”, en Revista de Literatura, LIV, 108 [1992], págs. 667-708); Psalmo de penitencia, importantísimo para alcanzar perdón de los pecados, ¿c. 1622?, Sanlúcar de Barrameda, Fernando Rey, 1625; Espejo de cristal, Sanlúcar de Barrameda, Fernando Rey, 1625 (ed. de T. Domínguez García, Málaga, Universidad, 2009); El perro y la calentura. Novela peregrina, Cádiz, s. i., 1625; Elogio al retrato del excelentísimo señor don Manuel Pérez de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia..., Málaga, Juan René, 1625; [Relación en prosa sobre las prevenciones de Cádiz ante el ataque inglés de 1625] (atrib. por F. López Estrada, “Una relación sobre las prevenciones de Cádiz ante el ataque inglés de 1625 atribuible a Pedro Espinosa”, en Glosa, 2 [1991], págs. 175-196); Panegírico a la nobilísima, leal, augusta, felice ciudad Antequera, Jerez de la Frontera, F. Rey, 1626; H. de Peralta Montañés, Libro de Cristo y María, Sanlúcar de Barrameda, F. Rey, 1626 [1 prelim.]; Pronóstico judiciario de los sucesos deste año de mil y seiscientos y veinte y siete hasta el fin del mundo..., Málaga, Juan René, 1627; Panegírico al excelentísimo señor don Manuel Alonso Pérez de Guzmán el Bueno..., [Sevilla, s. i., 1629]; M. García Solana, Flores poéticas y justa que la nobilísima ciudad de Antequera hizo al triunfo de los desagravios del Santísimo Sacramento, Antequera, Juan Bautista Moreira, 1637 [2 composiciones]; J. de Porras, Rimas varias, Antequera, Juan Bautista Moreira, 1639 [1 prelim.]; [Soneto] Al Padre Francisco de Cabrera...en sus “Antigüedades de Antequera”, c. 1646 (ms. 20355, Biblioteca Nacional Matritense, fol. 164); [Poesías y Versos de Pedro Espinosa], p. m. s. xvii (ms. RM 5177 de la Biblioteca Central del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fols. 248-328; es copia de 1888, única conservada del códice áureo original 33-180 de la Biblioteca Arzobispal de Sevilla); [Poesías de Pedro Espinosa], f. s. xviii (ms. Add. 20793 de la Biblioteca del British Museum de Londres, fols. 362- 409v.); Obras, ed. de F. Rodríguez Marín, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos-RAE, 1909; Fábula de Genil, ed. de J. M.ª de Cossío, Madrid, Cruz y Raya, 1935, col. La Rosa Blanca (ed. facs., Madrid, José Esteban, 1983); J. R. Morales, Admiración de Maravillas por Pedro Espinosa, Santiago de Chile, La Fuente Escondida, Cruz del Sur, 1946 [antología]; Soledad de Pedro de Jesús, ed. de A. Muñoz Rojas y A. Canales, Málaga, A. Gutiérrez, 1950; F. Requena y J. M.ª de Cossío (eds.), “La Fábula de Genil de Pedro Espinosa”, en Iliberis, III [1954], págs. 62-74; Poesías completas, ed. de F. López Estrada, Madrid, Espasa Calpe, 1975; Fábula de Genil (introd. de A. Campoy, con una col. de once litografías por A. Guijarro), Madrid, Ediciones de Arte y Bibliofilia, 1977; Obra en prosa, ed. de F. López Estrada, Málaga, Diputación Provincial, 1991; Fábula de Genil, introd. de J. A. Muñoz Rojas, fotografías de F. Fernández y dibujos de P. Garciarias, Granada, Diputación Provincial, 1995.

 

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Belén Molina Huete