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Abdón Terradas i Pulí

Biografía

Terradas i Pulí, Abdón. Figueras (Gerona), 16.VI.1812 – Medina Sidonia (Cádiz), 1.V.1856. Fundador del Partido Republicano en Cataluña y escritor.

Nació en el seno de una familia de origen humilde. Su padre, Antoni Terradas Mañach, era un modesto albéitar (veterinario), que mejoró su situación gracias al comercio de granos y a la compraventa de ganado.

Su madre, Josepa Pulí Deseya, se dedicaba al cuidado de la familia. Abdón era el mayor de cuatro hermanos.

Los estudios elementales los realizó en Figueras y, entre los once y los doce años, durante el breve período de uno o dos cursos académicos, estudió en un severo internado de Perpiñán, del cual se escapó en un par de ocasiones. Antoni Terradas, cansado de la rebeldía adolescente de Abdón, decidió sacarlo del colegio y colocarlo como dependiente en una casa comercial de Figueras. A partir de entonces, la formación de Abdón Terradas fue totalmente autodidacta.

Durante la Década Ominosa, y sin que se sepan los motivos, Terradas realizó frecuentes desplazamientos a Barcelona, donde residió algunas temporadas. La dura represión del conde de España le impresionó vivamente, y en 1835 publicó La esplanada, novela en la que describe la infamia, la crueldad y la abyección de la represión absolutista. Terradas publicó la novela en Madrid, de lo que se pueden deducir estancias más o menos prolongadas en la capital, pero no existen otros datos que lo corroboren. De hecho, Terradas mantuvo su residencia habitual en Figueras hasta 1840, cuando se trasladó definitivamente a Barcelona.

Años más tarde, en 1838, publicó Lo rey Micomicó, una eficaz y ácida comedia antimonárquica, escrita en catalán. Por aquel entonces, ya formaba parte de la sociedad secreta republicana Los Vengadores de Alibaud, fundada en Barcelona hacia 1836, año en que fue ejecutado el general del mismo nombre, regicida frustrado de Luis Felipe de Orleans. Posteriormente, Terradas formó parte de la Asociación Patriótica Constitucional, fundada en octubre de 1840 con el objetivo declarado de difundir los principios constitucionales, ofrecer clases de idiomas e impartir nociones de agricultura. Inicialmente, la Asociación integraba progresistas de sensibilidades diferentes, pero rápidamente se produjo una escisión entre los partidarios de Espartero y los demócratas. En aquellos momentos, Terradas ya era considerado como el jefe de la formación más avanzada del liberalismo.

La Regencia esparterista vio con malos ojos el control de la Asociación Patriótica por parte de elementos demócratas, y muy especialmente los vínculos que se podían establecer entre la Asociación Patriótica y la Asociación de Tejedores. La desconfianza respecto a este tipo de organizaciones se concretó en la suspensión de todas las sociedades y tertulias patrióticas en febrero de 1841. La reacción de Terradas fue rápida.

En el mes de mayo promovió la apertura de un Gabinete de Lectura que pretendía mantener abierta la comunicación con los sectores obreros a través de clases de lectura y formación política. Terradas estaba especialmente interesado en la situación de los trabajadores y en su movimiento organizativo, como demuestra la publicación en 1841 del opúsculo titulado Lo que eran y lo que son. Obsequios y agasajos hechos por los tejedores de Vich á unos hombres del pueblo, en el cual explicaba y valoraba la visita de Juan Muns y otros dirigentes de la Asociación de Tejedores de Barcelona a Vic.

El enfrentamiento de Terradas con el progresismo esparterista subió de tono cuando se negó a firmar la felicitación que los mandos de la Milicia Nacional habían acordado enviar al Regente. Terradas fue suspendido como mayor del tercer batallón de la Milicia Nacional por orden expresa de la regencia.

Ante la imposibilidad de utilizar medios periodísticos afines, sacó a la calle una hoja volante sin cabecera, rápidamente conocida con el nombre de Hoja-Terradas. La Hoja n.º 3, titulada “Los moderados de la hornada de setiembre”, que criticaba duramente a los esparteristas, provocó la ira de éstos.

Las agresiones y las denuncian llovieron sobre los terradistas y las Hojas. Tan sólo el intento de golpe de estado fracasado de O’Donnell rebajó la tensión entre unos y otros. Sin embargo, la elección de Terradas como alcalde de Figueras en enero de 1842 provocó la reacción de las autoridades progresistas, que recurrieron a todo tipo de subterfugios para invalidar su elección. Es cierto que Terradas se negó a jurar fidelidad al Regente en diversas ocasiones, pero legalmente no era necesario y, pese a ceder en última instancia, fue depuesto y procesado por orden expresa de Espartero. El alcalde electo pasó unos cuantos meses en el castillo de Sant Ferran de Figueres, pero el juez de primera instancia, Gil Fabra, lo dejó en libertad sin cargos; sin embargo, la causa fue elevada a la Audiencia de Barcelona, que le inhabilitó para ejercer cargos públicos. Para defenderse ante la opinión pública, Terradas redactó unas Observaciones y repartió entre los subscriptores de la Hoja-Terradas la Defensa de D. Abdon Terradas, realizada por su abogado, Narciso Fages de Roma. La presión que se ejerció sobre Terradas fue tan grande, que éste decidió trasladarse a Francia, y desde allí intentó dirigir la oposición republicana al gobierno.

La propaganda orquestada por los republicanos se convirtió en una pesadilla para el gobierno y las autoridades locales. El 12 de junio de 1842, un grupo de manifestantes entraron en Figueras enarbolando una bandera roja, lanzando vivas a favor de la república y de Terradas. En Barcelona, la juventud republicana cantaba por las calles, cafés y tabernas el himno revolucionario “La Campana”, cuya letra había sido escrita por el mismo Terradas. Para la juventud republicana, Terradas se convirtió en un héroe, mientras que para las autoridades siempre fue un peligroso agitador revolucionario. El 29 de octubre, el periódico barcelonés El Republicano publicó su plan de revolución, un verdadero llamamiento a la lucha armada contra el sistema.

Mientras tanto, Terradas, en el exilio, presidía la Junta de refugiados de Perpiñán, creada en el mes de diciembre. Aprovechando los vínculos de solidaridad masónicos, contactó con elementos destacados de las sociedades secretas del sur de Francia y con dirigentes comunistas cabetianos. Su objetivo era reunir fondos para organizar una expedición militar con refugiados españoles. Sin embargo, en enero de 1843 fue detenido en Toulouse por la policía francesa, que le acusó de participar en un complot antimonárquico de inspiración comunista. Estuvo encarcelado durante siete meses, fue procesado, y a pesar de ser absuelto, fue enviado al centro de Francia, a Châteauroux, por orden expresa del Ministerio del Interior francés. Sin embargo, logró evadirse.

Regresó a Figueras, pero se mostró muy abatido, hasta el punto de que se negó a secundar los últimos conatos de la insurrección centralista. Inmediatamente después, se trasladó a la villa de Gracia, cerca de Barcelona, donde se puso a disposición de las autoridades, que lo desterraron a Villafranca del Panadés.

Tomada Barcelona, y después de diversas gestiones, consiguió cumplir el destierro en Sarriá, residiendo en casa de unos parientes durante cinco meses y medio, pero el capitán general, Ramón de Meer, que conocía el poder de convocatoria de Terradas, dio órdenes para desterrarlo a Sigüenza.

Entre 1843 y 1847 la información disponible sobre Terradas es muy poco precisa. En 1846 publicó por entregas, probablemente en Madrid, una traducción de la Historia popular de la revolución francesa desde 1789 hasta nuestros días, de Étienne Cabet. Una carta enviada a Narcís Monturiol lo sitúa en Madrid en 1847. En aquella carta defendía la vía insurreccional para conseguir la instauración de la democracia en España, manifestaba diversas objeciones a la utopía icariana defendida por Monturiol y se definía como republicano socialista.

La revolución parisina de febrero de 1848 insufló oxígeno al movimiento republicano español. Terradas se trasladó a París, y allí constituyó una Junta democrática con el brigadier Victoriano de Ametller y otros políticos demócratas. Intentó organizar el movimiento insurreccional y redactó una proclama democrática y antimonárquica, en la que denunciaba la traición histórica de los progresistas. A principios de julio viajó a Perpiñán para continuar los preparativos insurreccionales, pero no veía con buenos ojos la colaboración con los carlistas. Después de la derrota de las partidas republicanas se le pierde la pista.

Algunas fuentes hablan de inversiones en negocios poco rentables.

En 1851 presidió el Comité de Propaganda Democrática de Barcelona y acompañó en sus últimos momentos a su discípulo y amigo íntimo Francisco de Paula Cuello, que había sido herido de muerte por un grupo de sicarios a sueldo de la policía. Lo más probable es que tras el asesinato de Cuello, Terradas se apartase temporalmente de la política. Lo cierto es que no disponemos de información sobre sus actividades hasta 1854, cuando fue elegido nuevamente alcalde de Figueres.

Terradas estuvo al frente del Ayuntamiento durante diez meses, hasta que el capitán general de Cataluña, general Juan Zapatero, ordenó su destitución y destierro.

Hay que tener en cuenta que el destierro se ordenó después de la huelga general de julio de 1855, y en unos momentos en los que las partidas carlistas se mostraban muy activas en el Empordà. Teniendo en cuenta los informes que le llegaban de la provincia de Girona, el general Zapatero decidió decapitar cualquier posible iniciativa de carácter republicano. El 3 de agosto, Terradas fue trasladado a Barcelona, de madrugada.

A su llegada fue embarcado en la fragata de guerra Mazarredo y el día 6 subió a bordo del vapor Pelayo, que le condujo hasta Cádiz.

A través de José María Orense, Terradas presentó una protesta formal ante las Cortes por su detención y destierro. La reclamación pasó primero a la Comisión de Peticiones y después fue discutida en la sesión del 10 de noviembre. Estanislao Figueras, diputado y futuro presidente de la República, denunció los atropellos a los que se vio sometido el líder republicano, mientras que el diputado Puig, enemistado personalmente con Terradas, intentó desacreditar su persona y su actuación política. Por su parte, el ministro de Gobernación, Julián Huelves, intervino subrayando que el destierro de Terradas estaba justificado por la influencia que éste podía ejercer sobre la población de Figueres y que no podía fijar una fecha para su regreso, añadiendo que se le había concedido una pensión mensual de 1000 reales.

Terradas nunca regresó a Catalunya. Falleció en la sobria habitación que ocupaba en la posada de Medina Sidonia. Tenía cuarenta y tres años y estaba a punto de cumplir los cuarenta y cuatro. Dejaba esposa, Facunda Lafuente, con la que se había casado en 1848, y dos hijos pequeños, Enrique y María. Terradas aún era joven, pero su salud se había deteriorado por los años de lucha, cárcel y exilio. Sus familiares nunca pudieron recuperar las pertenencias personales que llevaba consigo en el momento de su muerte, y las gestiones realizadas en 1868 para recuperar sus restos mortales resultaron infructuosas. Por el contrario, su legado ideológico y el recuerdo de su ardor republicano le sobrevivieron. En 1873 se proclamó la República y Terradas pasó a ocupar un lugar destacado entre sus apóstoles y mártires.

 

Obras de ~: La esplanada. Escenas trágicas de 1828, Madrid, Imprenta de Verges, 1835; Lo Rey Micomicó. Comedia en dos actes y en vers catalá. Escrita per un micomicó, Barcelona, Imprenta de Anton Berdeguer, 1838; Lo que eran y lo que son. Obsequios y agasajos hechos por los tejedores de Vich á unos hombres del pueblo, Barcelona, Imprenta de José Matas, 1841; Observaciones hechas por Abdon Terradas, mandado procesar por Real Orden, en defensa de los cargos que se le hacen en la causa contra él formada en el Juzgado de Figueras, Figueras, 1842.

 

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Albert Ghanime Rodríguez

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