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Pedro Salinas Serrano

Biografía

Salinas Serrano, Pedro. Madrid, 27.XI.1891 – Boston (Estados Unidos), 4.XII.1951. Poeta, escritor, profesor y crítico literario.

Nació en Madrid, en la calle de Toledo. Su padre murió cuando tenía ocho años y se trasladó con su madre a la cercana calle de Don Pedro. Cursó estudios en el Colegio Hispano-Francés y luego en el Instituto de San Isidro (1903-1908), siempre en esa vecindad castiza del Madrid de los Austrias. Ese ambiente madrileño reaparecerá en su pieza teatral La estratosfera (1952), subtitulada Escenas de taberna en un acto. Se recuerda como “niño enfermizo, triste y solitario”, buen estudiante. Estudió Derecho y dos años más tarde Filosofía y Letras (Universidad Central), en cuya sección de Historia se licenció en 1913.

Por esos años, comenzó también su actividad literaria: en 1913 fue nombrado secretario de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid e hizo amistad con Ricardo Baeza, Fernando Fortún (fallecido prematuramente en 1914) y sobre todo, con Enrique Díez Canedo (1879-1944). Para la antología de estos dos últimos, La poesía moderna francesa (1913), tradujo a varios poetas postsimbolistas y contribuyó con poemas originales en Prometeo (1911), revista de Ramón Gómez de la Serna, y en la antología Parnaso Español Contemporáneo de José Brissa (1914). Por otro lado, fue uno de los suscriptores del folleto Vieja y nueva política (1914) de Ortega y Gasset y colaboró activamente con la Liga de Educación Política fundada por Ortega y Azaña para la renovación ética de la política española.

De diciembre de 1914 a diciembre de 1917 residió en París como lector de español en la Sorbona. Allí preparó una memoria sobre las relaciones entre Larra y el costumbrista francés Jouÿ, para obtener un certificado de suficiencia necesario para concurrir a cátedras de Literatura Española (se doctoró en Madrid en 1917) y tuvo amistad con el periodista Corpus Barga (Andrés García de la Barga) y con los jóvenes hispanistas Jean Cassou y Matilde Pomès. Aunque en la ciudad no había mucha evidencia de la guerra, tradujo al español algunos libros de propaganda aliada. Aprendió del “París clásico, el bueno, el noble, el sabio”. Fue un período de intensas lecturas, clásicas y modernas, y de atención a la gran pintura, clásica y nueva, como el cubismo.

En 1912 se había hecho novio de Margarita Bonmatí Botella y, tras una relación muy sostenida en lo epistolar, pues ella, de origen alicantino, vivía en Maison Carrée (Argelia) y sólo se veían durante los veraneos comunes en Santa Pola, se casó en 1915, en esa ciudad cercana a Argel, y se instalaron en París.

En la primavera de 1918 ganó oposiciones universitarias a la Cátedra de Lengua y Literatura Española con plaza en la Universidad de Sevilla, adonde llevó los nuevos aires pedagógicos de la explication de texte, frente al historicismo y la erudición detallista. Uno de sus alumnos fue Luis Cernuda, quien reconoció la importancia del estímulo de su profesor para su vocación literaria, y la de otros jóvenes sevillanos como Enrique Canito y los redactores de la revista Mediodía (1926-1929): Rafael Porlán, Rafael Laffón, Joaquín Romero Murube. En Sevilla estuvo hasta 1928, aunque en los trimestres de otoño e invierno del curso 1922-1923 estuvo en Cambridge como catedrático visitante de Literatura Española, y en los veranos de 1924, 1925 y 1926 fue profesor en los cursos para extranjeros del Institut français en Burgos, dirigido por la Universidad de Toulouse. En 1920 nació su hija Soledad, en 1922 comenzó su amistad fraternal con Jorge Guillén y en 1925 nació su hijo Jaime, y se hizo amigo de Gabriel Miró (“de cuyo arte, hecho de ardorosa sensualidad espiritualizada, se advertirá algún reflejo en el de Salinas”, escribe Ángel del Río).

Entre tanto, conoció a Juan Ramón Jiménez y publicó poemas en España (1916, 1918), el “semanario de la vida nacional” dirigido por Ortega, La Pluma (1920), revista dirigida por Azaña, e Índice (1921), la Revista de afirmación y concordia de Juan Ramón Jiménez. En la “Biblioteca de Índice” apareció su primer libro de poemas, Presagios (1918), ordenado y prologado por Juan Ramón Jiménez (“Presagios me ha gustado desde el primer instante”), cuya sobriedad expresiva se aleja del alarde modernista y se orienta hacia la poesía nueva. En 1922 vio la luz su traducción de los dos primeros volúmenes de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Publicó varios trabajos de crítica literaria en Revista de Occidente (“Feijoo en varios tiempos”, 1924; “Claudio de la Torre: En la vida del señor Alegre “) una versión del Poema del Mío Cid “en romance vulgar y lenguaje moderno” (1925) y una edición de las Poesías de Juan Meléndez Valdés en la colección “Clásicos Castellanos” (1925). Igualmente dio a la Revista de Occidente poemas (1925) y prosas (1924, 1925, 1926) que se recogieron en Víspera del gozo (1926), un volumen que inició la colección “Nova novorum” de la editorial de la Revista de Occidente, dedicada a la nueva prosa.

En abril de 1926 firmó la convocatoria del homenaje al tricentenario de la muerte de Góngora, junto a Guillén, Diego, García Lorca, Dámaso Alonso y Alberti y en la primavera de 1927 disertó sobre Góngora en Córdoba, aunque no llegó a culminar su tarea —la de editar los sonetos del cordobés— ni se sumó a la famosa gira a Sevilla en diciembre de 1927 que terminó por consagrar la noción de “Generación del 27”.

En 1928 obtuvo un permiso especial para hacerse cargo de los cursos de vacaciones para extranjeros organizados por el Centro de Estudios Históricos en Madrid. A partir de 1932, Menéndez Pidal, director del Centro, le hizo responsable de la nueva Sección de Literatura Contemporánea y editor de la revista Índice Literario (1932-1936), dedicada a reseñas de la literatura actual. Aunque en ella aparecieron como anónimas, formaron el cuerpo de su volumen Literatura española siglo xx (México, 1941). Desde 1930 complementó esa actividad con la enseñanza en la Escuela Central de Idiomas que dirigía Díez Canedo y con la dirección de las publicaciones del Patronato del Turismo, asistido por Melchor Fernández Almagro (1928-1931).

En 1929 volvió a Cambridge para dar las conferencias “Norman Maccoll” que versaron sobre el romanticismo español y apareció su segundo libro de poemas, Seguro azar (Madrid, Revista de Occidente).

En la primavera de 1931 salió el tercero, Fábula y signo (Madrid, Plutarco). Si en Presagios se había buscado la novedad de un lenguaje como hablado, en los dos últimos aparecen con frecuencia las imágenes de la vida moderna proporcionadas por la vanguardia, siempre con el propósito de anteponer la fluidez cambiante de lo vital a la categorización rígida del mundo.

Los cursos de extranjeros tenían lugar en la Residencia de Estudiantes. Salinas era miembro del Comité Hispano-Inglés que desde 1925 promovía conferencias de británicos eminentes y daba becas para estudiantes españoles en Oxford y Cambridge y de la Sociedad de Cursos y Conferencias. En 1929 dio una memorable conferencia-recital acerca de Sobre los ángeles de Alberti, junto con el poeta gaditano. A uno de aquellos cursos de extranjeros acudió en 1932 una joven instructora de estudiantes de Smith College (Northhampton, Massachussets), Katherine Reding (luego Katherine Withmore, por matrimonio, 1897- 1982), de la que Salinas se enamoró. Le escribió un extenso conjunto de cartas y su gesto está escrito en el alma de La voz a ti debida (1933), Razón de amor (1936) y Largo lamento (escrito hacia 1938 y publicado póstumamente). Para Jorge Guillén esta trilogía es la contribución más importante del siglo xx a la poesía amorosa en lengua española. Fue incluido en las dos antologías de poesía contemporánea de Gerardo Diego (1932 y 1934) e intervino en las polémicas a favor del grupo del 27. Con Dámaso Alonso, Bergamín, Fernández Almagro, García Lorca, Guillén, Marichalar y Claudio de la Torre constituyó la redacción de la revista Los Cuatro Vientos (1933). Un incidente de la publicación dio lugar a la ruptura con Juan Ramón Jiménez, que ya fue definitiva. En 1936 dirigió la colección de clásicos “Primavera y flor”, junto a Dámaso Alonso.

En 1929, Salinas protestó con otros universitarios contra la supresión prevista de la Universidad de Murcia y en 1930 se afilió a la “Asociación al Servicio de la República” promovida por Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y Ortega. El 14 de abril de 1931 saludó con simpatía y alegría el nuevo régimen y colaboró con él dentro del campo de sus obligaciones públicas: formó parte del Comité Director de la Biblioteca Nacional y del Patronato de Misiones Pedagógicas; sobre todo concibió y encabezó el proyecto de la Universidad Internacional de Verano en Santander, para aprovechar el Palacio de la Magdalena, inaugurado por Alfonso XIII en 1913. Con el apoyo del ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, fue secretario general de esa Universidad hasta 1936. Por ella pasaron las personalidades más importantes de Europa en Letras y Ciencias. En el invierno de 1936, dio una serie de conferencias en Oxford, Cambridge y Londres.

A fines de 1935 había aceptado un puesto de profesor visitante en Wellesley College (Massachussets), prestigiosa Universidad femenina cerca de Boston, y se encaminó a ocuparlo en el verano de 1936, al poco de estallar la Guerra Civil, mientras su mujer y sus hijos se dirigieron a Argelia. Se reunió de nuevo con ellos en 1937.

Así comenzó un exilio que sería definitivo, aunque muy productivo en términos de fecundidad literaria y poética. En el verano de 1937, y en otros muchos posteriores dio clase en la famosa Escuela Española de Middlebury College, punto de reunión de ilustres profesores de la emigración republicana (Francisco García Lorca) con jóvenes hispanistas de la Península (José Manuel Blecua), que le confirió un doctorado honoris causa (1937). En 1939 una excursión a California lo enfrentó con la admiración y el malestar ante la civilización norteamericana (Los Angeles: “¡Luz, luz y luz! ¡Claridades horizontales y claridades verticales!”); una breve estancia en México supuso el reencuentro con la lengua y la distancia respecto de las rencillas políticas de los emigrados españoles.

Desde el curso 1940-1941 dictó Cátedra en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore; tuvo por compañero de departamento al célebre romanista Leo Spitzer, exiliado de Alemania. En 1937 había pronunciado en esa Universidad las conferencias Turnbull, distinción conferida antes a T. S. Eliot y entre los españoles únicamente a Ramón Menéndez Pidal. Disertó sobre el tema “Reality and the Poet in Spanish Poetry” (cómo han visto la realidad los poetas, desde el poema del Mío Cid hasta Espronceda). Una de las asistentes, Eleanor Turnbull, se convirtió en traductora de su poesía [entre otros títulos publicó Lost Angel and other Poems (1938), esto es, el poema “Ángel extraviado” y otros que se incluírían en Todo más claro, y Sea of San Juan: A Contemplation (1950)] así como la antología Contemporary Spanish Poetry: Selections from Ten Poets (1945), precedida del prólogo “Nueve o diez poetas” donde Salinas evoca a Moreno Villa, Lorca, Guillén, Diego, Alberti, Prados, Altolaguirre, Cernuda, Aleixandre y Dámaso Alonso. Colaboró con José Bergamín en la Editorial Séneca, donde aparece Maravilla del mundo, una antología de fray Luis de Granada, y Literatura española siglo xx (1941). En 1942 dio a Losada de Buenos Aires los cinco libros de poemas del período 1923-1936, con el título de Poesía junta.

Entre 1943-1946 residió en San Juan y profesó en la Universidad de Puerto Rico. Fueron los años más fértiles y satisfactorios de todo su destierro. El estímulo de la lengua española y el buen ambiente de amistad se tradujo en poesía: El contemplado (México, 1946), un poema dispuesto en tema y variaciones dedicado al mar de Puerto Rico, y Todo más claro (1949), en cuyo prólogo, además de proclamar la confianza en el poder de la poesía, se da curso a “la gran paradoja: que en los cubículos de los laboratorios, celebrados templos del progreso, se elabora del modo más racional la técnica del más definitivo regreso del ser humano: la vuelta del ser al no ser”. No en vano se cierra con el poema “Cero”, contra la guerra, publicado originariamente en 1944. Redactó también una serie espléndida de ensayos, que vieron la luz en los años sucesivos: las dos monografías Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío, ensayo sobre el tema y los temas del poeta y el conjunto de ensayos El defensor (1948), donde se discurre sobre el riesgo en que se ven hoy día algunas formas tradicionales de la vida del espíritu —la correspondencia epistolar, el uso del lenguaje, la lentitud—. Con acierto se ha dicho que el designio primordial del Salinas ensayista era el esfuerzo “por divulgar los valores perennes de la literatura hispánica” (Juan Marichal).

En 1947 viajó por Colombia, Ecuador y Perú, con un éxito que trajo cierto consuelo intelectual a su condición de exiliado, tal como en lo personal se lo proporcionó el reencuentro con Dámaso Alonso (1948). En 1949 regresó a Europa (Italia, Francia), trabajó en París en la preparación de una revista, Plural, por encargo del poeta y diplomático mexicano Jaime Torres Bodet, director de la UNESCO, y publicó un texto sobre Balzac, “Los poderes del escritor o las ilusiones perdidas” (1950). En 1950 redactó su “fabulación” en prosa La bomba increíble, contra la bomba atómica (“Te aseguro que desde que me enteré de la invención y uso de la tal bomba, me siento como avergonzado y disminuído en mi calidad de humano”, le escribió a Jorge Guillén).

Al año siguiente (1951) publicó El desnudo impecable y otras narraciones, aunque fue más bien el año del teatro. Preparó tres piezas dramáticas para su publicación en Madrid, que saldrían póstumas (1952) y asistió con gran emoción al estreno de su pieza La fuente del arcángel, en el Teatro Español de Barnard College, Nueva York, dirigida por Laura de los Ríos de García Lorca. Tras una rápida enfermedad, murió en Boston en diciembre de 1951 y fue enterrado en San Juan de Puerto Rico, junto al “Contemplado”.

Obras de ~: Presagios, Madrid, 1923; J. Meléndez Valdés, Poesías, ed. prólogo y notas de ~, Madrid, 1925; Poema del Mío Cid, puesto en romance vulgar y lenguaje moderno por ~, Madrid, 1925; Víspera del gozo, Madrid, 1926; Seguro azar, Madrid, 1929; Fábula y signo, Madrid, 1931; La voz a ti debida, Madrid, 1933; Razón de amor, Madrid, 1936; Reality and the Poet in spanish Poetry, Baltimore, 1940; Literatura española siglo xx, México, 1941; Poesía junta, Buenos Aires, 1942; El contemplado, México, 1946; La poesía de Rubén Darío: ensayo sobre el tema y los temas del poeta, México, 1946; Jorge Manrique, o tradición y originalidad, Buenos Aires, 1947; El defensor, Bogotá, 1948; Todo más claro y otros poemas, Buenos Aires, 1949; Literatura española siglo xx, 2.ª ed. revisada y aumentada, México, 1949; La bomba increíble (Fabulación), Buenos Aires, 1950; El desnudo impecable y otras narraciones, México, 1951; Teatro. La cabeza de Medusa. La estratosfera. La isla del tesoro. Tres piezas dramáticas en un acto, Madrid, 1952; Confianza. Poemas inéditos (1942-1944), ed. de J. Guillén, Madrid, 1955; Poesía completas, ed. de J. Marichal, Madrid, 1955; Teatro Completo, ed. y pról. de J. Marichal, Madrid, 1957; Ensayos de literatura hispánica. Del Cantar de Mío Cid a García Lorca, ed. y pról. de J. Marichal, Madrid, 1958; Poesías completas, pról. de J. Guillén, ed. preparada por S. Salinas, Barcelona, 1975; Narrativa completa, ed. preparada por S. Salinas de Marichal, Barcelona, 1976; Ensayos completos, ed. preparada por S. Salinas de Marichal; Poesías completas, pról. J. Guillén, ed. de S. Salinas de Marichal, Barcelona, 1981; Cartas de amor a Margarita (1912-1915), ed preparada por S. Salinas de Marichal, Madrid, 1984; Teatro completo, ed., intr. y notas de P. Moraleda, Sevilla, 1992; P. Salinas y J. Guillén, Correspondencia (1923-1951), ed. de A. Soria Olmedo, Barcelona, 1992; La voz a ti debida. Razón de amor. Largo lamento, ed. de M. Escartín, Madrid, 1995; El contemplado. Todo más claro y otros poemas ed. de F. J. Díez de Revenga, Madrid, 1996; Cartas de viaje (1912-1951), ed. de E. Bou, Valencia, 1996; Cartas a Katherine Whitmore (1932-1947), ed. de E. Bou, Barcelona, 2002; Pedro Salinas. Obras completas, ed. de E. Bou, M. Escartín y A. Soria Olmedo, Madrid, Cátedra, 2007, 3 vols. (Biblioteca Áurea).

 

Bibl.: A. Debicki (ed.), Pedro Salinas, Madrid, Taurus, 1976 (Col. El escritor y la crítica); E. Bou y A. Soria Olmedo, “Cartografía de una vida”, en VV. AA., Pedro Salinas (1951- 1991), Madrid, Ediciones Luis Revenga, 1992, págs. 21-160; M. L. López Vidriero, “Bibliografía”, en VV. AA., Pedro Salinas (1951-1991), op. cit., págs. 178-210; C. Morón Arroyo y M. Revuelta Sañudo (eds.), Pedro Salinas. Estudios sobre su praxis y teoría de la escritura, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 1992; J. M. Barrera López, El azar impecable: vida y obra de Pedro Salinas, Sevilla, Ed. Guadalmena, 1993; A. Lago Carballo, “América en las cartas de viaje de Pedro Salinas”, en América en la conciencia española de nuestro tiempo, Madrid, Editorial Trotta, 1997, págs. 95-101; B. Madariaga de la Campay C. Valbuena Morán, La Universidad Internacional de Verano de Santander (1932-1936), Santander, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1999; J. Cross Newman, Pedro Salinas y su circunstancia. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma, 2004.

 

Andrés Soria Olmedo