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Ramón Pérez de Ayala

Biografía

Pérez de Ayala, Ramón. Oviedo (Asturias), 9.VIII.1880 – Madrid, 5.VIII.1962. Novelista y ensayista.

Ramón Pérez de Ayala es una de las figuras más importantes del renacimiento intelectual y literario que se produjo en España en el primer tercio del siglo XX.

Con sus triunfos y sinsabores, su vida refleja, además de la peripecia individual, algunos de los problemas básicos con que han tenido que enfrentarse los intelectuales en la España contemporánea.

No existe todavía una biografía completa y fiable de este escritor. No la hicieron Francisco Agustín (uno de sus primeros críticos) ni José García Mercadal (que recopiló sus artículos, en su vejez). Miguel Pérez Ferrero, que charló mucho con el escritor y tomó notas, ha publicado un tomo de escaso rigor pero de interés anecdótico evidente.

Se sabe poco de sus comienzos literarios y no demasiado de su época final, desde que fue nombrado embajador de España en Londres hasta su vida de exiliado en Hispanoamérica y la vuelta a España.

Era hijo de un comerciante castellano establecido en Asturias. Su padre, Cirilo, procedía de un pueblo de Tierra de Campos, Valdenegro de los Valles: probó fortuna en Cuba pero, a poco de permanecer allí, volvió a Asturias y formó con su hermano y unos amigos una sociedad para establecer un almacén de géneros catalanes y extranjeros al por mayor. Pertenecía, pues, a una clase media relativamente acomodada.

A los ocho años, fue enviado al Colegio de jesuitas de San Zoilo, en Carrión de los Condes (Palencia).

Luego pasó a completar el bachillerato en el Colegio de la Inmaculada de Gijón, donde permaneció, interno, de los diez a los catorce años.

En el Colegio tuvo como profesor al bondadoso y apasionado Julio Cejador, antes de que abandonara la Compañía. No es posible exagerar la rudeza del choque que supuso para la sensibilidad infantil del futuro escritor su estancia en los colegios de jesuitas: de esa experiencia surgirá su novela A.M.D.G.

El niño Ramón Pérez de Ayala lo pasó muy mal en el internado de los jesuitas. En su libro Amistades y recuerdos, muchos años después, pinta con vivos colores esta experiencia infantil: “El desfallecimiento más angustioso me acometía cuando, concluida la jornada, siempre uniforme, como de etapas a través de un páramo, nos recluían a cada cual en nuestra camarilla, pequeño sepulcro, todo blanco de cal y lino. Era el instante del vacío de la noche, y la noche era el vacío del mundo”.

En efecto, la educación jesuítica marcó para siempre su espíritu, para lo malo pero también para lo bueno. Los jesuitas le proporcionaron una sólida base humanística, con la que se singularizaba mucho respecto de lo habitual en el novelista español de su tiempo, y de todas las épocas, quizá.

Poseía Pérez de Ayala una seria formación clásica. La lectura de los clásicos griegos y latinos, en su lengua original, constituyó toda su vida uno de sus mayores placeres: existen cuadernos que muestran cómo, hasta el final de sus días, seguía ejercitándose en el griego y el latín. No cabe duda de que esta formación clásica repercute sobre todos sus escritos y da a sus novelas una complejidad intelectual que las hace, quizá, no muy aptas para la gran masa.

Pasó luego a estudiar Derecho en la Universidad de Oviedo, que poseía entonces un excelente nivel gracias a un grupo de profesores krausistas. Sus maestros fueron Sela, Aramburu, Álvarez-Buylla, Altamira, Adolfo Posada y, sobre todo, Clarín. En un artículo juvenil, escribe Ayala: “Cuando estudié Derecho Natural con don Leopoldo, había un núcleo de compañeros míos que le adorábamos”.

Comenzó a escribir artículos periodísticos y marchó a Inglaterra, una estancia de la que apenas se tienen datos. Cultivaba su espíritu sin una finalidad concreta: leía, escribía, pintaba... Pérez de Ayala fue toda su vida un gran enamorado de Inglaterra. En esto se separa de lo habitual en el escritor español de la época, que solía recibir las novedades literarias a través de Francia y reverenciaba míticamente a la cultura alemana.

Coincidía Pérez de Ayala con el espíritu inglés en su sentido del humor y en su profundo liberalismo, que no era sólo opción política sino una creencia básica, actitud general ante la vida, casi una religión. Para el escritor asturiano, la virtud fundamental era la tolerancia, el respeto a la manera de ser y pensar de los demás.

Una desgracia familiar acabó con esa placentera vida de diletante: al quebrar la banca donde guardaba su dinero, su padre se suicidó. Lo cuenta el escritor en una carta a su amigo Miguel Rodríguez-Acosta: “Hace unos cuatro días, estando en Londres, recibí un telegrama que decía: ‘Falleció tu padre’. Lo repentino e inesperado de la noticia me postró en cama. Por fin pude emprender un penoso viaje a Asturias. ¿Cómo iba a suponer que me esperaban cosas más horrendas aún? Ayer llegué. Ayer supe que mi amadísimo padre se había suicidado, temiendo la ruina de sus negocios a los que había dedicado cincuenta años de trabajo tenaz, incansable, honradísimo”.

Esta tragedia debió de determinar su pesimismo juvenil y el impulso para dedicarse profesionalmente a la literatura. Al aparecer en Madrid, lo hizo como un snob, al que retrató así Antonio Machado: “Con gesto petulante / de bachiller en Oxford o estudiante / en Salamanca”.

Se ha discutido bastante sobre su relación con el grupo noventayochista. Teniendo en cuenta que sus primeras obras importantes se publicaron hacia 1910, resultaría ser algo posterior a la llamada generación del 98. Sin embargo, algunos miembros de ella son algunos de sus mejores amigos, como Azorín o Valle- Inclán, que aparecen retratados en su novela Troteras y danzaderas.

En una entrevista, afirmó Pérez de Ayala: “Yo no formé parte de ella [la generación del 98], aunque los traté a todos, especialmente a Unamuno, Valle y Azorín... Mi opinión es que la generación del 98 dio grandes hombres”. Del espíritu noventayochista heredó Pérez de Ayala la preocupación crítica por los problemas de España. Recuérdese el amargo final de Troteras y danzaderas: “Eso mismo (troteras y danzaderas, es decir, bailarinas y mujeres de vida alegre) es lo que ha aportado España a la civilización occidental...”.

Parece claro que la actitud de Pérez de Ayala coincide más, en todo caso, con la de los componentes del llamado grupo novecentista: Ortega y Gasset y el doctor Marañón, por ejemplo, fueron sus dos compañeros de actividad política.

Con ese grupo novecentista, coincidió Pérez de Ayala en la seria formación intelectual, la decidida actitud de apertura a Europa y una progresiva toma de conciencia social y política, a partir de la Primera Guerra Mundial, que desembocó en la actuación pública a favor de la Segunda República Española.

Fundó en 1903 la revista modernista Helios, junto con Juan Ramón Jiménez, Pedro González Blanco y Gregorio Martínez Sierra, y pasó a colaborar en las principales revistas y periódicos madrileños de la época.

Su primer libro es el de poesías La paz del sendero (1904), de tono claramente modernista, alabado por Rubén Darío. Su primera novela, Tinieblas en las cumbres (1907), fue elogiada por Pérez Galdós. Pero su fama popular se produjo con motivo del escándalo de A.M.D.G. (1910). Se trata de un panfleto antijesuítico, basado en su triste experiencia personal, y de una apuesta por una educación liberal, en un momento español de crisis social y política. Años más tarde, el 7 de noviembre de 1931, se estrenó en el Teatro Beatriz de Madrid una adaptación teatral de la novela, siendo su autor en ese momento embajador de la República Española en Londres, y se produjo un notable escándalo.

En 1911, obtuvo una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios para estudiar Estética en Italia y Alemania. En Múnich, asistió a los cursos del gran historiador del arte Wölfflin. En Italia, conoció a la que luego sería su mujer, la norteamericana Mabel Rick. A la vez, iba desarrollando un vasto plan literario en los terrenos de la narrativa y la poesía.

En 1913, publicó Pérez de Ayala su novela de clave Troteras y danzaderas, que retrata los ambientes literarios y bohemios del Madrid de 1910. Ese mismo año de 1913 viajó a Estados Unidos para contraer matrimonio y volvió a viajar allí en 1916.

Al estallar la Guerra Europea, Pérez de Ayala militó decididamente en el bando aliado. Recorrió el frente de guerra y recogió sus crónicas en el volumen Hermann encadenado. A la vez, publicó, sin firma, una antología de los escritos del kaiser alemán junto con una muy virulenta crítica.

Pérez de Ayala, del mismo modo que otros escritores, adoptó una actitud decidida frente a la dictadura del general Primo de Rivera. Sus artículos de esta época, que demuestran, una vez más, su gran capacidad crítica y su agudo análisis de las realidades españolas, están recogidos en el volumen Política y toros.

La edición posterior, en libro de bolsillo, lleva el título de Escritos políticos.

De esta etapa son también sus tres novelas poemáticas de la vida española: Prometeo, Luz de domingo y La caída de los limones. Suponen una creciente preocupación por los problemas sociales españoles (el caciquismo, por ejemplo), que se manifestará también, poco después, en sus ensayos de crítica teatral, Las máscaras (1917-1919), y social, el ya citado Política y toros (1918).

De 1921 a 1926 se extiende la segunda etapa de su carrera narrativa, en la que, alejándose de lo autobiográfico, abordó grandes temas universales: el lenguaje en Belarmino y Apolonio (1921), el amor y la educación sexual en Luna de miel, luna de hiel y Los trabajos de Urbano y Simona (1923), reunidas luego en Las novelas de Urbano y Simona, y el honor calderoniano en Tigre Juan y El curandero de su honra (1926).

Esta última pareja de novelas mereció el Premio Nacional de Literatura y supuso el final de su carrera narrativa, paradójicamente, a la vez que su plena consagración nacional e internacional. El caso resulta especialmente pintoresco si se recuerda que Pérez de Ayala insistió varias veces en su teoría de que la novela es el género propio de la madurez, el fruto de una experiencia vital acumulada durante años. Véase, por ejemplo, su libro Principios y finales de la novela, teoría, como se ve, desmentida por su propio ejemplo.

¿A qué se debe este silencio narrativo, tan difícil de explicar? Nadie lo sabe con exactitud. El autor de esta biografía, en el libro La novela intelectual de Ramón Pérez de Ayala ha mencionado varios proyectos narrativos y tratado con cierta extensión de las posibles causas. Se resumen aquí las principales: la pereza y apatía del escritor; su vida ajetreada, desde la guerra, con la necesidad de escribir frecuentes colaboraciones periodísticas; su pesimismo creciente, aumentado por la Guerra Civil Española y por la muerte de uno de sus hijos; por último, el agotamiento de una cierta línea novelesca.

Fue elegido miembro de la Real Academia Española y propuesto dos veces para el Premio Nobel de Literatura.

Coincidía todo esto con su creciente actividad política: fundó con Ortega y Marañón la Agrupación al Servicio de la República. Proclamada ésta, fue designado embajador en Londres y director del Museo del Prado, así como elegido diputado. Desempeñó el puesto de embajador desde 1931, llegó a Londres el 22 de mayo, hasta el triunfo del Frente Popular, en 1936.

Para comprender su desilusión política, es importante recordar el discurso que pronunció en Londres, como embajador de España, en mayo de 1934, para conmemorar el tercer aniversario de la República. En esa ocasión, Pérez de Ayala afirmaba su esperanza, basada en lo que esos tres años habían demostrado: “Puede haber una colectividad de españoles perfecta, irreprochablemente unidos y concordes, cualquiera que puedan ser sus discrepancias, inevitables y aún convenientes [...] que los españoles son tan aptos para la fecunda solidaridad social como lo pueda ser el que más; que no es cierto que el español, por una especie de fatalismo temporal, lleve dentro de sí la tendencia inevitable a la contradicción, a la imposición, a la indisciplina, a la disgregación, en suma; que se ve arrastrado a pesar suyo, como única manifestación de su personalidad, a adoptar posiciones extremas de guerra civil, potencial o actual, como si todos los españoles, por una especie de maldición bíblica, no pudiéramos ser sino cainitas y abelianos, verdugos y víctimas de nosotros mismos. Aquí está la prueba contraria: la colonia española en Londres [...]. Por el contrario, si fracasáramos (no digo los republicanos sino los españoles) será menester que con las lágrimas de Boabdil en los ojos nos dispongamos a abandonar por el foro el escenario del mundo y a llorar como mujeres lo que no supimos conservar como hombres”.

Los sentimientos de Pérez de Ayala tuvieron que ser paralelos al “no es esto, no es esto”, de Ortega. De hecho, sus dos hijos combatieron en el bando nacional.

Si algún día se publica su correspondencia con Marañón, podrá documentarse cuáles eran los sentimientos de ambos durante la guerra.

En 1936, pasó por Madrid y marchó con su mujer a Francia. En España quedaron sus dos hijos. De Francia pasó a Lima y en 1943 a la Argentina, donde la editorial Losada publicó varias de sus obras. En Buenos Aires fue adscrito a la Embajada de España, lo que provocó cierta indignación entre sus antiguos correligionarios.

Antes, en agosto de 1940, había pasado rápidamente por Madrid con motivo de la boda de su hijo Juan.

Desde la guerra, su actitud era de un progresivo pesimismo escéptico, que abarcaba a ambos bandos.

En junio de 1948 volvió a publicar en ABC de Madrid.

El 4 de mayo de 1949 volvió a España: desembarcó en Barcelona, fue a Madrid y Granada, para ver a sus amigos los Rodríguez-Acosta, y volvió a Buenos Aires. Regresó definitivamente a España el 20 de diciembre de 1954.

En sus últimos años llevó una vida absolutamente privada. Publicaba artículos en ABC sobre temas de cultura intemporal, leía a los poetas griegos y latinos, así como comentarios de la Biblia. Murió en Madrid el 5 de agosto de 1962. Literariamente, había dejado de estar vivo años antes.

Su obra puede clasificarse en tres grupos: poesía, ensayo y novela. La poesía comprende cuatro libros: La paz del sendero (1904), El sendero innumerable (1916), El sendero andante (1921) y El sendero ardiente (póstumo).

Se trata de un vasto plan, regido por la metáfora básica de la vida como sendero y la alusión a los cuatro elementos: tierra, mar, río y fuego.

La mayor parte de su producción pertenece al género ensayístico. Muchos de los libros son recopilaciones de sus artículos periodísticos, varios de ellos, ordenados por su antólogo José García Mercadal. Se ha dicho que el ensayo es el núcleo de toda su producción, dado su carácter razonador y discursivo.

Su máxima creación literaria, sin duda, son sus novelas: el mejor ejemplo español, quizá, de la llamada “novela intelectual” o “novela-ensayo”, comparable a autores como Aldous Huxley, Thomas Mann o Hermann Hesse. La riqueza de su mundo mental y de su lenguaje le ha granjeado siempre el aprecio de la crítica, pero también la dificultad para llegar al público masivo.

Valle-Inclán menciona la sonrisa de Pérez de Ayala: “entre buena y mala”. El escritor asturiano se defiende definiendo así su carácter: “La gente que no me conoce, o que sólo me conoce de vista, supone que soy un ser de peligrosa malignidad, frío sobre toda ponderación e incapaz de todo afecto profundo. Claro está, mi exterior es así porque soy lo que los franceses llaman une âme tendre, particularmente apto para sentir heridas aún allí mismo en donde otros encuentran motivo de satisfacción. Por ejemplo, una palabra de cariño o de elogio cuando adivino que obedece más a la galantería que a la íntima efusión, me lastima y ofende. Si aparezco frío casi siempre, es obra de los años y de la experiencia, porque ya a estas alturas no me atrevo a poner mi cariño en el comercio de los hombres por temor a que no se me pague en la misma moneda. Yo creo que las personas más allegadas a mí —mi mujer, mis hermanos, y dos o tres amigos— conocen cuán rico de sentimientos soy, aun cuando no me guste hacer alarde de ello”.

 

Obras de ~: La paz del sendero, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, 1904; Tinieblas en las cumbres, Madrid, 1907; A.M.D.G. (La vida en los colegios de jesuitas), Madrid, Imprenta Artística Española, 1910; La pata de la raposa, Madrid, Renacimiento, 1912; Troteras y danzaderas, Madrid, Renacimiento, 1913; El sendero innumerable, Madrid, 1916; Prometeo. Luz de domingo. La caída de los limones (Tres novelas poemáticas de la vida española), Madrid, Clásica española, 1916; Las máscaras: ensayos de crítica teatral, Madrid, 1917 y 1919; Política y toros: ensayos, Madrid, Casa Editorial Calleja, 1918; El sendero andante (Momentos. Modos. Ditirambos. Doctrinal de vida y naturaleza: poemas), Madrid, Jiménez y Molina, 1921; Belarmino y Apolonio: novela, Madrid, Jiménez y Molina, 1921; El ombligo del mundo: novela, ils. de Penagos, Madrid, Prensa Gráfica, 1922 [introd. de A. Prado, Madrid, Cátedra, 1998 (col. Letras Hispánicas)]; Luna de miel, luna de hiel y Los trabajos de Urbano y Simona, Madrid, Imprenta Helénica, 1923; Éxodo, Madrid, 1923; Tigre Juan y El curandero de su honra, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1926 [introd. de M. A. Lozano Marco, Madrid, Espasa Calpe, 1990 (col. Austral)]; El libro de Ruth (Ensayos en vivo), Madrid, 1928; Divagaciones literarias, Madrid, Clemares- Biblioteca Nueva, 1958; Principios y finales de la novela, Madrid, Taurus, 1958; El país del futuro (Mis viajes a los Estados Unidos), Madrid, Clemares-Biblioteca Nueva, 1959; Más divagaciones literarias, Madrid, Clemares-Biblioteca Nueva, 1960; Fábulas y ciudades, Barcelona, Destino, 1961; Amistades y recuerdos, Barcelona, 1961; El raposín, Madrid, Taurus, 1962; Pequeños ensayos, Madrid, Clemares-Biblioteca Nueva, 1963; Tributo a Inglaterra, Madrid, Aguilar, 1963; Tabla rasa, Madrid, Bullón, 1963; Obras completas, pról. de J. García Mercadal, Madrid, Aguilar, 1964 (col. Biblioteca de Autores Modernos), 4 vols. (contiene: Vol. I. Tinieblas en las cumbres. La pata de la raposa. Troteras y danzaderas. Sonreía. Pilares. El raposín. Ensayos. Vol. II. Obras Poéticas: Primeros Frutos, La paz del Sendero, el Sendero Andante, El Sendero incalculable, el Sendero Ardiente, Últimos Frutos, Traducciones y Glosas Clásicas, varias Novelas Cortas: Procedentes, Ley del Milagro, La Caída de los Señores, El ombligo del Mundo; Bajo el signo de Artemisa, La Revolución sentimental. Vol. III. Las Mascaras. Política y Toros. Vol. IV. Novela: Belarmino y Apolonio. Luna de miel, Luna de hiel. Los trabajos de Urbano y Simona. Tigre Juan. El curandero de su honra. Ensayos); Nuestro Séneca y otros ensayos, Barcelona, Edhasa, 1966; Escritos políticos, present. de P. Garagorri, Madrid, Editorial, 1967; Cincuenta años de cartas íntimas (1904-1956) a su amigo Miguel Rodríguez-Acosta, ed. de A. Amorós, Madrid, Castalia, 1980; Crónicas londinenses, ed., introd, bibl. y notas de A. Coletes Blanco, Murcia, Universidad, 1985; Artículos y ensayos en los semanarios “España”. “Nuevo Mundo” y “La Esfera”, pról. y recop. por F. Friera Suárez, Oviedo, Universidad, 1986.

 

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Andrés Amorós Guardiola