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Ramón José Simón del Valle y Peña

Biografía

Valle y Peña, Ramón José Simón del. Ramón María del Valle-Inclán. Villanueva de Arosa (Pontevedra), 28.X.1866 – Santiago de Compostela (La Coruña), 5.I.1936. Escritor.

Nació en el seno de una familia de raíces hidalgas, tanto por parte paterna como materna, poseedora de pazos y casonas en ambas márgenes de la ría de Arosa. No obstante, la familia fue a menos, y su padre, Ramón del Valle Bermúdez, tuvo que desarrollar diversos empleos; aún así, se dedicó al periodismo, a la literatura y a la historia, llegando a ser académico correspondiente de la Real Academia de la Historia (1885). De su segundo matrimonio con Dolores Peña Montenegro nació Ramón José Simón del Valle y Peña. Pasó su infancia en Villanueva, donde recibió sus primeras letras de preceptores locales hasta que aprobó el examen de primera enseñanza en 1877, año en el que inició el bachillerato como alumno libre en el Instituto de Santiago de Compostela. En 1885 concluyó los estudios en el Instituto de Pontevedra, e inició la carrera de Derecho en la Universidad de Santiago con su hermano Carlos. En los varios años que pasó en Compostela, nunca mostró interés por los estudios universitarios y apenas se examinó de algunas asignaturas, dedicándose a la vida de tertulias, juegos, casino y a cultivar las amistades, pues en estos años entabló relaciones con Vázquez de Mella, González Besada, Camilo Bargiela o Enrique Labarta. En 1887 fue declarado exento del servicio militar.

En 1888, publicó sus primeros escritos conocidos en la revista compostelana Café con Gotas, que firmaba entonces como “Ramón del Valle” o “Ramón del Valle y de la Peña”. Participó también en actividades regionalistas de signo conservador con el grupo de Brañas. A principios de 1890 falleció su padre, lo cual le permitió abandonar la Universidad, y se trasladó a Pontevedra. En 1891 viajó a Madrid, donde pasó unos meses procurando introducirse en el mundo de la prensa, y allí utilizó por vez primera la firma con su nombre literario “Ramón del Valle-Inclán”. En 1892 partió hacia México, donde desembarcó el 8 de abril en el puerto de Veracruz. Su estancia en el país americano duró varios meses, pero se desconocen casi todas sus actividades, salvo que colaboró frecuentemente en la prensa mexicana, como El Correo Español o El Universal, hasta llegar a ser subdirector del diario veracruzano La Crónica Mercantil.

Regresó a España en 1893. Instalado en Pontevedra, frecuentaba la casa y tertulia de Jesús Muruáis.

Es allí donde conoció la literatura simbolista y decadentista francesa del momento y adoptó una imagen bohemia que sorprendió a la sociedad pontevedresa.

En 1895, se editó en Pontevedra su primer libro, Femeninas, con prólogo de Manuel Murguía. Nada más salir de las prensas marchó a Madrid, adonde llegó en abril con el fin de hacerse un nombre literario, aunque tuvo escasa atención crítica. Su actividad se redujo a escribir algún texto para la prensa, a visitar las redacciones de diarios, como la de El País, y a ser asiduo de las tertulias de café, donde se relacionó con los escritores de su generación, como Azorín o los Baroja.

En 1897 editó su segundo libro, Epitalamio, el cual fue un fracaso absoluto de crítica y de ventas.

Ante la decepción que le produjo el mundo literario, intentó iniciar una nueva carrera en 1898, la interpretativa, debutando como actor en el estreno de la obra de Jacinto Benavente La comida de las fieras, donde encarnó un papel creado expresamente para él.

En enero de 1899 volvió a actuar en el estreno de Los reyes en el destierro, en adaptación de Alejandro Sawa.

En ninguno de los dos intentos recibió el beneplácito de la crítica, lo cual le desanimó a seguir por este camino.

En ese mismo año entabló amistad con Rubén Darío, con el que siempre le unió un mutuo afecto y admiración. En julio se produjo el famoso incidente del Café de la Montaña, en el que, en una discusión con el escritor Manuel Bueno, Valle-Inclán resultó herido en la cabeza y el brazo, donde se hizo una pequeña lesión que no fue atendida. Esta herida devino en gangrena que supuso, finalmente, la amputación del brazo izquierdo. Siguió próximo al teatro, y en septiembre colaboró como figurinista en el estreno de La fierecilla domada, por el Teatro Artístico que promocionaba Benavente, compañía que socorrió a Valle-Inclán con un estreno benéfico, representando la primera obra dramática del escritor, Cenizas, el 12 de diciembre en el Teatro Lara. También se editó la obra, su tercer libro, con el patrocinio del Teatro Artístico.

Su situación económica era terrible y apenas lograba subsistir con la ayuda de amigos y familiares. Este estado le forzó a aceptar en 1900, la oferta para adaptar en una novela por entregas el drama de Arniches La cara de Dios, trabajo por el que Valle-Inclán no mostró ningún interés. Igualmente se vio en la necesidad de realizar traducciones, trabajo alimenticio que continuó haciendo durante unos años, en especial de obras de Eça de Queiroz y de otros autores menores, como Alexis o Matilde Serao.

En 1901 realizó un viaje por La Mancha donde, por accidente, se disparó en un pie. En la convalecencia redactó Sonata de otoño, y poco después conoció a José Ortega Munilla, quien le abrió las páginas del suplemento literario más importante de España, Los Lunes de El Imparcial. Entre finales del año y principios de 1902, se publicó por entregas Sonata de otoño, primera parte de las Memorias del Marqués de Bradomín.

Inició así una estrategia editorial que mantuvo hasta el final de su vida, que consistía en publicar sus obras en folletines periodísticos previos a su aparición en libro. Poco después se editó en volumen esta obra que le consagró como gran figura de la literatura. Inició su más famosa tertulia, la del Nuevo Café de Levante, que presidió durante los años que pervivió. En 1903 y en colaboración con Manuel Bueno, comenzó una labor de adaptación de textos clásicos y extranjeros para la escena. Fue un año fecundo, pues dio a la imprenta tres libros: la segunda entrega de las novelas de Bradomín, Sonata de estío, y dos colecciones de relatos, Corte de amor y una breve colectánea de cuentos titulada Jardín umbrío. En 1904 continuó esta actividad con la redacción y publicación de otras dos novelas: la tercera entrega bradominesca, Sonata de primavera, y Flor de santidad. En 1905 con la edición de Sonata de invierno, concluyó la serie de las Memorias del Marqués de Bradomín, conjunto que es considerado como cumbre máxima de la prosa modernista.

Aún publicó otro volumen, una ampliación de la colección de cuentos de 1903 que ahora tituló Jardín novelesco; y en ese mismo año de 1905 fue uno de los promotores de la protesta contra la concesión del Premio Nobel, y el homenaje nacional consiguiente, a José Echegaray.

Arrastrado por el éxito de sus Sonatas, adaptó varios fragmentos de las novelas en una obra dramática que tituló El Marqués de Bradomín, y que se estrenó en el Teatro de la Princesa en 1906. En enero de 1907 realizó una gira con la compañía de Ricardo Calvo, que en Barcelona estrenó su primera comedia bárbara, Águila de blasón, publicada poco después. En agosto contrajo matrimonio en Madrid con la actriz Josefina Blanco, y este mismo año nació su primera hija, María de la Concepción. Publicó, además de la comedia bárbara, otros libros, como su primera obra poética, Aromas de leyenda, y el texto dramático El Marqués de Bradomín. A estas obras hay que añadir la edición por entregas, en el diario El Mundo, de su segunda comedia bárbara, Romance de lobos, que apareció en libro al año siguiente. En 1908 decidió refundir su primera obra teatral, Cenizas, que ahora pasó a titularse El yermo de las almas, y a finales del año se publicó por entregas la primera de las novelas de la serie La guerra carlista, Los cruzados de la Causa, que también apareció en volumen, y que se continuó con las entregas —entre enero y mayo de 1909— de la segunda novela, El resplandor de la hoguera, editada en libro en julio. Concluyó su actividad literaria de 1909 editando en folletín, entre agosto y noviembre, la tercera y última novela de la serie narrativa, Gerifaltes de antaño, que de inmediato se presentó en libro.

Desde que redactó en 1901 Sonata de otoño, su labor creativa fue intensa, con una enorme producción de obras que se cuentan en más de veinte libros en sólo ocho años. Esta “fiebre” continuó en 1910. Tras una amplia labor narrativa, regresó al mundo dramático escribiendo dos piezas teatrales: La cabeza del dragón, que estrenó el Teatro de los Niños, patrocinado por Benavente, y Cuento de abril, puesta en escena sólo dos semanas después. De las dos obras, sólo Cuento de abril se editó en 1910. Pocos días después de estos estrenos, partió hacia Argentina con la compañía de García Ortega, donde trabajaba su mujer. Pero, en medio de la gira, Valle-Inclán rompió con la compañía de García Ortega, y su esposa y él se unieron a la de Guerrero y Díaz de Mendoza, con la que inició una importante relación profesional. Con esta compañía desarrollaron una gira mayor de la que tenían previsto, y recorrieron varias ciudades de Argentina, además de visitar Chile, Uruguay y Bolivia, y, en solitario, Paraguay. Mientras recorría Hispanoamérica, se barajó su nombre como candidato carlista al Congreso por el distrito de Monforte de Lemos (Lugo), aunque finalmente no se presentó. Por estos años, Valle- Inclán colaboró muy intensamente en las actividades del Partido Tradicionalista, donde se convirtió en un símbolo, principalmente por la publicidad que le aportaba su imagen y su obra. En este sentido, afrontó la creación de un texto de carácter épico carlista, que se concretó en una tragedia titulada Voces de gesta, editada en el verano de 1911. Poco después, la compañía Guerrero-Mendoza estrenó en Valencia la obra, y la llevó de gira, con el autor entre ellos, por Barcelona y Zaragoza. En el verano inició la escritura de una nueva obra dramática, La Marquesa Rosalinda, que concluyó a principios de 1912 y que presentó en Madrid la compañía de María Guerrero en marzo, estreno al que asistieron los Reyes. Posteriormente, y debido al éxito de esta última obra de Valle-Inclán, Guerrero decidió estrenar en Madrid Voces de gesta. La compañía partió de gira hacia Barcelona, donde representaron La Marquesa Rosalinda, y a continuación hacia Pamplona.

Allí se solicitó que se escenificase Voces de gesta, pero Fernando Díaz de Mendoza se negó a hacerlo.

Valle-Inclán se implicó y promovió un escándalo que supuso la ruptura definitiva con la primera compañía teatral española. Como desagravio a Pamplona por la negativa de Díaz de Mendoza, Valle leyó la obra en el Teatro Gayarre en julio. El fin de las relaciones de Valle-Inclán y su mujer con la compañía Guerrero-Mendoza provocó importantes problemas económicos al matrimonio, que decidió abandonar Madrid, y a finales de 1912 se instaló en Cambados (Pontevedra), donde escribió una nueva obra dramática, El embrujado.

De inmediato se publicó en folletín, y trató de convencer a Pérez Galdós, director del Teatro Español de Madrid, para que admitiera su estreno esa misma temporada. Don Benito, aunque no aceptó abiertamente, anticipó su aprobación. A principios de 1913, Valle insistió a Galdós y a los dueños de la compañía del Español, Matilde Moreno y Francisco Fuentes, para que montasen su obra, pero la actriz se negó.

Se sintió abandonado por Galdós, a quien reclamaba que cumpliera su promesa imponiendo su autoridad, y al no tener la respuesta deseada, arremetió contra el maestro. El escándalo llenó las páginas de los periódicos, hasta que Valle-Inclán decidió desagraviarse leyendo en público El embrujado.

Molesto con las amargas experiencias escénicas sufridas en 1912 y 1913, decidió abandonar su labor dramatúrgica, algo que mantuvo hasta 1919. Pero no todos sus asuntos literarios fueron negativos, pues firmó con la editora Perlado, Páez y Compañía un contrato para editar unas obras completas a las que Valle-Inclán dio por nombre Opera Omnia, y donde el autor se encargó prácticamente de todos los aspectos, desde el diseño editorial hasta la tipografía y las ilustraciones. Valle-Inclán mantuvo la colección aunque la continuó en diversas editoriales o a través de auto-ediciones. En ese primer año aparecieron hasta ocho volúmenes, los que van del II al IX, y entre ellos hay dos ediciones príncipe, las de El embrujado y La Marquesa Rosalinda.

Pese a haberse instalado en Galicia, pasó buena parte del año en Madrid. En Cambados nació, en 1914, su segundo hijo, Joaquín María, pero falleció con pocos meses, lo cual provocó una crisis espiritual en el escritor. En ese año, imprimió La cabeza del dragón, escrita y estrenada en 1910. Lejos ya de la escritura teatral, Valle-Inclán se centró en la redacción de un tratado simbolista y en escribir poesía y cuentos.

En enero de 1915 Margarita Xirgu estrenó en el Teatro Principal de Barcelona El yermo de las almas, aunque el autor ni siquiera quiso asistir a la representación.

En este mismo año firmó un nuevo contrato para continuar la Opera Omnia, ahora con la Sociedad General Española de Librería (SGEL), y desde su retiro gallego intentó rehabilitar en su persona una serie de títulos nobiliarios, como el marquesado del Valle, el vizcondado de Viexin y el señorío del Caramiñal, que le fueron denegados.

En enero de 1916 se publicó el libro de Julio Casares Crítica profana, donde se realizó un demoledor ataque contra la obra de Valle-Inclán y que provocó una gran polémica en la que, sin embargo, no se implicó don Ramón. Poco después falleció su amigo Rubén Darío, y unos días más tarde apareció su tratado La lámpara maravillosa. Como era un destacado partidario de los aliados en la Gran Guerra, el 27 de abril partió para Francia con el fin de visitar el frente de guerra invitado por el Gobierno francés. Aprovechando el viaje, El Imparcial lo comisionó como corresponsal de guerra. La visita al frente de Verdun le permitió cumplir su compromiso con El Imparcial, para el que escribió una novela que tituló Un día de guerra, y que se editó fragmentada en dos partes: La media noche, entre octubre y diciembre, y En la luz del día, entre enero y febrero de 1917. El 18 de julio de 1916 fue nombrado profesor de Estética de Bellas Artes en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. Se desconoce cuánto tiempo fue profesor, pero al menos seguía siéndolo dos años después, en junio de 1918. En este tiempo, llegó a tener algunos alumnos ilustres, entre ellos la escritora Rosa Chacel. En junio recogió en libro la primera parte de Un día de guerra, La media noche, olvidando la segunda parte, En la luz del día. A finales de 1916, se instaló en A Pobra do Caramiñal (La Coruña), en la Quinta o Casal de La Merced, donde nació su hijo Carlos Luis en 1917 y también en Galicia nacieron sus demás descendientes: María Beatriz en 1920, Jaime en 1922 y María Antonia en 1923.

En 1918 se dedicó esencialmente a la escritura poética, pero en una entrevista afirmó que había decidido volver a escribir teatro, y es seguramente entonces cuando inició la redacción de Divinas palabras.

Su segundo libro poético, La pipa de kif, apareció en 1919 y poco después publicó en folletín en el diario El Sol, entre junio y julio, la Tragicomedia de aldea.

Y se llega a 1920, año que en la vida y obra de Valle- Inclán tuvo una consideración mítica por su actividad editorial y creativa, que se estima de una gran importancia literaria. Se inició con la publicación de su tercer libro poético, El pasajero, continuó con la edición de La enamorada del rey, y, por fin, un año después de su aparición en folletín, Divinas palabras. Sin embargo, su obra más famosa no apareció en libro, sino en la revista España, y es el primer esperpento: Luces de bohemia. La publicación se inició el 31 de julio y concluyó, tras trece entregas, en octubre. No obstante, es una versión incompleta, pues entonces sólo la formaban doce escenas, a las que, en la edición en libro de 1924 se le añadieron tres más (2.ª, 6.ª y 11.ª), que se caracterizan por ser las más significativamente políticas. Y, al tiempo que se editó el esperpento, la revista La Pluma dio a conocer, en tres amplias partes, Farsa y licencia de la reina castiza.

El esperpento marca el momento más significativo de la creación artística de Valle-Inclán, y supone el más complejo y acertado paso de la literatura española en la labor europea de renovación literaria del siglo XX. El esperpento se configura como un intrincado sistema de interpretación de la realidad, que está ficcionalizada de manera oficial, con el objeto de desmontar la falsa imagen que se tiene de la propia existencia; para ello, Valle emplea recursos deformadores, caricaturescos, con los que se eliminan los falsos mitos que constituyen la realidad oficial y se puede, entonces, percibir la degradación a la que se ve sometida la vida contemporánea de los españoles.

En 1921 publicó también en La Pluma y entre abril y agosto, su segundo esperpento: Los cuernos de don Friolera. Por iniciativa del Gobierno mexicano, llegó a México en septiembre como invitado de honor a las celebraciones del Centenario de la Independencia.

En los dos meses que pasó en México, asistió a múltiples actos políticos, culturales y universitarios, acompañado por intelectuales y políticos, entre ellos el presidente Obregón. Dictó cuatro conferencias en México, que suscitaron una enorme polémica política entre la colonia española y Valle, debido a la defensa que hacía el autor de las acciones de la administración revolucionaria en detrimento de los intereses españoles, donde incluyó ataques contra el Gobierno español y contra el propio Rey. El 13 de noviembre salió hacia La Habana, y después de pasar unos días en Cuba, partió hacia Nueva York, donde permaneció unos días de diciembre.

En 1922 abandonó la finca de La Merced y se trasladó al casco urbano de A Pobra. Concluido el contrato con la SGEL, empezó a publicar en otras editoriales o por impresión propia, como es el caso de la edición príncipe de La reina castiza. Sus nuevas obras seguían apareciendo en medios periodísticos, como la tercera comedia bárbara, Cara de Plata, editada en La Pluma entre julio y diciembre de 1922. Una vez concluida esta publicación, el siguiente número de esta revista, de enero de 1923, se le dedicó a Valle- Inclán como homenaje. En él participaron muchos de los más notables intelectuales españoles, siendo el homenaje más importante que recibió Valle-Inclán en vida. Poco después firmó un nuevo contrato con la editorial Renacimiento, donde se imprimió Cara de Plata. En otoño fue intervenido en Compostela del tumor de vejiga que llevaba años arrastrando, y durante la convalecencia ideó la escritura de Tirano Banderas, motivado principalmente por su deseo de denunciar los problemas de una América dominada por el neocolonialismo, aunque no se debe obviar el hecho de que la primera noticia sobre esta novela se date sólo dos meses después del golpe de Estado de Primo de Rivera.

En junio de 1924 Renacimiento imprimió la primera edición de Luces de bohemia, con las quince escenas definitivas. Además, publicó dos breves piezas teatrales, La rosa de papel y La cabeza del Bautista, esta última representada en Madrid, primer estreno de Valle-Inclán desde 1915. En 1925 se trasladó definitivamente a Madrid, y durante todo el año trabajó en Tirano Banderas. Al mismo tiempo, planteó la primera obra de la serie de El Ruedo Ibérico, pues, seguramente, Valle-Inclán trabajó en ambas novelas al mismo tiempo. En abril editó Los cuernos de don Friolera, y en diciembre se empezó a publicar por entregas, en El Estudiante de Madrid, Tirano Banderas, edición que concluyó en mayo de 1926. Acompañando esta intensa actividad literaria, el autor desarrolló una continuada labor política de oposición a la dictadura y a la Monarquía, por la que hubo de sufrir procesos y secuestro de ediciones.

A principios de 1926 se fundó en la casa de los Baroja un teatro aficionado pero con profesionales de la dramaturgia, El Mirlo Blanco, el cual debutó con la representación del “Prólogo” y el “Epílogo” de Los cuernos de don Friolera, continuado con el estreno de Ligazón, que se publicó posteriormente.

Este año, junto con 1920, es la gran fecha editorial de la vida literaria de Valle-Inclán, pues en él aparecieron otras obras esenciales. Su ruptura con Renacimiento posiblemente se debió, además de a la insatisfacción de Valle-Inclán con su actividad, a las reticencias que puso para la publicación de Tirano Banderas en pleno régimen dictatorial. Editó Tablado de marionetas, donde recogió sus tres farsas: La cabeza del dragón, La enamorada del rey y La reina castiza, en una publicación compartida entre pequeños editores y el propio autor. En plena edición periodística de Tirano Banderas y nada más empezar el año 1926, Valle-Inclán editó el folletín de la primera novela de El Ruedo Ibérico, con el título de La corte isabelina, en el diario La Nación de Buenos Aires, y en mayo imprimió El terno del difunto, primera versión de Las galas del difunto, y al fin, en diciembre, apareció en volumen Tirano Banderas, en edición del autor, novela que supuso un triunfo inusitado en la vida de Valle-Inclán. Las Sonatas habían representado un continuo éxito de ventas, con decenas de ediciones y miles de ejemplares vendidos, pero eso había ocurrido a lo largo de más de veinte años. Tirano Banderas se agotó casi de inmediato, y era tema continuo de comentarios, pues nunca una obra suya había tenido la repercusión crítica que obtuvo esta novela. El año de 1927 viene a continuar y complementar el gran año literario de 1926: por un lado se siguieron reeditando sus obras completas, manteniendo su actividad autoeditora, tras el éxito de Tirano, y publicó en libro La corte de los milagros.

Aunque esta obra no tuvo la repercusión popular y crítica de la Novela de Tierra Caliente, también supuso un triunfo en las ventas que forzó una reedición en sólo cinco meses. Continuando con la práctica que había iniciado con La corte de los milagros, publicó su nueva obra primero en Argentina antes de darla a conocer en España. Así, en marzo, y también en La Nación, apareció el último esperpento dramático de Valle-Inclán, La hija del capitán. A finales de julio, se imprimió en España, e inmediatamente se decretó el secuestro de la edición, aunque Valle había modificado algunas de sus más evidentes alusiones políticas. En Heraldo de Madrid editó, en el mes de septiembre, una pieza teatral, Sacrilegio, al tiempo que preparaba la impresión de un nuevo volumen de la Opera Omnia, Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, donde recogía todas las piezas breves escritas desde 1924 (La rosa de papel, La cabeza del Bautista, Ligazón y Sacrilegio) con El embrujado. En estos años ya era considerado como uno de los más grandes escritores del siglo XX en la vanguardia de la renovación literaria europea, consideración que se ha mantenido y acrecentado en la muy amplia atención crítica que ha recibido su obra.

En 1928 Valle-Inclán entró en una breve época de comodidad económica gracias al contrato que firmó con la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones (CIAP). Según el acuerdo, recibiría una altísima cantidad en concepto de adelanto de derechos de autor, una cifra imposible de cubrir, por lo cual Valle-Inclán siempre quedaba como acreedor de la editorial. Este contrato le permitió trasladarse al selecto barrio de Salamanca. En octubre publicó la segunda novela de El Ruedo Ibérico, Viva mi dueño, que fue, como tal, el último libro original de Valle-Inclán. En colecciones populares de novelas cortas editó, entre 1926 y 1930, varias novelas breves que, en su mayoría, son fragmentos de los volúmenes de El Ruedo Ibérico, aunque alguna no se integró en las narraciones mayores, como Fin de un revolucionario, de 1928. Tras tres años de intensa actividad literaria y editorial, Valle- Inclán redujo su labor a partir de 1929. Empezó el año editando en una revista bonaerense una novelita del ciclo de El Ruedo Ibérico, nunca incorporada a otra obra: Un bastardo de Narizotas, y se tradujo al inglés Tirano Banderas. Aceptó la presidencia de honor de “Amigos de la URSS”, y participó activamente en acciones contra la dictadura. La dimisión en enero de 1930 de Primo de Rivera relajó la situación política y literaria del país. Editó entonces lo que pretendían ser su poesías completas, Claves líricas, donde recogió sus tres poemarios, aunque con notables modificaciones.

Un claro ejemplo de la relajación política es la edición de sus tres últimos esperpentos, uno de ellos aún secuestrado, que reunía Martes de Carnaval, y en colaboración con la actividad antimonárquica, se lee públicamente la Farsa y licencia de la reina castiza en el Ateneo de Madrid, el 2 de diciembre.

Con la proclamación de la República en 1931, Valle-Inclán se manifestó republicano y presentó su candidatura a las Cortes Constituyentes que se eligieron a finales de junio, como candidato de la Alianza Republicana de Lerroux por La Coruña y por Pontevedra, pero quedó fuera del Parlamento. Acusó al caciquismo restauracionista, todavía totalmente instalado en Galicia, de haber amañado las elecciones, y exigió su anulación impugnando los resultados, algo que no fue concedido. Su actividad literaria en este año es casi inexistente. Pronto se convirtió en un autor símbolo de la República, y por ello se centró la atención en su obra antiborbónica para atacar al régimen fenecido. La reina castiza es, acaso, la más significativa en este sentido, por lo que se llevó a los escenarios, lo que supuso otra vuelta a los teatros tras varios años de silencio. Se estrenó el 3 de junio en el Teatro Muñoz Seca, con un gran despliegue escénico, muy ajustado al sentido fársico de la obra, lo que suscitó un enorme interés crítico e intelectual.

El triunfo de este montaje llevó al deseo de estrenar otra obra de Valle-Inclán, y el 11 de noviembre se representó en el mismo teatro El embrujado, montaje en cuya dirección participó el escritor.

La CIAP entró en quiebra, lo cual generó problemas económicos muy serios a Valle-Inclán, llegando a ofrecer una imagen de indigente. Por ello, el Gobierno de la República, presidido por su amigo Manuel Azaña, le nombró conservador general del Tesoro Artístico Nacional, pero con obligaciones únicamente administrativas y sin capacidad de decisión.

Valle aceptó el cargo gracias a su pasión por el arte, pero en cuanto comprendió a lo que habían reducido su función, Valle protestó, por lo que Azaña le dio la responsabilidad de crear el Museo de la República, aunque se fue encontrando siempre con muros que detenían todas sus propuestas. Aún así, mantuvo el puesto durante casi un año, y en enero de 1932 fue nombrado director del Museo de Aranjuez. La CIAP quebró totalmente, y quedó sin editorial. Presentó sus tres últimas novelas (Tirano Banderas, La corte de los milagros y Viva mi dueño) como candidatas al Premio Fastenrath de la Real Academia Española, y en mayo, tras una selección preliminar (que había mantenido en concurso Tirano, tras suprimir las otras dos obras, notablemente antimonárquicas), se dejó desierto el concurso. Valle-Inclán no buscaba el beneplácito ni el premio de una institución a la que despreciaba; lo que pretendía era lo que consiguió: provocar un escándalo con el que mostrar públicamente que la Academia era extremadamente reaccionaria. Se buscaba, pues, que el Gobierno disolviese la actual Academia y la reconstituyese con nuevas personas más afectas al régimen republicano. El 7 de junio un grupo formado por los más prestigiosos intelectuales y presidido por Unamuno, organizó un gran homenaje en desagravio a Valle-Inclán por la afrenta de la Academia. Inmediatamente después fue elegido presidente del Ateneo, en sustitución de Azaña. Este mismo mes, presentó la dimisión de sus cargos como conservador general del Patrimonio Artístico Nacional y de director del Museo de Aranjuez debido a la falta de poder ejecutivo y al desamparo al que le sometió el Gobierno. El mismo día en que se realizó el homenaje a Valle, El Sol inició la publicación por entregas de la primera parte de la tercera novela de El Ruedo Ibérico: Baza de espadas. Vísperas septembrinas, que concluyó en julio.

Su situación económica era muy precaria, y sólo pudo subsistir casi mendigando entre sus amigos. Su esposa, Josefina Blanco, le interpuso una demanda de divorcio, que se resolvió a finales de año con la separación del matrimonio, quedándose la esposa con la hija menor, mientras el resto de los hijos permanecían a cargo de Valle-Inclán. Coincidiendo con el divorcio, experimentó un empeoramiento en su enfermedad, que le forzó a ser operado en Madrid a principios de 1933. Su situación era patética, por lo que aireó su intención de solicitar a algún gobierno hispanoamericano su ayuda para trasladarse a vivir a ese continente.

Ante esta circunstancia, Azaña, aunque temeroso por las actitudes de Valle, no quiso permitir que el escritor siguiese en esas condiciones, y consideró buscarle un nuevo empleo, pero que debía quedar fuera del organigrama del Gobierno, que el cargo le complaciese y en el que no molestase en exceso. Lo encontraron en el de director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. En efecto, Valle-Inclán se sintió muy satisfecho del cargo, y el 19 de abril llegó a Roma, aunque lo que se encontró fue un edificio casi en ruinas, mal dotado y amueblado, y un grupo de becarios especialmente rebeldes. Tenía esperanzas de que el Gobierno le ayudase a adecentar la Academia romana, pero de inmediato éstas se diluyeron. Por eso creyó preciso regresar a Madrid para impulsar todas las reformas necesarias, pero los escollos burocráticos eran insalvables, por lo que se olvidó de la posibilidad de conseguir sus objetivos, e incluso se le sometió a una investigación debido a la denuncia de un becario.

Permaneció demasiado tiempo en Madrid, desinteresado de la actividad de la Academia, pues no regresó a Roma hasta marzo de 1934. Durante su estancia en España, el autor aceptó llevar adelante el proyecto de escenificar Divinas palabras que le propuso Rivas Cherif. En efecto, Rivas preparó su estreno y contó, para ello, con la colaboración de Margarita Xirgu y Castelao, que hizo la decoración. La obra se puso en escena en el Teatro Español en noviembre, y pese a que fue la producción más importante de una obra de Valle-Inclán en vida del autor, no tuvo éxito, aunque atrajo una enorme atención de la prensa.

Al regresar a Roma en marzo de 1934, desinteresado totalmente de la Academia, solicitó que se le sacase del purgatorio romano y que se le consiguiera un puesto pacífico donde pudiera dar término a El Ruedo Ibérico.

A finales de octubre, el Gobierno estaba a punto de destituirle, pero el prestigio del escritor y el agravamiento de su enfermedad le evitaron el despido. El 3 de noviembre salió para Madrid, sólo seis días antes de que Antongiulio Bragaglia estrenase en Roma Los cuernos de don Friolera, en traducción del propio director con ayuda de Valle-Inclán. Los años 1933 y 1934 son dos años, literariamente hablando, vacíos, sin ningún texto nuevo, prácticamente sin reediciones ni escritos periodísticos. En 1935 el agravamiento de su enfermedad de vejiga le forzó a tomar la decisión de trasladarse al sanatorio del doctor Villar Iglesias en Santiago de Compostela para someterse a sus tratamientos, por lo que en la primavera abandonó la capital y se estableció en la ciudad gallega, donde participó en la vida social y cultural santiaguesa rodeado de una multitud de admiradores. Incluso, en la medida en que su salud se lo permitía, realizó pequeños viajes por Galicia, con visitas a La Coruña, Betanzos, Ferrol u Orense.

Un grupo de amigos, encabezados por García Martí, propuso la organización de un gran homenaje al que en este momento era el patriarca de las letras gallegas, con el fin de adquirir un pazo en el que el escritor pasara sus últimos años de vida. En su homenaje, también se dirigió la iniciativa de Rafael Dieste de proponer a Valle-Inclán como candidato al Premio Nobel.

Valle-Inclán se animó a volver a la escritura, pero ya sin las fuerzas necesarias como para afrontar la continuación de El Ruedo Ibérico. Urgido por razones económicas, empezó a escribir artículos para el diario Ahora, de Madrid. Aceptó el ofrecimiento para presidir el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en París, con la esperanza de poder viajar a la capital francesa. Pero, tras el verano, sufrió un agravamiento de la enfermedad y cada vez era más raro que pudiera salir del sanatorio, donde quedó casi recluido.

Tras una larga agonía, falleció el 5 de enero de 1936 a las dos de la tarde. Valle-Inclán había solicitado un entierro laico y una sepultura sencilla, únicamente una piedra de granito sin labrar ni pulir y donde tan sólo se leyese su apellido. El entierro se celebró al día siguiente, en una enorme manifestación de duelo bajo una intensa lluvia, presidida por el gobernador civil, el alcalde de Santiago y el rector de la Universidad. Se dedicaron amplísimos homenajes a la figura del escritor desaparecido, y, para sorpresa de todo el mundo, la generación joven, la del grupo del 27, que en general se había sentido desapegada de Valle-Inclán, organizó el mayor homenaje a don Ramón, al preparar un gran acto en el Teatro de la Zarzuela que incluía la lectura de textos de Valle-Inclán, escritos en honor suyo y el estreno en España de Los cuernos de don Friolera, acto que se llevó a cabo apenas un mes después de su fallecimiento, el 14 de febrero. Un mes después, el 19 de marzo, se inició la publicación en seis entregas en el diario Ahora de la novela póstuma de Valle-Inclán, El trueno dorado.

 

Obras de ~: Femeninas Seis historias amorosas, Pontevedra, Imprenta de Andrés Landín, 1895; Epitalamio (Historia de amores), Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1897; Cenizas. Drama en tres actos, Madrid, Teatro Artístico, Administración de Bernardo Rodríguez, 1899; La cara de Dios, Madrid, La Nueva Editorial de J. García, 1900; Sonata de Otoño. Memorias del Marqués de Bradomín, Madrid, Imprenta de Ambrosio Pérez, 1902; Jardín umbrío, Madrid, Casa Editorial Viuda de Rodríguez Serra, 1903; Corte de amor: Florilegio de honestas y nobles damas, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1903; Sonata de estío. Memorias del Marqués de Bradomín, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1903; Sonata de primavera. Memorias del Marqués de Bradomín, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1904; Flor de santidad: historia milenaria, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1904; Sonata de invierno. Memorias del Marqués de Bradomín, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1905; Jardín novelesco. Historias de santos: de almas en pena: de duendes y de ladrones, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1905; Águila de blasón. Comedia bárbara, Barcelona, F. Granada y Cía., 1907; Aromas de leyenda. Versos en loor de un ermitaño, Madrid, Villavicencio, Tipografía de la Revista de Archivos, 1907; El Marqués de Bradomín. Coloquios románticos, Madrid, Pueyo, 1907; Historias perversas, Barcelona, Maucci, 1907; Romance de lobos. Comedia bárbara, Madrid, Pueyo, 1908; El yermo de las almas. Episodios de la vida íntima, Madrid, Imprenta de Balgañón y Moreno, 1908; Los cruzados de la Causa. La guerra carlista, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, Imprenta de Balgañón y Moreno, 1908; El resplandor de la hoguera. La guerra carlista, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, Imprenta de Primitivo Fernández, 1909; Gerifaltes de antaño. La guerra carlista, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, Imprenta de Primitivo Fernández, 1909; Una tertulia de antaño, en El Cuento Semanal, año III, n.º 121 (1909); Cofre de sándalo, Madrid, Imprenta de Primitivo Fernández, 1909; Historias de amor, París, Garnier Hermanos, 1909; La Corte de Estella, en Por Esos Mundos, XI, n.º 180 (enero de 1910); Cuento de abril: escenas rimadas en una manera extravagante, Madrid, Imprenta de Primitivo Fernández, 1910; Las mieles del rosal, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1910; Voces de gesta. Tragedia pastoril, Madrid, Imprenta Alemana, 1911; El Embrujado. Tragedia de tierra de Salnés, Madrid, Perlado, Páez y Cía., Imprenta de José Izquierdo, 1913; La Marquesa Rosalinda. Farsa sentimental y grotesca, Madrid, Imprenta Alemana, 1913; La cabeza del dragón. Farsa, Madrid, Perlado, Páez y Cía., Imprenta de José Izquierdo, 1914; La lámpara maravillosa. Ejercicios espirituales, Madrid, Sociedad General Española de Librería (SGEL), Imprenta Helénica, 1916; La media noche. Visión estelar de un momento de guerra, Madrid, Imprenta Clásica Española, 1917; Un día de guerra (Visión estelar). Segunda Parte. En la luz del día, en El Imparcial, 8 de enero-26 de febrero de 1917; La pipa de kif. Versos, Madrid, SGEL, Imprenta Helénica, 1919; El pasajero. Claves líricas, Madrid, SGEL, Imprenta Yagües, 1920; Farsa de la enamorada del rey, Madrid, SGEL, Gráfica Ambos Mundos, 1920; Divinas palabras. Tragicomedia de aldea, Madrid, Tipografía Yagües, 1920; Cara de Plata. Comedia bárbara, Madrid, 1920, Madrid, Renacimiento, Imprenta Cervantina, 1923; Farsa y licencia de la reina castiza, Madrid, Artes de la Ilustración, 1922; ¿Para cuándo son las reclamaciones diplomáticas?, en España, n.º 329 (15 de julio de 1922); La rosa de papel. La cabeza del Bautista. Novelas macabras, Madrid, Prensa Gráfica, 1924 (col. La Novela Semanal, n.º 141); Luces de bohemia. Esperpento, Madrid, Renacimiento, Imprenta Cervantina, 1924; Los cuernos de don Friolera. Esperpento, Madrid, Renacimiento, Imprenta Cervantina, 1925; Cartel de ferias. Cromos isabelinos, Madrid, Prensa Gráfica, 1925 (col. La Novela Semanal, n.º 183); Tablado de marionetas para educación de príncipes, Madrid, Imprenta de Rivadeneuyra, 1926; El terno del difundo. Novela, Madrid, Rivadeneyra, 1926 (col. La Novela Mundial, n.º 24); Ligazón. Auto para siluetas, Madrid, 1926; Zacarías el cruzado o agüero nigromante, Madrid, 1926 (col. La Novela de Hoy, n.º 225); Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente, Madrid, Imprenta de Rivadeneyra, 1926; Ecos de Asmodeo. Novela, Madrid, 1926 (La Novela Mundial, n.º 41); El Ruedo Ibérico. Primera serie I. La corte de los milagros, Madrid, Imprenta de Rivadeneyra, 1927; Estampas isabelinas. La Rosa de Oro, Madrid, 1927 (col. La Novela Mundial, n.º 58); La hija del capitán. Esperpento, Madrid, 1927 (col. La Novela Mundial, n.º 72); Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, Madrid, Imprenta de Rivadeneyra, 1927; Sacrilegio, en Heraldo de Madrid, 6-10 de septiembre de 1927; Fin de un revolucionario. Aleluyas de la Gloriosa, Madrid, Prensa Moderna, 1928 (col. Los Novelistas, n.º 1); Teatrillo de enredo, Madrid, Prensa Moderna, 1928 (col. Los Novelistas, n.º 16); Las reales antecámaras, Madrid, Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), 1928 (col. La Novela de Hoy, n.º 335); El Ruedo Ibérico. Primera serie. Tomo II. Viva mi dueño, Madrid, CIAP, 1928; Otra castiza de Samaria (estampas isabelinas), Madrid, CIAP, 1929 (col. La Novela de Hoy, n.º 392); Un bastardo de Narizotas. Página histórica, en Caras y Caretas (Buenos Aires), 5 de enero de 1929; Claves líricas, Madrid, CIAP, 1930; Vísperas de la Gloriosa, Madrid, CIAP, 1930 (col. La Novela de Hoy, n.º 408); Martes de Carnaval. Esperpentos, Madrid, CIAP, 1930; El Ruedo Ibérico. Baza de espadas: vísperas septembrinas, en El Sol (Madrid), 7 de junio-19 de julio de 1932; Correo diplomático, en Ahora (Madrid), 13- 20 de marzo de 1933; Flores de almendro, Madrid, Bergua, Imprenta de Sáez Hermanos, 1936; El trueno dorado, en Ahora, 19 de marzo-23 de abril de 1936; Valle-Inclán inédito, ed. de J. del Valle-Inclán y M. Alberca, Madrid, Espasa, 2007.

 

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Javier Serrano Alonso