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Adolfo González Posada y Biesca

Biografía

González Posada y Biesca, Adolfo. Oviedo (Asturias), 18.IX.1860 – Madrid, 8.VII.1944. Catedrático de Derecho Político, sociólogo y senador.

La mejor fuente para conocer sus primeros años son sus Fragmentos de mis memorias, que estaba escribiendo —basándose en sus recuerdos por haber perdido su archivo durante la Guerra Civil— cuando le sobrevino la muerte, de ahí que se interrumpan en el segundo decenio del siglo xx. Hijo de Ramón González Posada y Viñayo y de Guillermina Biesca, nació en el seno de una familia de la burguesía liberal asturiana, dedicada al comercio de joyas. Cursó las primeras letras, el bachillerato y la licenciatura de Derecho Civil y Canónico —que así se llamaba entonces la carrera de Derecho— en Oviedo, obteniendo el título de licenciado en 1877, es decir, a los diecisiete años.

Pero sus primeros artículos ya los había publicado cuando tenía dieciséis en un periódico ovetense llamado El Eco de Asturias con el seudónimo de Adolfo Panagel (reminiscencia, sin duda, de Julio Verne). En la Universidad de Oviedo fueron los profesores Rafael Ureña, catedrático de Derecho Político, y Adolfo Buylla, de Economía, sus principales mentores.

Ese mismo año se trasladó a Madrid y, entre 1879 y 1882, cursó en la Universidad Central el doctorado en Derecho, obteniendo el grado de doctor, con la calificación de sobresaliente, con una tesis sobre Relaciones entre el Derecho Natural y el Derecho Positivo, en la que se percibe la influencia de Ihering —cuya obra La Lucha por el Derecho traduciría en 1881, con un “Prólogo” de Clarín—, y del krausismo.

Pero su verdadera formación no viene de la Universidad, sino más bien de su asistencia al Ateneo, a la Academia Matritense de Jurisprudencia, así como a su relación con la Institución Libre de Enseñanza, que alternó con distintas tertulias, como la de Fornos, La Cervecería Inglesa y la Cervecería Escocesa —que Ortega Munilla llamó el Bilis Club— y entre cuyos contertulios cabe citar a Leopoldo Alas, Tomás Tuero, Armando Palacio Valdés, Luis Tabeada, Mariano de Cavia, etc.

A través de su tío, González Posada conoció entonces a los que habían de ser sus grandes maestros y que iban a influir de manera definitiva tanto en su formación espiritual como en su actitud ante la vida: Gumersindo de Azcárate y Francisco Giner, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Con Giner siguió un curso, en la entonces incipiente institución, sobre Principios de Derecho Político que iba a marcar el rumbo de su vida. En el marasmo cultural de la época, el profesor Giner de los Ríos fue una revelación para él; se sintió subyugado por su personalidad, su preparación, la profundidad de su pensamiento y su integridad moral. A partir de ese momento, Adolfo Posada se incorporó plenamente al grupo institucionista y a lo que representaba la filosofía krausista con todo su afán renovador, innovador y regenerador, y es precisamente ahí donde hay que ubicar su personalidad. Valga, por todas, la semblanza del krausista que hace Luis García de Valdeavellano en el prólogo a la Breve historia del krausismo español, publicada, como Fragmentos de mis memorias, más de cuarenta años después de la muerte de su autor. En esta época, Adolfo Posada — nombre con el que siempre firmó sus escritos y por el que generalmente se le conoce— hizo un poco de periodismo y entabló lazos de amistad con las mentes más preclaras de la intelectualidad española del momento. En 1883, a los veintitrés años, ganó por oposición —habiendo sido votado por unanimidad— la cátedra de Derecho Político y Administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, dedicándose durante los veinte años siguientes de su vida a las actividades docentes. Fue ése un período de intensa vida universitaria y de activa intervención en la política pedagógica desarrollada por el que Joaquín Costa llamó “movimiento o grupo de Oviedo” que, bajo la inspiración y el influjo renovador de Francisco Giner, tuvo una amplia repercusión en la vida nacional. En esos años, se consolidó plenamente su amistad con Clarín, cuya muerte en 1901 le causó una profunda impresión.

Sus otros dos grandes amigos de entonces fueron los catedráticos Adolfo Buylla y Aniceto Sela, que formaron lo que el periódico integrista ovetense La Cruz llamó la “trípode pedagógica” para ridiculizar —sin ningún éxito— sus avanzadas ideas pedagógicas.

En un momento dado, fue también, aunque por poco tiempo, con Leopoldo Alas, concejal del Ayuntamiento de Oviedo, desde donde juntos trataron de luchar contra el fuerte caciquismo reinante.

En 1886, realizó con Cossío, Giner, Buylla y otros amigos su primer viaje al extranjero. El grupo viajó a Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra, en lo que fue el primero de una serie de periplos que Posada realizaría a lo largo de su vida que, en general, no fueron de carácter turístico, sino más bien de tipo profesional y de estudios. El propósito de este primer viaje era informarse sobre los métodos pedagógicos vigentes en diferentes países y fruto de dicho viaje, y de una detenida visita a Oxford, fue la organización de la Universidad de Oviedo de la “Extensión Universitaria” y de las llamadas “clases populares”, que constituyeron las primeras empresas socio-culturales que se llevaron a cabo en España —siguiendo el mensaje de Giner de que al pueblo había que despertarlo a través de la educación— y que iban a tener amplias repercusiones hasta nuestros días.

En 1881, publicó Teorías modernas acerca de la familia, de la sociedad y del Estado, que poco después se tradujo al francés. Este trabajo señala ya su derivación hacia la sociología científica en sus aficiones, hasta llegar a su Introducción a la Sociología, obra de la que se hicieron dos ediciones, la última en 1923.

Pero fue en 1893 cuando se publicó la obra fundamental de su vida: el Tratado de Derecho Político, del que hubo cinco ediciones hasta 1935, siendo traducido al italiano, y al alemán en una edición reducida, y que se reeditó en 2003. Complementan este estudio el Tratado de Derecho Administrativo y el Régimen de la ciudad moderna, cuya primera edición es de 1915 y la cuarta de 1936. De 1910 es la Evolución legislativa del régimen local en España, del que se hace una nueva edición en 1979.

En 1902, Canalejas, al que le unía una buena amistad, a la sazón ministro de Agricultura en el denominado “gobierno electra” —presidido por Sagasta—, le llamó, junto con Adolfo Buylla y Luis Morote, para organizar un instituto del trabajo cuyo objetivo era la preparación de la reforma legislativa que la cuestión social demandaba. Pero ese proyecto, finalmente, no vio la luz y fue en 1903 cuando el Gobierno presidido por Silvela creó el Instituto de Reformas Sociales con el mismo objetivo. Para dirigir dos de las tres secciones que integraban el nuevo organismo, Buylla y Posada fueron llamados por el Gobierno, y en 1904 se trasladaron a vivir a Madrid para ponerse al frente de sus nuevas tareas. Posada dirigió la Sección Segunda (Legislación e Información Bibliográfica, Jurisprudencia, Redacción y Publicaciones). La venida a Madrid significó un cambio radical en su vida y, durante unos años, su actividad profesional se centró precisamente en elaborar las leyes —las primeras que se promulgarían en España— que habían de hincar las tan necesarias reformas sociales. Fueron también unos años de gran actividad como escritor y durante los cuales entró en contacto con todos los políticos de la época: Dato, Maura, La Cierva y, sobre todo, con Canalejas, del que llegó a ser un gran amigo y con el que colaboró en la preparación de varias leyes. En 1907, Segismundo Moret, presidente del Consejo de Ministros, con quien tenía muy buenas relaciones, le ofreció la cartera de Instrucción Pública, pero Posada la rechazó: nunca le interesaron los cargos políticos y, salvo en dos ocasiones breves, nunca tomó parte de la política activa.

En 1910 fue nombrado titular de la recién creada cátedra de Derecho Municipal Comparado de la Universidad Central. Ese mismo año, emprendió su primer viaje al continente americano, invitado por la Universidad Nacional de La Plata (República Argentina), para desarrollar un curso sobre Ciencia Política, al final del cual fue nombrado doctor honoris causa por dicha Universidad. Dio también, con gran éxito, numerosas conferencias en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile e incluso en Asunción de Paraguay, siempre invitado por las diferentes universidades.

Durante este viaje habló en público unas noventa veces, entre conferencias y discursos, y en una de sus disertaciones, en Argentina, abordó el tema de la situación de inferioridad de la mujer, tema que mucho le preocupaba, como había demostrado ya en varios artículos y en su Feminismo, publicado en 1899 y reeditado en 1994, que fue el primer libro feminista que se publicó en España.

En 1913 se incorporó durante un breve período al Partido Reformista fundado por Gumersindo de Azcárate, Melquíades Álvarez y José Manuel Pedregal.

La provincia de Oviedo lo eligió senador repetidas veces, entre 1921 y 1923, siendo éste en realidad su único paso por la política activa, salvo en un episodio pasajero durante la Segunda República.

Ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1915 con un discurso sobre La ciudad moderna, al que contestó su amigo Gumersindo de Azcárate, y en 1918 ocupó, por acumulación, la cátedra de Derecho Político de la Facultad de Derecho de Madrid. Ésta y la de Derecho Municipal las siguió desempeñando hasta su jubilación en 1931.

En 1919 asistió en Washington, como delegado del Gobierno español, junto con el vizconde de Eza, a la primera Conferencia Internacional del Trabajo. También formó parte de la Comisión Española Francisco Largo Caballero en representación de los obreros. En esta ocasión, fue objeto de recepciones muy especiales en las Universidades americanas de Columbia y de Harvard.

En 1921 regresó a la República Argentina, donde impartió varios cursos de conferencias en Buenos Aires y Rosario. Después de estos viajes, escribió varios libros sobre algunos de los países visitados y fue entonces cuando empezó una asidua colaboración con La Nación de Buenos Aires que duraría hasta su muerte. Tras la Guerra Civil, estos artículos constituyeron una fuente de ingresos muy conveniente en momentos de cierta penuria económica.

Bajo la dictadura del general Primo de Rivera se disolvió, en 1924, el Instituto de Reformas Sociales, y el personal y la biblioteca se incorporaron al Ministerio de Trabajo. Adolfo Posada abandonó entonces esa actividad por no querer colaborar con la dictadura y se dedicó exclusivamente a las tareas universitarias y a escribir.

Al ser jubilado en 1931, fue nombrado decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, lo cual le permitió prolongar, por algún tiempo, la vida universitaria que tanto le satisfacía. Algo después, le nombraron decano honorario de la Facultad de Derecho de su querida Universidad de Oviedo y ese mismo año le designaron presidente del Consejo de Trabajo en tal Ministerio, cargo que ocupó hasta 1935, en que pasó a presidir el Instituto Nacional de Previsión, del que ya era consejero.

Como experto en derecho político y constitucional, al proclamarse la República, en 1931, Posada entró a formar parte de la llamada Comisión Jurídica Asesora, que se creó para elaborar el Anteproyecto de la Constitución que había de debatirse en las Cortes Constituyentes. Sin embargo, duró poco en dicha Comisión: la abandonó por no estar de acuerdo con algunos planteamientos del Título 3.º referentes a las órdenes religiosas. No obstante, en una crisis política de 1933, su amigo Alcalá-Zamora —a la sazón presidente de la República—, que con frecuencia le consultaba, le encargó que intentase formar un gobierno de coalición, misión a la que se prestó con poco entusiasmo y en la que fracasó al no poder contar con el apoyo de Largo Caballero y su grupo, tan fuerte entonces, aunque sí estuvieron dispuestos a apoyarle los demás partidos políticos.

Cuando en 1935 murió Manuel Bartolomé Cossío —que había sido rector de la Institución Libre de Enseñanza desde el fallecimiento de Francisco Giner en 1915—, Adolfo Posada, como miembro de más edad de la corporación, le sucedió en el cargo, que desempeñó hasta que la Guerra Civil estalló al año siguiente.

Al comenzar la Guerra en julio de 1936, Adolfo Posada estaba en Madrid, a punto de marcharse a Salinas, donde tenía su casa de veraneo, pero ya no pudo abandonar la capital y en agosto fue destituido como decano de la Facultad de Derecho y poco después lo fue también de la Presidencia del Instituto Nacional de Previsión. Tras muchas vicisitudes, logró abandonar el país y se instaló en San Juan de Luz (Francia), hasta que en 1938 se le permitió regresar a España, permaneciendo en San Sebastián hasta su regreso a Madrid al terminar la contienda. Con la guerra, perdió su casa del Parque Metropolitano, que después de saqueada fue bombardeada, y con ella, su biblioteca y su archivo. Durante aquella difícil etapa del final de su larga vida, su única ocupación fue la redacción de los fragmentos de sus memorias y de los artículos que regularmente enviaba a La Nación de Buenos Aires.

Con su fallecimiento, en 1944, se fue una parte irrecuperable de los grandes universitarios españoles.

Un comprometido defensor de la libertad, de las reformas sociales en aras de una sociedad más justa, del compromiso ético y de la necesidad de una educación integral de la persona. Posada se presenta, por ello, como ejemplo del quehacer universitario: dedicación íntegra, honestidad intelectual, compromiso social y coraje para mantener sus ideas. Y es, en todo caso, el responsable de la conformación del que hasta hace poco se entendía como Derecho Político, dentro del que se encontraría el Derecho Constitucional.

Vivió un tiempo de vertiginosas transformaciones en los diferentes ámbitos de la vida social, política, económica y cultural, pero siempre se mantuvo coherente en sus creencias liberales y en su defensa del régimen constitucional, único que satisfacía el respeto a los derechos fundamentales y una ordenación democrática del poder político, pero sin olvidar los irrenunciables principios éticos y los contenidos sociales. Huyó así, tanto de las posiciones radicales de la derecha como del pensamiento autoritario del socialismo de la época.

Aunque básicamente destaca como maestro del Derecho Político, no se puede desdeñar su contribución al Derecho Administrativo, al Régimen Local, a la Pedagogía y a la Sociología, todo ello a través de varias decenas de libros, algunos traducidos a varios idiomas, de los que aquí no se da más que una pequeña selección. Cabe también decir en su haber que con sus traducciones se dieron a conocer en España las obras de muchos de los principales autores europeos en el campo de la Sociología y de la Ciencia Política.

Como señala Francisco Laporta, fue un hombre admirable por “una coherencia ética heredada de sus maestros”.

Estaba en posesión de la Legión de Honor, en la categoría de caballero, que le había concedido el Gobierno francés. Asimismo, fue condecorado con la Banda de la República.

Entre otras publicaciones, colaboró en El Imparcial, en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia, en la Revista Jurídica de Cataluña, en La Lectura, en La España Moderna, en Revista de España, en La Administración, en La Nueva Ciencia Jurídica, en Vida Socialista, en España, en Nuestro Tiempo, en Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, etc.

Dejó una pléyade de discípulos y ayudantes del más distinto perfil, tales como Ursicino Álvarez, Francisco Ayala, Niceto Alcalá-Zamora (hijo), Segismundo Royo Villanova, Suñer, Ignacio Herrero, Alberto Martín Artajo, Juan Uña, Manuel Pedregal, Gaspar Bayón, Chacón, Leiva, Juan Lladó, Luis Usera, etc. Otro de sus mejores legados.

 

Obras de ~: Programa de elementos de Derecho político y administrativo español, Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación, 1883; Principios de Derecho político. Introducción, Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación, 1884; Estudios sobre el régimen parlamentario en España, vol. LVII, Madrid, Biblioteca Económica y Filosófica, 1891 (ed. Oviedo, Publicaciones del Gobierno del Principado de Asturias, 1997); Ideas pedagógicas modernas, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1892; La amistad y el sexo. Carta sobre la ecuación de la mujer, Madrid, Librería de Fernando Fe, 1893; Tratado de Derecho político, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1893-1894, 2 ts. (5 eds. hasta 1935; ed. Granada, Comares, 2003); Theories modernes sur les origenes de la famille, de la Société et de l’Etat, Paris, Girad & Brière, 1896; Tratado de Derecho administrativo, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1897-1898 (2.ª ed. 1923); Feminismo, Madrid, Librería de Fernando Fé, 1899 (ed. Madrid, Cátedra, 1994); Ideas e ideales, Madrid, Viuda de Rodríguez Serra, 1903; Política y enseñanza, Madrid, Editorial Daniel Jorro, 1904; Socialismo y reforma social, Madrid, Est. Tipográfico de Ricardo Fé, 1904; Derecho político comparado. Capítulos de introducción, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1906; Principios de Sociología, Madrid, Editorial Daniel Jorro, 1908; Evolución legislativa del Régimen local en España 1812-1909, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1910 (ed. Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1982); La Nouvelle Constitution espagnole, Paris, Sirey, 1932; Leopoldo Alas “Clarín”, Oviedo, Imprenta de la Cruz, 1946; Breve historia del krausismo español, Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1981; Fragmentos de mis Memorias, Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1983.

Bibl.: E. Soler y Pérez, “El concepto de Derecho administrativo según el señor Posada”, en La Administración, vol. V (1897); J. Duprat, Las funciones sociales del Estado según el Señor Posada, trad. de F. Ayala, Madrid, Victoriano Suárez, 1931; R. D. Hopper, “Adolfo Posada. The Lester F. Ward of Spanish Sociology”, en H. E. Barnes, An introduction to the history of Sociology, Chicago, The University of Chicago Press, 1950; B. González Arrili, Adolfo Posada. El maestro asturiano en el Buenos Aires de 1910, Buenos Aires, Ateneo Jovellanos, 1959; J. C. Castillo, “Sociedad y nación en Adolfo Posada”, en Revista de Estudios Políticos, n.os 113-114 (1960); N. Astur Fernández, “El profesor Posada. Evocación de su centenario”, en La Prensa (Buenos Aires), 18 de septiembre de 1960; J. F. Lorca Navarrete, El Derecho en Adolfo Posada, Granada, Publicaciones de la Universidad, 1971; “Adolfo Posada: Teoría del Estado”, en Anales de la Universidad Hispalense (1973); F. Laporta, Adolfo Posada: Política y sociología en la crisis del liberalismo español, Madrid, Editorial Cuadernos para el Diálogo, 1974; Autonomía y libertad de cátedra en Adolfo Posada, Málaga, Universidad, 1980; F. Rubio Llorente, “Estudio Preliminar”, en A. González Posada y Biesca, Estudios sobre el régimen parlamentario en España, Oviedo, Publicaciones del Gobierno del Principado de Asturias, 1997 (Clásicos Asturianos del Pensamiento Político); J. Uría, “Posada, el Grupo de Oviedo y la percepción del conflicto social”, en Institucionismo y reforma social en España, Madrid, Talasa Editores, 2000; J. Varela Suanzes, “El derecho político en Adolfo Posada”, en R. Morodo y P. de Vega (dirs.), Estudios de Teoría del Estado y Derecho Constitucional en honor de Pablo Lucas Verdú, t. I, Madrid, Universidad Complutense, 2001; J. L. Monereo Pérez, La Reforma Social en España, Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2003; M. Soria Moya, Adolfo Posada: teoría y práctica política en la España del siglo xix, Valencia, Publicaciones de la Universidad, 2004; F. Rubio Llorente, “Adolfo Posada (1860-1944)”, en R. Domingo (ed.), Juristas Universales. 3. Juristas del siglo xx. De Savigny a Kelsen, Madrid- Barcelona, Marcial Pons, 2004, págs. 743-746.

 

Pedro González-Trevijano