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Manuel Altolaguirre Bolín

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Biografía

Altolaguirre Bolín, Manuel. Málaga, 29.VI.1905 – Burgos, 26.VII.1959. Escritor y editor.

Su padre, Manuel Altolaguirre Álvarez, era natural de Madrid y fue juez de Primera Instancia de la provincia de Málaga, periodista, director del periódico El Imparcial y escritor festivo. Murió en el año 1910.

Su madre, Concepción Bolín Gómez de Cádiz, era natural de Málaga. Murió en 1926 y su recuerdo estará siempre latente en Manuel Altolaguirre. La idea de la muerte, fundamental dentro de su obra poética, no le abandonará nunca, en parte inducida por la pérdida irreparable de sus dos seres más queridos y cercanos. El matrimonio tuvo siete hijos. Manuel estudió el bachillerato en el Colegio de los Jesuitas de Miraflores del Palo e hizo la carrera de Derecho, que nunca ejerció, en la Universidad de Granada. Su verdadera vocación fue la imprenta a la que dedicó gran parte de su vida creando e imprimiendo una serie de revistas y de colecciones poéticas de gran calidad estética en las que colaboraron, con sus poemas, gran parte de sus compañeros de generación. Fue poeta, dramaturgo, ensayista y cineasta.

Altolaguirre fue poeta de escasa producción lírica.

Cabe dividir su labor creativa en dos épocas diferentes.

La primera, que va de 1926 a 1936, fue el período poético más fructífero del autor, ya que publicó en ella la mitad de su poesía. Fueron diez años en los que aparecieron seis libros escritos entre Málaga, París y Madrid. Su primer libro, Las islas invitadas y otros poemas, apareció en 1926, en la imprenta malagueña Sur y está dedicado a Emilio Prados. Son veinticuatro poemas en los que predominan como temas fundamentales la naturaleza, la muerte y la soledad, su inseparable compañera, que se convertirán en temas recurrentes en toda la poesía del autor. En 1927 aparece Ejemplo, libro dedicado a Juan Ramón Jiménez, uno de sus poetas preferidos. Los temas seguirán siendo los mismos. En Ejemplo aparece uno de los poemas más bellos que escribió el poeta sobre la muerte de su madre: “Recuerdo de un olvido”.

Unos meses antes, y en diferentes revistas del momento, se publicó el “Poema del agua”, uno de sus escasos poemas extensos, de clara influencia gongorina.

En los años 1930-1931 aparece Poesía, que no se editó en forma de libro sino de revista y fue publicada primero en Málaga y después en París. Los poemas de esta serie son fundamentalmente amorosos, aunque siguen predominando los temas anteriores.

En 1931 Altolaguirre se establece en Madrid y allí publica Soledades juntas, cuyo título es bien significativo, ya que la soledad seguirá siendo su fiel compañera de camino, soledad que romperá momentáneamente al contraer matrimonio al año siguiente con la poetisa madrileña Concha Méndez, que tanto le ayudará en sus tentativas poéticas editoriales poéticas.

Soledades juntas se presenta como una primera antología de sus versos en los que el poeta va repitiendo los temas ya señalados que se irán aquí impregnando de una nueva espiritualidad.

Los dos últimos libros de esta primera época son La lenta libertad y Las islas invitadas, que se publicaron en el año 1936, después de una productiva estancia del matrimonio Altolaguirre en Inglaterra, donde permanecieron dos años, pensionados por el Centro de Estudios Históricos para estudiar las imprentas.

En Londres nacería su hija Paloma.

En La lenta libertad, libro que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, domina la presencia de la muerte. Las islas invitadas, que se publicó el mismo año en que estalla la Guerra Civil, es de nuevo una antología de poemas anteriores entre los que va incluyendo los inéditos. La guerra rompe, de momento, la armonía de aquellas islas invitadas del litoral malagueño y las convierte en las “ínsulas extrañas” tan cercanas a san Juan de la Cruz, el poeta que tanto amó.

La poesía de esta primera época del autor ha sido calificada por los críticos de muy diferente manera. A veces surrealista, a veces neorromántica, algo gongorina.

Altolaguirre estuvo casi siempre muy cerca de la poesía clásica, que tantas veces editó, principalmente de Garcilaso, de quien escribió una bella biografía en 1933; de Fray Luis, cuya figura humana y versión del Cantar de los Cantares llevaría a la pantalla y, de san Juan de la Cruz, uno de sus poetas preferidos.

La Guerra Civil, con su realidad sangrienta, fue escaso motivo de inspiración poética para Altolaguirre, que escribió poemas circunstanciales en revistas, teatro y sus primeras prosas autobiográficas.

En 1939 emprendió la familia Altolaguirre el camino del exilio. En Cuba apareció su nuevo libro, Nube temporal, del que dejó el poeta una breve nota explicativa: “Porque es libro en el aire, triste como de invierno, con algunos poemas temporales, otros menos airados, otros más permanentes en lo que quede de mi obra, si es que algo queda; poesía que no me deja ver el sol, que limita mi cielo, de la que no soy el único responsable, pues no hay verso salido de mi pluma por mi solo designio, sino de una amorosa colaboración con otros seres”.

Por esas mismas fechas escribió Altolaguirre dos sentidas y bellas elegías, que permanecieron inéditas hasta el año 1970, con motivo de la muerte de dos grandes poetas amigos, Antonio Machado y Miguel Hernández.

En el año 1943 llegaron a México, donde se instalan más o menos definitivamente. Altolaguirre continúa con sus actividades artísticas: ediciones, nuevas revistas, teatro... y comienza a trabajar en el cine. Por estas fechas se separa el matrimonio y, más adelante, Altolaguirre contrae nuevas nupcias con la cubana María Luisa Gómez Mena. Durante su etapa mexicana publicó tres libros: Poemas de las islas invitadas, Nuevos poemas de las islas invitadas y Fin de un amor.

Los dos últimos aparecieron en su nueva y última imprenta, Isla, en los años 1946 y 1949, respectivamente, y los dos están dedicados a María Luisa.

Poemas de la islas invitadas se publica en 1944, en los talleres gráficos número 1 de la Secretaría de Educación Pública, dato curioso ya que fue de los pocos libros que no salió de sus imprentas. En él presenta una antología de sus poemas anteriores, junto a nuevos poemas de gran belleza y nuevos temas, ocupando el sueño lugar especial.

Nuevos poemas de las islas invitadas y Fin de un amor forman, en cierto modo, una unidad, ya que varios poemas del primer libro se incorporan al segundo.

Nuevos poemas de las islas invitadas pasó casi inadvertido por la crítica y fue el libro más breve del autor, once poemas, en su mayoría de tema amoroso, que abren paso a Fin de un amor.

Fin de un amor contiene treinta y ocho poemas a lo largo de los cuales se va sintiendo este conocimiento poético de la vida, a través del amor y de la naturaleza, constantes líricas del poeta desde sus comienzos literarios. Dividido en dos partes, perfectamente estructuradas aunque de desigual longitud, domina el amor en la primera y la naturaleza en la segunda, temas característicos de la lírica del siglo xvi. Por vez primera utiliza el autor en este libro el soneto, como síntoma de que su poesía se ha vuelto más contenida y limitada, más pura y elevada y se puede ver que, en general, todo el libro está marcado también de una honda espiritualidad.

Fin de un amor fue el último libro de poemas que publicó Altolaguirre fuera de su patria. El siguiente libro, titulado Poemas en América, apareció editado por vez primera en Málaga, en el año 1955. Es una especie de antología de su obra poética publicada en América, o sea, contiene poemas de sus tres libros anteriores, y trece nuevos poemas. El publicar antologías de sus obras anteriores en sus nuevos libros es algo característico en Manuel Altolaguirre. Estas antologías son en cierto modo lógicas, ya que siempre se han producido cuando hay un cambio fuerte dentro de la vida del poeta. El tema dominante en los nuevos poemas de este libro es la naturaleza.

Altolaguirre volvió a España en 1959, para presentar su película, El Cantar de los Cantares, en el Festival de Cine de San Sebastián. En la carretera de Burgos sufrió un fatal accidente de automóvil, todavía un misterio. Murió en tierras de Castilla, en el hospital de San Juan de Dios de Burgos, el día 26 de julio, festividad de Santa Ana, cumpliendo así su más ferviente deseo: morir en España. En 1960 aparece la edición de sus Poesías completas hecha en México al cuidado del poeta amigo Luis Cernuda. Esta edición recoge sus últimos poemas y se presenta dividida en tres partes, perfectamente delimitadas. Se abre con el poema titulado “Al cumplir mis cincuenta años”, reflexión que hace Altolaguirre sobre su edad, que le va conduciendo, curiosamente hacia un nuevo sentimiento religioso que ya había aparecido con anterioridad y que le acercaría definitivamente a su final encuentro con Dios.

Desde muy niño se despertó en Altolaguirre la locura de la imprenta, como confiesa en su autobiografía El caballo griego. En marzo de 1923 fundó su primera revista, Ambos, en colaboración con los poetas malagueños José María Hinojosa y José María Souvirón.

En esta imprenta nació la revista Litoral, la mejor revista europea del momento, según el poeta francés Paul Valery. Cuadernos mensuales publicados en Málaga, bajo la dirección de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, cuyo primer número apareció en noviembre de 1926. Fueron siete números en los que colaboraron y empezaron a publicar sus primeros poemas los poetas de su generación: García Lorca, Guillén, Cernuda, Alberti, Aleixandre, Dámaso Alonso...

Los números V, VI y VII se dedicaron al famoso homenaje a Luis de Góngora (octubre de 1927), que dio nombre a la generación, en el que colaboraron también, entre otros, los pintores Benjamín Palencia, Moreno Villa, Juan Gris y Picasso.

La revista tuvo una segunda época en el año 1929, con los mismos directores, a los que se unió el también poeta malagueño José María Hinojosa y publicó una serie de suplementos, en los que fueron apareciendo primeros libros de estos poetas, como Canciones de García Lorca, La amante de Alberti, Perfil del aire de Cernuda, Ámbito de Aleixandre o Jacinta la pelirroja de José Moreno Villa.

La segunda imprenta de Altolaguirre, ya en solitario, fue la de Limonar Alto, en Málaga, donde editó los tres primeros números de la revista Poesía, que comprendía tres cuadernillos: uno dedicado a la poesía de un poeta clásico, otro a la de un poeta del 27 y el tercero, a su propia poesía. En París, en su propia imprenta, publicó dos números más de la revista y algunas ediciones en pliegos sueltos como la titulada Verso Para Una Amiga que fue, según su autor, el mejor negocio editorial de su vida. Cada palabra del verso ocupaba una sola página. El verso era: “Escucha mi silencio con tu boca”.

En 1932 fundó en Madrid la revista Héroe en su nueva imprenta portátil del Hotel Aragón, junto a su esposa Concha Méndez. Fueron seis números y al frente de cada uno se incluyó un retrato lírico de poetas del 27, escrito por Juan Ramón Jiménez. En ese mismo año crearon también una pequeña colección de poesía, La tentativa poética.

En los años 1934-1935 fundan e imprimen en Londres otra nueva revista, con el nombre de 1616, en recuerdo del año de la muerte de Cervantes y de Shakespeare. Salieron diez números y algún suplemento, entre ellos Ramoneo, una antología poética de Ramón Pérez de Ayala, embajador de España en Inglaterra por aquel entonces. Fue la revista más bella, tipográficamente, y el modelo para la siguiente que hicieron a su regreso a Madrid, en su imprenta de la calle Viriato, 73, que titularon Caballo Verde para la Poesía y que dirigió el poeta chileno Pablo Neruda.

Se imprimieron cinco números y también se editaron algunos suplementos de interés.

En el año 1936 crearon la colección poética Héroe, muy bella también, en pequeño formato, en la que aparecieron libros de Luis Cernuda, Alberti, Neruda, Miguel Hernández y Luis Felipe Vivanco, entre otros. Durante la Guerra Civil continuó su labor de impresor en el Cuerpo del Ejército. Imprimieron, según cuenta en sus memorias tituladas El caballo griego, una hoja literaria, Los lunes del combatiente, y varios libros, entre ellos, España en el corazón de Pablo Neruda; como materia prima para el papel de ese libro se usaron banderas enemigas, chilabas de moros y uniformes de soldados italianos y alemanes. Después de la guerra, un ejemplar de dicho libro figuró en una de las vitrinas de la Biblioteca del Senado de Washington y su portada apareció reproducida en la primera página del catálogo de dicha biblioteca en 1940. Un verdadero tesoro bibliográfico.

Ya en el exilio cubano crearon una nueva revista, de pequeño formato, La Verónica, en la que se publicaron poemas inéditos de Unamuno, textos de Nieztsche, de Julio Herrera y Reissig, de Saavedra Fajardo, poemas inéditos de Jorge Guillén, de Ángel Lázaro y de Pedro Salinas, entre otros. El número VI, que fue el último, se dedicó a san Juan de la Cruz, con motivo del cuarto centenario de su nacimiento, en 1942. También imprimieron una nueva colección titulada El ciervo herido. En ella se publicaron libros de Federico García Lorca, Antonio Machado, Jorge Manrique, Garcilaso, Ángel Lázaro, Concha Méndez y Altolaguirre, entre otros.

En México, en 1943, fundó una nueva revista, Antología de España en el recuerdo, aunque no fue impresa por él. Lo que sí imprimió fue la nueva colección “Aires de mi España”, que editó una serie de pequeños libros de distintos autores españoles —hoy son joyas bibliográficas— en su séptima y última imprenta, llamada Isla.

A finales de los años cuarenta, una nueva vocación invadiría a Altolaguirre y le haría cambiar la locura de la imprenta por otra más apasionante, el cine, en la que trabajó hasta el fin de sus días. Con un grupo de estudiantes mexicanos rodó El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina; Doña Clarines, de los hermanos Álvarez Quintero; Los emigrantes, de Guy de Maupassant.

Un total de diez películas rodadas, en las que a veces intervino también como guionista, y otros diez guiones, que no llegaron a rodarse, se conservan en su archivo mexicano. El cine siempre fue un arte por el que se sintieron atraídos algunos poetas de la Generación del 27.

García Lorca, Alberti, en colaboración con su mujer, María Teresa León, escribieron guiones cinematográficos y reflejaron su interés en su obra, como más adelante lo harían también Luis Cernuda y Altolaguirre.

Pero fue este último el que se sintió atraído con más fuerza. La primera película que hizo como productor fue Las estrellas, con argumento de Carlos Arniches.

En 1951, El puerto de los siete vicios, también como productor, así como la siguiente, rodada en 1952, Misericordia de Galdós. Ese mismo año recibe el Águila de Plata de México, premio al mejor argumento del año por Subida al cielo, que dirigió su amigo Luis Buñuel.

El filme obtuvo también el premio de la Crítica en el Festival de Cannes.

Su última película, El Cantar de los Cantares, según la versión de Fray Luis de León, de la que fue guionista y director, fue su obra maestra. Se presentó por vez primera en España en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en 1959. Al año siguiente, se proyectó en el Festival de Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid. Ha sido proyectada en numerosas universidades y en colegios mayores. Fue el primer intento de cine-poema y una especie de testamento espiritual que legó el poeta desde México. Sobre ella declaró el autor: “La hice por la importancia que para un poeta tiene la palabra. La palabra abre todo un mundo completo de representaciones [...]. No he intentado ayudar a la palabra por la imagen. Lo que he intentado es que la imagen prolongue la palabra y, a ser posible, la sustituya. En el fondo, creo yo, lo que he intentado es iluminar las palabras”.

 

Obras de ~: Las islas invitadas y otros poemas, Málaga, Imprenta Sur, 1926 (Madrid, 1936; ed. de M. Smerdou Altolaguirre, Madrid, Castalia, 1972); Ejemplo: poemas, Málaga, Imprenta Sur, 1927; Poesía, Málaga-París, 1930-1931; Un verso para una amiga, París, 1931 (Málaga, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, Delegación de Málaga, 1986); Soledades juntas, Madrid, Plutarco, 1931; Garcilaso de la Vega, Madrid, Espasa Calpe, 1933; La lenta libertad, Madrid, Héroe, 1936; Nube temporal, La Habana, Imprenta La Verónica, 1939; Poemas de las islas invitadas, México, Litoral, 1944; Nuevos poemas de las islas invitadas, México, 1946; Fin de un amor, México, 1949 (Madrid, Seminario y Ediciones, 1974; ed. de M. Smerdou Altolaguirre, Madrid, Concejalía de Gobierno de las Artes, 2003); Poemas en América, Málaga, El Arroyo de los Ángeles, 1955; Poesías completas (1926-1959), México, Fondo de Cultura Económica, 1960; Vida poética, ils. de E. Neville, ed. de Á. Caffarena Such, Málaga, Imprenta Dardo, 1962; Poema del agua, Málaga, 1973; Poesías completas, ed. de M. Smerdou Altolaguirre y M. Arizmendi, Madrid, Cátedra, 1982; Obras completas, ed. crítica de J. Valender, Madrid, Istmo, 1986- 1992, 3 vols.; Altolaguirre: Poesía, Madrid, Caballo Griego para la Poesía, 1986; Poesía, pról. de J. Guillén, ed. de M. Smerdou Altolaguirre y M. Bonsoms, Badajoz, Diputación Provincial, 1986; Tres poemas en prosa, Málaga, Rafael Inglada, 1989; Epistolario (1923-1959), ed. de J. Valender, Madrid, Residencia de Estudiantes, 2005; Entre dos públicos (teatro), Málaga, Centro Cultural Generación del 27, 2005 (ed. facs.); El caballo griego: reflexiones y recuerdos (1927-1958), selecc. y ed. de J. Valender, Madrid, Consejería de Educación, Visor Libros, 2006 (col. Letras madrileñas contemporáneas, 19); Poesía completa, ed. de A. del Olmo Iturriarte, F. J. Díaz de Castro, A. Jiménez Millán, J. L. Bernal Salgado y F. J. Díez de Revenga, Sevilla, Renacimiento, 2008, 12 ts.; Versos originales: (antología poética), est. introd. y selecc. de R. Romojaro, Sevilla, Renacimiento, 2010.

 

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Maya Smerdou Altolaguirre