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José Asensio Torrado

Biografía

Asensio Torrado, José. La Coruña, 18.V.1892 – Nueva York (Estados Unidos), 21.II.1961. General de brigada del Cuerpo de Estado Mayor, ingeniero geógrafo, subsecretario del Ministerio de la Guerra, ministro del Gobierno republicano en el exilio, oficial de la Legión de Honor.

Hijo de un teniente de navío destinado en Ferrol, al cumplir doce años comenzó a preparar la oposición de ingreso en la Escuela Naval, establecida por entonces en el Arsenal ferrolano, en la academia dirigida por el capitán de corbeta Saturnino Suanzes, donde también estaba matriculado Francisco Franco. Cuando a los catorce años se les ofreció la primera oportunidad de opositar, la reorganización aparejada al plan naval Maura-Ferrándiz para recomponer la flota perdida en 1898 cerró la Escuela Naval y truncó sus aspiraciones. A consecuencia de ello, la familia acordó que probara fortuna en la Academia de Infantería, donde ingresó con el puesto 20 de una promoción de 354 alumnos el 27 de agosto de 1907.

Ascendió a segundo teniente el 13 de julio de 1910, siendo destinado al Regimiento de Infantería Wad-Ras n.º 50 de guarnición en el cantón madrileño de Leganés. En 1911, marchó a reprimir la huelga desencadenada en San Sebastián y, a principios de 1912, a Melilla para sofocar la rebelión encabezada por El Mizián, siendo recompensado con la cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. El 13 de julio de 1912 ascendió a primer teniente y, recién reincorporado a Madrid, aprobó las oposiciones de ingreso en la Escuela Superior de Guerra. Aún se sentían los efectos de la huelga general revolucionaria de agosto de 1917, cuando culminó el complejo y exigente plan de estudios que le habilitaba para obtener el empleo de capitán del Cuerpo de Estado Mayor, que en aquella época llevaba aparejado el ingreso en el Cuerpo de Ingenieros Geógrafos.

Con su flamante faja azul en la cintura, regresó a su ciudad natal para ocupar destino en la Capitanía General de la VIII Región Militar. Sólo llevaba diez meses en La Coruña cuando solicitó el pase a la situación de supernumerario, equivalente a la actual de excedencia voluntaria, para incorporarse al Instituto Geográfico Nacional, en su condición de ingeniero 3.º del Cuerpo de Ingenieros Geógrafos. Probablemente hubiera seguido largo tiempo en aquel cómodo destino de no haberse producido el desastre de Annual, donde su hermano Adolfo resultó herido mortalmente. A consecuencia de ello, en octubre de 1921 solicitó destino en comisión de servicios a la Comandancia General de Ceuta, siendo destinado al Estado Mayor de la columna del general Enrique Marzo, cuya misión era expulsar al Raisuni de su guarida de Tazarut, someter a la cabila de Beni Arós y establecer una línea fortificada desde Xauen al Lucus, al objeto de asegurar el enlace entre Ceuta y Larache. Logrados estos objetivos, en la primavera de 1922 Asensio fue destinado a Tetuán, al Estado Mayor del Ejército de África, donde trabó por primera vez contacto directo con el general Francisco Gómez-Jordana y Souza, jefe del Gabinete Militar de la Alta Comisaría y del citado Estado Mayor.

En julio de 1922, el general Berenguer, fue sustituido por el general Burguete en la Alta Comisaría. Recién llegado éste a Tetuán, Asensio fue nombrado segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de África, puesto que le exigía acompañar a menudo a Burguete y a Jordana a las entrevistas de alto nivel mantenidas con los miembros del Gobierno, lo que le permitió ir adquiriendo un profundo conocimiento de la política colonial española.

La política civilista de García Prieto con respecto a Marruecos le costó el puesto a Burguete, que fue sustituido por el periodista Luis Silvela en febrero de 1923. Silvela, recién llegado a Tetuán, disolvió el Estado Mayor de la Alta Comisaría y encomendó al Gabinete Militar entablar negociaciones de paz con Abd el Krim y con El Raisuni, lo que provocó el cese de Gómez-Jordana. Asensio quedó agregado al Gabinete Militar y se dedicó intensamente a implementar la administración civil del Protectorado, labor complementada con algunas esporádicas visitas a la zona de operaciones acompañando a Silvela.

El 13 de septiembre de 1923, el general Primo de Rivera dio el golpe de Estado que puso fin al régimen canovista. Inmediatamente, Silvela fue cesado y sustituido por el general Aizpuru, quien asumió también la Jefatura del Ejército de África y volvió a reorganizar su Estado Mayor, al que quedó adscrito Asensio hasta que, a finales de octubre, solicitó reincorporarse al Instituto Geográfico Nacional. Apenas llegado a Madrid, se reintegró en el Cuerpo de Estado Mayor y fue nombrado secretario de la Oficina de Marruecos del Directorio Militar, organismo creado por Gómez-Jordana para tramitar todo lo relacionado con el Protectorado. En enero de 1925, ascendió a teniente coronel por méritos de guerra y tres meses después volvió a solicitar la situación de supernumerario y se reincorporó al Instituto Geográfico y Estadístico, que había pasado a depender de la Presidencia del Directorio Militar. Poco tiempo permaneció allí, pues en mayo lo abandonó y pasó a mandar la Mehala Jalifiana n.º 3, que aparejaba la Jefatura del Servicio de Intervenciones Militares de la zona de Larache.

En Larache desarrolló una intensa actividad político-administrativa para consolidar la paz y atraer a las cabilas insumisas, sin dudar en recurrir a la fuerza para desarmar algunos aduares rebeldes. Debido a lindar su demarcación con la zona francesa del Protectorado, colaboró en numerosas acciones con las tropas del mariscal Lyautey, quien le concedió la Legión de Honor. Cuando en julio de 1925 Primo de Rivera se desplazó a Marruecos para perfilar el desarrollo del desembarco de Alhucemas, se hizo acompañar de Asensio en las diversas entrevistas mantenidas con las autoridades francesas.

La definitiva pacificación del Protectorado se planificó en otra cumbre hispano-francesa, celebrada en Madrid el 6 de febrero de 1926 entre Primo de Rivera y el mariscal Petain, a la que también fue convocado Asensio, así como en la mantenida en Uazan un mes después entre Sanjurjo y Lyautey. En el subsiguiente ciclo de operaciones la Mehala de Larache contribuyó decisivamente a la recuperación de Xauen, acción que le valió el ascenso a coronel por méritos de guerra el 30 de septiembre de 1926.

El 2 de agosto de 1927, una vez pacificado el Protectorado, regresó a Madrid para hacerse cargo de la Sección de Asuntos Militares de la Dirección General de Marruecos y Colonias, creada y dirigida por Gómez-Jordana. Allí permaneció hasta el 16 de enero de 1931, fecha en la que fue convocado para realizar el curso de ascenso a general. Proclamada la República, Azaña, ministro de la Guerra del Gobierno provisional, anuló todos los ascensos concedidos por méritos de guerra durante la Dictadura. A consecuencia de ello, Asensio pasó del cuarto al décimo lugar en el escalafón del Cuerpo de Estado Mayor y vio alejarse sus expectativas de ascender a general de brigada. Simultáneamente, su Sección fue convertida en Negociado, a cargo de un comandante, lo que conllevó su cese, que quedó inmediatamente compensado con un lucrativo destino en Lisboa como representante del Ministerio de la Guerra en la Delegación española de la Comisión Internacional de Límites entre España y Portugal. Allí permaneció hasta 1936 y allí también intentó el general Sanjurjo captarle para su causa cuando, de resultas del golpe de Estado de agosto de 1932, decidió exiliarse en Portugal. Asensio, que siempre había despuntado por su inteligencia y raciocinio, así como por su carácter violento, se enfrentó con su antiguo jefe, lo que terminó costándole el puesto, al decidir Franco, por entonces jefe del Estado Mayor Central, que lo desempeñara el agregado militar.

Asensio regresó a Madrid a mediados de mayo de 1936, quedando en situación de disponible forzoso en la 1.ª División Orgánica y comenzando a colaborar abiertamente con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) para intentar neutralizar el inminente golpe de Estado dirigido por el general Mola. El sábado 18 de julio Asensio había viajado a San Rafael, donde veraneaba su familia, pero nada más llegar y enterarse de lo ocurrido en Marruecos, volvió a tomar el tren y se presentó en el Ministerio de la Guerra, donde la situación era bastante caótica. El ministro, Santiago Casares Quiroga acababa de dimitir; poco después lo haría su sucesor, el general Miaja, sustituido por el general Castelló, que se encontraba en Badajoz. La causa de aquella serie de dimisiones era la propuesta de entregar los fusiles almacenados en los parques de artillería a las milicias de los partidos y sindicatos de izquierdas, postura defendida, entre otros, por Asensio, convencido de que la oficialidad se pondría del lado de los golpistas y de la necesidad de disolver el Ejército y rehacerlo sobre la base de las citadas milicias. Finalmente, el domingo 19 al amanecer se ordenó distribuir los fusiles del parque de Pacífico. El coronel del Regimiento de Infantería n.º 4 se negó a entregar sus cerrojos, custodiados preventivamente en el Cuartel de la Montaña, y alzó en armas a las tres unidades allí acuarteladas. Llegada la noche, nutridos grupos de milicianos armados comenzaron a concentrarse en torno del cuartel, mientras Asensio preparaba su asalto, que comenzó nada más clarear el lunes 20. Los sublevados capitularon a media mañana y pasado el mediodía el resto de las unidades rebeldes madrileñas.

Cuando Castelló llegó a Madrid, se encontró con que el teniente coronel Hernández Saravia, al frente de un comité formado por oficiales de la UMRA, había tomado las riendas del Ministerio y enviado columnas mixtas de soldados y milicianos a bloquear los pasos de la sierra madrileña. También había dispuesto que Miaja marchase a cerrar Despeñaperros con una columna de soldados, guardias civiles, guardias de asalto y carabineros de la división de Valencia. Castelló ordenó que Asensio marchase a Andújar para organizar las milicias jienenses y constituirse en jefe de Estado Mayor de Miaja. El 28 de julio, cuando la columna de Miaja llegó a Montoro, Asensio recibió la orden de marchar a Málaga, donde llegó el 30 de julio, con instrucciones de organizar algunas columnas para recuperar Granada. Tras lograr a duras penas imponer su autoridad y recabar el envío por vía marítima de varios miles de fusiles y algunos aviones, envió sendas columnas por Loja y Motril, que fueron detenidas por las fuerzas rebeldes a unos 20 kilómetros de Granada.

Castelló le ordenó regresar a Madrid para tomar el mando directo de las columnas del Guadarrama, que llevaban días intentando recuperar el Alto del León. Tras quince días de durísimos combates y de sufrir numerosas bajas, ni los rebeldes pudieron progresar hacia Madrid ni las tropas de Asensio forzar su resistencia, quedando estabilizado el frente en aquel sector hasta el final de la guerra. A continuación, emprendió la tarea de convertir a sus columnas en unidades regulares, con dureza e incluso crueldad. Gracias a ello, el 30 de agosto, brindó a la República el primer triunfo sobre las tropas profesionales marroquíes en la zona de Peguerinos. Su gesta le valió ser nombrado coronel honorario del 5.º Regimiento e hizo que el Partido Comunista intentara atraérselo a su lado.

Y también que el 4 de septiembre, Largo Caballero, nada más tomar posesión de la Presidencia del Consejo de Ministros, le ascendiese a general de brigada y le confiase la difícil misión de recuperar Talavera de la Reina, que había caído en manos de las columnas mandadas por el teniente coronel Yagüe que avanzaban por la carretera de Extremadura. La tenaz resistencia de las tropas de Asensio detuvo el hasta entonces triunfal avance de Yagüe, por lo que este lanzó contra ellas a la aviación italiana y las atenazó. La extrema dureza de los combates desmoralizó una vez más a los recién militarizados milicianos y, más temerosos de caer en manos de los moros que de los castigos de Asensio, abandonaron sus posiciones, lo que acarreó la pérdida de Maqueda y Torrijos. Franco decidió entonces desviarse hacia Toledo y Asensio situó a sus hombres en la línea del río Guadarrama, único obstáculo importante entre Torrijos y Toledo, y a contraatacar sin éxito en Maqueda. Yagüe fue relevado por el general Varela, quien logró envolver las posiciones republicanas y levantar el sitio del Alcázar de Toledo.

Asensio, plenamente consciente de la incapacidad ofensiva de sus unidades, pero también de que ya eran bastante capaces de dificultar el avance enemigo, propuso realizar una maniobra retardatriz, que proporcionase el tiempo necesario para impedir que el enemigo progresara rápidamente hacia Madrid, que a la postre era su verdadero objetivo. Su postura no fue bien comprendida y su estrella comenzó a declinar. El arrollador avance enemigo aumentó la presión ejercida por los comunistas sobre Largo Caballero, quien tomó la decisión de apartar a Asensio del mando directo sobre la fuerza y nombrarle subsecretario del Ministerio de la Guerra, una posición menos expuesta a las invectivas de los órganos de opinión, pero esencial para sentar las bases del Ejército Popular, que en buena medida fue el gran legado de Asensio a la República y su principal contribución al éxito de la defensa de Madrid.

Trasladado el Gobierno a Valencia, Asensio continuó con la tarea de organizar y avituallar el flamante Ejército Popular hasta que, en febrero de 1937, el monumental escándalo político y periodístico ocasionado por la pérdida de Málaga truncó su brillante carrera militar. Asensio dimitió el 20 de febrero, siendo la primera víctima de la feroz batalla política librada entre los comunistas y Largo Caballero. El 10 de marzo, se inició el proceso para depurar posibles responsabilidades en el desastre de Málaga y el juez instructor calificó como presunto delito de traición su actuación desde la Subsecretaría, por considerar que el abastecimiento de armamento y munición a aquel frente se había realizado con lentitud, a cuentagotas y a destiempo. El 18 de octubre, bajo este gravísimo cargo, decretó su procesamiento e ingreso en prisión.

Asensio fue llevado primero a la cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia y en enero de 1938 a la de Santa Clara, siendo después trasladado a mediados de febrero a la prisión establecida en la calle Déu i Mata de Barcelona. Julián Zugazagoitia, secretario general del Ministerio de Defensa Nacional, intercedió por él ante su ministro, Juan Negrín. La causa por traición incoada contra Asensio fue sobreseída el 19 de mayo, lo que no impidió que fuera arrumbado en una oscura covachuela del Ministerio de Defensa, posiblemente dependiente de Zugazagoitia. En julio, marchó a Extremadura para informar sobre la pérdida de la bolsa de la Serena, donde quedaron copados 6.000 hombres con todo su armamento y material, y en otoño Negrín le nombró asesor de la Dirección General de Marruecos y Colonias, totalmente vacía de contenido.

En vísperas de la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, se le destinó a Washington como agregado militar. Asensio hizo varios intentos para evitar su marcha, pues estimaba que en aquellos graves momentos podría ser considerada casi una deserción, pero Negrín no dio su brazo a torcer y el 26 de enero de 1939, mientras las tropas navarras y marroquíes penetraban en la ciudad, tomó un tren hacia París. Allí, en espera de un barco que le condujese a Estados Unidos, contempló la llegada de Azaña, el golpe de Estado de Casado y el triunfo de Franco.

Finalmente, en mayo llegó a Nueva York, donde se ganaría durante veinte años la vida dando clases de español, con esporádicas incursiones en la prensa latinoamericana como analista de las contiendas española y mundial. A finales de la década de los cuarenta ingresó en la Logia Lealtad Española, dependiente del Gran Oriente de España, y Diego Martínez Barrio le nombró ministro sin cartera “con misión en América” del Gobierno presidido por Álvaro de Albornoz, quedando acreditado como observador en la Organización de Naciones Unidas y representante de la Liga de los Derechos del Hombre. En 1952, fue elegido vocal de la junta directiva de las Sociedades Hispanas Confederadas y director del periódico España Libre, órgano neoyorquino de Unión Republicana. En 1956 ocupó de nuevo el cargo de ministro sin cartera en el gabinete formado por Félix Gordon y en 1960, el de ministro delegado del Gobierno del general Emilio Herrera, puesto que desempeñaba cuando, el 21 de febrero de 1961, sufrió un ataque cardiaco en plena calle, muriendo tras ser trasladado al Hospital St. Claire de Nueva York.

 

Obras de ~: “Los ejércitos coloniales. Conferencia desarrollada por el Coronel de E. M. Don José Asensio Torrado en la Escuela Superior de Estudios Militares el día 18 de abril de 1931” (I), (II) y (III), en África, antigua Revista de Tropas Coloniales, abril, mayo y junio (1931), págs. 85-90, 95-100 y 124-128; El general Asensio: su lealtad a la República, Barcelona, Artes Gráficas C. N. T., 1938; Movilización integral: algunos de sus aspectos. Conferencia dada en el Ateneo Profesional de Periodistas de Barcelona el 26 de junio de 1938, Barcelona, Biblioteca Militar de Catalunya, 1938.

 

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Fernando Puell de la Villa