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Juan Bautista Aznar y Cabanas

Biografía

Aznar y Cabanas, Juan Bautista. Cádiz, 5.IX.1860 – Madrid, 19.II.1933. Capitán general de la Armada, presidente del Gobierno.

Se ha dicho con cierto sarcasmo político que no hay nada como la presencia de un marino en la presidencia del Gobierno para que de inmediato amenacen los temporales. Ello puede aplicarse al último presidente del Gobierno de la monarquía de Alfonso XIII: el almirante Juan Bautista Aznar y Cabanas, del que políticamente se ha dicho “que procedía de la luna” y autor desafortunado de la famosa frase de que España “se había acostado monárquica y levantado republicana”.

Juan Bautista Aznar nació en Cádiz, el 5 de septiembre de 1860, año en el que la Marina española participa en la campaña de África en directa cooperación con el Ejército que manda el general O’Donnell, e ingresó como guardiamarina, en julio de 1874, en la Escuela Naval flotante promovida por el brigadier Topete tras la Revolución de 1868. Todavía la primera República da sus últimos coletazos con el mandato presidencialista de Serrano, y se presienten los prolegómenos de la Restauración.

En 1880 obtiene el galón de alférez de navío y sus primeros destinos a bordo de la corbeta Villa de Bilbao, fragata Carmen y aviso Marqués del Duero, navegando por el Mediterráneo y las costas de África. La corbeta Villa de Bilbao estaba habilitada como buque escuela de marinería y fue desguazada pocos años después; la fragata Carmen era una veterana embarcación de vela a punto de causar baja en la Armada, y el aviso Marqués del Duero finalizó sus días trágicamente en Cavite durante el conflicto con Norteamérica en 1898, formando parte de la escuadra del almirante Montojo. Duro aprendizaje, pues, el del joven Aznar en sus primeros años de oficial.

Destinado a Filipinas, mandó el cañonero Urdaneta, que más bien era una lancha cañonera, idónea para el patrullaje de aquellas costas bien pobladas de piratas y contrabandistas, pero su ascenso a teniente de navío (22 de julio de 1886) lo devolvió a España siendo nombrado comandante de quilla del torpedero Barceló, correspondiente al programa naval del almirante Antequera; y pasó como alumno a la Escuela de Torpedos a bordo de la corbeta Tornado —destacada en la sublevación del almirante Topete— y en la que años más tarde embarcaron los Reyes en su viaje a Santander.

En 1888 volvió a ser destinado a Filipinas como comandante del pontón Doña María de Molina, que había sido con anterioridad lancha torpedera, y formó parte de la dotación del antiguo crucero Velasco en el archipiélago filipino. Nuevamente en la Península, tiene un efímero paso por el Ministerio de Marina en destino más sedentario en la dirección de personal, pero vuelve enseguida a los buques como comandante del cañonero Teruel (1890) y segundo comandante de un buque de mayor consistencia: el crucero de segunda clase Don Antonio de Ulloa (1893). Son momentos difíciles en Filipinas con la gran revuelta de la isla de Luzón dirigida por Emilio Aguinaldo y Andrés Bonifacio y que forzó al Gobierno español a enviar al general Polavieja para reprimir con dureza la insurrección.

Aznar continúa en Filipinas como ayudante de la Capitanía del Puerto de Manila y segundo comandante de Marina de Ilo-Ilo (1895) pero su ascenso a teniente de navío de primera promueve su nuevo destino en la Península: otra vez en los familiares despachos del Ministerio de Marina.

El conflicto desatado con los Estados Unidos obliga a la Escuadra de Operaciones del almirante Cervera a desplazarse al escenario antillano, sin que sean escuchados los lógicos razonamientos del jefe de la Agrupación.

A bordo del crucero Infanta María Teresa —buque insignia de Cervera— navega como tercer comandante Juan Bautista Aznar, protagonista, por tanto, de primera fila del desdichado combate (3 de julio de 1898), del que resulta prisionero de los norteamericanos, compartiendo en Anápolis el cautiverio con el resto de sus compañeros.

Repatriado tras la firma de la paz, obtuvo el mando del crucero Nueva España (1905), que en años anteriores había desempeñado diversas comisiones en Cuba, y ocupó después destino en el recreado Estado Mayor Central (1907). Tras su ascenso a capitán de fragata (13 de marzo de 1909), se hizo cargo de la Jefatura de la Secretaría particular del Ministro de Marina, siendo titular del ramo Víctor Concas, al que había estado directamente subordinado como tercer comandante del María Teresa, por lo que gozaba de toda su confianza. También desempeñó la Jefatura de la Ayudantía Mayor del propio Ministerio.

Todavía de capitán de fragata, tuvo dos nuevos destinos a bordo, como segundo comandante del crucero Princesa de Asturias (1911) y comandante del crucero Doña María de Molina (1912), pero su ascenso a capitán de navío (27 de abril de 1912) le supuso nuevos impulsos en su carrera, sobre todo como comandante del acorazado Alfonso XIII, con el que tiene una destacada participación en la pacificación de la huelga revolucionaria de Vizcaya (agosto de 1917).

Su primera experiencia en el Estado Mayor Central calificada de provechosa va a repetirse en dicho organismo hasta su ascenso a contralmirante (16 de marzo de 1918) y ser nombrado general jefe de la División de Instrucción de la Escuadra, en la que realiza diversos ejercicios de adiestramiento. Dos años más tarde (5 de julio de 1920) asciende a vicealmirante y continúa en la escuadra, pero ya con el mando superior de la misma. Asiste a la Junta de Defensa Nacional convocada por Maura en el malagueño pueblo de Pizarra, donde se plantea el tema de la penetración en Marruecos y si conviene la ocupación de Alhucemas, opinando Aznar que convendría intentarlo mediante un desembarco.

La Escuadra al mando de Aznar se dirigió a proteger Melilla y todo el litoral desde Sidi Hidris a Sidi Hassain y evacuar todas las fuerzas del ejército, operación presidida por el general Berenguer a bordo del cañonero Bonifaz.

El 13 de febrero de 1923 es nombrado ministro de Marina en un Gabinete de García Prieto que arrastra todas las secuelas de la derrota de Annual, pero, tras producirse el golpe de Estado del general Primo de Rivera, el vicealmirante Aznar se vio obligado a dejar su puesto que coincidió con el paso de Niceto Alcalá Zamora, futuro presidente de la República por el Ministerio de la Guerra. En lo que respecta a la Armada, se reorganizó la Junta Superior de la Armada, y se aprobó la Ley Penal de la Marina Mercante. Finalmente fue Aznar quien dotó a los barcos de un historial de torpedos, al igual que existía el de artillería, y quien ordenó la inhumación de los restos del alférez de navío Lazaga y del general Butrón Villavicencio en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

Para que no quedara sin destino, el Directorio lo nombró consejero del Supremo de Guerra y Marina, cargo que desempeñó todo el año de 1924, pero ascendido a almirante el 21 de enero del siguiente año se hizo cargo del mando de la Capitanía General del Departamento de Cartagena, hasta que, con antigüedad de 30 de octubre de 1928, fue promovido a capitán general de la Armada, cargo después suprimido tras la implantación de la República.

El 18 de febrero de 1931 sucedió al general Berenguer en la presidencia del Consejo de Ministros (que fue el último de la Monarquía), impuesto al parecer por el conde Romanones que era el hombre de más peso en el Gabinete. En los dos escasos meses que mantuvo el cargo poco pudo hacer a favor de una Marina dirigida por el contralmirante José Rivera y Álvarez de Canedo, y menos aún en el aspecto político, tiempo en el que presidió el último Consejo de Ministros de la Monarquía “como el que asiste a un acto doloroso”, según opinión de Juan de la Cierva, ministro también de aquel Gabinete y uno de los pocos que se opusieron a la salida del Rey.

La postura del almirante Aznar como político ha sido contemplada y criticada desde diferentes ópticas. Para el conde de Romanones, Aznar era “un hombre inteligente y maestro en las luchas del mar, pero desgraciadamente no tanto en las políticas”. El propio conde explica su nombramiento: “el almirante Aznar que aceptó rápido y gozoso, sin duda por no darse cuenta de la cruz que tendría que llevar, resultó un presidente muy cómodo, pues nos dejó en completa libertad para la gestión de nuestros respectivos departamentos y cada ministerio se convirtió en un cantón independiente”. Para Miguel Maura, ministro de la Gobernación Provisional de la República, Aznar “estaba totalmente en las nubes siempre”.

Juan Bautista Aznar y Cabanas falleció en Madrid retirado de toda actividad profesional y política en 1933, a los setenta y tres años de edad. La República, a la que no había sabido oponerse, lo dejó morir en paz.

 

Bibl.: Conde de Romanones, Notas de  una Vida, Madrid, s. f.; M. Maura, Así cayó Alfonso XIII, en Horas de España, Barcelona, 1962; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, Madrid, Alianza Editorial, 1981; M. Artola Gallego (dir.), Enciclopedia de Historia de España, vol. 4. Diccionario biográfico, Madrid, Alianza Editorial, 1991; A. de Ceballos-Escalera y Gila (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Palafox & Pezuela, 2000; J. I. González-Aller, Catálogo-Guía del Museo Naval, Madrid, 2000.

 

José Cervera Pery