Ayuda

Alonso de Zuazo

Biografía

Zuazo, Alonso de. Paradinas (Segovia), c. 1470 – Santo Domingo (República Dominicana), 4.III.1539. Licenciado, oidor, juez de residencia de la isla La Española y justicia mayor de las Indias.

Sobre la fecha de nacimiento, por referencias indirectas posteriores, debió de suceder en torno al año 1470. Y sobre el lugar exacto, se encuentra en un manuscrito titulado Anales del muy insigne Colegio Mayor de Santa Cruz, fundado por el Cardenal don Pedro González de Mendoza a fines del siglo XV y con sede en la ciudad de Valladolid, cuando registra lo siguiente: “Alonso de Çuazo, del lugar de Paradinas, Diócesis de Segovia, entró en la prevenda del Licenciado Jornete (en el Colegio Mayor de Santa Cruz) a 25 de agosto de 1508”. Esta precisión aclara ya el testimonio, no del todo exacto, aunque sí aproximado, del padre Las Casas cuando decía que era natural de Segovia. Más desacertado y confundidor ha sido Martín Fernández de Navarrete al apuntar que fue Olmedo (Valladolid). Los Zuazo estuvieron muy vinculados a la ciudad de Segovia. Tenían enterramiento en una capilla de la iglesia de San Esteban de Segovia.

Alonso de Zuazo estudió por “veinte años” —dice él mismo— en la Universidad de Salamanca para licenciarse en Derecho Civil y en Derecho Canónico. Terminadas ambas licenciaturas, ingresó en el Colegio Mayor de Santa Cruz el 25 de agosto de 1508, como profesor de ese centro de especialización universitaria. Su tradición familiar le familiarizó con el derecho, pues su abuelo, el licenciado Juan de Zuazo, fue presidente de la Real Audiencia de Valladolid y miembro del Consejo Real de Castilla.

El cambio del ilustre Colegio Mayor de Santa Cruz por un puesto en el Gobierno de las Indias parece que fue gracias al doctor Juan López de Palacios Rubios, influyente jurista del Consejo Real, defensor de la reformación de las Indias, quien se lo recomendó al cardenal Cisneros para que acompañara a los frailes jerónimos camino de las Indias como experto jurista y hombre íntegro.

El nombramiento de los frailes jerónimos como gobernadores fue el 27 de julio de 1516. La Real Provisión nombrando a Alonso de Zuazo como juez de residencia la firmó Cisneros el 4 de octubre del mismo año. En este documento quedaba bien claro el mandato del cardenal: Zuazo realizaría su actuación judicial o residencia a los jueces de apelación de la primera Audiencia, a los oficiales de la Casa de Contratación de la dicha isla y a las justicias y oficiales que hasta ahora no habían hecho residencia, siempre y todo ello “a vista y parescer de los dichos religiosos”.

La Instrucción, fechada unos días después, el 12 de octubre de 1516, que marca en gran parte la pauta de su proceder establecía las siguientes disposiciones: todos debían saber que a la Corona le guiaba la utilidad de las Indias, de sus vecinos y moradores, y para lograrlo se enviaba a un juez de residencia, el licenciado Alonso de Zuazo, con el fin de que ante él rindieran cuenta todos los que no lo hubieran hecho antes, es decir, justicias y oficiales nombrados por el Rey o por el almirante; se abrogará todo recurso de apelación, súplica o queja ante el Rey contra las sentencias y resoluciones del juez Zuazo, admitiéndose sólo el recurso de revista ante el mismo juez de residencia; podría nombrar cuatro escribanos; y por último, la instrucción concluye en que “dicho poder, e de todo lo en él contenido se entiende que habéis de usar con determinación de los Padres Religiosos de San Jerónimo que allá enviamos e fazer lo que a ellos paresciere en cada cosa dello e no en otra manera”.

Entre octubre de 1516 y febrero de 1517, en que Zuazo marchó para las Indias, hubo demasiado retraso. Algunos consejeros (Zapata, Carvajal...), contrarios a Palacios Rubios y al nuevo juez de residencia y a la reformación de las Indias, debieron entorpecer bastante el despacho del viaje. Ese proceder obstruccionista generó alguna duda e indecisión en Alonso de Zuazo, provocando inmediatamente una llamada al orden por parte del resolutivo cardenal Cisneros.

Por fin, a mediados de febrero de 1517, el nuevo juez de residencia, acompañado de un criado suyo y de catorce personas de su servidumbre, después de pagar la Corona 50.000 maravedís por el flete y manutención de todos, dejaban las costas de España y tomaban rumbo a Indias. Alonso de Zuazo arribó al puerto de Santo Domingo el día 6 de abril de 1517. Al día siguiente, 7 de abril, presentó sus poderes como juez de residencia y como justicia mayor de las Indias ante el Cabildo de Santo Domingo y en presencia de las autoridades de la isla, como era costumbre. La fecha de iniciación de la residencia se pregonó en Santo Domingo el 20 de abril de 1517. A partir de esos momentos se iniciaba la residencia de los jueces de apelación, así como la administración ordinaria de justicia. Alonso de Zuazo encontró más de cuatrocientos pleitos retenidos, muchos conclusos, pero sin entregar. En poco más de dos meses —cuenta él mismo—despachó todos los procesos atrasados y en menos de un año había pronunciado alrededor de setecientas sentencias. En la pesquisa secreta, después de un interrogatorio de 69 preguntas y 27 testigos, se formularon 46 cargos contra Ayllón y Matienzo, y 45 contra Villalobos. Hubo cargos de todo tipo y especificarlos sería interminable.

El cronista Fernández de Oviedo recuerda algo que Alonso de Zuazo intentaba practicar siempre que podía: “Hizo hacer algunos edificios públicos; reparó los caminos y cárceles que estaban abiertas, o no como convenían, e proveyó, juntamente con el regimiento de esta ciudad, como hubiese una barca de pasaje (que hoy hay para el río de puerto de esta ciudad para la otra banda della), con otras obras públicas y provechosas a la república)”. Una de las primeras disposiciones, tanto de los jerónimos como de Zuazo, fue quitar los indios a los encomenderos absentistas, la mayor parte cortesanos influyentes. Mientras vivió Cisneros, no consiguieron nada, pues para los reformadores de Indias importaba mucho remediar eso. Sin embargo, con la muerte del cardenal Cisneros el 8 de noviembre de 1517 y la llegada a Castilla de la nueva Corte flamenca, la vieja camarilla de los Conchillos y Fonseca volvió a mandar, lo cual se notó pronto en el Nuevo Mundo. Los absentistas privilegiados presionaron para que les restituyesen los indios que les habían quitado y arrancaron del Emperador una Real Cédula que mandaba devolverles los indios, pero Zuazo, decidido y tenaz, acató pero no cumplió el mandato real, es decir, suspendió la orden real, hasta que informó al Rey y éste, entonces, “hobo por bien lo que estaba hecho”.

El 22 de enero de 1518, el licenciado Zuazo escribió dos importantes cartas, una dirigida a monseñor de Xèvres, y otra al Emperador. En ellas se plasma con mucha claridad su pensamiento y expone la situación de las Indias: denuncia lo inconveniente de haber habido en las nuevas tierras demasiados gobernadores con enfrentamientos frecuentes, al mismo tiempo que critica las parcialidades de la isla, especialmente de los jueces de apelación y del tesorero Pasamonte; reclama libertad de comercio, verdadera innovación para ser tan temprana; pide que se otorgue licencia general para traer de África cuantos negros esclavos se necesiten; solicita que se permita a los vasallos españoles poblar las islas vacías; reclama exenciones y mercedes a los labradores que quisieran ir a poblar trasladando casa y mujer.

Durante los primeros meses de 1518, los cambios en Castilla repercutieron pronto en La Española. Los vecinos de la isla decidieron elegir a un procurador que pudiera acudir a rendir pleitesía al nuevo Rey en representación de sus vecinos. Ese hecho desató un enfrentamiento entre Zuazo y los partidarios de Diego Colón por una parte, y, por otra, los que se alinearon en torno a Pasamonte y los oidores. El procurador elegido fue uno de los más atacados por Zuazo: el oidor Lucas Vázquez de Ayllón, el cual escribió pronto a la Corte denunciando lo sucedido. El resultado fue inmediato: el 16 de agosto de 1518, el licenciado Zuazo quedaba suspendido de su oficio, cargo y sueldo, ordenándosele no salir de la isla hasta que no rindiera su residencia ante un juez que se nombraría al efecto.

El 9 de diciembre de 1518 fue nombrado juez de residencia el licenciado Rodrigo de Figueroa. Sin embargo, mientras llegaba a la isla el nuevo juez, Alonso de Zuazo y los jerónimos dictaron las sentencias pendientes en las pesquisas secretas de Villalobos y Ayllón el 19 de julio de 1519. Poco después, en agosto de 1519, llegaba Figueroa a Santo Domingo e inmediatamente llevó a cabo la residencia de Zuazo, de la que salió airoso. De los veintidós cargos de la pesquisa secreta abierta contra Alonso de Zuazo, en solamente tres hubo condena; y estos tres fueron de poca monta. Ocho cargos más fueron remitidos a los Reyes y al Consejo de Indias para que resolvieran ellos. En el resto hubo absolución. En suma, Zuazo gobernó bien, ganó fama de hombre respetado, ejerció la justicia con mucha prudencia y eficacia, y llegó a ser hombre respetado. Durante su responsabilidad de gobierno autorizó varias armadas y licencias secretas para capturar caribes. Figueroa lo aireó siempre que pudo.

En 1520 pasó a Cuba con poderes e instrucciones del almirante Diego Colón a tomar residencia a Diego Velázquez y, mientras tanto, ejercería como teniente del gobernador. El 18 de enero de 1521, el Cabildo de Santiago de Cuba lo recibía con todos los honores. Administró justicia en la isla teniendo por su teniente en Trinidad y Sancti Spíritus a Vasco Porcallo de Figueroa. En la ciudad de Santiago de Cuba construyó un muelle que todavía en 1532 era la única obra pública hecha hasta entonces.

Diego Velázquez y los oficiales de Cuba protestaron pronto por la actuación de Zuazo, ya que cuestionaba la actuación de Velázquez como repartidor de indios. Este defendía que su nombramiento, el 13 de mayo de 1513, confirmado el 13 de noviembre de 1518, debía quedar al margen del juicio de residencia. Igualmente, se le requería a Zuazo no entrometerse en nombrar visitadores de indios, ni en otros menesteres relativos al repartimiento. Saltaba a la luz un problema de competencias y rivalidades. Las quejas contra Zuazo traspasaron la isla de Cuba y pronto llegaron a la isla Española, por lo que el mismo virrey Diego Colón, junto con los oidores de la Audiencia, Marcelo de Villalobos y Juan Ortiz de Matienzo, decidieron pasar a Cuba con el fin de tomar las varas de la justicia y entender en otras cuestiones. No obstante, pronto comprobaron que las culpas contra Alonso de Zuazo no fueron tantas ni tan graves como muchos esperaban. Una vez más se demostraba su temple y prudencia. Estas quejas contra el nombramiento hecho por Diego Colón en favor de Zuazo, donde sí llegaron pronto fue a la Corte. Una Real Provisión firmada por los tres gobernadores en ausencia del Emperador, de 10 de septiembre de 1521, ordenaba al licenciado Zuazo que cesara en la residencia que había ido a tomar a Cuba, ya que la facultad de nombrar jueces de residencia correspondía al Monarca y no al virrey, y además, se consideraba que Zuazo no debía ejercer ningún oficio de justicia mientras siguiera pendiente su propio juicio de residencia que le había tomado y no concluido el licenciado Figueroa.

Durante el verano de 1523, estando Alonso de Zuazo en la villa de Santiago de Cuba, donde había ejercido de teniente de gobernador, supo que acababa de llegar al puerto de Xagua, cerca de la villa de la Trinidad, Francisco de Garay, quien iba por gobernador y capitán de la tierra que llamaban del Pánuco, provincia fronteriza de la de Hernán Cortés. Como se temía un posible enfrentamiento con el extremeño, escribió a Zuazo pidiéndole que lo acompañara a México e hiciera de intermediario entre él y Cortés. También escribió a Diego Velázquez, que de nuevo gobernaba la isla, para que no lo impidiese, como así hizo.

A finales de año, con el fin de satisfacer a su amigo, armó un pequeño navío, siguió la costa, bordeó el cabo San Antón y navegó hacia la Nueva España. Pasados unos días, el 20 de enero de 1524, sufrió tan gran tormenta que a la mañana siguiente se vieron con la embarcación destrozada y encallados en unos arrecifes de la isla de los Alacranes. En ese naufragio, Zuazo perdió todos sus libros y una gran cantidad de oro, plata y joyas. Se salvaron cuarenta y siete personas.

En esos riscos encontraron una canoa que les sirvió para trasladarse a una isleta no lejos de allí donde encontraron muchos lobos marinos y también cinco tortugas grandes que les sirvieron para sostenerse bebiendo su sangre y comiendo su carne. Desde allí divisaron otra isleta con abundancia de aves y huevos, pero no de agua. Los otros islotes cercanos fueron igual de inhóspitos para desesperanza de todos. El licenciado Zuazo demostró un ingenio y una capacidad de inventiva asombrosos, a la vez que fue verdaderamente ejemplar ante la adversidad. En medio de tanta necesidad lograron sobrevivir cuatro meses y medio. Con los restos del navío perdido, construyeron una balsa que les permitió allegarse a Veracruz con un mensaje de Zuazo pidiendo auxilio. Una vez en tierra, la noticia llegó pronto a Cortés, quien con toda prontitud mandó una embarcación a rescatarlos. Encontraron a diecisiete supervivientes. Los rescataron, llegaron a Veracruz, y de ahí fueron conducidos a la Ciudad de México, donde Hernán Cortés los recibió entre fiestas y alegrías. Este recibimiento hecho por Cortés a Zuazo fue una demostración de respeto y de reconocimiento como hombre de temple, enérgico, prudente y gran jurista.

Entre 1524 y 1525, Alonso de Zuazo vivió uno de los períodos más turbios de su existencia. El 12 de octubre de 1524 salió Cortés desde la Ciudad de México a la pacificación y conquista de las Hibueras, dejando al licenciado Alonso de Zuazo como alcalde y justicia mayor al frente del gobierno de la Ciudad de México, y como tenientes de gobernador a Estrada y a Albornoz. Tuvo el encargo de velar por un gobierno colegiado, que no pudo lograr.

A finales de mayo de 1525, después de menos de un año de gobierno en México, Alonso de Zuazo fue apresado por el factor Gonzalo de Salazar y por el veedor Pedro Almíndez Chirinos, los cuales se apoderaron por la fuerza del gobierno en ausencia de Cortés. Alonso de Zuazo, que era un obstáculo para los tiranos de turno, fue apresado, cargado de grillos y, montado en una mula, fue enviado al puerto de Veracruz y poco después embarcado hacia Cuba so pretexto de que tenía allí pendiente todavía su juicio de residencia. En Cuba, el juez Juan Altamirano vio su residencia y dictaminó que su gobierno había sido “justo y bueno”. Al llegar a Santo Domingo y a petición de los jerónimos, alquiló para “morar cerca de ellos” una casa de Juan de Villoria situada en el primer tramo de la calle Mercedes, esquina con la de las Damas e Isabel la Católica. Allí vivió durante dos años y medio. Más tarde, construyó una importante morada en la calle de las Damas, frontera de la de Rodrigo de Bastidas.

Alonso de Zuazo se casó tarde. Su mujer, Felipa del Águila, era viuda. Tuvieron dos hijas: Leonor y Emerenciana Zuazo, y enlazaron con apellidos principales de la isla, con los Berrio, Fuenmayor y Caballero de Bazán.

La capilla de las Ánimas de la catedral fue fundación del licenciado Alonso de Zuazo y de Felipa del Águila, poseyéndola también los Berrios y Fuenmayores.

Alonso de Zuazo poseía uno de los ingenios de azúcar más poderosos de la isla Española, el cual está situado en el río y ribera que llaman Ocoa, a una distancia de 16 leguas de Santo Domingo. Es una de las grandes haciendas de la isla. Lo heredaron su mujer Felipa y sus hijas Leonor y Emerenciana Zuazo.

A finales de 1526 (8 de diciembre), Alonso de Zuazo fue nombrado oidor interino de la Real Audiencia de Santo Domingo, y dos años después, el 14 de noviembre de 1528 oidor definitivo, cargó que ocupó hasta su muerte el 4 de marzo de 1539 en la ciudad de Santo Domingo.

 

Bibl.: M. Serrano y Sanz, Orígenes de la Dominación Española en América, t. I, Madrid, Nueva Biblioteca de Autores Españoles, 1918; J. Malagón Barceló, El distrito de la Audiencia de Santo Domingo en los siglos XVI al XX, Ciudad Trujillo, 1942; C. de Utrera, Historia Militar de Santo Domingo, Ciudad Trujillo, Tipografía Franciscana, 1950; J. M. Mariluz Urquijo, Ensayo sobre los juicios de residencia indianos, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA), 1952; M. Jiménez Fernández, Bartolomé de Las Casas, Vol. I. El plan Cisneros-Las Casas para la reformación de las Indias, Vol. II. Política inicial de Carlos I en Indias, Sevilla, EEHA, 1953 y 1960, respect.; M. Fernández de Navarrete, Colección de los viajes que hicieron por mar los españoles desde el siglo XV, Madrid, Atlas, 1954 (Biblioteca de Autores Españoles), 3 vols.; B. de Las Casas, Historia de las Indias, ed. de J. Pérez de Tudela, Madrid, Atlas, 1957 (Biblioteca de Autores Españoles), 2 vols.; G. Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, ed. de J. Pérez de Tudela, Madrid, Atlas, 1959 (Biblioteca de Autores Españoles), 5 vols.; J. M. Ots Capdequí, “Instituciones”, en Historia de América y de los pueblos americanos, ed. de A. Ballesteros y Beretta, Barcelona, Salvat, 1959; VV. AA., Historia del Derecho Español en América y del Derecho Indiano, Madrid, Aguilar, 1969; F. Moya Pons, La Española en el siglo XVI. 1493- 1520, Santiago, Universidad Católica Madre y Maestra, 1973; E. Otte, Las perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua, Caracas, Fundación John Boulton, 1977; E. Rodríguez Demorizi (ed.), Noticias Históricas de Santo Domingo, Santo Domingo, Amigo del Hogar, 1978; A. García Menéndez, Los jueces de apelación de La Española y su residencia, Santo Domingo (República Dominicana), Museo de las Casas Reales, 1981; J. L. Martínez, Hernán Cortés, México, Universidad Nacional Autónoma (UNAM), Fondo de Cultura Económica, 1990.

 

Luis Arranz Márquez