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Alfonso Clemente de Aróstegui Cañabate

Biografía

Clemente de Aróstegui Cañabate, Alfonso. Villanueva de la Jara (Cuenca), 15.III.1698 – Madrid, 10.II.1774. Capellán de honor, ministro plenipotenciario en Nápoles y consejero de Estado.

Nacido en el seno de una familia de la baja nobleza, era hijo de Pedro Clemente de Aróstegui y Garrido y de Isabel Cañabate y Moragón, naturales de Villanueva de la Jara, donde contrajeron matrimonio en diciembre de 1677. La familia ocupó diferentes cargos importantes. Uno de los hermanos de Alfonso, Pedro, fue canónigo y tesorero de la catedral de Toledo en tiempos del cardenal Astorga, en 1742, arzobispo de Larisa in partibus para desempeñar el cargo de obispo auxiliar de Toledo y obispo de Osma. Otro hermano, Antonio, fue regidor de Cuenca; administrador de las rentas provinciales de Cuenca; y caballero pensionado de la Orden de Carlos III.

Alfonso Clemente de Aróstegui se licenció en Cánones por la Universidad de Salamanca en 1724.

Colegial del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares en 1725, llegó a ser catedrático de Leyes y de Instituta en 1731 y de Cánones y Decretos en 1732. Nombrado alcalde del crimen en marzo de 1733 y luego oidor de la Audiencia de Zaragoza en 1739, cinco años más tarde, en 1744, fue visitador y reformador de la Universidad de Osma. El 16 de septiembre de este año fue nombrado oidor de La Rota en Roma por la Corona de Castilla, granjeándose amistades en la curia que le permitieron obtener el título de capellán papal y su prelado doméstico; durante su ministerio se opuso a la candidatura de Narciso Maestra como vicecónsul en Roma.

A la muerte del cardenal Acquaviva, en 1747, fue designado embajador interino en la Santa Sede hasta el nombramiento del cardenal Portocarrero en 1748, a pesar de que el ministro Carvajal le había propuesto para ese destino. En este tiempo, además de dirigir la última fase del proceso de canonización del cardenal Cisneros, informa a Madrid sobre diversos pormenores relativos a las negociaciones en marcha sobre el Real Patronato, denunciando las actuaciones de Gabriel de Olmeda y de Pedro de Hontalva como posibles informadores de la corte romana, el primero por su acercamiento al nuncio Enríquez. Al mismo tiempo, elabora un informe sobre la posibilidad de constituir el Real Giro, que presenta en abril de 1748, y solicita para su sobrino, Benito Álvarez de la Barreda, la plaza de superintendente del Real Giro de Roma. El 13 de julio de 1749 escribe al padre Rávago para agradecerle la recomendación que hizo al Rey de que continuase como encargado de negocios interino en Roma.

A su regreso a España, en 1749, fue nombrado consejero supernumerario de Castilla para sustituir las ausencias de Baltasar de Henao, impedido de salud.

En febrero de 1751 el capellán mayor, haciendo uso de sus atribuciones, le propuso para juez de la Real Capilla, previo nombramiento de capellán de honor, con dispensa de pruebas de limpieza de sangre, por su conocimiento de la jurisdicción eclesiástica, lo que le convertía en el candidato idóneo para desempeñar el cargo. Poco tiempo estuvo ejerciendo estas funciones, ya que en enero de 1753 La Gaceta anunciaba su elección como ministro plenipotenciario en Nápoles y en ese mismo año fue nombrado viceprotector de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1755 informaba favorablemente sobre la pretensión del cónsul español en Nápoles, Fermín de Leoz, para que el empleo recayera en su hijo, un niño de nueve años —y además ilegítimo— aunque proponía que en el ínterin ejerciera el puesto el vicecónsul Narciso Maestra. El 21 de diciembre de 1756 fue nombrado consejero de número del Consejo y Cámara de Castilla y, a finales de 1759, era ya consejero de Estado. En abril de 1761 cesa en el cargo de embajador en Nápoles y regresó a España. Fue elegido comisario general de la Santa Cruzada el 7 de agosto de 1771 y canónigo de Cuenca. En 1772 se le nombró caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III y, dos años después, canónigo y administrador espiritual del arzobispado de Toledo.

Su estancia en Nápoles le permitió granjearse la amistad del futuro Carlos III, circunstancia aprovechada para favorecer a sus allegados españoles, entre ellos Pedro Rodríguez Campomanes, con quien mantenía correspondencia y al que solicitó su mediación en distintas ocasiones —para la compra de varios bienes del duque de Fernandina en Nápoles por el príncipe de Santo Nicandro, ayo y mayordomo del Rey—. Interesado en la Historia, motivo por el cual el capellán mayor de palacio le encargó escribir la historia de la Capilla Real durante el tiempo de su embajada en Nápoles, aunque no hay constancia de que llevara a cabo esta tarea, intercambió con Campomanes información —en 1760 recibió de éste una relación de los arcos e inscripciones que se realizaron con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid— y observaciones sobre las actividades de la Real Academia de la Historia, deseando que la institución publicara algunas obras de su amigo, una de las cuales, Antigüedad marítima de la república de Cartago, dio personalmente a conocer al rey de Nápoles en 1758.

 

Obras de ~: Concordia pastoralis super jure diocesano inter episcopos et praelatos inferiores [...], in quibus explicatur conflictus episcoporum cum […], Alcalá de Henares, José Espartosa, 1734; Historia eclesiae hispaniensis excolenda. Exhorto ad hispanos habita in palatio catholicae majestatis regis hispaniae romae [...], s. l., 1747.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Palacio, Exps. personales, caja 8351/19; Archivo Histórico Nacional, Estado, Orden de Carlos III, exp. 2; Universidades, leg. 511, exp. 5; lib. 710, fol. 359; lib. 1141, fol. 183; Consejos, lib. 2289, fols. 115v. y 122v.; lib. 737; lib. 668 E, fol. 78v.; Archivo General de Simancas, Gracia y Justicia, leg. 534.

J. Fayard, Les membres du Conseil de Castille a l’epoque moderne, Genève, Libraire Goz, 1979; F. Barrios, El Consejo de Estado de la Monarquía española, 1521-1812, Madrid, Consejo de Estado, 1984; L. M. Gutiérrez Torrecilla, Catálogo biográfico de colegiales y capellanes del Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá (1508-1786), Alcalá de Henares, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1992; J. Pradells Nadal, Diplomacia y comercio. La expansión consular española en el siglo xviii, Alicante, Instituto alicantino de cultura Juan Gil Albert, 1992; L. M. Gutiérrez Torrecilla y P. Ballesteros Torres, Cátedras y catedráticos de la Universidad de Alcalá en el siglo xviii, Alcalá de Henares, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1998; D. Ozanam, Les diplomates espagnols du xviii siècle, Madrid, Casa de Velázquez, 1998; R. Olaechea, Las relaciones hispano-romanas en la segunda mitad del xviii. La agencia de preces, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1999; M. L. López Muñoz, “Obispos y Consejeros eclesiásticos en los Consejos de la Monarquía española (1665-1883)”, en J. L. Castellano, J. P. Dedieu y M. V. López-Cordón (eds.), La pluma, la mitra y la espada. Estudios de historia institucional en la Edad Moderna, Granada, Marcial Pons, Historia, 2000, págs. 199-430; P. Molas Ribalta, Los Magistrados de la Ilustración, Madrid, Boletín Oficial del Estado, 2001.

 

Juan Carlos Saavedra Zapater

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