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Manuel Agustín Heredia Martínez

Biografía

Heredia Martínez, Manuel Agustín. Rabanera de Cameros (La Rioja), 4.V.1786 – Málaga, 14.VIII.1846. Empresario.

Oriundo de La Rioja, su vida estuvo estrechamente vinculada a Málaga, ciudad donde se estableció siendo muy joven y a la que convirtió en centro de sus negocios mercantiles e industriales. Procedente de una modesta familia de hidalgos, era el mayor de cinco hermanos nacidos de los dos matrimonios contraídos por su padre, Manuel Heredia Fernández, primero con María Balbanera Martínez y en segundas nupcias con Antonia Escobar. Tras la muerte de su madre María Balbanera, Manuel Agustín emigró a Málaga, seguramente con el apoyo de familiares y paisanos que le precedieron en el éxodo hacia el sur peninsular en busca de mejores medios de vida. Empezó como dependiente en una casa de comercio de Vélez-Málaga, pero pronto se independizó y formó su propia compañía mercantil en unión de otros dos socios.

Los años de la Guerra de la Independencia marcaron el origen de su éxito en el mundo de los negocios.

Asociado a su paisano Manuel María Fernández, abrió casas de comercio en Gibraltar y Málaga, dedicadas a la exportación de productos agrícolas y minerales y a la importación de manufacturas y coloniales.

Heredia obtuvo importantes beneficios de la exportación de grafito, gracias a los permisos que consiguió del general Ballesteros, que dirigía la resistencia contra los franceses en las sierras del sur. Según Álvarez de Linera, el propio Heredia confesaba que los grafitos de Marbella habían sido el principio de su fortuna. En 1813, a raíz de ciertas desavenencias entre los socios, quedó disuelta la compañía y Heredia creó entonces su propia casa de comercio estableciéndose en Málaga. El 12 de abril de ese mismo año contrajo matrimonio con Isabel Livermore Salas, hija de un irlandés afincado en España que se dedicaba a la fabricación de curtidos. Durante los años 1814 a 1824 tuvo lugar la consolidación económica de Heredia. El comercio ultramarino siguió siendo su principal actividad. La guerra de independencia hispanoamericana no fue obstáculo para la continuación de sus relaciones mercantiles con los territorios del otro lado del Atlántico, puesto que recurrió a la utilización de barcos de países neutrales cuyo pabellón era respetado por los insurgentes. Según un informe de la secretaría de Hacienda, Heredia ganó “cantidades considerables” con los permisos que se le concedieron “para hacer expediciones a América en buques extranjeros”.

La creciente importancia de su casa de comercio le valió el reconocimiento de la clase mercantil malagueña, que le nombró prior del Consulado en 1824, cargo desde el cual Heredia impulsó obras públicas de gran importancia para el desarrollo de la ciudad, como el arreglo del camino de Antequera y la limpieza del puerto, y contribuyó a la creación de un jardín de aclimatación de plantas exóticas destinado principalmente al cultivo de especies susceptibles de aprovechamiento industrial.

Por estas mismas fechas surgió el interés de Heredia por los negocios industriales, que supo hacer compatibles con el comercio. A la sombra de las favorables disposiciones de la Ley de Minas de 1825, un grupo de hombres de negocios de Málaga fundó en 1826 una sociedad denominada La Concepción, con el propósito de explotar un rico yacimiento de hierro descubierto en las proximidades de Marbella. Construyeron una ferrería a orillas del río Verde e iniciaron los trabajos de explotación. Los malos resultados obtenidos al comienzo y la necesidad de aportar nuevas sumas hicieron desistir a la mayoría de los socios, por lo que la empresa estuvo a punto de naufragar. Heredia, con más fe que sus socios, decidió continuar los ensayos. Con la ayuda de un técnico, el guipuzcoano Francisco Antonio Elorza, militar experto en fundiciones, consiguió resultados rentables. Tras consolidar la fábrica de Marbella, aconsejado por Elorza, creó otra nueva en la ciudad de Málaga, a la que llamó La Constancia. La ubicación de ésta respondía a la necesidad de facilitar la llegada del carbón mineral necesario para el afinado del hierro obtenido en los altos hornos de Marbella. Como el combustible había de llegar por mar procedente de Asturias o de Gran Bretaña, la proximidad al puerto de Málaga permitiría abaratar los costes del transporte. La Constancia se construyó en 1833 bajo la dirección del arquitecto Tomás Cortés. El nuevo establecimiento fue dotado de moderna maquinaria fabricada en Inglaterra y se contrataron técnicos de aquella nacionalidad para que instruyesen a los naturales en las nuevas labores fabriles.

La siderurgia de Heredia, con sus dos establecimientos de Marbella y Málaga, entró desde mediados de los años treinta en una fase de gran actividad que la llevó a colocarse en poco tiempo a la cabeza de la producción nacional de hierros. En gran medida ello se debió a la paralización de las ferrerías de la cornisa cantábrica por la Guerra Carlista, pero también a la habilidad de Heredia, que supo aprovechar la circunstancia para modernizar su equipamiento e introducir cambios en la fabricación de hierros. En 1840 Heredia se había convertido en el primer fabricante de hierros de España. Simultáneamente dirigió su mirada hacia otro sector industrial, el plomo, que en aquellos momentos despuntaba en la provincia de Almería. En 1837 adquirió la fundición San Andrés de Adra, cuyas bases habían puesto las firmas Rein (de Málaga) y Colman, Lambert and Co. (de Londres). Heredia realizó mejoras importantes y logró en poco tiempo aumentar la producción. En 1841 era un destacado exportador de plomos.

Heredia era por entonces el más destacado empresario de la Península. Sólo las ferrerías de Marbella y Málaga daban empleo a unas dos mil personas. Si a estas cifras se añade el número de obreros que trabajaban en la fundición de Adra y en otros negocios industriales y mercantiles, se puede comprender que Manuel Agustín presumiera de “ocupar el mayor número de brazos que alimentara jamás un particular en estas provincias”.

Pero las inversiones industriales de Heredia no se limitaron al sector metalúrgico. Los productos químicos y los tejidos entraron también en el círculo de sus inversiones ya en la última etapa de su vida. Según Benito Vilá, cuando se produjo la muerte de Heredia (1846) se estaba levantando la elegante chimenea de más de trescientos pies de altura de una fábrica de productos químicos, construida en terrenos de la ferrería La Constancia. Conocida popularmente como “La Química”, la fábrica fue proyectada para producir ácido sulfúrico, sosa y velas esteáricas. Tampoco llegó a ver culminado otro proyecto paralelo al anterior y llevado a cabo en colaboración con los hermanos Pablo y Martín Larios, la construcción de una fábrica de hilados y tejidos de algodón, a la que se dio el nombre de Industria Malagueña y que, al igual que las ferrerías, figura entre las pioneras de su ramo en España. La fábrica inició su actividad en 1847 y enseguida se convirtió en la segunda mayor empresa algodonera de España.

Otros campos en los que intervino fueron los seguros, los transportes y la banca, sectores todos ellos relacionados estrechamente con sus negocios. En el primero de estos ramos cabe señalar la participación de Heredia en las sociedades denominadas Unión Malagueña —compañía de seguros marítimos fundada en 1838— y Sociedad de Seguros contra Incendios de Edificios, creada en 1840; en ambas era el mayor accionista.

También fue uno de los promotores de una sociedad de vapores, nacida en 1845, con el objetivo de establecer una línea de navegación ente Cádiz y Marsella.

Finalmente, por lo que se refiere a las finanzas, Heredia fue uno de los fundadores del Banco de Isabel II, creado en 1844 por iniciativa de un grupo de importantes hombres de negocios entre los que figuran José Salamanca, Gaspar Remisa, Manuel Gaviria, José Buschental, Nazario Carriquiri y Pablo Collado.

Manuel Agustín Heredia murió en Málaga el 14 de agosto de 1846, pocos meses después de que la reina Isabel II lo nombrara senador. Un periódico madrileño, el Semanario de la Industria, al dar la noticia de su fallecimiento, lo consideraba como el “primer capitalista español”. Su fortuna era una de las mayores de España. El inventario de sus bienes, realizado en 1847, arrojó un activo superior a los 60.000.000 de reales. Además de las fábricas reseñadas, era propietario de fincas rústicas y urbanas —sobre todo almacenes— y de dieciocho barcos con un arqueo total cercano las tres mil toneladas. Tenía intereses en sociedades industriales, mineras, de seguros, transportes y banca; y el radio de acción de su casa de comercio abarcaba toda Europa y gran parte del continente americano.

Ramón de la Sagra, que conoció personalmente las realizaciones de Heredia durante un viaje empresarial por tierras andaluzas en 1845, no dudó en calificarlo como el “primer industrial español”, subrayando que en él se daba “una rara asociación de talentos”, porque supo combinar felizmente dos actividades que difícilmente aparecen unidas en la misma persona, la industria y el comercio.

 

Bibl.: J. Nadal, El fracaso de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona, Ariel, 1975; C. García Montoro, Málaga en los comienzos de la industrialización. Manuel Agustín Heredia (1786-1846), Córdoba, Universidad, 1978; “La fortuna de Manuel Agustín Heredia”, en VV. AA., Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, Andalucía Contemporánea, t. I, Córdoba, 1979, págs. 367-375; C. García Montoro, “Notas sobre el proteccionismo de los industriales malagueños del siglo xix”, en Baetica, 2 (1979), págs. 327-343.

 

Cristóbal García Montoro

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