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José María Pemán y Pemartín

Biografía

Pemán y Pemartín, José María. Cádiz, 8.V.1897 – 19.VII.1981. Literato, intelectual y político.

José María Pemán nació en el seno de una familia burguesa, hijo de un diputado conservador datista, y vinculado por su madre a la clase terrateniente y bodeguera jerezana, vínculo que se reforzó mediante su matrimonio en 1922 con Carmen Domecq. Doctor en Derecho, ejerció breve tiempo como abogado penalista, hasta que, al cometer una grave irregularidad, fue obligado a abandonar su actividad ante los tribunales. Muy joven, asistía a las tertulias poéticas modernistas de varios cónsules iberoamericanos de su ciudad, descubriendo pronto su verdadera vocación por la literatura. Las tempranas lecturas de Menéndez Pelayo le condujeron a defender un tradicionalismo clasicista, que se reflejó tanto en sus tempranas ideas políticas antiliberales como en sus primeras poesías, recogidas en De la vida sencilla (1923), donde, pese al clasicismo dominante, no faltan composiciones de inspiración modernista o neopopularista, estas últimas en la línea juanramoniana.

La presentación del libro en Madrid le permitió conocer a Ángel Herrera Oria, quien le introdujo en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y le invitó a colaborar en el diario El Debate, donde iniciaría su colección de cuentos cortos, muchos de ellos editados y reeditados en forma de libro. Cuentos sin importancia (1926) fue el primero de ellos. En este género aborda gran variedad de temas de la vida cotidiana, muchos de ellos ambientados en Andalucía, con influjo de la narrativa decimonónica, especialmente la de Juan Valera, de quien hereda el estilo clasicista, el costumbrismo andaluz, la elegancia y la ironía. Con escasas excepciones la obra literaria de Pemán se mantuvo ajena a las vanguardias de las que era contemporáneo.

Al poco de iniciar su andadura literaria, el dictador Primo de Rivera, cuya hermana era tía política del gaditano, le invitó a afiliarse a la Unión Patriótica (UP), de la que sería presidente provincial desde 1927, desarrollando entonces una intensa actividad política. Pemán, junto a su primo José Pemartín y a Ramiro de Maeztu, se convertiría en ideólogo del régimen. En El hecho y la idea de la Unión Patriótica (1929) defendía el ideario antiliberal y tradicionalista del partido (“Patria, Religión y Monarquía”), así como el anteproyecto constitucional que presentó la dictadura el mismo año, y que el propio Pemán había contribuido a redactar desde 1927, en calidad de secretario de la Sección Primera de la Asamblea Nacional consultiva. En sus escritos, Pemán justificaba el autoritarismo como fenómeno de su tiempo, que se estaba extendiendo por el continente con regímenes como el fascista italiano, frente a lo que él consideraba el caduco liberalismo que había entrado en profunda crisis tras la Guerra Europea. Por otra parte, su defensa del centralismo y del antirregionalismo de la dictadura le alejaba en este punto del viejo tradicionalismo español.

Pero el joven político no dejó de afirmar públicamente que su verdadera vocación era la literaria, que siguió desarrollando con la publicación de nuevos libros de poesías, como A la rueda, rueda... (1925), donde desarrollará más su veta neopopularista, continuada en Barrio de Santa Cruz (1931) y Señorita del mar (1934).

Tras la caída de Primo de Rivera, Pemán permaneció como presidente provincial de la Unión Monárquica Nacional, sucesora ideológica de UP. Sus insalvables disensiones con los caciques mauristas Ramón de Carranza y el conde de los Andes, que habían abandonado el primorriverismo, le llevaron a dimitir en marzo de 1931, a fin de no obstaculizar la coalición de todas las fuerzas monárquicas en las elecciones municipales del 12 de abril, que favorecieron la proclamación de la República. En adelante, procuró ejercer su actividad política en calidad de intelectual y propagandista, alejado de la vida de partido. Sus éxitos como orador político en los meses finales de la Monarquía condujeron a su correligionario Maeztu a calificarle como “el más grande orador de las Españas”.

En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931, Ángel Herrera presentó a Pemán en la lista de Acción Nacional en Badajoz, aunque este último apenas hizo campaña. Pero en el otoño-invierno de ese año se produjo la reorganización de las derechas antirrepublicanas, que fundaron en Cádiz Acción Ciudadana, ligada a Acción Popular (antes Acción Nacional), encabezada por Carranza, Andes y él mismo, ahora reconciliados. En diciembre de 1931, figuró también entre los fundadores de Acción Española, revista doctrinal monárquica que pretendía definir un nuevo pensamiento antiliberal sobre la base de la modernización del viejo tradicionalismo a partir de influencias extranjeras, como la Acción Francesa de Maurras o el integralismo portugués. En sus páginas, publicó Pemán diversos artículos y ensayos. En “Nuestra Reforma y nuestro Renacimiento” (1934), a partir de las ideas de D’Ors y de Berdiaev, expuso su concepción providencialista de la historia, eterna lucha entre la civilización (cristiana y europea blanca) y la barbarie, exterior (protagonizada por las razas inferiores de los demás continentes) e interior (las fuerzas disolventes, revolucionarias y anticristianas). En sus Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno (1935) identificaba la Monarquía con todos los valores e instituciones de la civilización cristiana, basados en la unidad, la continuidad y la jerarquía, contraponiéndola a la República, manifestación de los valores contrarios de la barbarie. En sus Cartas, Pemán arremetía contra el accidentalismo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de la que se habían separado los monárquicos tras el fracasado golpe de Sanjurjo de 1932.

En los años de la República, Pemán no escatimó esfuerzos en la tarea de propaganda política, bien fuera como orador o desde las páginas de la prensa. En 1932, por ejemplo, se inició como director de una revista monárquica, Ellas, dirigida a movilizar políticamente a las mujeres. Incluso su poesía se puso directamente al servicio de la propaganda, con libros como Elegía a la tradición de España (1931) y Salmos a los mártires del 10 de agosto (1933), homenaje a los caídos durante el golpe de Sanjurjo. Su novela De Madrid a Oviedo pasando por las Azores (1933) era una crónica sarcástica del advenimiento de la República. El 27 de septiembre de 1933 estrenó Pemán El divino impaciente, su primera obra de teatro, que obtuvo gran éxito entre el público conservador antirrepublicano. Drama histórico en verso sobre la vida de Francisco Javier, apenas había en él alguna alusión indirecta a las bondades de la Monarquía, pero el hecho de que el escenario se llenara con las negras sotanas de la Compañía de Jesús, recién disuelta por la República, explica su recepción altamente politizada. Dos nuevos dramas históricos en verso se estrenaron en 1934: Cuando las Cortes de Cádiz y Cisneros. En el primero expresaba Pemán sus ideas radicalmente antiliberales, introduciendo la conspiración masónica en su visión providencialista y maniquea de la historia. En 1935 elaboró el guión cinematográfico de Lola de Triana, que la guerra impidió producir. En el mismo año, escribió su primera comedia en prosa, Julieta y Romeo, seguida, en vísperas de la guerra, por Almoneda, estrenada en 1937, donde expresaba sus ideas sobre la civilización occidental y las razas.

En las elecciones de noviembre de 1933, Pemán fue elegido diputado por Cádiz como monárquico independiente, aunque su actuación parlamentaria fue mínima. No se contó con él en las de febrero de 1936, que dieron la victoria al Frente Popular. Al mes siguiente, fue elegido miembro de la Real Academia Española, pero antes de ocupar su sillón estalló la Guerra Civil. Su incansable tarea propagandista se redobló entonces al servicio de la causa de los sublevados, a través de conferencias, arengas en los frentes, discursos radiados, artículos, viajes a Portugal e Italia, poesía, teatro. Pemán destacó entre las máximas figuras de las letras en la España franquista. Además de ello, en octubre de 1936 fue obligado a ocupar la presidencia de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado, que precedió al Ministerio de Educación hasta enero de 1938. Aunque apenas pisó su despacho en Burgos, dejando la tarea a sus subordinados, impulsó con energía la depuración de los cuerpos docentes, convencido de que las ideas disolventes del liberalismo y el socialismo estaban entre las causas fundamentales de la contienda. Pero, si inicialmente había defendido la necesidad de “limpieza”, “exterminio y expulsión”, más tarde intervino en defensa de algunas víctimas de la represión y de las depuraciones, quizá influido por la actitud crítica de su amigo Manuel de Falla. Antes de finalizar su mandato, reorganizó las Academias, nuevamente denominadas Reales, autoadjudicándose la presidencia de la Española antes de haber ingresado en ella.

Tras el Decreto de unificación de abril de 1937, Pemán se adhirió a Falange Española Tradicionalista (FET) en calidad de presidente de Acción Española, siendo al poco tiempo nombrado por Franco miembro de su Consejo Nacional. Sin dejar de defender sus ideales monárquicos, Pemán aceptó plenamente el caudillaje franquista y el partido único, pero insistiendo en que en él debían integrarse todos, no sólo los falangistas, sino también los tradicionalistas, monárquicos y católicos, hablando así de un totalitarismo católico. Su obra de propaganda bélica más ambiciosa fue el Poema de la Bestia y el Ángel (1938), que pretendía ser un canto épico en perfecta métrica clasicista, no exento de pasajes líricos, donde se interpretaba la contienda como la lucha apocalíptica entre Dios, representado por la Iglesia española, identificada con la propia nación, y Satanás, representado en la tierra por el Sabio de Sión, con el que muestra su actitud antijudeo-masónica.

Terminada la guerra, el 29 de julio de 1939 fue elegido para la medalla número 32 de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Causó baja en esta medalla por aplicación de los artículos 10 y 12 de los Estatutos y Reglamento. Se reintegró el 20 de junio de 1966 para posesionarse de la medalla número 1, en sustitución de Eugenio Pérez Botija.

Pemán, consagrado como gran intelectual del nuevo régimen, pronunció en 1940, en el aniversario de la muerte de Calvo Sotelo, un solemne discurso en el que comparó su aportación doctrinal monárquica a la España totalitaria con las consignas y símbolos dados por el fundador de la Falange, lo que provocó la indignación de Serrano Suñer. Fue entonces destituido de la presidencia de la Real Academia Española, no fue renovado poco después como consejero nacional y su nombre fue censurado en la prensa. Tras la destitución de Serrano, pudo recobrar su vida normal y en 1944 volvió a la presidencia de la Real Academia Española, aunque en 1947 convenció al presidente anterior a la guerra, Menéndez Pidal, para que recuperara el cargo.

Comenzó así Pemán una lenta revisión de sus postulados ideológicos más radicales, que culminó en los últimos años del régimen franquista. Durante los años de enfrentamiento de don Juan de Borbón con Franco, Pemán, fiel siempre a la causa monárquica, se sumó, no obstante, a quienes propugnaban un acuerdo con el general como único camino hacia la restauración. Pese a ello, tras el “Manifiesto de Lausana” (1945) rehusó ocupar el escaño que le correspondía en las Cortes como presidente de la Real Academia Española, aunque logró que su decisión no transcendiera. El giro del conde de Barcelona tras su entrevista con Franco en el Azor (1948) situó a Pemán en la nueva línea del movimiento monárquico.

En el prólogo a la reedición de sus Cartas (1956), expresó su nueva postura política al insinuar que el franquismo era una dictadura (“régimen excepcional y de libertad disminuida”), que debía institucionalizarse en una Monarquía tradicional que trajera “libertad verdadera y legítima”. Comenzó a manifestarse así un talante “liberal” que se reflejó en sus relaciones con intelectuales de clara tendencia antifranquista, elogiando públicamente a Buero Vallejo, Sastre, Quiñones o Caballero Bonald, y entablando relación epistolar amistosa con exiliados como Juan Ramón Jiménez, Sénder, Alberti o Bergamín, al que consiguió un permiso para regresar a España en 1958. Pemán pretendía así que la Monarquía futura apareciese con voluntad de integrar a “todos los españoles” (en palabras de don Juan).

Superado el ciclo de poesía política, Pemán retornó a la lírica sobre la vida sencilla, los temas religiosos y los populares andaluces, con libros como Las flores del bien (1946), sin alterar las características de su estilo. En 1943, publicó su novela Señor de su ánimo, en la que ensalzaba la sublevación de Sanjurjo, a la par que continuó su producción de cuentos cortos en la misma línea de antes de la guerra. Pero lo que le dio especial fama fue su producción teatral. Pronto abandonó el drama histórico en verso, centrando su producción en el teatro de costumbres, siempre de tesis, como La casa (1946) o Callados como muertos (1952), en las “farsas castizas” de tema andaluz, como Los tres etcéteras de Don Simón (1958) y La viudita naviera (1960), y en recreaciones del teatro clásico. La crítica actual reconoce a Pemán el dominio de los recursos dramáticos y escénicos y el de la construcción de los diálogos, pero le achaca el profundizar poco en los conflictos que plantea y el acudir a elementos melodramáticos superfluos. También continuó Pemán en su labor de guionista cinematográfico, y varias de sus obras fueron llevadas también a la gran pantalla.

Sus artículos periodísticos, especialmente en ABC y posteriormente también en La Gaceta Ilustrada, fueron el otro género que granjeó a Pemán la mayor popularidad entre el público conservador. En ellos expresaba sus ideas y comentarios de actualidad con un estilo ágil y elegante, de fina ironía, terminándolos no pocas veces con algún suceso ejemplificador protagonizado por el “Séneca”, un acomodado labrador andaluz, con cuyas sentencias intentaba expresar el sentido común popular.

En 1960, don Juan nombró a Pemán presidente de su Consejo Privado. En sus encuentros con el general Franco no logró convencerle para que nombrara sucesor al conde de Barcelona, mientras que la unidad monárquica se resquebrajaba con el enfrentamiento de los sectores tradicionalistas y franquistas con los liberales y democristianos que se estaban deslizando hacia la oposición. La participación de Gil Robles en el llamado “contubernio de Múnich” (1962) supuso la casi ruptura de Franco con don Juan, pese a la inmediata expulsión de aquel del Consejo Privado. Este fracaso, junto con el conocimiento por parte de Pemán de la prosperidad de las democracias occidentales y, sobre todo, la sorpresa que le causó el carácter aperturista del Concilio Vaticano II, al que se sumó sin reservas, propiciaron desde mediados de la década de 1960 la culminación de su revisión ideológica, comprendiendo desde entonces que, tras la muerte de Franco, la Monarquía que le sucediera sólo sería viable si establecía una democracia liberal, que contemplara, además, alguna solución autonómica para Cataluña, en la línea del viejo tradicionalismo. Tras el nombramiento de don Juan Carlos como sucesor de Franco en 1969, Pemán, ya disuelto el Consejo Privado, confiaba en que el príncipe don Juan Carlos había de favorecer, en su momento, la necesaria reforma democratizadora.

Un tema que preocupó al ya anciano escritor en los últimos lustros del régimen fue el de la rebelión juvenil, a la que intentó acercarse de modo comprensivo, aunque siempre con el mensaje de que todo cabía dentro del espíritu cristiano. Estas ideas inspiraron su última novela, El horizonte y la esperanza (1970). El último Pemán, de actitud cada vez más abierta, comenzaba a superar el conservadurismo de su público más fiel, sin por ello atraerse a los sectores progresistas o de oposición. Su mayor popularidad la obtuvo, no obstante, entre 1964 y 1970, gracias a la serie de Televisión Española El Séneca, que daba vida al protagonista de sus artículos y relatos. En Mis almuerzos con gente importante (1970), que tuvo gran éxito, El español ante el diluvio (1972) y Mis encuentros con Franco (escrito en 1974, pero censurado hasta 1976), Pemán presentaba una visión aguda e irónica del general, denunciaba la represión que se ejerció en el bando franquista durante la Guerra Civil, y trataba de resaltar la tradición liberal española para asegurar a sus lectores que, tras la muerte del dictador, España podría integrarse sin sobresaltos en la Europa liberal, para dejar de “ser diferentes”.

Muerto ya Franco, un Pemán anciano y crecientemente afectado por el mal de Parkinson, manifestó desde la prensa su apoyo a la reforma política del presidente Suárez y, en 1977, llegó a firmar un manifiesto a favor de la legalización del Partido Comunista. Sus últimos años vieron iniciarse el declive de su popularidad. En mayo de 1977 asistió a la renuncia de don Juan a sus derechos al Trono, en calidad de antiguo presidente de su Consejo, y en mayo de 1981 el Rey le otorgó el Toisón de Oro por su fidelidad a la causa de la Monarquía. Dos meses después, falleció en su casa de Cádiz.

Obras de ~: Discursos leídos ante la Real Academia [Hispano-Americana de Ciencias y Artes] en la recepción pública del Sr. D. José María Pemán el día 31 de Julio de 1921 (Algunas consideraciones sobre la poesía hispanoamericana), y contestación del Sr. D. José Manuel Pérez Sarmiento, Cádiz, M. Álvarez, 1921; De la vida sencilla. Poesías originales, Madrid, V. H. Sanz Calleja, 1923; Cuentos sin importancia, Madrid, Voluntad [1926]; El hecho y la idea de la Unión Patriótica, Madrid, Imprenta Sáez Hnos., 1929; A la rueda, rueda... (Cancionero), Madrid, M. Hernández y Galo Sáez, 1929; Inquietudes de un provinciano (Tres artículos sobre el actual momento de la política española), Cádiz, Est. Cerón, 1930; Barrio de Santa Cruz (Itinerario lírírico), Jerez de la Frontera, Nueva Tipografía Jerezana, 1931; Elegía de la Tradición de España, Cádiz, Manuel Cerón, 1931; De Madrid a Oviedo pasando por las Azores, Madrid, Imprenta Sáez Hnos., 1933; La eternamente vencedora (Interpretaciones sin tópicos del alma andaluza), Madrid, Gráficas Universal, 1933; El divino impaciente, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1933; Señorita del mar (Itinerario lírico de Cadiz), Madrid, Librería San Martín, 1934; Cuando las Cortes de Cádiz, Madrid, Librería San Martín, 1934; Cartas a un escéptico en materia de formas de Gobierno, Madrid, Cultura Española, 1935; Arengas y crónicas de guerra, Cádiz, Est. Cerón, 1937; Almoneda, Cádiz, Est. Cerón, 1937; Poema de la Bestia y el Ángel [Pamplona], Jerarquía, 1938; La historia de España contada con sencillez, Cádiz, Escelicer, 1938, 2 vols.; Crónicas de antes y después del diluvio, Valladolid, Reconquista, 1939; Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública [del Excmo. Sr. D. José María Pemán y Pemartín] celebrada el 20 de Diciembre de 1939 (Del sentido civil y su expresión en la poesía española), y contestación del Excmo. Sr. D. Lorenzo Riber, Madrid-Cádiz, Librería Cervantes-Establecimientos Cerón, 1940; Seis conferencias pronunciadas en Hispanoamérica, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra [c. 1941]; El Paraíso y la Serpiente. Notas de un viaje por tierras de la Hispanidad, Madrid, Escelicer, 1942; Señor de su ánimo, Madrid, Escelicer, 1943; Las flores del bien, Barcelona, Montaner y Simón, 1946; De doce cualidades de la mujer, Madrid, Alcor, 1947; Obras Completas, Madrid, Escelicer, 1947-1965, 7 vols. (“Confesión general”, vol. I, págs. 9-104; y vol. V, 1953, págs. 1721-1804); El “Séneca” y sus puntos de vista, Jerez de la Frontera, Jerez Gráfico, 1953; Cartas a un escéptico ante la Monarquía, Madrid, Rialp, 1956; Los tres etcéteras de Don Simón, Madrid, Alfil, 1958; La viudita naviera, Madrid, Alfil, 1961; Juan Maragall y el sentido nacional de su obra, Madrid, Editora Nacional, 1963; Meditación española, Madrid, Afrodisio Aguado, 1964; Espronceda, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1966; La juventud en el mundo actual, Madrid, Afrodisio Aguado, 1968; El horizonte y la esperanza, Valencia, Prometeo, 1970; Mis almuerzos con gente importante, Barcelona, Dopesa, 1970; Obras selectas, inéditas y vedadas, Barcelona, Dopesa, 1971-1975, 5 vols.; El español ante el diluvio. Caminos y diálogos del pordiosero frente a la “cólera de un español sentado”, Barcelona, Dopesa, 1972; El Séneca, Barcelona, Dopesa, 1972; Mensajes desde “El Cerro”, Madrid, Organización Sala, 1974; Mis encuentros con Franco, Barcelona, Dopesa, 1976; Obras de José María Pemán, Madrid, Edibesa, 1997-1998, 17 vols.; Memorias, ed. y selecc. de A. S. Pérez-Bustamante Mourier, Puerto Real (Cádiz), Industrias Gráficas Gaditanas, 2006 (col. Biblioteca Pemán, 1, 7-8); Poesía: El barrio de Santa Cruz, Señorita del mar y otros poemas, ed. y selecc. de A. S. Pérez-Bustamante Mourier, Puerto Real (Cádiz), Industrias Gráficas Gaditanas, 2006 (col. Biblioteca Pemán, 2); Narrativa, ed. y selecc. de A. S. Pérez-Bustamante Mourier, Puerto Real (Cádiz), Industrias Gráficas Gaditanas, 2006 (col. Biblioteca Pemán, 3); Teatro, ed. y selecc. de A. S. Pérez-Bustamante Mourier, Puerto Real (Cádiz), Industrias Gráficas Gaditanas, 2006 (col. Biblioteca Pemán, 4-5); Artículos: mis mejores artículos y una conferencia, ed. y selecc. de A. S. Pérez-Bustamante Mourier, Puerto Real (Cádiz), Industrias Gráficas Gaditanas, 2006 (col. Biblioteca Pemán, 6).

 

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Gonzálo Álvarez Chillida