Ayuda

Máximo Cuervo Radigales

Biografía

Cuervo Radigales, Máximo. Madrid, 2.IX.1893 – 10.I.1982. Militar, consejero togado del Cuerpo Jurídico Militar, jefe de la Secretaría Auxiliar de la Presidencia del Consejo de Ministros y miembro de la Asamblea Nacional Consultiva en la dictadura de Primo de Rivera; director general de Prisiones, consejero del Consejo Supremo de Justicia Militar y consejero permanente del Consejo de Estado en el régimen de Franco.

Hijo del comandante Amador Cuervo Ylera y de María Valseca Botas. Estudió en el colegio jesuita Nuestra Señora del Recuerdo, de Madrid. En octubre de 1912, un mes después de cumplir dieciocho años, obtuvo la licenciatura de Derecho por la Universidad Central de Madrid. En julio de 1913 ingresó por oposición en el Cuerpo Jurídico Militar, siendo destinado a la Comandancia Militar de Melilla y tres años más tarde al Estado Mayor del Alto Comisario de España en Marruecos. En 1917 pasó a la Asesoría Jurídica de la 8.ª Región Militar (La Coruña), en la que desempeñó el puesto de fiscal militar, con jurisdicción en las plazas militares de Galicia y Asturias, hasta que en el año 1922 fue destinado a la 1.ª Región Militar (Madrid) como ayudante de campo del auditor general Adolfo Vallespinosa.

En la dictadura de Primo de Rivera desempeñó sus primeros puestos de responsabilidad e influencia.

Durante el Directorio Militar, al servicio del vocal de Gracia y Justicia, formó parte de varias comisiones ministeriales, entre ellas la creada en 1924 para el estudio, recopilación y refundición de las disposiciones legislativas sobre el trabajo, cuya tarea cristalizó dos años después en el Código de Trabajo de la dictadura.

Durante el Directorio Civil fue jefe de la Secretaría Auxiliar de la Presidencia del Consejo de Ministros, de 1927 a 1930, y miembro de la Asamblea Nacional Consultiva, de 1928 a 1930. Asistió a las conferencias internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), celebradas en Ginebra en 1926 y 1927, como consejero técnico de la delegación gubernamental española.

Tras la proclamación de la Segunda República pasó a la situación de disponible forzoso gubernativo, por decisión del gabinete militar de Azaña, y permaneció separado del Ejército durante dos años y medio. La victoria de la Confederación Española de Derechos Autónomos (CEDA) en las elecciones generales de noviembre de 1933 permitió su reincorporación a la vida militar activa. Dos semanas después de la toma de posesión del nuevo gobierno, el día 1 de enero de 1934, fue nombrado asesor jurídico de la 1.ª Inspección General del Ejército, y más tarde, en julio de 1935, vocal de la comisión encargada de la reforma del Código de Justicia Militar (la contrarreforma). La sublevación militar del 17 de julio de 1936 le sorprendió en Madrid y fue detenido el 18 de agosto por orden de la Dirección General de Seguridad, que dispuso su ingreso en prisión. Estuvo recluido durante nueve meses en las cárceles Porlier y Modelo, hasta que en abril de 1937 fue puesto en libertad al ser absuelto de la acusación de “desafecto” a la República por el tribunal popular que le juzgó en Madrid. Cinco meses más tarde consiguió pasar a zona nacional.

Consumada su evasión, el 19 de octubre de 1937 fue adscrito al Negociado de Justicia de la Secretaría de Guerra del Gobierno de Burgos, siéndole encomendada la función de vocal ponente en consejos de guerra de oficiales generales, que desempeñó durante ocho meses en las plazas de Burgos, Valladolid, Talavera de la Reina, Sevilla y Zaragoza. En junio de 1938 fue nombrado jefe del Servicio Nacional de Prisiones (director general de Prisiones a partir de 1939), siendo responsable de la legislación penitenciaria de la inmediata posguerra y de la creación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, cuya actuación presidió él mismo durante cuatro años. Fue destituido del cargo en junio de 1942, tras protagonizar una agria polémica con el ministro del Ejército, general Varela, a causa de su firme determinación de no demorar la puesta en libertad condicional de los presos que, sin haber sido condenados ni procesados, permanecían en los masificados establecimientos penitenciarios españoles. Una medida que suscitaba la oposición de jueces y autoridades civiles y militares.

En 1940, al obtener su ascenso al grado de auditor general, también fue designado consejero del Consejo Supremo de Justicia Militar, de cuya Sala de Justicia formó parte entre los meses de febrero a junio de 1940, y tras su cese como director general de Prisiones, desde 1943 a 1951. Franco decidió recuperarle para la vida político-institucional del Estado en enero de 1952, nombrándole consejero permanente del Consejo de Estado, institución en la que desempeñó la función de presidente de la sección 8.ª (dedicada a los recursos por agravios militares) hasta 1958 y de la sección 6.ª (dedicada a los dictámenes sobre Obras Públicas) hasta el año 1976.

Además de su vida militar, es preciso destacar su condición de miembro de la elite católica española. Formado en el colegio jesuita madrileño de Chamartín, fue miembro activo de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP), cuyo presidente, Ángel Herrera Oria, le llevó en 1933 a la Junta Central de Acción Católica, de la que fue gerente y jefe de publicaciones hasta la Guerra Civil. Terminada la contienda perteneció también a la Junta Técnica Nacional de Acción Católica, de 1940 a 1946, y al consejo de administración de La Editorial Católica, de 1939 a 1970. Aunque su aportación personal más importante fue sin duda la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), que él mismo creó en 1943, de la que fue director hasta 1970, y a la que en su momento convirtió en la colección de publicaciones católicas más importante del mundo. Sirva como ejemplo que durante los veintitrés años en que estuvo a su frente, la BAC publicó seiscientas cuarenta y tres obras, de las que se editaron más de diez millones y medio de ejemplares, que fueron vendidos y distribuidos en cuarenta y ocho países. Esta labor le fue reconocida por la jerarquía eclesiástica española y por los papas Pío XII y Pablo VI, en las audiencias que le concedieron en Roma en los años 1952, 1957, 1963 y 1968. Por otra parte, como una tarea de apostolado seglar, en 1929 aceptó el nombramiento de vocal suplente del Tribunal Tutelar de Madrid y patrono del Reformatorio Príncipe de Asturias; y después de la Guerra Civil, de 1940 a 1953, desempeñó la vicepresidencia del Tribunal de Apelación de los Tribunales Tutelares de Menores.

También hay que reseñar su presencia en el Consejo Superior de Protección de Menores, de 1938 a 1947, y en el Patronato de Protección a la Mujer, de 1943 a 1949.

Promovió la puesta en marcha de importantes actuaciones sociales y empresariales en Almería y Huesca, que en gran medida contribuyeron al posterior desarrollo socioeconómico de esas provincias.

En la de Almería, a la que estuvo vinculado desde su infancia por residencia familiar, influyó decisivamente para que, en 1928, la entonces barriada de Aguadulce pasara del término municipal de Enix al de Roquetas de Mar; se le consideró “patrono modelo”, puesto que dio mucho trabajo a obreros y jornaleros de Aguadulce en los años más duros de la República, actuación que fue tenida en cuenta para su puesta en libertad por el tribunal popular de Madrid que le juzgó durante la Guerra Civil. Más tarde, en las décadas de los cuarenta y cincuenta, influyó decisivamente para que el Estado llevara a cabo la actuación del Instituto Nacional de Colonización (INC) en el Campo de Dalías, lo que supuso el inicio del proceso de transformación, puesta en regadío y modernización que condujo al actual modelo agrícola almeriense. Y más adelante, ya en la década de 1960, promovió el sector turístico y residencial de la provincia, consiguiendo en 1964 que el Consejo de Ministros declarara Aguadulce como centro de interés turístico nacional. En 1965 creó la Sociedad Urbanizadora Aguadulce, que él mismo presidió durante cuatro años y a cuyo consejo de administración perteneció hasta su muerte en 1982. Por todo ello, en 1957 fue nombrado hijo adoptivo de Roquetas de Mar y se le puso su nombre a una céntrica plaza de esa localidad; y en 1966 recibió la Medalla de Oro de la provincia de Almería.

En Huesca se sintió comprometido con el desarrollo de la comarca ribagorzana, y especialmente con el municipio de Graus, del que procedía su familia materna.

En esta localidad fueron reconocidas sus gestiones e intervenciones para la aprobación del proyecto de construcción del grupo escolar, la recuperación de la basílica de Nuestra Señora de la Peña, la construcción y terminación de varias carreteras comarcales —entre ellas la de Barbastro a Benasque—, la construcción de la estación de esquí de Cerler y varias obras de defensa y saneamiento derivadas de la presa del pantano de Joaquín Costa. Todo ello le valió que en 1967 le fuera concedida la Medalla de Oro de la Villa de Graus, y también le fuera puesto su nombre a una de sus calles. Y precisamente a esa localidad fueron trasladados sus restos mortales tras su fallecimiento en 1982, que fueron enterrados en la Basílica de Nuestra Señora de la Peña.

Entre las numerosas distinciones que le fueron otorgadas destacan asimismo la Medalla de Oro del Instituto Nacional de Previsión (1916), la Medalla de África (1918), la Medalla Penitenciaria de Oro (1941), la Gran Cruz del Merito Militar con distintivo blanco (1949), la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo (1950), la Gran Cruz de la Orden de San Silvestre (1953), la Gran Cruz de Isabel la Católica (1959) y la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (1968).

 

Obras de ~: Medios prácticos de fomentar la Previsión Popular en la zona de influencia española en Marruecos, Madrid, Publicaciones del INP, Imprenta Sobrinos de la Sucesora de M. Muesa de los Ríos, 1918; La clase agraria ante los seguros sociales, Madrid, Publicaciones de INP, Imprenta Sobrinos de M. Minuesa de los Ríos, 1924; con A. Martín Artajo, Doctrina Social Católica. De León XIII a Pío XI, Barcelona, Editorial Labor, 1933; Los fundamentos del nuevo sistema penitenciario español, Madrid, Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares, 1941; (dir.), Concilio Vaticano II, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 1966.

 

Bibl.: M. Gutiérrez Navas, “El general Máximo Cuervo Radigales y su vinculación a Almería”, en Sociedad y política almeriense durante el régimen de Franco, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2003; Biografía de Máximo Cuervo Radigales. Aproximación a una vida jurídica militar y católica social, tesis doctoral, Madrid, Taurus, 2004.

 

Manuel Gutiérrez Navas

Relación con otros personajes del DBE

Biografías que citan a este personaje

Personajes citados en esta biografía

Personajes similares