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Cesáreo Fernández Duro

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Biografía

Fernández Duro, Cesáreo. Zamora, 25.II.1830 – Madrid, 5.VI.1908. Marino, historiador y geógrafo.

Hijo de los zamoranos Francisco Fernández Torneros, abogado, y Teresa Ramona Duro, fue bautizado en la parroquia de San Andrés. Pasó los primeros años en su patria chica, por la que llegó a sentir un amor apasionado que le movió a recopilar datos y pormenores históricos de la capital y las comarcas. Enviado a realizar sus primeros estudios a Madrid con sólo diez años, fue en la capital donde se despertó su vocación de marino, ya que no hay constancia de ningún otro miembro de esta profesión en su familia.

Cinco años después obtuvo plaza de aspirante en el recién inaugurado Colegio Naval de San Fernando (Cádiz, 24 de febrero de 1845), inaugurando el 8 de marzo siguiente el curso con otros ochenta alumnos, de los que cincuenta y tres eran aspirantes del Cuerpo General, la promoción más numerosa del siglo. Una vez aprobado el examen final en el que destacó como “muy bueno en matemáticas” (24 de diciembre de 1847), embarcó como guardia marina de segunda en la fragata a vapor Isabel II, que desempeñaba el doble cometido de fragata de guerra y buque-escuela, en la que viajó a La Habana y transbordó más tarde al viejo navío Soberano. El año 1849 transcurrió de crucero por el Mediterráneo a bordo de la corbeta Venus y, al año siguiente, embarcó en la fragata Esperanza y más adelante en la Villa de Bilbao para una campaña de mar por Filipinas.

A bordo del bergantín Ligero fue enviado a la isla de Zamboanga, y formando parte de una flotilla de desembarco de seis botes armados participó en el desembarco y ataque a la cotta o fortaleza marítima de la isla de Joló hasta su asalto y toma (1 de marzo de 1851), obteniendo por su destacadísima actuación la Cruz de San Fernando de 1.ª Clase (23 de junio de 1851) y la Cruz de Joló (15 de agosto de 1851).

De regreso a la Península, y apuntando ya como hombre de ciencia, se le asignó como guardia marina de primera a la Comisión Hidrográfica de Canarias para el levantamiento de planos de las Islas (21 de febrero de 1852). Como reconocimiento a sus trabajos hidrográficos en el Archipiélago, fue nombrado socio de honor de la Academia de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife (12 de diciembre de 1852), pese a su juventud y escasa graduación militar.

Designado profesor de la Academia de Guardias Marinas en la corbeta Ferrolana, navegó por el Mediterráneo, completando su formación artística y humanística en los puertos de Portugal, Francia e Italia. Enviado de nuevo a Cuba, fue sucesivamente ayudante de la Mayoría del apostadero de La Habana (20 de junio de 1855) y de la Capitanía de dicho puerto (17 de mayo de 1856). Como profesor de Navegación del Colegio Naval (12 de diciembre de 1856), fue encargado de revisar y poner al día el libro de texto del mismo, trabajo que fue editado como Ampliación del Tratado elemental de la Cosmografía de Císcar, con el que se educaron varias generaciones posteriores de oficiales de la Marina militar y de la mercante. Permaneció en esta institución durante dos años y medio, a lo largo de los cuales publicó otros trabajos.

Ascendido a teniente de navío (23 de marzo de 1859), a los veintinueve años de edad y doce de servicio activo se vio obligado a solicitar dos meses de licencia para recobrar su deteriorada salud en Zamora (30 de marzo de 1859), y ya con dieciséis obras publicadas fue nombrado Benemérito de la Patria (2 de julio de 1859) y pasó a mandar el moderno vapor transporte de guerra Ferrol. Desde Cádiz organizó el embarco de tropas, víveres y municiones con destino a la campaña de Marruecos y con dicho barco llevó a cabo con eficacia múltiples acciones de combate, apoyo, desembarco y suministro, pero finalmente estuvo a punto de irse a pique juntamente con el importe del primer pago de la indemnización de guerra del sultán marroquí. La pericia que mostró en el salvamento del vapor Ferrol le valió la Diadema Real de Marina (23 de mayo de 1860) que más tarde permutó por su nombramiento como primer comandante de Infantería (11 de mayo de 1861), lo que no le impidió, sin embargo, continuar en las listas del Cuerpo General de la Armada. Embarcado, redactó además una Memoria sobre el puerto, ciudad y fortificaciones de Mogador, primero de sus trabajos histórico-geográficos desde que se aficionara a ellos en la Comisión Hidrográfica de Canarias.

Tras ser nombrado oficial de la Dirección de Armamentos (12 de enero de 1861), contrajo matrimonio con Dolores Espeliús y Matienso y fue destinado de nuevo a las Antillas a las órdenes del jefe de escuadra Joaquín Gutiérrez de Rubalcava, como primer secretario de la Comandancia General del apostadero de La Habana (25 de septiembre de 1861) y participó en las operaciones navales auxiliares de la expedición del almirante Prim a México en 1862, a la vez que finalizaba su ensayo Nociones de Derecho internacional marítimo, redactadas por orden de dicho almirante y publicadas en La Habana en 1863, que pasó a ser libro de texto del Colegio Naval al año siguiente.

A su regreso a España en ese mismo año desempeñó varios destinos en Madrid como oficial primero de la Secretaría del Ministerio de Marina (4 de noviembre de 1863), primer secretario de la Junta Consultiva de la Armada (20 de diciembre de 1864) y vocal de la Comisión para reforma de las Ordenanzas Navales. Durante esta etapa fue nombrado caballero de las Reales Órdenes de Isabel la Católica (29 de septiembre de 1863) y de Carlos III (8 de noviembre de 1864), añadiendo a sus trabajos históricos una memoria para la fabricación de un telégrafo marino, que muestra su interés por todas las ramas del conocimiento.

Los documentos relativos al trabajo que realizó en el Ministerio en los años 1864 y 1865 se conservan en el Museo Naval de Madrid, al que hizo diferentes donaciones de libros, armas y otras piezas. Durante esta etapa madrileña preparó sus Naufragios de la Marina española. Relación histórica formada con presencia de los documentos oficiales que existen en el Archivo del Ministerio de Marina, que se publicaron en 1867 y por lo que le fue concedida su primera Cruz de 2.ª clase del Mérito Naval (8 de mayo de 1868). También investigó y clasificó en la Biblioteca Real su rica colección de planisferios celestes, atlas geográficos, mapamundis, mapas y planos generales y particulares, cuyos resultados publicó en 1868.

Nombrado secretario de la Comisión Central de Pesca, redactó para ella una Reseña histórica de las almadrabas en las costas de España y Reglamento para su régimen, que se publicó en 1866 y en la que expuso la crisis del sector debido al inadecuado reglamento de 1828 y a los turbios manejos de los gremios. Por designación de esta misma comisión, escribió también un Resumen de sus trabajos y noticias referentes á la industria pesquera..., que se publicó en su Anuario de 1868.

Comisionado para las exposiciones-convenciones piscícolas de Arcachon y Boulogne, obtuvo en ambas Medalla de Bronce (29 de octubre de 1866 y 25 de junio de 1867).

Ascendido a capitán de fragata (25 de noviembre de 1868), pasó a ser 2.º comandante de la célebre fragata blindada Numancia (30 de diciembre de 1868) a cuyas pruebas de mar había asistido en 1864. Con motivo de la Exposición de Le Havre fueron premiadas con la Medalla de Plata sus Nociones sobre el derecho de ocupación de territorios en la costa occidental de África (19 de febrero de 1869), obra con la que continuaba con toda brillantez en el campo del Derecho internacional.

Sin abandonar la Armada ni el Ejército, pasó a la Administración como jefe de primera y con esa condición fue nombrado secretario del Gobierno General de la isla de Cuba (2 de junio de 1869) cuyo mando civil y militar desempeñaba Antonio Caballero y Fernández de Rodas. Durante la Revolución Cespedista a que dio comienzo el Grito de Yara, Fernández Duro se alistó como soldado en la Compañía de Guías Voluntarios del capitán general (30 de septiembre de 1869), participando en las campañas de las Cinco Villas y de Camagüey, y en los combates de Matanzas y Cárdenas, con tanto valor y acierto, que mereció ascender en el Ejército al grado de coronel (16 de enero de 1871). Como interlocutor en nombre del gobierno colonial, llevó a cabo delicadas y acertadas gestiones que dieron lugar a la retirada de una división naval de observación norteamericana de los puertos cubanos y otras de carácter reservado que pusieron de manifiesto sus dotes diplomáticas, que le habían valido meses antes su promoción a jefe superior de Administración (24 de septiembre de 1870).

La documentación sobre las campañas militares citadas, formada en buena parte por los archivos de los rebeldes, las recopiló el propio Fernández Duro en diez legajos que actualmente se conservan en la Academia de la Historia y que complementa la de la colección de Caballero de Rodas.

Durante su estancia en Cuba fue elegido correspondiente de la Real Academia de la Historia (27 de noviembre de 1869), socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana (27 de enero de 1870) e Hijo Adoptivo de la ciudad de Matanzas (10 de diciembre de 1870), obteniendo la Cruz de Plata del Mérito Militar (10 de agosto de 1869) y otra más de 2.ª Clase del Mérito Naval (11 de abril de 1870), con motivo de la publicación del Anuario de Pesca correspondiente a los años 1867 y 1868.

De vuelta al servicio activo de la Armada (20 de marzo de 1871), fue elegido presidente honorario de la Academia Internacional de Estímulo a las Artes (23 de abril de 1871) y obtuvo una Medalla Honorífica en la Exposición Internacional Náutica de Nápoles (15 de junio de 1871). Solicitó a continuación tres meses de licencia para poder redactar una enjundiosa memoria sobre la misma. Nombrado por segunda vez “Benemérito de la Patria”, en esta ocasión por el Gobierno Provisional, el coronel capitán de fragata Cesáreo Fernández Duro fue designado secretario de la Comisaría de España en la Exposición Universal que, con el tema “Cultura y Educación”, tuvo lugar en Viena; la mayor de las organizadas hasta entonces (12 de marzo de 1873) y seis meses después, primer comisario de la misma. A estas exposiciones siguieron la de Filadelfia de 1874 y la de París de 1878, en cuya organización participó por parte española como acreditado experto.

Fue admitido como socio residente de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País (1 de febrero de 1873), y aunque había vuelto a embarcar en diversas ocasiones y por poco tiempo, su mala salud y su deseo de llevar a cabo sus empeños científicos le condujeron a solicitar su pase a la escala de servicios en tierra (20 de octubre de 1874), tras haber tenido que renunciar anteriormente a un destino en Filipinas.

Vocal del Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, en ese mismo año elevó una Exposición a la superioridad sobre la creación de una Revista Naval ante los cambios tan profundos introducidos en este ámbito, al objeto de actualizar los conocimientos del personal de la Armada y de crear un foro donde éste pudiera publicar y discutir sus propias ideas. Lo que se conseguiría tres años después (Real Orden de 23 de julio de 1877) al crearse la Revista General de Marina que aún existe.

Ascendido a capitán de navío (22 de abril de 1875), aún sin antigüedad en el empleo que no le sería concedida hasta mucho después (4 de abril de 1882), fue nombrado ayudante de campo de Alfonso XII, y lo acompañó en la Campaña del Norte en la línea del Oria (16 de febrero de 1876).

Concluida la Guerra Carlista, consagró sus enormes facultades enteramente al estudio, consiguiendo que el Ministerio de Marina sufragase los gastos de edición de la serie de monografías que sobre aspectos profesionales de la historia naval venía publicando en el Museo Español de Antigüedades (29 de agosto de 1876), añadiendo nuevas aportaciones, al objeto de que “llegue á manos de la juventud marina, que es á la que más pueden interesar”. Nacía así el primer volumen de las Disquisiciones Náuticas, siguieron publicándose hasta sumar un total de siete tomos en 1881 y que constituyen un ameno y erudito repertorio de acontecimientos, leyendas, tradiciones, anécdotas y curiosidades en los que, como señaló Antonio Ruméu de Armas, “se reveló como un concienzudo historiador, exteriorizando de paso la profundidad de sus conocimientos en arqueología, arquitectura naval, numismática e iconografía”.

Creada la Real Sociedad Geográfica (27 de abril de 1876), Fernández Duro fue uno de sus socios fundadores más activos. Participó en varios de sus proyectos, convirtiéndose en vicepresidente (1 de mayo de 1878) y más tarde en su tercer presidente (1899), cargo que conservó hasta su muerte. Publicó gran cantidad de trabajos en sus boletines y representando a esta institución en el Congreso Internacional de Geografía Comercial que se celebró en Madrid (18 de noviembre de 1879). Sirvió además de eficaz enlace con la Junta Consultiva del Instituto Geográfico y Estadístico, a la que también perteneció desde 1881.

La Biblioteca Nacional premió, en el concurso público de 1876, sus Materiales para la historia de la provincia de Zamora que recogían las noticias más importantes referidas a asuntos generales y locales, a la imprenta y a los personajes célebres zamoranos. Trabajo que se publicó en 1891 como Colección bibliográfico- biográfica de noticias referentes a la provincia de Zamora.

A principios de 1877 acompañó al Rey en su viaje marítimo por el litoral levantino y más tarde por el gallego y asturiano. Nombrado jefe de la parte marítima de la expedición que, en unión de una delegación marroquí, debía señalar el emplazamiento de Santa Cruz de Mar Pequeña, concedida por el Tratado de Wad Ras, recorrió el territorio de la costa oeste de Marruecos embarcado en el vapor Blasco de Garay (28 de diciembre de 1877), reconociendo las costas del sur, desde Agadir hasta el río Draa, zonas adonde no llegaba la autoridad del sultán. Con los datos obtenidos confeccionó la Exploración de una parte de la costa NO de África que fue editada al año siguiente, y varias conferencias y artículos publicados en diferentes boletines de la Real Sociedad Geográfica. Su opinión sobre el verdadero emplazamiento de la antigua base española fue rebatida por su compañero de armas Pelayo Alcalá Galiano, a la sazón segundo jefe de la Dirección de Hidrografía.

La Real Academia de la Historia lo eligió miembro de número (12 de marzo de 1880), tras haber publicado su Correspondencia epistolar de D. José Vargas y Ponce y otros en materia de arte; tomó posesión de la Medalla número 9 con la lectura del discurso titulado Vida del ilustre marino Mateo de Laya (13 de marzo de 1881), y participó desde entonces muy activamente en su Boletín donde, como en la prensa periódica contemporánea, pueden encontrarse muchos de sus trabajos menores, informes y recensiones. En calidad de representante de esta Academia asistió al Congreso Internacional de Arqueología de Soissons.

Es en este período cuando empieza a destacar su actividad americanista, a él se debe la iniciación de la moderna crítica histórica en este campo, basada, entre otras fuentes, en la documentación sobre “pleitos colombinos” del Archivo de Indias. Se concentró en combatir la tendencia en boga, vigorizada a raíz de la publicación en 1879 del Christophe Colomb serviteur de Dieu, continuación de otras anteriores de Antoine- François-Félix Roselly de Lorgues, de engrandecer la figura del Descubridor, rebajando o anulando las de los Reyes, administradores y codescubridores españoles.

En esta línea fueron perfeccionándose sucesivamente diversos trabajos, como Las joyas de Isabel la Católica, Colón y los Pinzones, Pinzón en el Descubrimiento de las Indias... También se encargó de la publicación de la Colección de Documentos inéditos relativos al Descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones de Ultramar, a partir de 1885, año en el que leyó en Junta extraordinaria celebrada el 10 de mayo en la Academia de la Historia su Colón y la Historia póstuma: Examen de la que escribió el Conde de Roselly de Lorgues, como refutación definitiva.

El Ministerio de Fomento aprobó en 1880 la publicación a su cargo del primer tomo de sus Relaciones geográficas de Indias, y a finales del mismo, la Real Sociedad de Salvamento de Náufragos, presidida por su antiguo jefe, el almirante Rubalcava, con el fin de ir dotando progresivamente de medios de este tipo al mayor número posible de puertos españoles, Fernández Duro, uno de sus artífices principales, se hizo cargo del discurso inaugural, como ya se había encargado años antes de preparar el ambiente con la serie de conferencias impartidas en el Ateneo Militar de Madrid y recopiladas bajo el nombre de Las armas humanitarias.

Fue nombrado secretario general del IV Congreso Internacional de Americanistas que se celebró en Madrid en septiembre de 1881, y en el que con motivo de su ponencia “Expediciones precolombinas de los vizcaínos a Terranova y a los países del litoral”, incorporó en el panorama internacional a los vascos en la relación de precursores del Descubrimiento, señalando además “que la gloria del descubrimiento de Terranova pertenece a los españoles y en particular a los habitantes de la provincia de Guipúzcoa”.

El Gobierno francés le nombró Oficial de Instrucción Pública en la categoría honorífica de Palmas de Oro (11 de julio de 1881).

En su condición de geógrafo e historiador y con antecedentes de buen conciliador, se le nombró jefe de la Comisión de Arbitraje sobre los límites entre Venezuela y Colombia entre 1884 y 1888, y también encargado de informar al Gobierno en las cuestiones de demarcación entre Perú y Ecuador. Los argumentos geográficos, jurídicos e históricos de Fernández Duro fueron utilizados también por la legación diplomática española en el conflicto hispano-francés sobre Guinea, discutido en París en 1886, formando parte de la Comisión para fijar las fronteras entre las posesiones españolas y francesas del África occidental entre ese año y el de 1891.

En 1884 apareció La Armada Invencible en doble volumen, basada en las colecciones de Navarrete y Sanz de Barutell del Museo Naval, seguida del bosquejo encomiástico de Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes, y en los dos años sucesivos por El gran Duque de Osuna y su Marina (1885) y La conquista de las Azores en 1583 (1886), año en el que Cánovas del Castillo, director de la Academia de la Historia, le propuso para la elaboración de la parte dedicada a las colonias españolas, para la Historia de España que preparaba y para la que escribió más adelante La Marina de Castilla, publicada en 1894.

Desde 1888 en que se retiró definitivamente del servicio de Marina, Fernández Duro se avecindó en Madrid, Calle del Sauco, n.º 13 triplicado, identificándose con la capital a la que dedicó su Madrid nuevo con el seudónimo por el que se le conocería de Hardt y pasando a formar parte de numerosas corporaciones científicas y literarias.

Al año siguiente redactó para la Junta de Obras del puerto de Bilbao una Memoria que manifiesta el estado y progreso de las obras de mejora de la ría de Bilbao, y cuenta de gastos é ingresos durante el año económico de 1889-90, nueva muestra de su polifacetismo.

A raíz de la realización de su trabajo La tapicería de Bayeux en que están diseñadas naves del siglo XVI, y tras haber formado parte de diversas comisiones provinciales de monumentos, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le admitió en su seno “por la Arquitectura” (23 de junio de 1890). Su discurso de toma de posesión trató sobre El arte naval (16 de noviembre de 1890), dictado meses después de la publicación de El desastre de los Gelves.

Al celebrarse el IV Centenario del Descubrimiento de América se utilizaron sus investigaciones para hacer una reconstrucción histórica de la nao Santa María y le fue concedida con dicho motivo la Gran Cruz del Mérito Naval, que hasta entonces no se había dado a ningún jefe que no fuera oficial general.

En 1894 recibió el encargo de editar, con un prólogo de gran interés, los Pleitos colombinos en la Colección de Documentos inéditos relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las antiguas posesiones de Ultramar y al siguiente año comenzó a publicar el fruto de tres décadas de ininterrumpida labor de recopilación de información con que escribir una historia naval de España. Lo hizo por cuenta del Estado y gracias a la eficaz intervención del ministro de Marina, José María de Beránger, en forma de una serie de nueve volúmenes que debían editarse uno cada año económico hasta 1903. Titulada Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, abarcaría de 1476 a 1808 como esfuerzo de obligada referencia, definitivo en su concepción y en su contenido, la obra cumbre de nuestra historia naval, aunque en su prólogo Fernández Duro señalara modestamente que se había limitado a “reunir lo que hasta ahora está disperso, atar haz”. En este monumental trabajo, continuación de La Marina de Castilla, manejó centenares de documentos, bien directamente, o bien a través de las colecciones documentales de Fernández de Navarrete.

Secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia desde 1898 hasta su muerte, dedicó buena parte de su tiempo y esfuerzo a esta institución, “de la que sigue siendo el alma” según expresión de Víctor Concas poco antes de su fallecimiento, y en la que perteneció a las comisiones de Indias del Diccionario Biográfico y de la encargada de proponer los medios para la difusión y propagación de las obras de la Academia.

Condecorado como caballero de la Orden Civil de Alfonso XII (27 de junio de 1902), en ese mismo año se acuñó una medalla conmemorativa con la leyenda “Por sus servicios a la ciencia y a la patria”.

En 1907, y ya cuando su última enfermedad le obligaba a permanecer en su casa y no podía asistir a las sesiones de la Academia de la Historia, ésta le otorgó el Premio al Mérito, que sólo se había concedido tres veces en los dos siglos largos de existencia de la Corporación, por lo que el ministro de Marina, José Ferrándiz, nombró una comisión para que le visitase en su domicilio, le diese la enhorabuena y le agradeciese cuanto había hecho por la Academia. Las circunstancias de su muerte fueron especialmente emotivas, ya que sintiéndose en su último trance y deseando morir tan cristianamente como había vivido, recibió los últimos sacramentos vestido con su uniforme de gala. Pocas horas después moría su esposa sobre el féretro en que él se hallaba, de cuerpo presente. Años más tarde, la Armada española dispuso el traslado de sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), donde fueron inhumados el 14 de febrero de 1963.

Cesáreo Fernández Duro fue, además, miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Almería, presidente honorario de la Asociación de Estímulo a las Artes de Nápoles, socio fundador de la de Excursionistas Españoles, cuyo fin era el de dar a conocer España a los propios nacionales; académico honorario de la Colombina Onubense y de la de Historia y Filosofía de la ciudad de Ohio (Estados Unidos). Tan sólo su labor histórica suma más de tres centenares de obras, habiendo llevado a buen fin la mayoría de sus proyectos en este campo, excepto el del Diccionario biobibliográfico de españoles ilustres, del que no tuvo más tiempo que para redactar sus bases y algunos artículos.

Sus trabajos geográficos son también numerosos; aún cabe añadir a todo ello sus narraciones literarias y sus cuadros de costumbres como “aprendiz de literato”, incluidos los más en su colección de novelas Venturas y desventuras (1878), muy buscadas por los cervantistas por reproducir “La cocina del Quijote”, pequeño ensayo dedicado a su amigo el doctor E. W. Thebussem (Mariano Pardo de Figueroa), en el que se pone de manifiesto el vínculo que existe entre literatura y cocina, pues, como afirma su autor, el arte de escribir y el arte de guisar se aproximan extraordinariamente.

Cesáreo Fernández Duro fue “sabio y hombre de bien”, como señaló su contemporáneo el director del Museo Arqueológico Nacional, Juan Catalina, y uno de los hombres que más prestigiaron a la Marina en un amplio campo de actividades intelectuales. Según expresión de su compañero de armas y letras, Víctor Concas, en el elogio fúnebre pronunciado en la Real Sociedad Geográfica, “todo cuanto hizo fue Geografía, pues sin Geografía no hay Historia”.

 

Obras de ~: Nociones de Derecho internacional marítimo, La Habana, Imprenta del Tiempo, 1863; Estudios sobre la Pesca, con el arte llamado parejas del Bou; y reglamento para su régimen, Madrid, Estrada, Díaz y López, 1866; Naufragios de la Armada Española: Relación histórica formada con presencia de los documentos oficiales que existen en el Ministerio de Marina, Madrid, Estrada Díaz y López, 1867; Exposiciones internacionales de pesca y agricultura de Arcachon y Boulogne-sur-Mer y estudio y observaciones sobre los establecimientos piscícolas, ostrícolas, de crustáceos y mejillones de la bahía de Arcachon, memoria presentada al [...] Ministerio de Marina por los vocales de la Comisión Permanente de Pesca D. Mariano de la Paz Graells y D. Cesáreo Fernández, Madrid, Est. Tipográfico de Estrada, Díaz y López, 1867; Cervantes, marino: Demostración, Madrid, Tipografía Gregorio Estrada, 1869; Venturas y Desventuras: Colección de novelas, Madrid, Aribau y Cía., 1878; Disquisiciones náuticas, Madrid, Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau, 1878; Romancero de Zamora: precedido de un estudio del cerco que puso a la ciudad Don Sancho el Fuerte..., Madrid, Tipografía de E. Estrada, 1880; Mateo de Laya (discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Ilmo. Sr. D. Cesáreo Fernández Duro, el día 13 de marzo de 1881), Madrid, Aribau y Cía., 1881; Memorias históricas de la ciudad de Zamora: su provincia y obispado, Madrid, Est. Tipográfico de los sucesores de Rivadeneyra, 1882-1883; La Armada Invencible, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1884-1885; Don Pedro Enríquez de Acevedo conde de Fuentes. Bosquejo encomiástico [...], Madrid, Imprenta y fundición de Manuel Tello, 1884; Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela, escrita por D. José de Oviedo y Baños, ilustrada con notas y documentos por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro, Madrid, Víctor Sáiz, 1885; El Gran Duque de Osuna y su Marina: Jornadas contra turcos y venecianos 1602-1624, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1885; Tradiciones infundadas, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1888; Noticia breve de las cartas y planos existentes en la Biblioteca particular de S. M. el Rey, Madrid, Imprenta de Fortanet, 1889; Nebulosa de Colón, según observaciones hechas en ambos mundos: Indicación de algunos errores que se comprueban con documentos inéditos[...], Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1890; Estudios históricos del reinado de Felipe II: el desastre de los Gelves (1560-1561), Antonio Pérez en Inglaterra y Francia (1591-1612), Madrid, M. Tello, 1890; El arte naval: Discursos leídos ante la [...] Academia de Bellas Artes de San Fernando en la recepción pública del [...] Señor D. Cesáreo Fernández Duro el [...] 16 de Noviembre de 1890, Madrid, Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1890; Pinzón en el descubrimiento de las Indias: con noticias críticas de algunas obras recientes relacionadas con el mismo descubrimiento, Madrid, Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1892; Amigos y enemigos de Colón, Madrid, Ateneo, 1892; Viajes regios por mar en el transcurso de quinientos años: Narración cronológica ordenada por..., Madrid, Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1893; La marina de Castilla: desde su origen y pugna con la de Inglaterra, hasta la refundición en la Armada Española, Madrid, Progreso Editorial, 1893; Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1896-1903; El derecho a la ocupación de territorios en la costa occidental de África discutido en la Conferencia Internacional de París en los años de 1886 a 1891, Madrid, Tipografía de Fortanet, 1900; El último Almirante de Castilla Don Juan Tomás Enriquez de Cabrera, Duque de Medina de Rioseco, Conde de Módica, etc..., Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1902; La mujer española en Indias (disertación leída ante la Real Academia de la Historia por D. Cesáreo Fernández Duro, en la sesión pública celebrada el día 1 de junio de 1902), Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1902; Viajes del Infante D. Pedro de Portugal en el siglo XV, con indicación de los de una religiosa española por las regiones orientales mil años antes..., Madrid, Imprenta del Cuerpo de Artillería, 1903; El Último Almirante de Castilla: Don Juan Tomás Enríquez de Cabrera..., Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1910; La Mujer Española en Indias, Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1910.

 

Fuentes y bibl.: Archivo-Museo don Álvaro de Bazán (El Viso del Marqués, Ciudad Real), leg. 620/396, exps. 4817 y 4022; Archivo Central del Cuartel General de la Armada, leg. 173; Archivo General Militar (Segovia), F-426.

V. M. Concas, “El Capitán de Navío Retirado Excelentísimo Señor Don Cesáreo Fernández Duro”, en Revista General de Marina (RGM) (Madrid), t. 50 (junio de 1902), págs. 801- 808; “Nota Necrológica”, en RGM, t. 62 (junio de 1908), págs. 1271-1275; “Discurso de los señores Saralegui, Becker, Altolaguirre, Bonelli, Beltrán y Concas en el acto conmemorativo del aniversario de la muerte del Excelentísimo Señor don Cesáreo Fernández Duro. Presidente de la Real Sociedad Geográfica”, en Boletín de la Real Sociedad Geográfica (Madrid), 1909, págs. 48-54; D. de la Válgoma y Barón de Finestrat, Real Compañía de Guardias Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes, t. VI, Madrid, Instituto Histórico de la Marina, 1955, pág. 20; VV. AA., Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, t. XXIII, Madrid, Espasa Calpe, 1958, pág. 808; J. M.ª Martínez-Hidalgo y Terán (dir.), Enciclopedia General del Mar, t. III, Barcelona, Ediciones Garriga, 1958, págs. 341-342; J. Guillén y Tato, “El capitán de navío Don Cesáreo Fernández Duro, Caballero de San Fernando, Numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Secretario Perpetuo de la Historia”, en RGM, t. 164 (marzo de 1963), págs. 327-332; “El capitán de navío Cesáreo Fernández Duro, Secretario Perpetuo de la Real Academia de la Historia”, en C. Fernández Duro, Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, t. I, Madrid, Museo Naval, 1972, págs. III-XI; F. de Bordejé Morencos, “Semblanza del capitán de navío don Cesáreo Fernández Duro”; J. Salgado Alba, “Fernández Duro, marino”; A. Ruméu de Armas, “Fernández Duro, historiador”, P. de San Pío, “Cesáreo Fernández Duro, geógrafo”; J. Cervera Pery, “Fernández Duro, africanista”, y S. Bernabéu Albert, en Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval (Madrid), n.º 6 (1990), págs. 7-12, 13-20, 21-33, 35-39, 41-47 y 49- 56, respect.; B. Pellistrandi, Un discours national? La Real Academia de la Historia entre science et politique (1847-1897), Madrid, Casa de Velázquez, 2004, págs. 389-390; M. Cuesta Domingo, “Fernández Duro. Presidente de la Real Sociedad Geográfica”, en M. Cuesta Domingo y M. Alonso Baquer (coords.), Militares y marinos en la Real Sociedad Geográfica, Madrid, 2005, págs. 103-134.

 

Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, duque de Tetuán