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Juan de Barrenechea Alviz

Biografía

Barrenecha y Alviz, Juan de. Concepción (Chile), c. 1640 – Lima (Perú), 1707. Escritor y religioso.

Dice Medina que son pocos los autores que se han ocupado de recoger datos de este religioso, al que hacen nacer en Concepción, pero en años equivocados, que van desde 1556 hasta 1569, y que resultan inexactos. En el Libro Primero de Cautivos del convento de la Merced de Santiago se apunta que fray Juan de Barrenechea pidió la limosna el 25 de julio de 1659, mereciendo de sus superiores no pocos elogios por el celo con que ejercía ese ministerio. Al año siguiente no pasaba de simple corista en la comunidad, tal vez por su juventud. Consta, también de igual fuente, que en 1663 era lector de la Orden y que se hacía notar por el entusiasmo con que abrazaba la obra de la redención. Algunos meses después, el 15 de agosto de 1664, el obispo Umanzoro le confería las órdenes sacerdotales. Estos dos datos podrían bastar para demostrar el error de los autores antes mencionados, si el propio Barrenechea no se hubiese cuidado de advertir que, después de haber estado algún tiempo entre los indios de Arauco, asistió a uno de los parlamentos que celebraron con los españoles, y que se halló en el levantamiento que se verificó en 1655.

Con tales antecedentes, puede presumirse que el padre Barrenechea debió de nacer por 1640, o quizás antes.

Es opinión generalizada que el padre Barrenechea cursó filosofía en Santiago, y que pasó a Lima a instruirse en Teología en la prestigiosa Universidad de San Marcos de Lima, aunque, registrados los libros de matrícula de aquella corporación, no aparece el nombre de este estudiante chileno. Se dice que después volvió a Chile y así debió de ser, pues se le encuentra sirviendo de comendador de la Orden en su ciudad natal de Concepción y, más tarde, como profesor de Filosofía y Artes en el convento de Santiago.

Lo que sí consta es que ascendió a provincial de su Orden en 1678 y que permaneció cuatro años en tales funciones.

Se afirma que, después de completado su período de provincial, el padre Barrenechea se trasladó a Lima donde escribió su libro Restauración de la Imperial y Conversión de Almas Infieles, inédito hasta hoy —dice Medina en 1906—.

De uno de los pasajes de esta obra se puede deducir que su autor la escribía en 1693. Asimismo, de una representación que Barrenechea elevó al Consejo de Indias, que no está fechada, pero que se deduce fue presentada en 1701, se desprende que en esa época vivía aún en Concepción.

Fray Juan de Barrenechea compuso en sus últimos años unas Letanías a la Vera Cruz, que fueron impresas en Lima con aprobación del arzobispo Liñán y Cisneros. La historia de esta producción del fraile chileno está íntimamente ligada a un suceso desagradable que le ocurrió con el prelado de Concepción.

Existía en esa ciudad, desde los tiempos de la conquista, una cofradía llamada de la Vera Cruz, cuyo propósito principal era rogar por la salud espiritual y corporal de los soberanos españoles, quienes, desde Carlos V en adelante, le habían concedido no pocas gracias y beneficios. Desde antiguo, era de buen tono pertenecer a ella, y no había en la ciudad quien, creyendo llevar en sus venas sangre de cristiano viejo y en sus pergaminos algún jirón de rancia nobleza, no aspirase a formar en sus filas y a desfilar en la procesión que se celebraba todos los jueves santos por la noche. Cupo a fray Juan de Barrenechea, en 1701, la suerte no pequeña de ser director de esta ilustre asociación, en cuyo honor había compuesto de antemano las famosas letanías que se cantaban durante la procesión y que merecieron en Lima el favor de la impresión. Pero el Jueves Santo de ese año 1701, cuando la procesión recorría las calles de Concepción con gran acompañamiento de devotos que cantaban las letanías de Barrenechea, el obispo dijo “alto allá”, mandó apagar las velas y pidió a los circunstantes que se retiraran a sus casas a dormir tranquilos o a ocuparse de fiestas menos ostentosas y más de su agrado.

Se originó un gran alboroto, quedaron los fieles escandalizados y muy molesto el autor de las letanías, quien se dedicó a visitar a los capitulares para que diesen testimonio del suceso y elevaran una representación al Monarca en que constase el desacato cometido indirectamente sobre la real persona, por parte del obispo diocesano. Prometiéronle su ayuda muy calificados vecinos y, en tal seguridad, fray Juan de Barrenechea dirigió una comunicación, nada menos que a Su Santidad el Papa, en la que, pintándole el suceso, le suplicaba renovase para la Cofradía de la Vera Cruz los privilegios que en otra época le fueron concedidos, pues los papeles en que ellos constaban se habían perdido a consecuencia de una salida de mar, medio siglo antes, y su inexistencia había provocado el injustificable proceder del obispo.

Hubiese llegado, sin duda, esta comunicación al Pontífice, si por una disposición recopilada no estuviese ordenado que antes de pasar a Roma se examinasen en el Consejo de Indias tales escritos. El tribunal dio vista sobre el asunto al fiscal, quien, el 3 de septiembre de 1705, recomendó no dar curso al expediente de fray Juan de Barrenechea.

No se sabe si, en parte, lance tan bochornoso para el prestigio del religioso mercedario, lo moviese a salir de Chile. Lo cierto es que, según dice Medina, el padre Barrenechea murió en Lima en 1707.

 

Obras de ~: Oración Panegírica y Compasiva, en desagravios de María S.N [...]. Con licencia, en Lima, 1668; Restauración de la Imperial y conversión de almas infieles, que según Medina se conserva manuscrita; y Letanías a la Vera-Cruz, que se dice fueron impresas en Lima con aprobación del arzobispo Liñán y Cisneros, aunque J. T. Medina no registra lugar ni fecha de publicación en su Biblioteca Hispano-Chilena.

 

Bibl.: J. T. Medina, Diccionario Biográfico Colonial de Chile, Santiago, Imprenta Elzeviriana, 1905, pág. 111; Biblioteca Hispano-Chilena (1523-1817), ed. facs., Fondo Histórico y Bibliográfico J. T. Medina, Santiago, Chile, 1963.

 

Sergio Martínez Baeza

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