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Andrés Contero

Biografía

Contero, Andrés. Sonsote (Segovia), f. s. xv – Santiago de Guayaquil (Ecuador), c. 1585. Conquistador.

De trece años viajó a Sevilla y logró pasar en la expedición al golfo de Darién que comandaron los capitanes Blasco Núñez de Balboa y Martín Fernández de Enciso, venciendo en varias guazabaras al cacique Ponza y habiendo aprendido la lengua aborigen sirvió de intérprete en la tregua con el cacique Panquiaco. Por estos servicios Núñez de Balboa le hizo paje de jineta y le dio a cuidar su caballo. El 25 de septiembre de 1523 se adelantó hasta un montículo y fue el primer español de las huestes de Balboa en divisar el Océano Pacífico, bajó a la playa corriendo y con el agua hasta las rodillas gritó: “Esta tierra es para mi Rey de España”; momento sublime para la historia de Occidente, pues se abrieron rutas comerciales antes jamás avizoradas.

Posteriormente el gobernador Pedrarias Dávila unió sus fuerzas a las de Balboa a quien hizo su yerno, premiando a sus soldados de diferentes formas. Contero ascendió a sargento, pero surgieron dificultades, Pedrarias tomó prisionero a Balboa y le mandó decapitar.

Entonces el joven Contero pasó al servicio de Gaspar de Morales, fue herido con una flecha envenenada, salvando la vida tras varias semanas de gravedad.

En noviembre de 1524 siguió a Francisco Pizarro como alférez a la recién fundada ciudad de Panamá. Con mando sobre sesenta hombres le acompañó a las tierras del cacique Virú, quien les comunicó la existencia de un gran imperio lleno de oro situado hacia el sur. En 1525 estuvo con Pizarro en la inhóspita isla de la Gorgona. El gobernador Pedro de los Ríos envió al capitán Juan Tafur a rescatarlos.

Siempre con Pizarro, le acompañó en todas sus aventuras.

En 1532 llegaron al Perú y estuvo en la fundación de San Miguel de Piura. El 3 de mayo de 1533 participó en la captura del Inca en Cajamarca, al que sujetó por una pierna para bajarlo de las andas. El emperador Carlos V le concedió un escudo de armas con la cabeza del prisionero. Pizarro le autorizó su uso el 30 de enero de 1534. Ya era capitán y estaba rico por su participación en el reparto del tesoro. Entonces acompañó a Sebastián de Benalcázar en la expedición a Quito, sufriendo muchas penalidades en los pasos de los nudos de la Cordillera. Cerca de la actual Ambato y con Hernando de Soto persiguió al general Rumiñahui. En 1538 fue teniente general de la provincia de Zumaco, fundó Ávila y la pobló de españoles.

En 1540 figuraba entre los principales vecinos de Guayaquil. En 1541 formó parte de la expedición de Gonzalo Pizarro al país de la canela que fue tragada por la selva profunda y constituyó un fracaso militar aunque dio como resultado el descubrimiento del gran río Amazonas por Francisco de Orellana. Entre los que pudieron regresar a Quito, escapando de la muerte a manos de los indios, las fieras, las sabandijas y la humedad y calor de la selva, estuvo Contero, pero arribó tan maltrecho que los vecinos no le reconocieron. Por eso se ha dicho que las hazañas y los sufrimientos de los dos más grandes héroes de la reconquista: El Cid Campeador y Guzmán el Bueno juntas, no son nada comparadas a las de cualquiera de los conquistadores españoles del siglo xvi en América.

En 1543 asistió con el virrey Blasco Núñez de Vela a la batalla de Iñaquito al lado de Quito, donde recibió cinco heridas graves. Más tarde regresó a la costa.

Con Pedro de la Gasca, nuevo enviado del Rey, se posesionó de las encomiendas de indios de Baba, Mompenitos, Mapan y Pimocha en la provincia de Guayaquil, viviendo en paz por muchos años. Corregidor de Guayaquil, en 1568 fue nombrado gobernador de la provincia de las Esmeraldas. En octubre exploró por el río Babahoyo, en enero de 1569 fundó la población de Castro, repasó el Babahoyo y subió por el Daule sin encontrar las legendarias minas, cuya búsqueda encargó a su yerno el capitán Martín González de Carranza.

En 1584 pidió permiso al rey para traspasar la gobernación de las minas a Rodrigo de Rivadeneira.

Murió casi centenario en Guayaquil, dejando numerosa descendencia. “Era un patriarca que contaba sus aventuras de juventud con mucha gracia y detalles.”

 

Bibl.: R. Pérez Pimentel, Diccionario Biográfico del Ecuador, t. 1, Guayaquil, Imprenta de la Universidad, 2002 (2.ª ed.); http://www.diccionariobiograficoecuador.com/.

 

Rodolfo Pérez Pimentel