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Augusto de Ulloa y Castañón

Biografía

Ulloa y Castañón, Augusto de. Santiago de Compostela (La Coruña), 22.IV.1823 – Madrid, 26.III.1879. Profesor de Derecho, periodista y político.

Hijo de Jacobo Ulloa y de Castora Castañón. Su padre era un rico propietario de la provincia de Lugo, que se había dedicado a la carrera judicial y llegó a magistrado de La Coruña. Augusto Ulloa comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de su ciudad natal, siguiendo la carrera en Sevilla, por haber sido nombrado su padre magistrado de aquella Audiencia. Obtuvo el título de licenciado en Jurisprudencia por la Universidad de Santiago y posteriormente, explicó Derecho Político y Penal en la Universidad Central, de la que fue catedrático. Se casó con María del Rosario Gálvez Cañero Riesch.

Escribió como redactor en El Clamor Público, La Nación y dirigió El Tribuno, periódico democrático. Hacia 1850-1854, sus ideas democráticas le llevaron a salir desterrado a Lugo y hasta que estalló la Revolución de 1854, Ulloa no cesó de luchar por sus ideales políticos. El triunfo de sus ideas le sorprendió en su destierro gallego, siendo elegido por sus amigos políticos diputado a Cortes Constituyentes por Chantada (del 16 de noviembre de 1854 al 2 de septiembre de 1856). Por entonces era director de El Voto Nacional y también colaboró con el almirante Topete en el periódico El Debate, de matriz progresista.

Una serie de artículos acerca de las colonias le llevó a la Dirección General de Ultramar; en este cargo dictó la nueva Ley Electoral para Cuba y Puerto Rico. La reina Isabel II le nombró también (R.D. de 29 de enero de 1856) director de Política del Ministerio de Estado, en comisión y sin sueldo alguno, con carácter de ministro residente. Un mes después, la Reina le ascendió (R.D. 1 de marzo de 1856) a subsecretario del Ministerio de Estado (siendo ministro Juan de Zabala), sin sueldo y en comisión, con el carácter de ministro plenipotenciario, puesto en el que permaneció hasta el 17 de julio de 1856. Por su iniciativa se entablaron las primeras negociaciones cerca del gabinete británico para obtener la restitución a España de la isla de Fernando Poo.

De procedencia progresista, fue templando sus ideas e ingresó en la Unión Liberal. Esto le valió ser diputado por el distrito de Fonsagrada en Lugo hasta casi el final del reinado de Isabel II (del 6 de diciembre de 1858 al 30 de diciembre de 1866). Además, fue ministro por vez primera a los treinta y seis años, al ser nombrado interinamente ministro de Ultramar durante la ausencia de medio año (del 7 de noviembre de 1859 al 30 de abril de 1860) de su titular Leopoldo O’Donnell, en el gabinete por él mismo presidido.

Tres años después, en otro gabinete del propio duque de Tetuán, a Ulloa le fue confiado el Ministerio de Marina, con gran oposición del Cuerpo, teniendo en la prensa un defensor ilustre en Ramón de Campoamor. Sin embargo, apenas permaneció un mes en el cargo (del 9 de febrero de 1863 al 2 de marzo de 1863). Al año siguiente, en el nuevo gabinete unionista presidido por Alejandro Mon, Ulloa ocupó la cartera de Fomento (desde marzo de 1864 hasta el 16 de septiembre de 1864) durante medio año.

Seguidamente, Ulloa fue la persona elegida para negociar en nombre de España el reconocimiento del nuevo Reino de Italia. Y por ello fue nombrado (26 de julio de 1865) enviado extraordinario y ministro plenipotenciario español ante el Rey de Italia, con residencia en Florencia, siendo ministro de Estado Manuel Bermúdez de Castro. Fruto de aquel reconocimiento, ese final de agosto, el segundo hijo del rey Víctor Manuel de Italia, Amadeo de Saboya, visitó a la reina Isabel II en Zarauz. El nuevo puesto de Ulloa era tan delicado como las instrucciones que recibía (14 de agosto de 1865): “Puede V.E. asegurar que el reconocimiento del actual estado de cosas en Italia, aunque no implica la aprobación de hechos a los cuales hemos sido completamente extraños, demuestra sin embargo el interés que toma España en la suerte de aquel Reino, al paso que también significa que no tratamos de invalidar las protestas hechas por los diferentes Príncipes cuyos Estados se hallan hoy incorporados a la nueva Monarquía Italiana, ni disminuye el vivo interés que como nación católica sentimos por todo lo que tiene relación con la Sagrada institución del Pontificado. En este concepto el Gobierno de S.M. verá con gusto que V.E., [...], procure practicar las gestiones oportunas, para que lleguen al fin a conciliarse los sagrados intereses del Pontificado, que se apoyan en la tradición de los siglos, con las aspiraciones legítimas de un pueblo que trabaja en la noble empresa de su reconstitución política”.

En Florencia, donde permaneció un año (del 7 de septiembre de 1865 al 30 de julio de 1866), contribuyó a estrechar las relaciones de los dos pueblos latinos, a pesar de la compleja coyuntura: “Hijo de un país que tanto ha trabajado por su independencia, cuyas luchas forman por decirlo así su historia y su epopeya, claro es que me ha de ser simpático el sentimiento que anima actualmente a los italianos, deseosos de concluir con la dominación extranjera, que no puede alegar en Venecia, ni la antigüedad de la posesión, ni el asentimiento de sus habitantes, ni la asimilación más insignificante. [...] Pero si aplaudo el noble y generoso esfuerzo de la emancipación, temo que los medios de realizarle han de acarrear graves perturbaciones” (carta al ministro de Estado, 9 de mayo de 1866). En la Toscana, Ulloa quedó hasta la caída del gobierno O’Donnell y su reemplazo por el moderado Narváez. Con estas palabras renunciaba a su cargo diplomático en la ciudad del Arno: “Hombre político, [...], y desempeñando en tal concepto este puesto, no podía vacilar un solo momento acerca de la conducta que debía seguir al caer del poder el partido al que pertenezco”.

Muy amigo de Serrano y Dulce, cuando los generales unionistas fueron desterrados a Canarias por los gobiernos moderados del final de la época isabelina, Ulloa se trasladó a Cádiz para preparar su evasión. De hecho, prestó eficaz colaboración a los trabajos que prepararon la Revolución de septiembre de 1868 y, a raíz de la Gloriosa, se reavivó su liberalismo. Elegidas por sufragio universal masculino las Cortes Constituyentes, Ulloa salió diputado (del 16 de febrero de 1869 al 2 de enero de 1871) y formó parte de la Comisión encargada de redactar la nueva Constitución democrática de 1869 por parte de la Unión Liberal. Ulloa tenía como modelo político a Gran Bretaña y el sistema parlamentario inglés y creía que existía una consustancialidad entre la Nación española y la Monarquía, entendida no como poder activo, sino como poder moderador dentro del gobierno. Además, consideraba que era más afín a la democracia una Monarquía parlamentaria que una república presidencialista, al ser más estrecho el control del Parlamento sobre el Gobierno en aquélla que en ésta. El 30 de julio de 1870, Ulloa fue nombrado por el regente, general Serrano, “Presidente de la Comisión de Clasificación de los funcionarios pertenecientes a las Carreras diplomática, consular y de intérpretes” del Ministerio de Estado.

Al llegar la hora de la elección del nuevo monarca español, el 16 de noviembre de 1870, Ulloa fue uno de los pocos unionistas que dieron su voto al duque de Aosta. E inmediatamente, viajaría a Italia con la Comisión de Diputados de las Cortes Constituyentes para ofrecer la Corona española al príncipe Amadeo de Saboya, en diciembre de 1870, junto a Juan Valera, Víctor Balaguer y otros.

Durante el reinado de Amadeo I, Ulloa salió nuevamente diputado (del 13 de abril de 1871 al 22 de marzo de 1873) y asumió la cartera de Gracia y Justicia, por medio año (del 4 de enero de 1871 al 24 de julio de 1871) en el primer gobierno, un gabinete de coalición presidido por el general Serrano. Desde ese Ministerio, Ulloa trabajó para que el clero español reconociera la legalidad existente y jurara la Constitución del Estado. Al año siguiente, fue encargado apenas un mes del Ministerio de Estado (del 26 de mayo de 1872 al 13 de junio de 1872), durante el sexto gobierno del reinado, presidido por Serrano. En las mismas semanas fue igualmente llamado a asumir interinamente la cartera de Ultramar, hasta la llegada de su titular Adelardo López de Ayala. Triunfante el movimiento del 3 de enero de 1874, en la república pretoriana con Serrano como presidente del poder ejecutivo y siendo Juan de Zavala, y luego Sagasta, presidentes del Consejo de Ministros, Ulloa se encargó durante más de medio año del Ministerio de Estado (del 13 de mayo de 1874 al 31 de diciembre de 1874), logrando que el gobierno fuese reconocido por las grandes potencias tras la toma de Bilbao a los carlistas, e incluso que el papa Pío IX reanudase sus relaciones diplomáticas con España, interrumpidas desde 1868. Con la Restauración borbónica, Ulloa salió elegido nuevamente diputado (del 18 de febrero de 1876 al 30 de diciembre de 1878) y se convirtió en el jefe del elemento conservador, es decir, de los unionistas en el partido constitucional, el cual perdió, con su prematura muerte, a uno de sus miembros más notables. En efecto, Ulloa murió en marzo de 1879, sin haber cumplido cincuenta y seis años, en su casa de Madrid en la calle Sacramento, n.º 3.

Fue amigo personal del general isabelino Domingo Dulce durante más de veinte años; y también lo fue del general Serrano Domínguez. Perteneció a la Academia de Ciencias Morales y Jurídicas. Su oratoria no era vehemente, pero convencía por ser habilísimo y elocuente. Tenía un perfecto conocimiento del Derecho Público moderno y de su filosofía. Además dominaba la historia política y parlamentaria de las principales naciones. Fue considerado como uno de los mayores talentos que produjo Galicia en el siglo xix.

Ulloa estuvo en posesión de la Gran Cruz de Carlos III, Gran Cruz de Isabel la Católica, Gran Cruz de San Miguel de Baviera, Gran Cruz de la Orden Imperial Otomana de Medjidié, Gran Cordón de la Orden de San Mauricio y San Lázaro de Italia, y Gran Cruz de Nuestra Señora de Villaviciosa de Portugal.

 

Obras de ~: et al., Diccionario enciclopédico de la lengua española, Madrid, Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, 1858, 2 vols.; “La esclavitud en Grecia y Roma” y “De la esclavitud y sus modificaciones en España durante la Edad Media. Dominación visigoda”, en Revista de España (Madrid), I, t. I (1868), págs. 380-403, t. II, n.º 8 (1868), págs. 587-616, respect.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, leg. 97, n.º 15, leg. 109, n.º 51, leg. 110, n.º 92 y 103, leg. 119, n.º 59 y 76; Archivo Histórico Nacional, Universidades, 4818, exp. 10, “Correo privado de ministros de Ultramar con el gobernador de Puerto Rico”, Ultramar, 5109, exp. 57; Archivo Histórico del Ministerio de Asuntos Exteriores, Personal, sign. P 237, exp. 13601; Biblioteca Nacional de España, Notas de Augusto Ulloa a Gaspar Núñez de Arce, MSS/12945/63, Retratos, IH/9404/1 y IH/9404/2; Foto, IH/9404/4, Retrato a estampa, IH/GRUPOS/25; Archivo General de la Administración, Ministerio de Hacienda, AGA_TOPOGRÁFICO,12,52,CA,20033.

Asamblea Constituyente de 1854: Biografías de todos los diputados, Madrid, Imprenta de Julián Peña, 1854-1855, 2 vols.; Biografías de los diputados a Cortes de la Asamblea Constituyente de 1869, Madrid, Imprenta a cargo de Tomás Alonso, 1869; diputados , Los diputados pintados por sus hechos: colección de estudios biográficos sobre los elegidos por el sufragio universal en las constituyentes de 1869, Madrid, R. Labajos y Cía., 1869-1870, 3 vols.; J. Castro et al. (eds.), Los ministros en España desde 1800 a 1869, Madrid, 1869-1870, 3 vols.; E. Escalera, Los constitucionales en ambas cámaras (1878): miniaturas políticas, Madrid, Imprenta de E. Beteta, 1878; A. Linares Rivas, La primera cámara de la restauración: retratos y semblanzas, Madrid, Est. Tipográfico de J. C. Conde, 1878; “Necrología de Don Augusto Ulloa”, en La Ilustración Española y Americana, n.º XII (marzo de 1879), pág. 210; F. Cañamaque, Los oradores de 1869, s. l., Librería de los Sres. Simón y Osler, 1879; A. M. Segovia, Figuras y figurones, Madrid, 1881-82, 40 vols. (2.ª ed.); M. Osorio y Bernard, Periodistas españoles del siglo xix, Madrid, 1903-1904; VV. AA., Diccionario de Historia de España, Madrid, 1952, 2 vols.; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de historia de España, t. III, Madrid, Alianza Editorial, 1981, págs. 833-834; J. F. Lasso Gaite, El Ministerio de Justicia: su imagen histórica (1714-1981), Madrid, Imprenta Sáez, 1984; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; I. M. Pascual Sastre, La Italia del Risorgimento y la España del Sexenio democrático (1868-1874), Madrid, CSIC, 2001, págs. 58-61, 76 y 102-106; J. R. Urquijo Goitia, Gobiernos y ministros españoles (1808-2000), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2001, págs. 330-331; F. de Alós y Merry del Val y J. L. Sampedro Escolar, 150 años del Ministerio de Fomento: ministros de 1851 a 2001, Madrid, Centro de Publicaciones del Ministerio de Fomento, [2001], págs. 56-57; J. Varela Suanzes-Carpegna, “La monarquía en las Cortes y en la Constitución de 1869”, en Historia Constitucional (revista electrónica), n.º 7 (septiembre de 2006), págs. 209-227 [párrafos 21, 27 y 38].

 

Isabel M. Pascual Sastre