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Lorenzo Arrazola y García

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Biografía

Arrazola y García, Lorenzo. Checa (Guadalajara), 10.VIII.1795 – Madrid, 23.II.1873. Político y jurisconsulto.

Hijo de Manuel de Arrázola y de María García, vio la luz en una familia alcurniosa sumida por diversos avatares en la más extremada pobreza, hasta el punto de acogerse a los cinco años al hogar de un tío materno, José García Huarte, culto corregidor de Benavente, muy inclinado al estudio de las humanidades.

Educado también por un antiguo dominico, el sacerdote secular Francisco del Valle, de acrisolada reputación docente, no tardó en revelar grandes aptitudes para el conocimiento de las lenguas clásicas, sobre todo, la latina, en la que, tiempo adelante, llegó a demostrar un descollante dominio, con varias y aseadas composiciones poéticas en el idioma de Virgilio. Una vez realizado el aprendizaje de las primeras letras, el cercano y prestigioso Seminario de Valderas, regido en territorio leonés por la Orden de San Agustín, le contó entre sus alumnos más sobresalientes de Filosofía y Humanidades. Su celebridad fue tanta que, sin haber concluido por completo tales estudios, sería designado, en los días del Trienio Liberal, para el desempeño en el mismo establecimiento de la cátedra de Derecho Constitucional.

Al término de este convulso período, su insobornable afección por un constitucionalismo de corte templado le llevó a alistarse como voluntario y a título de simple soldado en el Ejército de Galicia, comandado por el general Murillo para oponerse a las tropas del príncipe de Angulema y de la regencia de Bayona (abril de 1823). Sorteados los múltiples obstáculos que la reacción absolutista alzase en su retorno a la vida académica, concluyó con gran brillantez la carrera de Leyes en la universidad pinciana, en la que, tras obtener por oposición la cátedra de Instituciones Filosóficas, pasaría a ejercer la de Oratoria, Historia y Literatura, para ocupar finalmente, la de Derecho Internacional y Comparado.

Convertido en uno de los abogados más acreditados de Valladolid, compaginó sus tareas en el claustro y en el bufete con una trepidante actividad pública en el período inaugural de la regencia de María Cristina de Nápoles. Al tiempo que diversas instituciones municipales le tenían como activo miembro, los antiguos y nuevos espacios de sociabilidad cultural burguesa —Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Academia Grecolatina, Junta Científica y Artística de Valladolid— se aprovecharon de su encomiable capacidad de trabajo y de servicio a la comunidad. Respetado procurador síndico, contribuyó igualmente al arraigo de la Milicia Nacional, en cuya rama de Caballería llegó a ser capitán, como expresiva demostración de su entrega a la consolidación del sistema parlamentario.

En posesión de un amplio bagaje académico y administrativo, no provocó sorpresa que desde su ingreso mismo en el partido moderado se incorporase a su núcleo rector, conformado por andaluces y asturianos.

Diputado por Valladolid en las decisivas Cortes de 1837, su pronta fama en los ambientes madrileños le condujo a copresidir, después de incontables y sinceras resistencias íntimas, el gabinete a cuya cabeza figuraba formalmente Evaristo Pérez de Castro, pero conducido de facto por su ministro de Gracia y Justicia —del 9 de diciembre de 1838 al 20 de julio de 1840—. Entre las muchas tareas a que consagró su competencia y energía, ninguna le imantó con mayor fuerza que la terminación de la guerra civil y la generosa e inteligente aceptación de los fueros vascos en el nuevo marco jurídico surgido del triunfo en el campo de batalla de la revolución liberal; actitud no siempre bien comprendida incluso entre sus correligionarios.

La regencia esparterista supuso un amargo paréntesis en su actividad pública a causa de la acerba persecución de que fuera objeto por la firme defensa de sus ideales políticos durante su primera experiencia ministerial.

La cátedra de Jurisprudencia en la Facultad de Derecho en la flamante Universidad Central fue la reparación dada a su conspicuo dirigente por el partido moderado una vez retornado éste al poder. Ideólogo y doctrinario del moderantismo, habría de caracterizarse, sin embargo, entre sus cuadros, como un hombre de gestión, para el que la maquinaria del Estado no guardaba secreto alguno y al que todo reclamo de corrupción le fue siempre ajeno. De ahí que, acabada la década de las regencias, pese su férrea renitencia en volver a desempeñar una cartera ministerial, sería otra vez la de Gracia y Justicia la que se le encomendase por el marqués de Miraflores en su fugaz Gabinete del 13 de febrero de 1846 al 16 de marzo de 1846. Después de revalidar su autoridad intelectual y moral como fiscal del Tribunal Supremo, Narváez le incluyó en su segundo ministerio como titular de Gracia y Justicia del 4 de octubre de 1847 al 19 de octubre de 1849. No obstante sus acusadas diferencias caracterológicas, el general granadino depositó en sus dotes la máxima confianza, distinguiéndolo como su colaborador más apreciado política y humanamente, en una amistad sin fisuras ni sombras hasta la muerte del militar lojeño. Senador vitalicio en 1849, Arrazola presidiría en varias ocasiones a lo largo de la década de los sesenta el Tribunal Supremo, así como la del Consejo de Ministros durante una breve estadía: del 17 de enero de 1864 al 1 de marzo de 1864. Los dos últimos gabinetes narvaístas —1864-1865; 1866-1868— pivotaron en buena medida en torno a la gestión de Arrazola en su tradicional cartera de Gracia y Justicia como también, aunque de manera más efímera y, en algún caso interina, de Estado. Durante la etapa final de la Monarquía isabelina la compenetración entre el jefe del Gobierno y su más leal colaborador fue una de las más estrechas y fructíferas de la etapa inicial del liberalismo en el poder, templando el jurisconsulto castellano la vehemencia cordis y la proclividad reaccionaria de que diera alguna muestra Narváez en el ocaso de su trayectoria gobernante. El 2 de junio de 1868 fue elegido caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.

El notable sentido de la organización evidenciado en los negocios públicos por Arrazola se reflejó igualmente en su actividad intelectual. Su comercio con diversas disciplinas literarias y científicas fue así muy intenso —poesía, ensayo, prensa— y de calidad nunca mediocre. Ello no le restó, empero, dedicación a los estudios jurídicos, singularmente, en el ramo administrativo y constitucionalista. No en balde, a él se debería la idea y la dirección de un verdadero monumento de la bibliografía española en dicha área académica: La Enciclopedia del Derecho y Administración, cuyos primeros doce volúmenes no tuvieron continuación a causa de la muerte de su inspirador y piloto.

Miembro nato y fundador de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, rectoró de hecho su primera navegación debido a la enfermedad de su director Pedro José Pidal, sustituyéndole a su muerte, en enero de l866. Con motivo de un episodio algo enigmático, renunció al cargo exactamente dos años más tarde, prólogo de un suceso aún más misterioso en los anales de la ilustre corporación: su abandono definitivo de ella en 1870, un bienio posterior.

Había casado en 1829 con Ana Micaela Guerrero, hija de ricos propietarios, con quien tuvo trece hijos.

 

Bibl.: A. López Nuñez, “D. Lorenzo Arrazola y García, segundo Presidente de la Academia (18661868)”, en Anales de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1935, págs. 277-308; J. L. Comellas, Los moderados en el poder. 1844-1854, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1970; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda, “Correspondencia Narváez-Arrazola”, en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Contemporánea, Siglos xix y xx, vol. I, Córdoba, Universidad, 1976; J. M. Cuenca Toribio, Aproximación a la historia de la Iglesia contemporánea en España, Madrid, Rialp, 1978; F. Cánovas Sánchez, El Partido Moderado, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1982; J. F. Lasso Gaite, El Ministerio de Justicia. Su imagen histórica (1714-1981), Madrid, Imprenta Sáez, 1984; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda, “Sociología ministerial del reinado de Isabel II”, en Anuario Jurídico y Económico Escuarialense, XVI (1993), págs. 639-683; J. M. Cuenca, Parlamentarismo y antiparlamentarismo en la España contemporánea, Madrid, Congreso de los Diputados, 1995; A. Nieto, Los primeros pasos del Estado constitucional. Historia administrativa de la Regencia de María Cristina de Borbón, Barcelona, Ariel, 1996; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles?, Madrid, Actas, 1998; A. de Ceballos-Escalera y Gila (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Palafox & Pezuela, s. l., 2000, págs. 540-541; J. M. Cuenca Toribio, Ocho claves de la historia española contemporánea, Madrid, Encuentro, 2003; A. Martínez Mansilla, “Lorenzo Arrazola: la revolución jurídica moderada”, en D. Pacheco, A. R. Díez Torre y A. Sanz (eds.), Ateneístas ilustres, Madrid, Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, 2004, págs. 53-64; J. Peña González, “Lorenzo Arrazola García. Intelectual y político”, en Aguaspeña. Revista de Checa (Guadalajara), n.º 11 (2004); A. Martínez Mansilla, Lorenzo Arrazola o el Estado Liberalcatólico (Premio Ateneo Jovellanos de Investigación Histórica, Española-Hispanoamericana 2006), Gijón, Ateneo Jovellanos, 2007.

 

José Manuel Cuenca Toribio