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José Herreros de Ridder

Biografía

Herreros de Ridder, José. El Puerto de Santa María (Cádiz), 1.VII.1857 – Madrid, 1939. General de brigada y caballero laureado de San Fernando.

Fueron sus padres José Herreros Gargallo y María del Carmen de Ridder y Tienda. Procedente de la clase civil, a los veintitrés años fue nombrado alumno de la Academia de Estado Mayor, siendo ascendido a alférez-alumno en 1883 y a teniente dos años más tarde, pasando a realizar las prácticas de Infantería en el Regimiento de Garellano. Finalizadas las mismas, fue destinado a la sección de Aragón, de donde pasó al Depósito de la Guerra, interviniendo en el levantamiento del Mapa Militar de España.

En 1893 ascendió a capitán y fue destinado al cuartel general del 5.º Cuerpo de Ejército, regresando al año siguiente al Depósito de la Guerra y pasando en 1896 a formar parte de la Comisión del Mapa Militar de España.

En 1897 fue ascendido a comandante y destinado al Ministerio de la Guerra, siendo en ese mismo año trasladado a Filipinas, para prestar servicio en la Capitanía General, interviniendo en la organización de la unidad de Voluntarios Movilizados.

Al año siguiente se le encomendó el mando de una columna que tenía como misión sofocar la rebelión que había estallado en la provincia de Ilocos Sur, consiguiendo en breve tiempo dar fin a la misma, tras lo cual se le puso al frente de esta provincia y de la de Ilocos Norte.

Al desencadenarse la guerra con Estados Unidos, quedó incomunicado con el resto del archipiélago, estableciendo con sus escasas fuerzas y con gente del país un servicio de vigilancia de las costas y dedicándose a organizar unidades de milicias, consiguiendo mantener leales ambas provincias.

Habiendo recibido en el mes de julio solicitud de auxilio por parte del comandante militar de la vecina provincia de la Unión, acudió a ella con ciento veinte hombres, logrando batir las considerables fuerzas enemigas después de duros combates que se prolongaron varios días.

Al mando de unos ciento diez hombres, mitad cazadores y mitad indígenas, fue sitiado en el convento de San Fernando de la Unión por fuerzas insurrectas superiores a los diez mil, con más de mil fusiles y cinco piezas de artillería que llegaron a emplazar a cubierto y a menos de treinta metros del edificio, cuyo piso superior era de madera. Entre los días 26 y 31 de julio sufrió un constante fuego de fusilería y cañón que le dirigían desde las alturas próximas y edificios cercanos, especialmente desde la iglesia.

Siendo escasísima la cantidad de víveres y municiones de que disponían los sitiados, y careciéndose de agua, hubo de practicarse una excavación, que dio por resultado obtenerla escasa, salobre y cenagosa, creándose tan difícil situación que, unida a la certeza absoluta de que no podía esperar socorro alguno ni recurso de ninguna especie, era bastante para que desde el segundo día del asedio se juzgase honrosa la inmediata capitulación.

Por el contrario, continuó con vigor la defensa, siendo el comandante Herreros herido de bala en la frente al tercer día, mientras las bajas superaron el cincuenta por ciento, aumentadas por las enfermedades a que dieron lugar las miasmas que se desprendían de las numerosas reses muertas esparcidas por las inmediaciones, y a que, por falta de asistencia facultativa y carencia de medios de curación, varios heridos se engangrenaron.

En tan crítica situación, y después de ser desechadas enérgicamente cuantas intimaciones se les hicieron para rendirse, fue rechazado en la mañana del quinto día el asalto que dio el enemigo, empleando para ello las últimas municiones que quedaban y, ya sin víveres, que se habían consumido el día antes; existiendo, por otra parte, la amenaza de incendiar el convento, a cuyo efecto habían amontonado los insurrectos grandes cantidades de ramas rociadas con petróleo, el comandante Herreros, considerando la aflictiva situación en que se encontraba su gente, y que no había esperanza alguna de socorro, capituló en las condiciones más honrosas, después de haber apurado cuantos medios pudo emplear en tan brillante defensa, no sin haber rechazado antes las proposiciones presentadas por aquéllos. Las bajas del enemigo fueron trescientas sesenta y siete, de ellas, doscientos veintisiete muertos, por ocho de los sitiados y veinticinco heridos.

Sometida su actuación a juicio contradictorio y siéndole favorables las conclusiones del mismo, por Real Orden de 13 de marzo de 1902 se le concedió la Cruz de San Fernando de 2.ª Clase, laureada.

Tras la capitulación sufrió diecisiete meses de dura prisión, durante los cuales Aguinaldo le ofreció altos cargos militares una vez rotas las relaciones entre filipinos y norteamericanos. En el mes de diciembre de 1899 fue puesto en libertad y se trasladó a Manila, desde donde embarcó hacia España.

En el mes de agosto de 1900, después de habérsele concedido la Medalla de Sufrimientos por la Patria, fue destinado al Ministerio de la Guerra, pasando a formar parte del Estado Mayor del ministro, del que en 1905 fue trasladado al Estado Mayor Central, dedicándose al estudio de las defensas de Cádiz, islas Baleares, rías de Galicia y costas de Asturias, y de las posesiones del Norte de África.

En 1909 fue ascendido a teniente coronel por antigüedad, volviendo al Estado Mayor Central, siendo poco después nombrado profesor de la Escuela Superior de Guerra, en la que impartió las materias de Geología y Geografía, Mar y Estratégica.

Ascendido a coronel en 1920, fue nombrado jefe de Estado Mayor de la 5.ª Región Militar y posteriormente de la 1.ª, pasando al año siguiente a la situación de reserva.

En 1923 se le concedió el empleo de general de brigada, con el que fallecería. Estuvo casado con Rosalía Queipo de Llano. Además de la Cruz laureada y la Medalla de Sufrimientos, poseía la Encomienda de Isabel la Católica, la Medalla de la Orden Militar de San Benito de Avis, dos Cruces al Mérito Militar de 1.ª Clase y cuatro de 2.ª Clase con distintivo blanco, y una con distintivo rojo, y la Cruz al Mérito Naval con distintivo rojo.

 

Obras de ~: Escalafón de los Caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando, Madrid, 1912.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1.ª, leg. E-1008.

J. L. Isabel Sánchez, Caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando. Infantería, t. I, Madrid, Ministerio de Defensa, 2001.

 

José Luis Isabel Sánchez

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