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Gonzalo Núñez de Guzmán

Biografía

Núñez de Guzmán, Gonzalo. ?, s. XIV – Almagro (Ciudad Real), 1404. Vigesimonoveno maestre de la Orden de Alcántara y vigesimocuarto de la de Calatrava.

Fue hijo de Pedro Núñez de Guzmán, adelantado mayor de León, y de Elvira de Padilla. Parece ser que, antes de profesar como freire alcantarino, había desposado en secreto con Isabel, una hija natural de Enrique II. Esta unión le supuso un encarcelamiento temporal, pero ello no fue obstáculo para que Juan I hiciera todo lo posible para otorgarle el maestrazgo de Alcántara, ingresando entonces su mujer Isabel en el convento toledano de Santa Clara.

En efecto, la elección de Gonzalo Núñez de Guzmán como maestre de la Orden de Alcántara tuvo lugar en 1384, a raíz de la muerte de su antecesor, Diego Gómez Barroso, en enfrentamiento con los portugueses. Era entonces comendador de Ceclavín.

El procedimiento de la elección siguió el cauce excepcional que, por privilegio papal de 1383, confería al rey Juan I autoridad para proceder al nombramiento de los titulares de los distintos maestrazgos, y de este modo, en septiembre de 1384, el papa Clemente VII confirmaba el del nuevo maestre de Alcántara.

En calidad de tal continuó apoyando al rey de Castilla en su enfrentamiento con el maestre de Avis por el control del trono portugués, y tuvo un destacado papel en la decisiva batalla de Aljubarrota que, en agosto de 1385, puso fin al conflicto y a las pretensiones del castellano. En aquella ocasión quiso premiar el derrotado rey Juan los servicios prestados por Gonzalo Núñez de Guzmán, que entre otras cosas había conseguido una retirada ordenada de los contingentes supervivientes; decidió entonces promoverle al maestrazgo de Calatrava, cuyo titular, Pedro Álvarez de Pereira, había muerto en el campo de batalla.

La gestión de Gonzalo Núñez de Guzmán al frente de la Orden de Alcántara apenas llegó a un año, pero durante este corto período de tiempo tuvo oportunidad de reunir un importante capítulo general en la sede conventual de Alcántara, en el que el 1 de mayo de 1385 se confirmaba una constitución del abad de Morimond en virtud de la cual se reconocía el derecho de freires y caballeros a legar a sus sirvientes, al menos, la mitad de sus bienes muebles.

La ajetreada vida política de Castilla en los años siguientes no haría sino reforzar el protagonismo creciente que en la vida del reino iba adquiriendo Gonzalo Núñez de Guzmán, nuevo maestre de Calatrava. Su presencia en la planificada contraofensiva dispuesta frente a la fantasmal invasión de Castilla por parte del duque de Lancaster entre 1385 y 1387, fue decisiva, y más aún su activa participación en los días turbulentos que siguieron a la muerte de Juan I en 1390. Se juramentaría entonces con el maestre santiaguista Lorenzo Suárez de Figueroa en Ocaña, inaugurando una práctica de alianzas nobiliarias llamada a ser norma de futuro, y pasaría también a formar parte del multitudinario, oligárquico y dividido Consejo de Regencia que se impuso al frente del gobierno de la Monarquía en tanto durase la minoría de Enrique III. Antes de su conclusión en 1393, un contingente de cuatrocientas lanzas comandadas por el maestre, en ese momento frontero de Portugal, impidió un golpe de mano sobre Zamora de Fadrique, duque de Benavente, que apuntaba al estallido de una auténtica guerra civil complicada con la eventual y muy preocupante intervención del reino vecino.

Pero el protagonismo de Gonzalo Núñez de Guzmán en el complejo panorama del reino no se redujo a intervenciones de facción. Superada su minoría de edad, Enrique III depositó una especial confianza en el maestre de Calatrava, quien, por su parte, no haría sino darle muestras de lealtad hasta el final de sus días. Concretamente en 1404 sería nombrado frontero y capitán general en los Obispados de Córdoba y Jaén en el contexto de una ofensiva planificada por el Rey frente a Granada. Fue precisamente entonces cuando el maestre enfermó y, de regreso al palacio maestral de Almagro, falleció antes de finalizar aquel año y fue enterrado en el Convento de Calatrava la Nueva.

Al igual que durante su paso fugaz por el maestrazgo de Alcántara, Gonzalo Núñez de Guzmán ha dejado significativas huellas de su preocupación disciplinaria respecto a Calatrava. Desde luego, se sabe que fue extraordinariamente celoso de su autoridad. Aunque sin éxito, la intentó imponer incluso en el Convento filial de Avis, al que acudió en persona cuando los rescoldos del rencor anticastellano no estaban ni mucho menos apagados después de Aljubarrota. También intentó imponer su autoridad en el seno de su propia milicia. Lo hizo procediendo en 1397 a una racionalizada sistematización del mapa prioral de la Orden con motivo de la promulgación entonces de unas importantes definiciones. En ellas se atrevió incluso a desafiar la autoridad de la abadía madre de Morimond, entregando a su propio Capítulo la capacidad de elegir al prior y al sacristán de la Orden, dignidades hasta entonces nombradas por el abad visitador. La medida sería más tarde anulada por las autoridades cistercienses, en 1407, pero hasta ese momento fue manifestación de la autoridad del maestre y quizá más aún de la fortaleza de su Capítulo. Éste, de hecho, sí pudo reservarse para sí la elección del comendador mayor y del clavero, tradicionalmente designados, al menos en teoría, por el maestre. Y es que durante el mandato de Gonzalo Núñez de Guzmán se puede advertir un notable avance del proceso de señorialización de la Orden, que fundamentalmente afectaba a su oligárquica cúpula capitular. Fue entonces cuando significativamente la Sede Apostólica autorizaba a ciertas dignidades de la milicia, entre ellas el propio maestre, a disminuir sus diarias obligaciones devocionales y utilizar, fuera de las instalaciones conventuales, vestimenta algo más refinada. También fue entonces cuando los freires empezaron a poder exhibir las vistosas y coloridas cruces con las que tradicionalmente se había venido identificando a los miembros de la institución; fue, en efecto, una bula del papa aviñonense Benedicto XIII, publicada en 1397, la que permitió a los calatravos sustituir su monástico elemento distintivo, la capucha del escapulario, por una llamativa cruz de paño rojo situada sobre la túnica, en el lado superior izquierdo del pecho.

 

Bibl.: F. de Rades y Andrada, Chronica de las Tres Ordenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcantara, parte Chronica de Alcantara y parte Chronica de Calatraua, Toledo, 1572 (ed. facs., Barcelona, 1980), fols. 32v.-33r. y fols. 63r.-65r., respect.; I. J. de Ortega y Cotes, J. F. Álvarez de Baquedano y P. de Ortega Zúñiga y Aranda, Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, Madrid, Antonio Marín, 1761 (ed. facs. Barcelona, 1981), págs. 222-230; A. de Torres y Tapia, Crónica de la Orden de Alcántara, t. II, Madrid, Imprenta de D. Gabriel Ramírez, 1763, págs. 151-163; E. Solano Ruiz, La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos de la Orden al fin de la Edad Media, Sevilla, Universidad, 1978, pág. 63; B. Palacios Martín (ed.), Colección Diplomática Medieval de la Orden de Alcántara (1157?-1494), I. De los orígenes a 1454, Madrid, Editorial Complutense, 2000, págs. 489-495; C. de Ayala Martínez, Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV), Madrid, Marcial Pons, 2003, págs. 155, 228, 253, 279, 372, 375, 506 y 736-737.

 

Carlos de Ayala Martínez

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