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Román Dornacu Olaechea

Biografía

Dornacu Olaechea, Román. Román María de Vera. Vera de Bidasoa (Navarra), 9.VIII.1878 – Fuenterrabía (Guipúzcoa), 26.XI.1959. Capuchino (OFMCap.), predicador, misionero, escritor y lingüista.

El padre Román realizó los primeros estudios con el sacerdote Pedro Echarri, y con los escolapios, que regentaban una preceptoría. El obispo diocesano, de visita pastoral y enterado de su inteligencia despierta, lo invitó a ingresar en el seminario, pero él prefirió acudir al cercano colegio-seminario de los capuchinos de Lecároz, fundado en 1888 por el padre Joaquín María de Llevaneras, donde tomó el hábito el 1 de noviembre de 1896, emitiendo los votos temporales al año siguiente. Pocos meses después, ya en 1898, se trasladó al convento de El Pardo, para continuar allí con los estudios de Filosofía y Teología. En ese momento, tanto el colegio de Lecároz como el convento de El Pardo pertenecían al distrito Nullius, que tenía como finalidad la preparación de misioneros para Carolinas, y cuyo superior era el padre Llevaneras.

Ésta es la razón por la que el padre Román, hecha su profesión solemne el 23 de abril de 1901 y ordenado sacerdote el 15 de mayo del mismo año, fuera destinado inmediatamente a la residencia de Manila, que entonces era la casa procura de las misiones de Carolinas, conseguidas por el padre Llevaneras en 1886.

El pequeño convento de Manila, además de prestar su apoyo a los misioneros que viajaban a Carolinas y ser el lugar donde perfeccionaban la lengua inglesa, se convirtió con el tiempo en centro de irradiación evangelizadora.

Los religiosos, en un momento en que sobre las misiones de Carolinas gravitaba desde 1899 la duda sobre quién se haría cargo de ellas, se ofrecían y eran requeridos por los obispos como predicadores de misiones y sustitutos de los párrocos por los pueblos.

El padre Román, además de perfeccionar su inglés, dada su inteligencia prodigiosa para el aprendizaje de lenguas, pronto se hizo con los dialectos más comunes: tagalog, bikol y pangasinán, entregándose a la predicación y a la divulgación con escritos de la doctrina cristiana. Residió tres años en Manila y nueve meses en Sariaya, recorriendo después los pueblos de Corregidor, Bataán, Pasay, Malabón, Tayabas y Lucenas, siempre dando misiones. Su predicación electrizaba a las masas, sufriendo en ocasiones serios peligros por defender la fe católica, aunque contó con el apoyo del gobernador americano y del arzobispo de Manila. En 1907, con la supresión del distrito Nullius y la nueva redistribución de misiones de los capuchinos españoles, la provincia de Cataluña quedó encargada de la misión de Filipinas. Por ello, el padre Román regresó en 1908 a la provincia de Navarra, adonde había quedado adscrito con motivo de la supresión aludida del distrito Nullius.

En la provincia residió en los conventos de Pamplona, Sangüesa, Lecároz, Tudela e Híjar, desplegando una gran actividad apostólica como predicador.

Pero su verbo profético y fogoso, que denunciaba con meridiana claridad ciertos males y opciones políticas, le ocasionó problemas con las autoridades civiles y eclesiásticas; en Sangüesa y Tudela lo acusaron al obispo, siendo destinado al convento más lejano de la provincia, Híjar (Teruel), donde se dedicó con ahínco a la composición de su diccionario vasco-español, muy difundido, pero de escaso valor y considerado un plagio del de Azkue.

En 1915, año en que fue destinado al vicariato apostólico de Guam (islas Marianas), comienza la etapa más rica y fecunda de la vida del padre Román.

El año anterior, el vicariato había sido confiado por Propaganda Fide a la provincia de Navarra, nombrando como vicario apostólico al padre Joaquín Olaiz de Pamplona. El padre Román viajó a Guam con el nuevo vicario, llegando a ser uno de los principales pilares de la misión. Durante los veintiséis años de permanencia en la isla vivió siempre en Agaña, la capital, recorriendo toda la isla innumerables veces.

Se hizo muy conocido durante la epidemia que asoló la isla en 1918, en la que asistió a los enfermos con auténtico heroísmo, lo que le valió la concesión de la medalla del Congreso de Estados Unidos. Además su predicación profética, por la que era admirado y temido, cautivaba a la gente, ganándose también la oposición de algunos elementos menos piadosos (propagadores de costumbres americanas que amenazaban las autóctonas de la isla) que se sentían atacados.

Otra faceta importante de la vida del padre Román en Guam fue su dedicación a la lengua chamorra, de la que compuso un diccionario y una gramática, siendo él el que la enseñaba a los nuevos misioneros que llegaban. Tradujo numerosas novenas y cantos religiosos, acomodando las letras a melodías vascas y componiendo otras él mismo, favoreciendo de forma singular la vida religiosa popular de la isla. El 6 de septiembre de 1941 muy a su pesar, y por imperativo de la política norteamericana, en ese momento dominada por la Segunda Guerra Mundial, dejó la isla, embarcándose para Filipinas.

Llegado a Manila el 17 de septiembre, residió posteriormente en los conventos de Tagaytay, Singalong y Manila, donde fueron indecibles los avatares y peligros que, junto con los otros religiosos, tuvo que soportar durante la ocupación japonesa del archipiélago, aprendiendo algo de japonés para relacionarse con ellos. En agosto de 1944 se trasladó a las parroquias de Salasa, Bugallón y Aguilar, muy cerca de las cuales se efectuó el desembarco americano el 9 de enero de 1945. Aunque estuvo a punto de perecer bajo el bombardeo que causó la muerte a algunos compañeros suyos, logró sobrevivir. Pasada la tormenta, residió en San Miguel de Tarlac como coadjutor, siendo destinado a continuación al convento de Santa Teresita (Manila), desde donde predicó numerosos retiros y ejercicios a sacerdotes, interviniendo también en la creación de la nueva diócesis de Pampanga. Al mismo tiempo siguió con sus publicaciones, confeccionando el catecismo inglés-pampango, el ritual correspondiente y una gramática.

Su edad avanzada y la disminución de sus fuerzas físicas, que no mentales, fueron la causa por la que sus superiores le aconsejaron, en 1950, regresar a España, lo que supuso un sacrificio muy grande para él. En España residió en el convento de Fuenterrabía, ayudando en lo que podía en el ministerio conventual, hasta que, muy deteriorada su salud, pero conservando su personalidad original y chispeante, la muerte le salió al encuentro el 26 de noviembre de 1959. Sus exequias fueron muy concurridas. La personalidad del padre Román fue verdaderamente poliédrica.

Fue misionero de pura raza y vieja estampa, predicador encendido, cuyo celo profético concitaba admiración y temor, de carácter noble y franco, salud de hierro y raro ingenio, con una capacidad pasmosa para el trabajo y una inteligencia casi milagrosa para el aprendizaje de las lenguas, de las que llegó a dominar, además de las clásicas y las suyas nativas (español y vascuence), otras cinco orientales y cuatro europeas.

 

Obras de ~: Una lista exhaustiva y clasificada de sus obras (hay más de cien títulos) tanto en castellano, euskera y en las lenguas orientales que el dominó se encuentra en C. J. J. Pérez Aguirre y V. Pérez de Villarreal, Escritores de la provincia capuchina de Navarra-Cantabria-Aragón 1900-2000, Pamplona, Curia Provincial de Capuchinos, 2000, págs. 131-146 (n.os 693-797), págs. 576-578 (se enumeran 88 textos de composiciones musicales). Apuntes autobiográficos sobre su estancia en España, Guam y Filipinas (Archivo Histórico Provincial de Capuchinos de Pamplona).

 

Bibl.: J. de Urquijo, “Bera tar Erroman Aba. Euzkel-Iztegitxua. Iruña 1909”, en Revista Internacional de Estudios Vascos, 7 (1913), págs. 284-286; Hugolino de Gainza, “Misión de Guam”, en Anuario de las misiones de los PP. Capuchinos de las provincia de Navarra-Cantabria-Aragón. Año 1934, Pamplona, Imprenta de Nuestra Señora de los Dolores, [1936], págs. 112-128; “Misión de Guam”, en Anuario de las misiones [...] Año 1935, Pamplona, Imprenta de Nuestra Señora de los Dolores, [1936], págs. 167-172; “Vicariato Apostólico de Guam”, en Anuario de las misiones [...] Año 1936, Pamplona, Imprenta de Nuestra Señora de los Dolores, [1936], págs. 78- 90; “R. P. Romanus a Vera”, en Analecta Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum, 75 (1959), pág. 343; “R. P. Román María de Vera”, en Boletín oficial de la provincia capuchina de Navarra-Cantabria-Aragón, 15 (1960), págs. 48-53; Lázaro de Aspurz, “P. Román María de Vera, OFMCap.”, en Ecclesia, n.º 973 (1960), págs. 20-21; J. Sullivan, The Phoenix rises. A mission history of Guam, New York, Seraphic Mass Association, 1957; Bienvenido de Arbeiza, Reseña histórica de los capuchinos en Filipinas, Pamplona, 1969; “Dornacu Olaechea, Juan María Román”, en J. Bilbao (dir.), Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco. Cuerpo C. Eusko Bibliographia, vol. III, Bilbao, Editorial Auñamendi, 1973, págs. 39- 40; “Vera, Román María de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. IV, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1975, pág. 2733; B. Estornes Lasa, “Dornacu Olaechea, Juan M.ª Román”, en Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco. Cuerpo A. Diccionario Enciclopédico Vasco, vol. IX, San Sebastián, Editorial Auñamendi, 1978, págs. 398-399; L. Villasante, Historia de la literatura vasca, Aranzazu, Editorial Aranzazu, 1979 (2.ª ed.), págs. 405-406; Tarsicio de Azcona, “Vera, Román María de”, en Gran Enciclopedia Navarra, t. XI, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990, pág. 343; Eric de Sinajaña, Historia de la misión de Guam de los capuchinos españoles, Colección OPI 43, Pamplona, Curia Provincial de Capuchinos, 2001.

 

José Ángel Echeverría Echeverría, OFMCap.

 

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