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Vicente Espinel

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Biografía

Espinel, Vicente. Ronda (Málaga), 28.XII.1550 ant. – Madrid, 4.II.1624. Poeta, músico, novelista, capellán mayor y sacerdote.

Bautizado en la iglesia parroquial de Santa Cecilia, de Ronda, Espinel aprendió gramática y retórica en la escuela municipal de latinidad que había sido fundada en su ciudad a principios del siglo xvi. Entre 1570 y 1572 estudió en la facultad de Artes de la Universidad de Salamanca, ciudad donde mantuvo contactos con músicos como el maestro Salinas, en la tertulia de Agustina de Torres, como sugiere su poema La casa de la Memoria. En 1572, los tíos de Espinel fundaron una capellanía en Ronda y, tal vez bajo los auspicios del mercedario fray Rodrigo de Arce, la otorgaron a su sobrino. Para hacerse cargo de este beneficio eclesiástico, que hasta ordenarse como sacerdote debía administrar en persona o a través de representantes, Espinel regresó a Ronda.

Entre 1572 y 1581 no se conoce nada con certeza sobre su vida. La novela Marcos de Obregón no da valor de prueba autobiográfica a los viajes del protagonista por España al servicio de varios señores, ni a su alistamiento en la Armada de 1574 contra Flandes.

Hacia 1578, Espinel habría llegado a Sevilla; de su posible intento militar en el Ejército del rey Sebastián, sólo queda la mención del desastre de Alcazarquivir en la Canción a fray Rodrigo de Arce y en la Sátira a las damas de Sevilla, ambas, quizá, escritas por estas fechas. Espinel se relacionaría con los círculos selectos sevillanos y conocería a Herrera, Barahona de Soto, Francisco Pacheco y Mateo Alemán. Asimismo, participó en los festejos en honor de fray Rodrigo de Arce, quien, habiendo logrado un rescate de más de trescientos prisioneros, entró en Sevilla, ciudad que encargó al “insigne poeta andaluz vicente espinel natural de ronda” que celebrara la ocasión “en muchos sonetos, canciones y octauas, que imprimió” (Biblioteca Nacional de España, ms. 8293), aunque tal publicación se ha perdido. Tras este primer éxito público, como poeta áulico, Espinel tomó parte, con poemas en latín y castellano, en los oficios fúnebres celebrados en Milán (septiembre de 1581) por la recientemente fallecida reina Ana de Austria.

Espinel pertenecía, desde 1581, al séquito del duque de Medinasidonia, gobernador de Milán. Luego fue amparado por Octavio Gonzaga, miembro de la casa ducal de Mantua, general de la caballería ligera milanesa y a cuya futura esposa dedicó Espinel la Canción a doña Sicilia de Médicis. El rondeño frecuentó círculos artísticos y academias, y se dedicaría al cuidado de su cancionero en Italia, donde compondría las cuatro églogas (a Octavio Gonzaga se dirigen la II y, quizá, la IV) que nuclean su obra poética amorosa.

Como Gonzaga murió en 1583, éste sería el momento de la vuelta a España de un Espinel que acababa de perder a su mecenas. En Madrid —donde participó con Padilla, Liñán de Riaza, Lope y otros poetas en la recuperación artística del romancero— estaría Espinel al componer su Canción a Pedro Laínez, poeta que murió en marzo de 1584. Además, el 14 de abril de ese año se firmó la aprobación al Cancionero (1586) de López Maldonado, libro que cuenta con un poema elogioso del rondeño y que colecciona la Canción en loor de Vicente Espinel. También Cervantes lo celebró en La Galatea (1585).

A finales de 1585, Espinel regresó a Andalucía. En septiembre de 1586 opositó sin éxito a un beneficio en Santa María la Mayor de Ronda. Por entonces, su ciudad natal y el obispado de Málaga mantenían un litigio iniciado en 1559: los rondeños pretendían que los candidatos a sus beneficios eclesiásticos fueran naturales de la ciudad, mientras que el obispado, acogiéndose al derecho consuetudinario, quería seguir designando como candidatos a quienes hubiesen vivido ininterrumpidamente al menos diez años en el lugar donde se produjera una vacante, una condición que en la antigua legislación castellana convertía a quien la cumpliese en natural de tal sitio. En 1560, el Consejo Real dio la razón a la ciudad, excepto cuando no hubiera clérigos rondeños capaces de desempeñar las funciones vacantes. Muchos años después, el obispo, Francisco Pacheco, hacía caso omiso de la sentencia, que, habiendo sido confirmada en 1562, le fue recordada, mediante carta ejecutoria, en octubre de 1586. Mientras el Consejo notificaba al fin la rebeldía de Pacheco, Espinel, bajo la protección de éste, se ordenaba de evangelio en Málaga (octubre de 1586); era el paso previo a la ordenación sacerdotal definitiva. En el sacerdocio vería Espinel una forma de vida, asegurada en su caso por el disfrute de la capellanía instituida por sus tíos.

Acostumbrado a los salones y las academias de Milán y Madrid, Espinel volvió a Ronda con la alegría inicial de la Canción a su patria, escrita hacia 1586. Su madre, para quien compuso una Elegía por entonces, habría muerto antes de su llegada. Espinel se hallaba en Madrid cuando el 7 de enero de 1587 dictó Ercilla la aprobación a sus Diversas poesías de estilo moral y otras cosas (el proyecto inicial de las definitivas Diversas rimas) y cuando, tal vez como enviado de Pacheco a la Corte, estaba a punto de resolverse el largo contencioso con Ronda. En abril de 1587, Pacheco fue apartado de su diócesis y enviado a la de Córdoba, con lo que Espinel perdía a su protector, según refleja en la epístola Al obispo de Málaga; pero en mayo de 1587 la capilla de la catedral de Málaga eligió a Espinel para desempeñar un medio beneficio en Santa María la Mayor de Ronda. Pacheco situaba así a un hombre de su confianza, y además rondeño (con lo que cumplía el auto real), en un cargo eclesiástico de la ciudad que le había desafiado. De modo que los rondeños verían a Espinel como un infiltrado del obispo rival. Por si fuera poco, en junio de 1587 la catedral premió con seis escudos una octava y unas letras religiosas de Espinel.

Necesitando salir de una Ronda hostil, Espinel buscó nuevos mecenazgos: su epístola poética al doctor Luis de Castilla, muy bien relacionado con el poderoso conde de Chinchón, no tuvo éxito, y Espinel siguió dedicado a buscar mejores puestos eclesiásticos, sin olvidar sus deseos de afincarse en Madrid. Otro intento de hallar patrocinio, la epístola Al marqués de Peñafiel, escrita hacia 1590, también fracasó. Quizá en 1590 regresó a Madrid con una revisión de su libro de poemas. Los trámites para la publicación se alargaban. Mientras obtenía los permisos correspondientes, solicitó poemas laudatorios en los círculos de magnates e intelectuales. Por fin, y gracias al duque de Alba, vio publicadas las Diversas rimas (1591), que incluye un ya tardío cancionero amoroso de lenguaje garcilasiano, poemas en metros castellanos (entre los que figura uno que incorpora la variante de la décima luego llamada espinela), las tres epístolas horacianistas mencionadas y la primera traducción en verso castellano del Arte poética de Horacio.

En agosto de 1591, Espinel fracasó en la oposición para obtener el beneficio de Santa María la Mayor en Ronda, pero a finales de ese mes el Rey le nombró capellán del Hospital Real de Santa Bárbara, cargo que el poeta sirvió sobre todo a través de dos sustitutos, porque él se marchó casi de inmediato a Madrid.

Allí permaneció, frecuentando academias y tertulias, hasta que en enero de 1594 los rondeños se quejaron de la desidia del capellán ausente. Un decreto real le obligó a regresar a Ronda. Aduciendo una enfermedad, compareció en marzo ante el vicario general de Madrid, pero dos médicos certificaron sus afecciones de orina y gota, que podrían hacer que muriera durante el viaje. Consiguió así aplazar la partida hasta abril, cuando una nueva notificación le concedía un corto plazo para retornar a Ronda, so pena de perder su capellanía.

La Séptima parte de Flor de varios romances (Madrid, 1595) incluía anónima la espineliana Canción de una dama a la honra. En 1596, un representante del obispo de Málaga inspeccionó al clero rondeño y dio cuenta de su disipación: levantamiento de falsos testimonios, dejación de obligaciones, concubinato, simonía, envidias... Elevado el informe al Rey, en octubre de 1597 Felipe II pidió información sobre los capellanes de Santa Bárbara. El corregidor de Ronda se quejó de la desidia de un Espinel que disfrutaba de una confortable posición económica con los ingresos que le reportaba su capellanía, única razón que le ataba a la ciudad. En enero de 1598 se le imputaron “vicios, culpas y excesos y negligencias y codicia”, y se pidió su relevo en la capellanía. En abril, las autoridades eclesiásticas urgieron a Espinel a que cumpliera sus obligaciones. El capellán sufrió una amonestación, pagó una multa y se reportó.

En julio de 1598 volvió a opositar a un beneficio de Santa María la Mayor, pero tantos sinsabores le habían hecho decidirse definitivamente por la vida de la Corte. En mayo de 1599 logró el nombramiento de maestro de la capilla del obispo de Plasencia, en la iglesia madrileña de San Andrés. Espinel se tornó en un hombre inmerso en sus obligaciones, a cargo de todas las funciones relacionadas con la música, entre las que se hallaban elegir y componer piezas, hoy perdidas. Y no descuidó sus intereses literarios: en 1599 publicó un epigrama latino en los preliminares de la Primera parte de Guzmán de Alfarache, y en 1600 se leyó en la catedral de Málaga, en elogio del nuevo obispo, Tomás Borja, otro poema latino suyo.

En septiembre de 1603 viajó a Valladolid por razones relacionadas con su capilla, y trató con los escritores que se encontraban en la Corte: Góngora, los Argensola, Cervantes, Salas Barbadillo, Vélez de Guevara. En la Segunda parte del Romancero General (1605), de Madrigal, se incluyó, anónima, su composición “Mudanças del tiempo canto...”. Su soneto “A la mudanza de la corte” dataría asimismo de esta época. También por entonces se relacionó Espinel con Pedro Espinosa, a quien dio su poema “A la Asunción”, antologado en las Flores de poetas ilustres (1605). Espinel había alcanzado cierta preeminencia eclesiástica: en junio de 1605, el cabildo de la clerecía, que agrupaba a sacerdotes de diez iglesias madrileñas, le encargó gestionar, ante los oficiales reales en Valladolid, unos asuntos relacionados con la tasa de guerra que debían pagar los clérigos. En noviembre de 1608 se fundó la congregación del Oratorio del Olivar, donde se reunía un grupo de escritores, Espinel entre ellos, bajo la protección del duque de Lerma. Durante estos años, y quizá en dichas reuniones, Quevedo y Espinel entablaron cierta amistad. Fruto de ella es la cita que el Buscón hace del rondeño y el epigrama latino que éste compuso en alabanza del Anacreón español.

En enero de 1609, Espinel firmó su primera aprobación (para la Patrona de Madrid restituida, de Salas Barbadillo) como censor de libros para la Inquisición, cargo en que sirvió al vicario general de Madrid hasta su muerte. En estrecho contacto con los círculos intelectuales de la Corte, Espinel perteneció a algunas de las reuniones literarias que allí se sucedían: la Academia de Madrid (1609), patrocinada por Félix Arias Girón (autor de un poema en loor de Diversas rimas), donde se le homenajeó, según el Laurel de Apolo de Lope, como el mejor poeta latino y castellano de la época; la Academia Saldaña, regida por el segundo hijo del duque de Lerma, y la Academia Selvaje (1612-1614), bajo el mecenazgo de Francisco de Silva. Asimismo, asistiría a las reuniones celebradas en la casa del músico Clavijo (1614-1615), organista de la capilla real.

Espinel era unánimemente elogiado como “padre de la música” y “poeta único en latín y castellano”, según le denominó su amigo Lope, portavoz de casi todas estas academias. Esa favorable actitud colectiva hacia Espinel se explica también por la precaución de muchos autores cuyos libros serían revisados por el rondeño; sin embargo, los elogios que se le dispensaron se prolongaron tras su muerte. Además, las buenas relaciones y el prestigio que Espinel alcanzó están documentados en los poemas que escribió en elogio de varios libros. Por entonces comenzó a atribuírsele también el haber añadido la quinta cuerda a la guitarra. El primer testimonio escrito de esa atribución, que se debería a Lope, se encuentra en la Letanía moral (1613) de Andrés de Claramonte.

Confinado en su casa durante largos períodos, a causa de la gota, hacia 1614-1615 Espinel trabajaba en una obra que fundía el molde narrativo picaresco y la autobiografía: Marcos de Obregón. Pero no abandonaba la práctica de la poesía circunstancial: participó con un poema (publicado en el correspondiente Compendio de 1615) en las fiestas por la beatificación de santa Teresa, y en octubre de 1616 hizo lo mismo en un concurso toledano dominado por los gongorinos, con un poema castellano y otro latino. Quizá también buscaba allí el mecenazgo del cardenal Sandoval y Rojas para su novela, casi concluida. Sandoval y quienes ayudaron a Espinel aparecen elogiados en el Obregón. Lope, por ejemplo, intercedió con una carta ante el duque de Sessa (parece que sin éxito), disculpando el pasado temperamento agrio de Espinel. Por fin, en 1618 se publicaron las Relaciones de la vida del Escudero Marcos de Obregón. Las tres ediciones de ese año avalan su éxito.

Unas palabras del Obregón en elogio de Lope aparecen recogidas en la colectiva Expostulatio (1618), defensa de Lope de Vega contra su detractor Pedro Torres Rámila. Dos años más tarde, Espinel colaboró con su poesía en los certámenes lopistas que celebraron en Madrid la beatificación de san Isidro. En la Justa poética, que publicó los poemas del certamen, Lope llama a Espinel “mi Maestro”, seguramente refiriéndose al venerable maestro de la capilla del obispo, donde se celebró la justa.

Poco a poco, la actividad literaria del viejo Espinel se restringe a su tarea de censor. Nombrado capellán mayor de la capilla del obispo en 1623, a finales de ese año la gota agravó su salud y paralizó su mano derecha. El 1 de febrero de 1624 dictó testamento.

Tres días después moría en la capilla del obispo, y fue enterrado en la iglesia de San Andrés. El beneficio instituido por sus tíos pasó, tras su muerte, a su sobrino Jacinto de Espinel Adorno, autor de la novela pastoril El premio de la constancia (1620).

 

Obras de ~: Diversas Rimas [...] con el Arte Poética, y algunas Odas de Oracio, traduzidas en verso Castellano, Madrid, Luis Sánchez, 1591 (ed. de D. C. Clarke, New York, Hispanic Institute, 1956; ed. de A. Navarro y P. González, Salamanca, Universidad, 1980; ed. de G. Garrote Bernal, Málaga, Diputación, 2001); Vida del escudero Marcos de Obregón, Madrid, Juan de la Cuesta, 1618 (ed. de J. Pérez de Guzmán, Barcelona, Biblioteca Arte y Letras, 1881; ed. de S. Gili Gaya, Madrid, Espasa Calpe, 1922-1925, 2 vols.; ed. de M. S. Carrasco Urgoiti, Madrid, Castalia, 1972-1973, 2 vols.); poemas sueltos (ed. de J. Pérez de Guzmán, “Cancionero inédito de Espinel”, en La Ilustración Española y Americana, I (1883), págs. 134 y 135, 159-162 y 178; ed. de J. Lara Garrido, “La ‘Sátira a las damas de Sevilla’ de Vicente Espinel: edición crítica y comentario literal”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXXXII (1979), págs. 767-808; ed. de J. Lara Garrido, Poesías sueltas, Málaga, Diputación, 1985; ed. de G. Haley, J. Lara Garrido, V. Cristóbal López y G. Garrote Bernal, en Canente, 2 (2001), págs. 13-246); aprobaciones y censuras (ed. de J. Simón Díaz, Textos dispersos de autores españoles. I. Impresos del Siglo de Oro, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1978, págs. 121-134).

 

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Gaspar Garrote Bernal