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Bernardo de Sandoval y Rojas

Biografía

Sandoval y Rojas, Bernardo. Aranda de Duero (Burgos), 20.IV.1546 – Madrid, 7.XII.1618. Canónigo, obispo de Ciudad Rodrigo, Pamplona y Jaén, consejero real, arzobispo de Toledo, cardenal, protector de Cervantes.

Era el segundo hijo —de entre nueve hermanos— del matrimonio formado por Fernando de Rojas y Sandoval y por María Chacón de Guevara, mayordomos y ayos de los hijos del rey Felipe II. En los últimos años de su vida, al ser nombrado cardenal, en 1598, invirtió el orden de sus apellidos, permaneciendo para la posteridad como Bernardo de Sandoval y Rojas, posiblemente por halagar a su sobrino, Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma y valido de Felipe III. En un primer momento fue acogido en casa de los duques de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval e Isabel de Borja, con quienes vivió en Buitrago y Tordesillas. Al nacer su sobrino, el futuro duque de Lerma, pasó a vivir con su tío Cristóbal de Rojas y Sandoval, obispo de Oviedo, quien se preocupó directamente de su educación y de que dispusiese de rentas suficientes para dedicarse al estudio. Igualmente, le encauzó hacia la vida religiosa, recibiendo la tonsura eclesiástica en 1555, en el Palacio Episcopal de Oviedo.

Inició sus estudios superiores en la Universidad de Alcalá, la cual frecuentaría durante dieciocho años, alcanzando allí el grado de bachiller en 1566 y el de licenciado y doctor en Artes en 1567. Conoció en profundidad la lengua latina a través de las enseñanzas de su maestro Ambrosio de Morales y compartió alojamiento con ilustres personajes como el príncipe Carlos, Juan de Austria, Alejandro Farnesio y Pedro de Navarra. También en Alcalá inició los estudios de Teología y tuvo como maestros al doctor Pedro Balbás y al jesuita padre Deza. Tal vez por motivos de salud, se retiró a la villa de Brihuega (Guadalajara) para estudiar privadamente con Juan Alonso de Moscoso. Posteriormente continuó los estudios en la Universidad de Salamanca, obteniendo la licenciatura en Teología en 1576. Habiendo sido nombrado Cristóbal de Rojas arzobispo de Sevilla, tomó posesión de una canonjía en su Iglesia Catedral (1574), se ordenó de subdiácono en El Escorial con licencia del vicario general de Sevilla, consiguió la dignidad de arcediano de Écija y llegó a ser gobernador del arzobispado hispalense.

Sorprende los años continuados de estudio teniendo en cuenta su frágil salud y su vista defectuosa. En su adolescencia su tío, a la sazón obispo de Badajoz, le había conseguido la conmutación del rezo del oficio divino por otras devociones a causa de su miopía y otras enfermedades. Una vez repuesto, continuó con el rezo de las horas canónicas pero en breviarios con la letra muy grande.

Con el favor de su tío Cristóbal de Rojas y el aprecio de García de Loaysa y Girón, estrecho colaborador de Felipe II y futuro arzobispo de Toledo, fue presentado para obispo de Ciudad Rodrigo en 1585, siendo confirmado este nombramiento por la Santa Sede y recibiendo la ordenación episcopal al año siguiente en Sevilla.

En 1588 fue nombrado obispo de Pamplona. En su nombre, en el mes de junio, tomó posesión de la sede el vicario general Dionisio Melgar, canónigo de Guadix. En el mes de agosto entraba solemnemente en la ciudad, según el ceremonial acostumbrado. Inmediatamente acometió, tras numerosos enfrentamientos con el Cabildo, la celebración de un sínodo diocesano que había sido convocado en tres ocasiones diferentes (1566,1577, 1586) y que otras tantas había sido suspendido y la publicación de sus constituciones en 1590. Las constituciones aprobadas en este sínodo de 1590, por su extensión y contenido, son las más importantes que hasta entonces se habían promulgado en la diócesis de Pamplona. Fueron la ley fundamental de la diócesis durante muchos años y la base de la reforma. Don Bernardo se ha llevado la gloria de ser su autor aunque, ciertamente, muchos de sus contenidos se deben a la labor de su antecesor en el obispado de Pamplona, Pedro de la Fuente.

Visitó personalmente la diócesis antes de 1594. Asimismo, trabajó en la reforma del clero, desarraigando numerosos vicios y poniendo un interés especial en la enseñanza del Santo Evangelio que él mismo predicaba. Don Bernardo llegó a Pamplona con un equipo de colaboradores principales formado por su provisor y vicario general doctor Dionisio de Melgar; su secretario de cámara, Francisco Delgado; su mayordomo y contador, Luis de Oviedo; su visitador general doctor Juan Bautista Garay; el licenciado Antonio de San Vicente; y su familiar y visitador Juan Alonso de Asiago y Ribera.

En 1590, Bernardo se excusó de realizar personalmente la visita ad limina en Roma por razones de salud y motivos pastorales. En 1594 volvió a excusarse de ir personalmente a Roma. En su nombre realizó la visita ad limina Juan Alonso de Asiago y Ribera, natural de Oviedo, doctor en teología, visitador y familiar del obispo, quien presentó fuera ya del tiempo normal un breve informe sobre el estado de la diócesis. En 1590, Francisco Vicente Tornamira le había dedicado su Traducción del Kalendario gregoriano del latín en español, publicado en Pamplona en 1591, y en el que le alababa por su erudición y favorecedor de las buenas letras.

Con el Cabildo mantuvo un constante enfrentamiento. De su labor positiva en la diócesis hay que destacar la formación de un archivo diocesano para evitar el frecuente extravío de procesos e importantes escrituras; la creación del Seminario Conciliar, necesario en Navarra más que en otras partes a causa de la pobreza allí existente y la dificultad para realizar estudios universitarios; y el envío de misioneros a los lugares montañosos de la diócesis con el fin de predicar la enseñanza cristiana y combatir la ignorancia religiosa, causa de muchos males.

En 1596, Bernardo fue nombrado obispo de Jaén. Tomó posesión de la diócesis por medio de su visitador, Juan Bautista Garay, el 28 de agosto de 1596, e hizo su entrada solemne a final de año. Durante su breve y poco eficaz pontificado en Jaén, visitó la diócesis; recibió en Andújar una importante reliquia del cuerpo de san Eufrasio, supuesto discípulo de Santiago Apóstol y supuesto primer obispo de Andújar, trasladada desde Valdemau, cerca de Samos (Galicia); y consagró en Jaén a Maximiliano de Austria, obispo electo de Cádiz y primo hermano de Carlos V.

A partir de 1598, con la muerte de Felipe II y la subida al Trono de Felipe III, quien nombró al marqués de Denia y duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas, sobrino del obispo de Jaén, como su poderoso colaborador inmediato, la carrera eclesiástica de Bernardo alcanzaría humanamente sus cimas más altas. El 3 de marzo de 1599 era nombrado cardenal de la Iglesia. Es en este momento cuando cambió el orden de sus apellidos. En adelante se llamará Sandoval y Rojas, no Rojas y Sandoval.

El 19 de abril de 1599 es preconizado arzobispo primado de Toledo. La carta de solicitud de Felipe III a Roma, el interés del duque de Lerma y el panegírico que envió el nuncio consiguieron del Papa el nombramiento. En su nombre, el 23 de junio de 1599, tomó posesión por poderes su primo Bernardo de Rojas y Sandoval, deán de Jaén, quien también invertirá el orden de sus apellidos. La peste descubierta en Toledo por esos días obligó a que Bernardo retrasase su entrada en la ciudad. Ésta de produjo el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel. Los canónigos de la iglesia primada hicieron todo lo posible para que la ceremonia se celebrase el 1 de octubre, pero el arzobispo no doblegó su voluntad ante la fecha elegida. Con este hecho comenzó un período de constantes enfrentamientos con el Cabildo Primado que prácticamente llegarían hasta su muerte. Durante su estancia en Toledo su estado de salud se agravó. Su toma de posesión fue el primer ejemplo de esta realidad pues, una vez finalizados los actos, se pensó que el arzobispo no viviría al día siguiente. Sin embargo se recuperó y acompañó a los Reyes en su primera entrada pública en Madrid, después de sus bodas celebradas en Valencia. Dos días más tarde, el 26 de octubre de 1599, era nombrado consejero de Estado.

El 4 de marzo de 1600 recibió el capelo cardenalicio en Toledo de manos del cardenal Fernando Niño de Guevara en presencia de los Reyes, a quienes agasajó con gastos extraordinarios. El 26 de febrero de 1601 se le asignó el título de Santa Anastasia. El 21 de marzo de 1604 consagró como obispo de Coria al deán de la Catedral toledana, Pedro de Carvajal.

El arzobispo Bernardo Sandoval y Rojas a lo largo de su pontificado en Toledo presentó en Roma dos Informes de visita ad limina apostolorum sobre el estado de la archidiócesis. El primero de ellos, fechado el 28 de enero de 1603 y recibido oficialmente en la Congregación del Concilio el 3 de marzo, está compuesto de cuatro páginas escritas en latín. La presentación la realiza en nombre del arzobispo el procurador Alonso Manrique, quien firma al final del Informe. Cumplió con la obligación de visitar las Basílicas romanas de San Pedro y San Pablo el 28 de enero de 1603. La respuesta al contenido del Informe está fechada en Roma el 19 de abril de 1606. El segundo de los informes, realizado en 1615, consta de una redacción original en español, de 8 páginas, y de dos versiones en latín, una de 10 páginas y la otra de 9 páginas, respectivamente. En la primera aparece una nota al final del escrito donde señala que Alejandro Florentino de la diócesis Tuderinensis realizó esta copia latina del original español. Actúa como procurador, en nombre del arzobispo, Agustín Aldana Melgarejo, de quien aparecen también dos versiones del documento que le autorizan como procurador, la original en español y la copia en latín.

Su presencia en Toledo no fue constante, pues hubo de atender los asuntos de su cargo como canciller mayor de Castilla, miembro del Consejo del Reino e inquisidor general (1608), teniendo que residir frecuentemente en Madrid. Con todo, don Bernardo se retiraba de cuando en cuando a su diócesis toledana en busca de paz y descanso en sus cigarrales y fincas de recreo y para celebrar las grandes solemnidades litúrgicas en la Catedral. Contó con la ayuda del obispo auxiliar Melchor de Soria y Vera, natural de Jaén y antiguo párroco de la parroquial de San Ildefonso en esta ciudad.

En cuanto inquisidor general, una vez que hubo aceptado el cargo en 1608 después de repetidas negativas, ejerció el oficio con rectitud y prudencia. En 1612 publicó un índice de libros prohibidos y expurgados. El 10 de mayo de 1615 celebró un auto de fe en Toledo para ejemplo e instrucción de la infanta Ana, que a los catorce años de edad iba a casarse con Luis XIII de Francia.

En el orden administrativo eclesiástico, mantuvo fuertes enfrentamientos con el Cabildo de la Catedral, convocó un sínodo diocesano en 1601, cuyas constituciones fueron impresas al año siguiente, y consiguió, en 1606, la restitución del Adelantamiento de Cazorla a la diócesis de Toledo. Para solucionar un tema que llevaba visos de eternizarse, don Bernardo comenzó por confirmar todo lo que habían solicitado sus inmediatos antecesores. Poco después proveyó el Adelantamiento, que valía 20.000 ducados de renta, en el duque de Lerma y puso demanda al marqués de Camarasa, que había recibido el mismo nombramiento del cardenal Quiroga. El asunto se siguió en el Consejo Real sobre el artículo de fuerza con que apeló el marqués de Camarasa cuando el juez apostólico le excomulgó en virtud de los ejecutoriales de Roma. En 1602 imprimió un voluminoso Memorial sobre el asunto e hizo gestiones cerca del Rey en pro de una pronta y feliz conclusión de la causa. En 1603 se pronunció la sentencia que resultó favorable al cardenal.

El Consejo Real mandó entonces al marqués de Camarasa que restituyese el Adelantamiento a la dignidad arzobispal de Toledo en el plazo de nueves días. Después de una apelación por parte del marqués, se llegó a una concordia, firmada en Valladolid el 13 de abril de 1604 por Juan Bautista Garay en nombre del arzobispo. El marqués se obligó a devolver el adelantamiento a cambio de una renta anual de 7000 ducados. Posteriormente, el cardenal Sandoval hizo renunciar al duque de Lerma al adelantamiento, temeroso de que se quedara con él.

Su impronta nepotista, premiando a parientes, criados y amigos con prebendas eclesiásticas, quedó muy patente al conseguir el nombramiento como cardenales de sus sobrinos: Gaspar de Borja y Velasco (1611), canónigo de Toledo y futuro arzobispo, y Baltasar Moscoso y Sandoval (1615), futuro arzobispo de Toledo; y también para el propio duque de Lerma (1618), quien pretendió suceder a su tío en la sede de Toledo. Anteriormente había seguido la misma práctica. Habiendo llegado a Toledo, en 1602 concedió el arcedianato de Guadalajara en la Catedral toledana a su sobrino Baltasar Moscoso y Sandoval; en 1604 nombró canónigo y más tarde obrero mayor a su hombre de confianza Juan Bautista Garay; en 1605 nombró capellán a su sobrino Francisco Chacón; en 1606 otorgó una canonjía a su criado Luis de Oviedo, hijo de Luis de Oviedo, su mayordomo y contador; este mismo año concedió sendas canonjías a sus sobrinos Diego de Sandoval y Francisco Chacón; en 1608 nombró al doctor Garay capellán mayor y a Francisco Chacón arcediano de Calatrava; el 31 de mayo del mismo año era canónigo de Toledo el doctor Dionisio de Melgar, antiguo vicario general de Pamplona el cual, a principios del año siguiente, figura como canónigo doctoral de Toledo; en 1611 fue creado cardenal su joven sobrino Gaspar de Borja y Velasco, canónigo de Toledo; en 1614 el cardenal concedió el arcedianato de Toledo, que rentaba anualmente 30.000 ducados, a su sobrino Francisco Chacón de Sandoval, el arcedianato de Talavera a su hermano Bernardo, el arcedianato de Calatrava a Gabriel de Trejo, y el deanato de Toledo a Melchor de Sandoval, hijo de la condesa de Altamira; en 1615 fue creado cardenal su sobrino Baltasar Moscoso y Sandoval.

Como hombre de su tiempo, destacó por su carácter humanista y su decidido mecenazgo cultural y constructor. Restauró el Palacio Arzobispal y construyó el pasadizo que le une con la Catedral, conocido como “arco de palacio”, reparó y embelleció la capilla de la Descensión de la Virgen María y construyó las casas de recreo de Buenavista y Ventosilla. Fue protector de artistas como Miguel de Cervantes, Alonso de Salas Barbadillo y Vicente Espinel. Fue generoso con los pobres y espléndido con todos.

Mención especial merece la adaptación del antiguo Relicario de la Catedral y la construcción a sus expensas de la actual capilla del Sagrario y del Ochavo. El 1604 Bernardo solicitó al Cabildo Primado la capilla del Sagrario como lugar para su futuro enterramiento, con ello abandonaba la idea primera de enterrarse en la capilla mayor de San Pablo en Valladolid. Los capitulares aceptaron de buen grado la propuesta. Las negociaciones con el Cabildo cristalizaron rápidamente y quedaron reflejadas en una escritura pública firmada el 29 de noviembre de 1604. Inmediatamente dejó librados 30.000 ducados para la fábrica y el adorno de la capilla de nuestra Señora del Sagrario, de los cuales se irían gastando 500 ducados cada mes a partir de mayo. A su vez pidió al deán y Cabildo que la obra se realizase con celeridad, comprometiéndose a aumentar la asignación mensual si fuera necesario. La obra total alcanzó un precio de 120.000 ducados, además de dotar con otros 85.000 ducados a un capellán mayor y doce capellanes.

La construcción de la capilla del Sagrario se había iniciado en tiempos del cardenal Quiroga, siguió con el cardenal archiduque Alberto de Austria y, finalmente, va a ser impulsada y terminada por el cardenal Sandoval y Rojas. El arquitecto responsable de la obra fue Juan Bautista Monegro, aunque en sus orígenes la había iniciado el maestro mayor Nicolás Vergara, el Mozo. Es un recinto cuadrado cubierto enteramente de mármoles. Se cubre con una cúpula pintada por los maestros Cajés y Carducho. En la parte frontal está situada la imagen de la Virgen del Sagrario. Toda la capilla es de una grandiosidad muy elegante. En el muro de la izquierda está enterrado el cardenal Sandoval y Rojas. El sepulcro está dispuesto de forma idéntica al mausoleo de sus padres con urna, cubo claro, pináculo rojizo de mármoles y bola dorada. Sobre él se encuentra colocada esta leyenda: “regi saeculorum inmortali/ d. v. s. d/ d. bernardus de sandoval et/ roxas, fernandi f. s. r. e. praesbiter./ card. t. s. anastasiae post. ar/ chiepiscopat. hispalen. guber/ natum sub patruo archiepis/ copo civitatensem, pompaelo/ nens.., et giennens... magna cum/ laude administratos, archiepis/ copus tolet. inquisitor genera/ lis, max... et philippo iii. a consil. status. vir genere claris ad maxi/ ma quaeq. natus et institutus/ doctrina, prudentia, consilio/ cum ingenuae eloquentiae/ dignitate et urbanitate, morum gravitate et vitae integritate praestantis. sine/ jactantia pius, sine superbia/ nobilis, sine invidia princeps/ sine asperitate constans”.

Un aspecto muy positivo del cardenal Sandoval y Rojas fue la protección y el mecenazgo que dispensó a Miguel de Cervantes. No consta el momento en que comenzó este mecenazgo. Posiblemente a partir de 1611, cuando la penuria económica no le permitió sufragar los gastos del entierro de una hermana suya. En todo caso, se trata de un acto espontáneo de generosidad, repetido en diversas ocasiones por el cardenal. En 1615, en el “Prólogo” de la segunda parte del Quijote, escribe Cervantes: “Viva el conde de Lemos, cuya liberalidad y cristiandad bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas. Estos dos príncipes, sin que lo solicite adulación mía ni otro género de aplauso, por solo su bondad han tomado a su cargo hacerme merced y favorecerme, en lo que me tengo por más dichoso y rico, que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre”.

Murió en Madrid el 7 de diciembre de 1618, siendo trasladado a Toledo y enterrado en la capilla del Sagrario de la Catedral Primada. En la sacristía de la Catedral se conserva un magnífico cuadro del cardenal, obra de Luis Tristán.

 

Obras de ~: Advertencias del Ilmo. cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, para don Gonzalo Chacón, su sobrino, marqués de Casarrubios, yendo a embarcarse en las galeras de España [en Biblioteca Nacional (BN) de Madrid, ms. 18.721/60]; Parecer sobre separar los hombres y las mujeres en las iglesias (en BN, ms. 1923); Documentos a su sobrino Duque de Lerma (en BN, ms. 18.728); Papel que escribió el cardenal de Toledo al duque de Lerma, (en BN, ms. 1.492, fols. 32-33); Constituciones Synodales del obispado de Pamplona, Pamplona, 1591; Edicto sobre cumplimiento de obras pías, Pamplona, 1594; Sermón en las honras de Felipe II, Madrid, 1601; Memorial del pleyto entre el señor cardenal don Bernardo de Rojas y Sandoval, arcobispo de Toledo, y el señor fiscal de su Magestad, que a él salió, de la una parte; y el marqués de Camarasa, de la otra, sobre el Adelantamiento de Cazorla, Valladolid, 1602; Index librorum prohibitorum et expurgatorum, Madrid, 1612; Appendix prima ad Indicem Librorum prohibitorum et expurgatorum, Madrid, 1614; Provisión nombrando a Diego Morejón contador mayor de los diezmos de todo el arzobispado de Toledo, Madrid, 1617; Constituciones y Estatutos ordenados y mandados guardar por el Ilmo. Señor... para las religiosas del Monasterio de San Bernardo, Madrid, 1625; Edicto por el que se manda decir cada jueves una misa cantada o rezada del Ssmo. Sacramento, Pamplona, 1789.

Bibl.: F. V. de Tornamira, Tradvción del kalendario gregoriano de latín en español, con ciertas adictiones y comentos al fin de cada vno de sus cánones para que mejor se puedan entender, Pamplona, por Pedro Porralis, 1591; B. Porreño, Historia de los arzobispos de Toledo, vol. II, Toledo, 1606, págs. 200-204 (en Biblioteca Capitular de Toledo, ms. 27-21 y 27-22); P. de Sandoval, Catalogo de los Obispos qve ha tenido la Santa Iglesia de Pamplona desde el año de ochenta que fue el primero della el santo martyr Fermin, su natural ciudadano. Con vn breue svmario de los Reyes que en tiempo de los Obispos Reynaron en Navarra [...], Pamplona, Nicolás de Assiayn, 1614; P. de Herrera, Descripción de la Capilla del Sagrario de Toledo, Madrid, Luis Sánchez, 1617 (en Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha, Res 1023); M. de Jimena Jurado, Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de la diocesi [sic] de Jaen y annales eclesiásticos deste obispado [...], Madrid, por Domingo García y Morras, 1654; G. Fernández Pérez, Historia de la Iglesia y obispos de Pamplona, real y eclesiástica del Reino de Navarra, t. III, Madrid, Imprenta de Repullés, 1820; R. León Máinez, Cervantes y su época, Jerez de la Frontera, Litografía Jerezana, 1901; R. Molina y Nieto, El Cardenal de la Virgen. Toledo y su Reina. Crónica de la coronación de la Virgen del Sagrario. Toledo, mayo 1926, Toledo, Católica Toledana, 1926; M. Hernández Vegas, Ciudad Rodrigo; la Catedral y la ciudad, [Ciudad Rodrigo] Salamanca, Comercial Salmantina, 1935; R. Laínez Alcalá, Antología laudatoria de un mecenas español: discurso inaugural del año académico 1945-1946, Universidad de la Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Universidad de La Laguna, 1945; J. F. Rivera Recio, El adelantamiento de Cazorla. Historia General, Toledo, Editorial Católica, 1948; L. Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Instituto Editorial Reus, vol. V, 1953, págs. 354-366; vol. VI, 1956, págs. 22-435; vol. VII, 1958, págs. 305-307; F. de Lubián y Sos, Relación de la Santa Iglesia de Pamplona, de la Provincia Burgense, Pamplona, Cofradía del Gallico de San Cernín, 1955; R. Laínez Alcalá, Don Bernardo de Sandoval y Rojas protector de Cervantes (1546-1618), Salamanca, Anaya, 1958; A. Rodríguez-Moñino, “La carta de Cervantes al cardenal Sandoval y Rojas”, en Nueva Revista de Filología Hispánica, 16 (1962), págs. 81-89; J. I. Tellechea Idígoras, “La visita ‘ad limina’ del obispo de Pamplona don Bernardo Rojas Sandoval (1594)”, en Revista Española de Derecho Canónico, 21 (1966), págs. 591-617; J. Goñi Gaztambide, Historia de los obispos de Pamplona, vol. 4: Siglo xvi. Contrarreforma, Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra, 1985; J. Montijano Chica, Historia de la diócesis de Jaén y sus obispos, Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 1986; J. Goñi Gaztambide, “Bernardo de Rojas y Sandoval”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de historia eclesiástica de España, suplemento I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1987, págs. 651-667; J. F. Martínez Rojas, Aproximación a la historia de la Iglesia en Jaén, Jaén, Obispado de Jaén, 1998.

 

Ángel Fernández Collado