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Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont

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Biografía

Álvarez de Toledo y Beaumont, Antonio. Duque de Alba de Tormes (V). ?, 1568 sup. – Nápoles (Italia), 29.I.1639. Virrey de Nápoles, consejero de Estado y de Guerra.

Antonio Álvarez de Toledo, quien habría de ser el V duque de Alba de Tormes, era hijo de Diego de Toledo, que ostentó la dignidad de comendador de Almorchón y de Cabeza de Buey en la Orden de Alcántara, el cual había fallecido un año después de su padre, el gran duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo. En él se unieron dos grandes casas, al suceder a su madre, Brianda de Beaumont, en el condado de Lerín, por ser los Beaumont descendientes, por varonía extramatrimonial, de los reyes de Navarra. Por ello ostentaba las dignidades de conde de Lerín y condestable de Navarra. Suyo fue el palacio sito en la calle Mayor de Pamplona, único ejemplo de palacio del siglo xvi que hay en esa capital —data de 1530—, aún más conocido como la Casa del Duque, denominación compartida con la de Casa del Condestable.

Ostentó también los títulos de III duque de Huéscar, VIII marqués de Coria, V conde de Salvatierra y IV conde de Piedrahíta.

Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont de Navarra se convirtió en duque de Alba de Tormes en 1585, a la temprana edad de diecisiete años y, muy interesado en tener rápida descendencia, contrajo matrimonio por poderes, en Sevilla con Catalina Enríquez de Cabrera, hija de los duques de Alcalá de los Gazules.

Pero el duque mantenía que este matrimonio era radicalmente nulo, porque lo había celebrado presionado por su tío Fernando, el prior de la Orden de San Juan (el hijo extramatrimonial del Gran Duque).

Amparado en esa declaración, Antonio efectuó otro matrimonio, que aparentaba ser bígamo, que se celebró por palabras de presente y fue consumado de inmediato en Guadalajara con Mencía de Mendoza, hija de Íñigo, V duque del Infantado, y de Luisa Enríquez de Cabrera, la cual lo dejó viudo al fallecer el 30 de septiembre de 1619. Este matrimonio le hizo incurrir en la ira de Felipe II, que apoyaba la primera unión, la cual, pese a ello, fue declarada nula. El Rey lo mandó encarcelar junto a los duques de Pastrana y Medina de Rioseco, quienes, como parientes de la desposada, habían colaborado en culminar aquella boda que le contrariaba, ordenando que el encierro tuviese por marco el castillo de la Mota.

La causa de que el soberano no diera su anuencia a esta unión pudiera explicarse en su deseo de evitar un excesivo encumbramiento de la Casa de Toledo. Fueran cuales fueren las razones que llevaron al “rey prudente” a oponerse a este matrimonio, el duque Antonio al dejar sus estados, designó como administrador al dramaturgo Félix Lope de Vega, entonces también desterrado de la Corte, quien acabó por conseguirle el indulto real al redactar las cartas con la petición de perdón, y que todas las villas cuyo señorío ostentaba el duque elevaron al soberano, movidas por Mencía, que se afianzó como legítima esposa.

Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont continuó la labor de mecenazgo característica de su familia y actuó como patrón del mencionado Lope de Vega entre los años de 1591 y 1595, en los que el polígrafo le sirvió, primero en Toledo, como secretario, y luego, como gentilhombre, en la Corte ducal de Alba de Tormes. Escribió por entonces el Fénix de los ingenios su novela pastoril La Arcadia y una comedia titulada Las Batuecas del Duque de Alba. El escritor sufría entonces destierro de la Corte por el escándalo que suscitaron sus amores adúlteros con Elena Osorio, mientras que el duque también tuvo serios problemas por sus relaciones matrimoniales; por eso hubo una identificación grande entre el patrón y su protegido, que lo retrató sin excesivo embozo en el personaje de Anfriso, protagonista de La Arcadia, a la par que rinde un sutil homenaje a la sangre de los Toledo al hacer a este Anfriso nieto de Júpiter, vencedor de los dioses del Olimpo, en clara alusión hagiográfica al III duque de Alba, abuelo de su mentor. También se homenajea en La Arcadia a la madre del V duque, Brianda de Beaumont, encubierta bajo la identidad del personaje de Bresinda.

En aquel momento era todavía fuerte la vinculación de los duques con la localidad que da nombre a la casa, Alba de Tormes, como demuestran los meses que allí pasó Lope como gentilhombre; también estuvo en el palacio de Sotofermoso, propiedad de los Alba, al que calificó de Parnaso en su obra Descripción de “La Abadía”, jardín del Duque de Alba.

El 18 de marzo de 1595 se levanta el destierro que hasta ese momento pesaba sobre él y, desaparecido Felipe II, que falleció en 1598, el V duque de Alba gozó del favor de su sucesor, Felipe III, de quien fue gentilhombre de cámara, mayordomo mayor, consejero de Estado y de Guerra y que lo condecoró con el collar del Toisón, ya frecuente en sus antepasados, el 2 de diciembre de 1599, nada más iniciarse el reinado.

Pero el valimiento del duque de Lerma no fue afín a sus intereses y Antonio, partidario de mantener posturas firmes en la política europea (tesis llamadas reputacionistas) frente a la postura de pactos defendida por el privado, prefirió retirarse a sus estados, aunque finalmente, ya en el reinado de Felipe IV, se le requirió para que ejerciese un alto puesto que no era nuevo para los Toledo, pues marchó a Nápoles como virrey, cargo que ostentó durante siete años, entre 1622 y 1629. También allí ejerció de mecenas de escritores y poetas, dedicándole Gianbattista Basile, en 1627, una colección de odas. El duque Antonio hizo encargos al pintor Ribera, y se sabe que regaló una tela de este artista al duque de Alcalá, de visita en Nápoles en 1626, con motivo de asistir en Roma a la coronación del papa Urbano VIII. Se trata del cuadro que representa a Jesucristo despojándose de las vestiduras para ser crucificado, óleo conservado en la iglesia de Santa María, en Cogolludo.

Cuando en 1631 murió el I marqués de Bohoyo sin dejar descendientes, aspiraron a sucederle en sus estados Manuel de Porres Vozmediano y Toledo, sobrino carnal del difunto por ser hijo de su hermana Mariana de Córdoba y Toledo, y el V duque de Alba, hijo de un primo tercero. Como los mayorazgos de Bohoyo y La Horcajada habían sido creados como mayorazgos de agnación, la Real Chancillería de Valladolid, que entendió en el asunto, sentenció en 1636 en favor de Antonio. De esta forma, tanto Bohoyo como La Horcajada quedaron agregados al Señorío de Valdecorneja, integrándose en la Casa de Alba El escultor Grazia realizó su retrato, con bigote y perilla a la moda de Felipe III, en relieves para medallas.

Falleció el duque Antonio en Nápoles el 29 de enero de 1639, cuando ya hacía una década que no ostentaba la representación regia y llevaba veinte años viudo de su mujer, la cual había fallecido en 1619, por lo que no alcanzó a ser virreina. Tuvieron ocho hijos, dos varones, Fernando, el heredero, y Alonso Antonio, que recibió el título de marqués de Villamagna en 1624. De las seis hijas, dos hicieron brillantes matrimonios en la nobleza: María Antonia casó con Álvaro Pérez Osorio, IX marqués de Astorga, mientras que Ana fue esposa de Antonio Enríquez de Ribera, II marqués de Villanueva del Río. El resto de las hijas fueron Luisa, Mencía, Brianda y María Álvarez de Toledo.

 

Bibl.: A. de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Fundación Carlos III-Palafox y Pezuela, 2000, pág. 307; J. L. Sampedro Escolar, La Casa de Alba, Madrid, La Esfera de los Libros, 2007.

 

José Luis Sampedro Escolar