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Manuel Bretón de los Herreros

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Biografía

Bretón de los Herreros, Manuel. Quel (La Rioja), 19.XII.1796 – Madrid, 8.XI.1873. Autor teatral y académico de la Real Academia Española.

Hijo de Antonio Bretón y de María Petra de los Herreros.

La familia se trasladó a Madrid en 1806, donde el padre, confiado en la influencia de parientes bien situados, pretendió algunos destinos que no logró, por lo que pasó a gestionar asuntos de Indias para particulares, hasta que la invasión francesa interrumpió estas actividades; murió en 1811, dejando a su viuda y sus seis hijos en una situación precaria; en concreto, tras el fallecimiento de su progenitor, Manuel Bretón de los Herreros, que cursaba estudios de Latinidad y Humanidades en el Real Colegio de los Padres Escolapios de San Antonio Abad, tuvo que interrumpir sus estudios literarios. La fría acogida de un acomodado tío paterno al que recurrió (y a quien satirizó en Los dos sobrinos o La escuela de los parientes), le animó a alistarse en el Ejército para luchar en la Guerra de la Independencia; sentó plaza de soldado (24 de mayo de 1812) en el batallón de Caballería de la Ciudad de Ávila, hasta que fue destinado al de Infantería ligera 1.º de Voluntarios de Aragón (5 de septiembre de 1812), donde alcanzó el grado de cabo primero, tras las campañas de Valencia y Cataluña contra el ejercito napoleónico. Durante un permiso (1817) escribió su primera obra teatral, A la vejez viruelas, tomando como modelo a Leandro Fernández de Moratín. Continuó alistado en el Ejército, en el 1.º de Ligeros, Caballería del Rey, a la espera de pasar a Hispanoamérica para sofocar la sublevación de las colonias. El 24 de diciembre de 1818 perdió el ojo izquierdo y quedó marcado por una profunda cicatriz en un duelo. En 1812 se significa como decidido partidario de la Constitución con numerosas composiciones poéticas en su honor. Dejó el Ejército en 1822 y, afiliado al partido liberal en el poder, ingresó en la Administración donde permaneció poco tiempo, en puestos irrelevantes, por el triunfo de los realistas. Participó como soldado voluntario en la defensa de Valencia y en la de Cartagena, al mando de Torrijos, hasta su capitulación; de allí partió de incógnito hacia Quel, su pueblo, donde estuvo poco tiempo por temor a represalias, hasta recalar en Madrid, donde prescindió por algún tiempo de su primer apellido, por precaución, y presentó al actor Joaquín Caprara su comedia A la vejez viruelas, que se estrenó con éxito para celebrar el cumpleaños del Rey (14 de octubre de 1824). Alentado, se dedica entre 1825 y 1829 al estudio de los clásicos teatrales españoles, latinos, franceses e italianos y estrena A Madrid me vuelvo (25 de enero de 1828), con la que alcanza notable popularidad; es un teatro de inspiración moratiniana, respetuoso con la verosimilitud y las unidades de acción, tiempo y lugar, destinado a satirizar costumbres perniciosas. Bretón, no obstante, ya deja ver dos rasgos personales que se fueron acentuando hasta dar singularidad a su teatro: el carácter costumbrista de sus obras y la comicidad.

Publicó también dos sátiras: Contra el furor filarmónico, o más bien contra los que desprecian el teatro español (asunto que retomará en una comedia) y Sátira contra los hombres en defensa de las mujeres, que le granjeó no pocas contrariedades. Fecha de gran importancia en su carrera teatral es el año 1830, cuando fue a Sevilla con la compañía del empresario y autor teatral Juan de Grimaldi, en la que conoció los entresijos del oficio teatral. En 1831 volvió a Madrid, y comenzó a escribir como crítico teatral en El Correo Literario y Mercantil, donde fue perfilando su poética, contraria al romanticismo desaforado y basada en lo que denominaba “el efecto teatral”, la verosimilitud, la intención moral, la obra sencilla y bien armada, la ironía suave, la pintura de caracteres típicos y de costumbres de la época, la comicidad, el diálogo ágil y el empleo del verso. La representación de Marcela o ¿a cuál de los tres? (30 de diciembre de 1831) supuso un éxito extraordinario, con el que el autor, al tiempo que proponía su propia fórmula teatral, contribuía a asentar la reforma emprendida por Moratín. Bretón reiteró esta fórmula, con mínimas variaciones (lo que le ganó detractores) entre los años 1832 y 1833; escribió también para La Aurora de España. En 1834 fue nombrado por el ministro de Fomento, Javier de Burgos, redactor del Boletín del Comercio, periódico dependiente del Gobierno, cargo del que dimitió tras la publicación de dos números (2 y 4 de marzo), por la general oposición a su nombramiento. Fue designado entonces oficial de la Secretaría de la Subdelegación Principal de Fomento, cargo en el que permaneció hasta mediados de 1836. Escribió en La Abeja (antes El Universal ) desde el 1 de abril de 1834 hasta mayo de 1838, manifestándose ferviente contrario al carlismo en sus sátiras y letrillas jocosas. El 23 de octubre de 1834 se estrenó Elena, drama romántico con el que venía a sumarse, de forma pasajera, a la moda imperante, a la que contribuyó también con traducciones o adaptaciones como Los hijos de Eduardo (4 de octubre de 1835). Gran resonancia tuvo su comedia política Me voy de Madrid (21 de diciembre de 1835), en la que muchos vieron una sátira del autor contra Mariano José de Larra, que se añadía a una crítica reticente sobre No más mostrador, lo que enemistó a los dos autores hasta que la mediación de amigos comunes, como Ventura de la Vega, el marqués de Molins o Grimaldi, consiguió su reconciliación. En el año 1836 escribió durante dos meses en La Ley y tomó posesión del empleo de bibliotecario segundo de la Biblioteca Nacional. Fue elegido por unanimidad académico honorario de la Real Academia Española (8 de junio de 1837), institución en la que se distinguió por su laboriosidad y su defensa del casticismo idiomático.

El día 23 de junio de 1837 contrajo matrimonio con Tomasa Andrés y Moyano, con la que no tuvo hijos y a la que cantó en varias composiciones, celebrando su paz conyugal. Alcanzó Bretón dos nuevos éxitos relevantes con la representación de Muérete ¡y verás! (27 de abril de 1837) y El pelo de la dehesa (13 de febrero de 1840). La primera suponía una inteligente y divertida sátira a la dramaturgia romántica (de sepulcros y apariciones espectrales), aunque coincidía con el romanticismo en el deseo profundo de sinceridad en los afectos. La segunda ponía en pie a uno de los personajes más memorables del teatro bretoniano, Frutos Calamocha, aragonés de Belchite, afectivo y rudo a partes iguales, que choca con los usos cortesanos de Madrid, en una notable comicidad crítica. De muy distinto signo fue la representación de La ponchada (1 de octubre de 1840), obra breve compuesta para celebrar la llegada a la Corte de Espartero, tras el alzamiento de septiembre, en la que Bretón se permitió deslizar algunas sátiras sobre los milicianos, quienes patearon la obra y buscaron al autor para tomar desquite.

El asunto supuso el cese de Bretón del cargo de bibliotecario y una animadversión generalizada que le hizo pensar en exilarse en el extranjero. Cambió de opinión al ver el éxito de su comedia El cuarto de hora (10 de diciembre de 1840) y premiada por el Liceo Artístico y Literario de Madrid su Epístola moral sobre las costumbres del siglo. Continuó escribiendo, traduciendo y adaptando (sobre todo las obras de teatro del famosísimo autor francés Eugène Scribe) y representó otra de sus mejores obras, La batelera de Pasajes (13 de enero de 1842). En 1843 tomó posesión de los cargos de administrador de la Imprenta Nacional y director de la Gaceta de Madrid y en mayo de 1847 fue nombrado director y bibliotecario mayor de la Biblioteca Nacional. Durante estos años escribió menos, sin ninguna obra relevante y, además, se recrudecieron las críticas y descalificaciones contra su teatro, acusándolo de reiterativo, tópico, superficial e inconsistente.

La crítica, injusta por parcial y exagerada, hizo mella en Bretón, máxime cuando vio rechazada su comedia La hipocresía del vicio por la Junta censoria del Teatro Español, con una imprecisa acusación de inmoralidad.

Presentó entonces Bretón de forma anónima ¿Quién es ella?, comedia histórica, a la manera de las entonces de moda de Rodríguez Rubí, con Quevedo como personaje, que alcanzó el triunfo en las tablas, aunque no sirvió para animar al autor, quien veía cómo iba siendo desplazado por otras fórmulas teatrales, deudoras de la suya en buena medida (como ocurría no sólo con Rubí, sino también con El hombre de mundo de Ventura de la Vega y los inicios de la “alta comedia”). Aproximándose a la vertiente más conservadora y moralizante de este tipo de teatro cultivado por López de Ayala, Tamayo y Baus, Bretón obtuvo su último éxito resonante, con La escuela del matrimonio (14 de enero de 1852). Fue elegido secretario de la Real Academia Española (1853) y cesó, por jubilación, en el empleo de director de la Biblioteca Nacional.

En 1856 publicó el poema satírico La Desvergüenza (1856) y numerosos artículos sobre Sinónimos castellanos (1866); su última obra teatral, Los sentidos corporales, se estrenó el 16 de enero de 1867.

De la importancia de Bretón de los Herreros para la historia del teatro español puede dar cuenta esta apreciación: “Dos son los enfoques desde los que se ha de abordar la valoración del teatro bretoniano: el uno, histórico; el otro, estético. En cuanto a su funcionalidad histórica, no cabe duda de la importancia capital del teatro de este autor como asentador y transmisor de la fórmula teatral renovadora de Moratín, que, sedimentada y popularizada por el riojano, fue el antecedente de la ‘alta comedia’ y, con ella, del teatro moderno español.

”Constatada esta evidencia histórica, y ya en el plano estético, es evidente que, si al teatro se le pide empeño trascendente y se fija entonces la atención de manera exclusiva en las características del teatro bretoniano que acabamos de apuntar (superficialidad, elusión de problemas profundos, inconsistencia argumental, platitud de sus personajes) el juicio no puede ser sino adverso” (A. del Campo, 1947: 54-55).

No es a esa vertiente de trascendencias a la que se adscribe el teatro bretoniano, pero las virtudes teatrales de sus obras lo convierten en un maestro del teatro de diversión, un artesano de juguetes cómicos que todavía hoy consigue el “efecto teatral”, la diversión del público que buscó y consiguió en su época. La última experiencia teatral de envergadura, con grupos profesionales, sobre el teatro bretoniano (Logroño, 1989) demostró de modo fehaciente que la virtud cómica de este teatro seguía en vigor; y éstas habrán sido, sin duda, las facetas tenidas en cuenta por Francisco Nieva, cuando, en una “Tercera” de ABC pedía que se volviera la vista atrás en nuestro pasado escénico y se exhumara la figura de Bretón (“Había que decirlo”, en ABC, 18 de marzo de 1988) (M. Á. Muro, ed., 1999, I: 26-27).

 

Obras de ~: Obras de Don Manuel Bretón de los Herreros, Madrid, Ginesta, 1883-1884, 5 ts.; Obra dispersa. I. El Correo Literario y Mercantil, ed. y est. de J. M. Díez Taboada y J. M. Rozas, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1965; Muérete, ¡y verás! El pelo de la dehesa, ed., pról. y notas de N. Alonso Cortés, Madrid, Espasa Calpe, 1969; Marcela, o ¿a cuál de los tres?, ed. e intr. de J. Hesse, Madrid, Taurus, 1969; Marcela, o ¿a cuál de los tres? Muérete, ¡y verás! La escuela del matrimonio, ed., pról. y notas de F. Serrano Puente, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1975; El pelo de la dehesa, ed. de J. Montero Padilla, Madrid, Cátedra, 1984; Obra selecta, vol. I, Teatro largo original. Marcela o ¿a cuál de los tres?, Muérete ¡y verás!, El pelo de la dehesa, La escuela del matrimonio; vol. II, Teatro breve original y traducido. Teatro refundido. Una de tantas. Un paseo a Bedlam (traducción). Desde Toledo a Madrid (refundición), eds. de M. Á. Muro, Logroño, Universidad de La Rioja-Instituto de Estudios Riojanos, 1999; vol. III, Poesía, Prosa. Bretón Académico, ed. de M. Á. Muro y B. Sánchez Salas, Logroño, Universidad de La Rioja-Instituto de Estudios Riojanos, 1999; Teatro breve, Logroño, Universidad de la Rioja, 2000.

 

Bibl.: M. Roca de Togores, marqués de Molins, Bretón de los Herreros. Recuerdos de su vida y de sus obras, Madrid, Imprenta y Fundición de M. Tello, 1883; E. Blasco, “Las costumbres en el teatro: su influencia recíproca”, en La España del siglo XIX. Colección de conferencias históricas. Curso de 1886-1887, Madrid, Librería de don Antonio San Martín, 1887; G. le Gentil, Le poète Manuel Bretón de los Herreros et la société espagnole de 1830 à 1860, Paris, 1909; Ch. B. Qualia, “Dramatic Criticism in the Comedias of Bretón de los Herreros”, en Hispania, 14 (1941), págs. 71-78; A. del Campo, “Sobre la Marcela de Bretón”, en Berceo, II (1947), págs. 41-55; A. del Río, Historia de la literatura española, vol. II, New York, Holt Rinehard and Winston, 1963; N. Alonso Cortés, “El teatro español en el siglo XIX”, en G. Díaz-Plaja (dir.), Historia general de las literaturas hispánicas. Siglos XVIII y XIX, Segunda Parte, Barcelona, Vergara, 1968, págs. 259-337; S. Chaskin, Social Satire in the Works of Manuel Bretón de los Herreros, Virginia, University, 1968; J. A. Corey, The Comedies of Manuel Bretón de los Herreros, Los Angeles, 1972; F. Ruiz Ramón, “Herederos y nuevos herederos o la continuidad sin ruptura”, en Historia del teatro español. Siglo XX, Madrid, Cátedra, 1977, págs. 297-300; E. Caldera, La commedia romantica in Spagna, Pisa, Giardini, 1978; G. Flynn, Manuel Bretón de los Herreros, Twaine, Boston, 1978; P. Garelli, Bretón de los Herreros e la sua ‘formula comica’, Imola, Galeati, 1983; J. Rubio, El teatro en el siglo XIX, Madrid, Playor, 1983; M. Á. Muro, Ideas lingüísticas sobre el extranjerismo en Bretón de los Herreros, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1985; M. Á. Muro y B. Sánchez Salas, “Introducción”, en M. Bretón de los Herreros, “Una de tantas, Lances de carnaval, Por no decir la verdad, Logroño, Gobierno de La Rioja, 1989; E. Caldera, “Bretón o la negación del modelo”, en Cuadernos de teatro clásico, 4 (1990), págs. 140-153; B. Sánchez Salas, Manuel Bretón de los Herreros y La Rioja: una relación tangencial, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1990; M. Á. Muro, El teatro breve de Bretón de los Herreros, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1991; D. T. Gies, The Theatre in Nineteenthcentury Spain, Cambridge, University Press, 1994; G. Carnero, “Introducción a la primera mitad del siglo XIX español”, y J. M.ª Díez Taboada, “La ‘alta comedia’”, y P. Garelli, “El teatro de Manuel Bretón de los Herreros”, en V. García de la Concha (ed.) y G. Carnero (coord.), Historia de la literatura española. Siglo XIX (I), t. 8, LI-LIV, Madrid, Espasa Calpe, 1997, págs. 399-408 y 352-363, respect.; M. Á. Muro (ed.), Actas del Congreso Internacional “Bretón de los Herreros: 200 años de escenarios”, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1998; M. Á. Muro, “El aprendizaje de un dramaturgo: Bretón de los Herreros y los tópicos de la crítica”, en Estudios de Literatura Española de los siglos XIX y XX. Homenaje a Juan María Díez Taboada, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1998, págs. 330-335; “Una sátira sobre la (in)dependencia periodística”, epílogo a M. Bretón de los Herreros, La redacción de un periódico, ed. facs., Logroño, Asociación de la Prensa de La Rioja, 2002, págs. 35-43; “La autoconciencia retórica en el teatro de Bretón de los Herreros”, en Berceo. Revista riojana de ciencias sociales y humanidades (Logroño, Instituto de Estudios Riojanos), 143, 2.º sem. (2002), págs. 67-78; J. Romera Castillo, “Una bibliografía (selecta) para la reconstrucción de la vida escénica española en la segunda mitad del siglo XIX”, en Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, 9 (2002), págs. 59-421; F. Doménech Rico y E. Peral Vega, “Introducción”, M. Á. Muro, “La comedia: de Bretón de los Herreros a Tamayo y Baus” y M.ª J. Rodríguez Sánchez de León, “Teoría y géneros dramáticos en el siglo XIX”, en J. Huerta Calvo (dir.), F. Doménech Rico y E. Peral Vega (coords.), Historia del teatro español. II. Del siglo XVIII a la época actual, Madrid, Gredos, 2003, págs. 1785-1802, 1943-1975 y 1853 1894, respect.; P. Miret, Las ideas teatrales de M. Bretón de los Herreros, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2004.

 

Miguel Ángel Muro Munilla

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