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Andrés de Melgar

Biografía

Melgar, Andrés de. Sahagún (León), c. 1501 – Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), c. 1555. Pintor.

Hijo de Francisco Melgar, boticario, y de Beatriz de Vega. Pudo recibir una primera formación en Sahagún, donde vivió hasta los veinte años. Luego fue a Valladolid a asentarse como criado con Alonso Berruguete, a cuyo servicio se hallaba en 1523, y donde todavía residía en 1526, según su declaración en el pleito sobre el tríptico de Alonso Niño para la iglesia de Santa María de San Lorenzo de Valladolid en que dice ser de veinticuatro o veinticinco años de edad. En 1528 y 1529 se lo menciona recibiendo cantidades a cuenta del retablo mayor de Santo Tomás de Pozuelo de la Orden (hoy en San Isidoro de León), en el que colaboró con Lorenzo de Ávila y Antonio Vázquez, pero los pagos que le correspondían se hicieron desde 1531 a un vecino de Paredes de Nava en su nombre.

Y es que, a partir de 1530, se estableció en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), donde se casó con Mari Díez de Tejada.

Del mismo año en que aparece allá son las primeras noticias sobre su actividad artística en esa ciudad. El 11 de febrero de 1531 otorgaba carta de pago de lo recibido hasta la fecha de los obreros de 1529 y 1530 a cuenta del pincel de los respaldos del coro catedralicio.

Tal trabajo lo realizaba a medias con Alonso Gallego, pintor de Nájera bastante mayor que él, quien le había cedido diez ducados de su parte según el recibo que éste otorga el mismo día. El trabajo estaba valorado en 280 ducados y se terminó dentro de ese año, siendo tasado por el pintor burgalés Espinosa, seguramente Andrés. Probablemente esa labor del trascoro había sido encargada a León Picardo en principio, pero los compromisos contraídos por éste en mayo de 1529 con respecto al retablo mayor de la Catedral de Oviedo lo forzarían a ceder la obra a Alonso Gallego. Éste, a su vez, se vería obligado a repartirla con Andrés de Melgar por premuras de tiempo. La catedral estaba empeñada en demasiados asuntos: a falta de detalles para terminar el coro, estaba embarcada en el cierre de la capilla mayor, que dirigía Rasines, y adquiría materiales para un futuro retablo. El propio Melgar se había encargado en 1530 de pincelar la capilla mayor y desde entonces es frecuente su mención en las cuentas. El primiciero de 1531 anota haberle dado panes de oro para acabar de dorar, lo que hace suponer que colaboró, junto a Gallego y un tal Moreno, en la policromía además de en la pintura de los respaldos.

El obrero, a su vez, le paga una cierta cantidad por pintar una puerta del órgano pequeño.

En las cuentas de 1532 consta el pago de veinte ducados por una imagen que puso en la entrada del coro y en las mismas se asienta el finiquito del trascoro, otorgado por ambos pintores al canónigo Paz en 24 de enero de 1533. Dos meses después concertaba el dorado y pintura de los balaustres y vigas del antepecho de los órganos.

Del 7 de marzo de 1539 es la declaración de Forment, a petición del cabildo, sobre la suficiencia de Melgar para el policromado del retablo mayor que estaba acabando. Al día siguiente se formalizaba el contrato con Melgar. Había presentado como muestra la historia de la Piedad ejecutada en 1538.

El mismo año, el 1 de julio acompañó a Forment y a los canónigos Paz y Rodrigo de Valencia a ver la cantera de alabastro de Alesanco, de donde se sacarían piezas para el pedestal. Ambos hechos indicarían que era considerado por los canónigos y el maestro valenciano experto en arte y sus materiales.

El 1 de enero de 1540 el Ayuntamiento de la ciudad lo elige para alcalde de los pecheros y él, que se considera hidalgo, entablará pleito ante la Chancillería de Valladolid, que fallará a su favor en octubre de 1541. Entre los testigos a su favor figura su convecino Domingo de Aulestia que informó sobre su llegada a la ciudad y su boda en ella. Los trabajos del retablo mayor de la catedral debieron de ocuparle hasta avanzado el año 1552 y, en setiembre de 1553, era tasada su labor por Francisco de Lubiano y Juan de Salazar en 599.000 maravedís, a falta de terminar algunos detalles en el banco, detalles que ulteriormente no se debieron completar y se valoraron veintidós años después en 25.670 maravedís por Miguel Salazar y Gonzalo de Medina. Al menos desde 1550 se le pagan cantidades por la policromía del retablo mayor de Castañares de Rioja que realizaron Natuera Borgoñón y Bernal Forment y que había acabado para 1555, en las cuentas de cuyo año se anota el pago a Juan de Padilla, pintor, por la tasación.

Al tiempo, realiza diversas obras menudas para la catedral. El primiciero de 1542 le da doce reales por dorar los ciriales. El obrero de 1544 le paga tres ducados por unas muestras que hizo para las vidrieras de la capilla del Cuerpo Santo, que confecciona en 1545 el vidriero de Logroño Lázaro Gotier. En las cuentas de 1545 se anotan cuatro ducados por dorar cuatro cruces, diez por pintar y dorar la reja del Sacramento, catorce por la filatera grande del Crucifijo y otras cuatro por otra que había hecho antes para el canónigo Vallejo. En tales cuentas se registra también un pago al criado de Melgar por desmontar historias del retablo, criado que a lo mejor era Diego Rança, francés natural de Lyon, quien se comprometía a servirle durante un año en su oficio de pintor por doce ducados de septiembre de 1545 a septiembre de 1546. En octubre de este año anda fuera de Santo Domingo, quizá ocupado en asuntos por Logroño, y el Cabildo le dio poder para cobrar a Alvarado, vecino de esta ciudad, 16.000 reales, quizá por cuenta del retablo mayor. El obrero de 1547 le pagó 12 reales por dorar la filatera de la puerta de San Pedro y el primiciero de 1549 1000 maravedís por pintar los candeleros. Antes de mayo de 1552 daba una traza para el retablo que Rodrigo de Valencia pretendía hacer en su capilla de la catedral. Éste lo contrataba el 18 de ese mes con maestre Pablo, que lo debía entregar para San Miguel de setiembre del mismo año a vista de Natuera Borgoñón y el mismo Melgar, quienes fijarían su valor, actuando como testigo el propio Andrés.

Poco más se conoce de su vida. El 15 de septiembre de 1554 daba poder general al vecino de la ciudad Francisco de Matute y del 30 de diciembre es la última carta de pago por él firmada a cuenta del retablo mayor calceatense. La siguiente paga será más de diez años después, en 1567, a su hijo Juan de Melgar.

Asimismo, en las cuentas de Castañares desaparece su nombre a partir de 1553 y, cuando reaparece en las de 1556, el pago es a su hijo. Ello induce a situar el fallecimiento hacia 1555. Dejó al menos tres hijos: Andrés, Juan y Lorenzo de Melgar, y una hija, María Díez de Melgar.

La muerte debió de surgir de improviso y abintestato y los herederos tuvieron dificultades económicas en principio y otras más tarde para acabar de cobrar lo que se le debía en la catedral (finiquito en 1577), en Castañares (en 1575), y en Valgañón e Ibrillos de sus respectivos retablos mayores. En 1574 debían estar muertos Juan y María, ésta con descendencia.

Andrés hijo era capitán mientras Lorenzo era menor.

Parece haber vivido holgadamente, a juzgar por la casa, viña, ropas y arnés que se mencionan. Los escasos personajes que se citan en el entorno familiar, gente de posición acomodada e hidalga, como los Aulestia y Tejada, o del mundo de los negocios de la plata y la lana como Matute y Juan Gutiérrez, favorecen esa idea.

En el taller se hacían trabajos de todas suertes, desde los más modestos (pincelar bóvedas o paramentos, dorar ciriales de madera para que semejen de material noble) a obras del empeño del retablo mayor calceatense, pasando por la confección de historias pintadas, sin olvidar las trazas como dibujante. Es decir, lo que cualquier oficina de cierta envergadura en la época en que no hay que olvidar que la pintura no es tanto arte como actividad mercantil y manufacturera.

Como solía suceder en todo taller, el maestro tendría ayudantes, aprendices y oficiales. Uno de ellos sería Diego Rança. Otro pudo ser Gonzalo de Medina, si se trata del Gonzalo que cobró en su nombre en diciembre de 1550 de la Catedral, luego establecido en Santo Domingo al menos entre 1561 y 1576 y policromador de retablos en Castañares, Grañón y, acaso, Ochánduri. También pudo serlo Vicente Zaldo antes de profesar en 1552.

En cuanto a relaciones con otros artistas, no parecen haber sido malas con Alonso Gallego, con quien colaborará en Enciso. También parece haberlas tenido buenas con Francisco de Lubiano y el vitoriano Juan de Salazar. Menos se sabe con respecto a los escultores.

Desde luego sí que parece haber estado a bien con Damián Forment en torno al cual se aglutinaron Bernal Forment, Juan de Beogrant o Arnao de Bruselas.

Acaso colaboró Melgar con sus dibujos berruguetescos al manierismo de éstos.

Él introdujo en La Rioja las composiciones a lo manierista florentino que le enseñaría seguramente Alonso Berruguete. En los retablos del trascoro calceatense a su pincel se debieron el Descendimiento, el Camino del Calvario, San Gregorio y San Agustín en el principal y el Apaleo del santo, Castigo de los malos peregrinos, Milagro del ahorcado, Resurrección del gallo y la gallina y las Manos del santo protegiendo a los calceatenses en el retablo de Santo Domingo. La fogosidad desequilibrada de Melgar es evidente en todo ello. El Descendimiento sigue la composición de Raimondi aunque no falten referencias a Mantenga, pero lo descentra y distorsiona. Esa sensación de inestabilidad va a ser una constante muy manierista en sus composiciones, incluido el Camino del Calvario. El manierismo es evidente en las restantes escenas, siempre con líneas quebradas que desvían la mirada y dirigen la atención de un lado a otro, creando equívocos y formando diagonales los personajes membrudos y con aristadas facciones que recuerdan el quehacer de Berruguete en San Benito el Real. Basándose en estas tablas de Santo Domingo se le puede atribuir otra serie de obras. Destaca el retablo mayor de San Pedro de Enciso, realizado a medias con Alonso Gallego, en el que le corresponderán la Negación de San Pedro, el Tributo del César, Aparición de Cristo Resucitado a San Pedro, Curación del Paralítico Eneas, Martirio de San Pedro y Resurrección de Tabita. Hay otras dos tablas con la Quinta Angustia y el Camino del Calvario que corresponderían al mismo conjunto en origen en que se aprecia mejor la peculiar caracterización berruguetesca y el gusto por los ejes helicoidales que van a ser tan característicos de Melgar en las restantes.

También ha de adjudicársele el retablo de la Trinidad en San Lorenzo de Yanguas (Soria), la Santa Generación del retablo de la capilla de Sánchez de Arana en Tirgo, una Pentecostés, muy maltratada, que se conserva en el Museo de La Rioja, procedente del Monasterio de la Estrella, una tabla de San Vitores de Cerezo en la Catedral de Santo Domingo y, allí mismo, un tríptico muy rehecho procedente del juzgado, con la Pentecostés al centro y la Anunciación en las alas.

En los esgrafiados del retablo mayor calceatense se muestra un consumado dibujante y, por ello, Nicole Dacos (1997) le atribuye una serie de dibujos de grutescos de un álbum, ahora en Norteamérica, aunque son más miguelangelescos los de la Misa de San Gregorio de la Catedral calceatense o algunos del deshecho retablo de Valgañón.

 

Obras de ~: Retablo mayor (siete tablas), San Isidoro, León, 1528-1529; Retablo a los pies del trascoro (tres tablas), Catedral, Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), 1530-1531; Retablo de Santo Domingo (cinco tablas), trascoro, Catedral de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), 1530-1531; Retablo mayor (seis tablas), San Pedro, Enciso (La Rioja), c. 1533 (atrib.); Retablo Soledad (dos tablas), San Pedro, Enciso (La Rioja), c. 1533 (atrib.); Retablo Trinidad, San Lorenzo, Yanguas (La Rioja), c. 1533 (atrib.); Santa Ana del retablo Arana, Tirgo (La Rioja), c. 1534 (atrib.); Policromía del retablo mayor, Catedral de Santo Domingo (La Rioja), c. 1538-1552; Policromía de los respaldos de la sillería, San Andrés, Valgañón (La Rioja), s. f.; Policromía del retablo mayor, Castañares de Rioja (La Rioja), c. 1542-1555; Policromía del retablo mayor, Grañón (La Rioja), s. f. (atrib.); Policromía del retablo, Santa Ana, Ojacastro (La Rioja), s. f. (atrib.); Policromía Misa de San Gregorio, Catedral de Santo Domingo (La Rioja), s. f. (atrib.); San Vítores, Catedral de Santo Domingo, s. f. (atrib.); Tríptico de Pentecostés, Catedral de Santo Domingo (La Rioja), s. f. (atrib.); Pentecostés, Museo de Logroño, s. f. (atrib.).

 

Bibl.: J. Martí y Monsó, Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid, Valladolid-Madrid, Leonardo Miñón, 1898-1901, págs. 136, 280 y 285; N. Marcos Rupérez, “El retablo de la capilla mayor de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada”, en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, vol. XXX (1922), págs. 14-16; A. Prior Untoria, La catedral calceatense [...], Logroño, 1950, págs. 59, 65 y 104-109; J. G. Moya Valgañón, “Sobre Bernal Forment y Natuera Borgoñón”, en Suma de estudios [...] Homenaje a [...] Canellas, Zaragoza, 1969, págs. 795-796; Documentos para la Historia del Arte del Archivo Catedral de Santo Domingo de la Calzada, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos (IER), 1986; “Una tabla de León Picardo en ‘Las Huelgas’ de Burgos”, en Reales Sitios, vol. 112 (1992), pág. 63; “Relaciones e influencias de la escultura aragonesa con la riojana y la vasca en el renacimiento”, en M.ª I. Álvaro Zamora et al., La escultura del Renacimiento en Aragón, Zaragoza, Museo e Instituto de Humanidades Camón Aznar, Obra Social de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1993, pág. 153; “Aspectos del arte riojano en tiempos de Navarrete”, en I. Gil-Díez Usandizaga (coord.), V Jornadas de Arte Riojano. Navarrete el Mudo y el ambiente artístico riojano, Logroño, IER, 1995, págs. 30-33; P. L. Echeverría Goñi, “La policromía del retablo calceatense”, en Damián Forment, escultor renacentista. Retablo Mayor de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, San Sebastián, 1995, págs. 217-230; J. G. Moya Valgañón, El retablo del Monasterio de Cañas y sus autores, Logroño, 1996; N. Dacos, “Giulio Aquili, Andrés de Melgar et leurs grotesques”, en Dialoghi di Storia dell’Arte, 4/5 (1997), págs. 24-33; J. M.ª Parrado del Olmo, “Andrés de Melgar en el retablo de Pozuelo de la Orden. Las relaciones entre pintores en el medio castellano del primer tercio del siglo XVI”, en Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, vol. LXIV (1998), págs. 256-270; J. G. Moya Valgañón, “Andrés de Melgar, pintor”, en La catedral calceatense desde el Gótico al primer Renacimiento (1230-1530), Santo Domingo de la Calzada, Catedral, 2005; “Pintura del siglo XVI”, en El arte en La Rioja, t. III, Logroño, Cajarrioja (en prensa).

 

José G. Moya Valgañón