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Diego de Aliaga

Biografía

Aliaga, Diego de. Lima (Perú), 1784 – El Callao (Perú), 1825. Independentista, político, vicepresidente, financiero y comerciante.

Hijo de Sebastián de Aliaga y Colmenares y María de las Mercedes Santa Cruz y Querejazu. Teniente del Regimiento de la Nobleza, en 1810 el virrey José Fernando de Abascal y Sousa (marqués de la Concordia, gobierna de 1806 a 1816) le asciende a capitán de la Guardia de Alabarderos y Arqueros de Palacio, y permanece en el cargo “honorífico” hasta el gobierno del nuevo virrey Joaquín de la Pezuela (teniente general, gobierna de 1816 a 1821), en 1816. Al mismo tiempo ejerce el comercio. Y debido a hacer causa común con la independencia en América, ejerce de “corresponsal” de San Martín en Lima, como lo indican algunos chilenos partidarios del virreinato y lo hace Domingo Paredes que, tras desembarcar en Ancón, se presenta ante el virrey Pezuela y le informa de los “planes libertadores al regente Manuel Pardo, primo político de Diego de Aliaga” en octubre de 1819, y confirma José García al indicar “haber entregado a un intermediario la carta que San Martín enviara a Diego de Aliaga” el 15 de febrero de 1820. Pero la ceguera política de los realistas en la época para apreciar la verdadera importancia de la ayuda argentina en la lucha por la emancipación del Perú o la intercepción del regente primo político de Aliaga, pero según Tauro es causado por “su posición social y su moderación”, por lo que le nombra para integrar la junta que debía preparar las jura de la Constitución de la monarquía española, el 20 de septiembre de 1820.

En estos años Aliaga mantiene una posición dubitativa —según Tauro— o doble, pues por un lado firma la “representación” o mediación del Ayuntamiento de Lima ante el virrey Pezuela para que iniciara las negociaciones de paz con San Martín (15 diciembre de 1820), y por otro “negó a los patriotas” —según Tauro— ayuda para el paso del batallón Numancia, e incluso “pidió que no se le mezclara en tales preparativos” (Tauro). Pero tras la promulgación de la independencia del Perú (15 de julio de 1821), contribuye con 1.000 pesos de los 150.000 que aportan los comerciantes limeños (29 de septiembre de 1821), y al mismo tiempo le ofrece a la Casa de la Moneda un préstamo de 6.000 a 8.000 pesos para “comprar pastas de oro”. Como diputado del Tribunal del Consulado, forma parte de la comisión designada para estudiar el proyecto destinado para crear un Banco Nacional (27 de octubre de 1821), y ejerce la tesorería de las “rentas estancadas”. Asimismo, es miembro de la Orden del Sol, creada por el general San Martín (12 de diciembre de 1821) y consejero de Estado (23 de enero de 1822). El 31 de octubre de 1822 paga 30.000 pesos en papel moneda “a cuenta de los derechos de aduana que debía” (Tauro). Posteriormente, “repudia” el atentado de José Mariano de la Riva Agüero que comete en Trujillo contra la “representación nacional” (agosto de 1823). Poco tiempo después, integra una comisión nombrada por Simón Bolívar para recabar (“distribuir”) una contribución entre los comerciantes y los gremios de 100.000 pesos mensuales, pero al mismo tiempo en representación de los comerciantes negocia los términos de un empréstito de 200.000 pesos (31 de octubre de 1823).

Más tarde, es nombrado por la Cámara de Comercio para formar parte de la comisión de aduana, que debía “realizar las acciones adecuadas” para cobrar dicho empréstito (4 de noviembre de 1823) y “coadyuvó a reclamar la entrega total de la administración de la aduana” (17 de noviembre de 1823), para cumplir el contrato del préstamo firmado entre comerciantes y gremio limeño y el ejército de Simón Bolívar. Paralelamente negocia comerciar la exportación de harina a Guayaquil y vender plomo al ejército, dando todo ello “motivo para que se le motejara [llamara] entre el pueblo como avaro” (Tauro).

Es tal el poder económico y político que posee en la época que el Congreso le elige como primer vicepresidente de la República del Perú, mientras que la presidencia la ostenta Torre Tagle, el 18 de noviembre de 1823, pero ambos no pueden desempeñar dichos cargos políticos (o “declinaron su investidura”, según Tauro), pues el Congreso en un cambio de postura confía el poder dictatorial a Simón Bolívar (10 de febrero de 1824). Posteriormente, con razón o sin ella ambos políticos son “implicados” en favorecer el re torno al poder de las fuerzas realistas, a través del virrey José de la Serna e Hinojosa (teniente general, gobierna de 1821 a 1824), por ello —indica Tauro—, cuando la ciudad es evacuada ante el temor de una represalia de Bolívar deciden entregarse como prisioneros al general realista Juan Antonio Monet, buscando refugio en los castillos del Callao, donde muere Diego de Aliaga de escorbuto, en mayo de 1825. Al año siguiente, en 1826, “se le exoneró del cargo de traición, que recayó sobre el general Juan de Berindoaga”, pero le expropiaron a sus familiares todos los bienes pertenecientes a Diego de Aliaga, que pasan a formar parte del patrimonio del Estado.

 

Bibl.: A. Tauro, “Juan José Aliaga y Santa Cruz”, en Diccionario Enciclopédico del Perú, t. A, Lima, Editorial Mejía Baca, 1966, 4 vols, págs. 13-14.

 

Miguel-Héctor Fernández-Carrión

 

 

 

 

Aliaga, Diego de. Lima (Perú), 1784 – El Callao (Perú), 1825. Independentista, político, vicepresidente, financiero, comerciante. Hijo de Sebastián de Aliaga y Colmenares y María de las Mercedes Santa Cruz y Querejazu. Teniente del Regimiento de la Nobleza, en 1810 el virrey José Fernando de Abascal y Sousa (marqués de la Concordia, gobierna de 1806 a 1816) le asciende a capitán de la Guardia de Alabarderos y Arqueros de Palacio, y permanece en el cargo “honorífico” hasta al gobierno del nuevo virrey Joaquín de la Pezuela (teniente general, gobierna de 1816 a 1821), en 1816. Al mismo tiempo ejerce el comercio. Y debido a hacer causa común con la independencia en América, ejerce de “corresponsal” de San Martín en Lima, como lo indica algunos chilenos partidarios del virreinato, y hace Domingo Paredes que tras desembarcar en Ancón se presenta ante el virrey Pezuela y le informa de los “planes libertadores al regente Manuel Pardo, primo político de Diego de Aliaga” en octubre de 1819, y confirma José García al indicar “haber entregado a un intermediario la carta que San Martín enviara a Diego de Aliaga” el 15 de febrero de 1820. Pero la ceguera política de los realistas en la época para apreciar la verdadera importancia de la ayuda argentina en la lucha por la emancipación del Perú o la intercepción del regente primo político de Aliaga, pero según Tauro es causado por “su posición social y su moderación”, por lo que le nombra para integrar la junta que debía preparar las jura de la Constitución de la monarquía española, el 20 de septiembre de 1820. En estos años Aliaga mantiene una posición dubitativa —según Tauro— o doble, pues por un lado firma la “representación” o mediación del Ayuntamiento de Lima ante el virrey Pezuela para que iniciara las negociaciones de paz con San Martín (15 diciembre 1820), y por otro “negó a los patriotas” —según Tauro— ayuda para el paso del batallón Numancia, e incluso “pidió que no se le mezclara en tales preparativos” (Tauro). Pero tras la promulgación de la independencia del Perú (en 15 de julio de 1821), contribuye con 1.000 pesos de los 150.000 que aportan los comerciantes limeños (29 septiembre 1821), y al mismo tiempo le ofrece a la Casa de Moneda un préstamo de 6.000 a 8.000 pesos para “comprar pastas de oro”. Como diputado del Tribunal del Consulado, forma parte de la comisión designada para estudiar el proyecto destinado para crear un Banco Nacional (27 octubre 1821), y ejerce la tesorería de las “rentas estancadas”. Asimismo, es miembro de la Orden del Sol, creada por el general San Martín (12 diciembre 1821) y consejero de Estado (23 enero 1822). El 31 de octubre de 1822 paga 30.000 pesos en papel moneda “a cuenta de los derechos de aduana que debía” (Tauro). Posteriormente, “repudia” el atentado de José Mariano de la Riva Agüero que comete en Trujillo contra la “representación nacional” (agosto 1823). Poco tiempo después, integra una comisión nombrada por Simón Bolívar para recaba (“distribuir”) una contribución entre los comerciantes y los gremios de 100.000 pesos mensuales, pero al mismo tiempo en representación de los comerciantes negocia los términos de un empréstito de 200.000 pesos (31 octubre 1823). Más tarde, es nombrado por la Cámara de Comercio para formar parte de la comisión de aduana, que debía “realizar las acciones adecuadas” para cobrar dicho empréstito (4 noviembre 1823) y “coadyuvo a reclamar la entrega total de la administración de la aduana” (17 noviembre 1823), para cumplir el contrato del préstamo firmado entre comerciantes y gremio limeño y el ejército de Simón Bolívar. Paralelamente negocia comerciar la exportación de harina a Guayaquil y vender plomo al ejército, dando todo ello “motivo para que se le motejara [llamara] entre el pueblo como avaro” (Tauro). Es tal el poder económico y político que posee en la época que el Congreso le elige como primer vicepresidente de la República del Perú, mientras que la presidencia la ostenta Torre Tagle, el 18 de noviembre de 1823, pero ambos no pueden desempeñar dichos cargos políticos (o “declinaron su investidura”, según Tauro), pues el Congreso en un cambio de postura confía el poder dictatorial a Simón Bolívar (10 febrero 1824). Posteriormente, con razón o sin ella ambos políticos son “implicados” en favorecer el retorno al poder de las fuerzas realistas, a través del virrey de José de la Serna e Hinojosa (teniente general, gobierna de 1821 a 1824), por ello —indica Tauro—, cuando la ciudad es evacuada ante el temor de una represalia de Bolívar deciden entregarse como prisioneros al general realista Juan Antonio Monet, buscando refugio en los castillos del Callao, donde muere Diego de Aliaga de escorbuto, en mayo de 1825. Al año siguiente, en 1826, “se le exoneró del cargo de traición, que recayó sobre el general Juan de Berindoaga”, pero le expropiaron a sus familiares todos los bienes pertenecientes a Diego de Aliaga, que pasan a formar parte del patrimonio del Estado.

Bibl.: A. Tauro, “Juan José Aliaga y Santa Cruz”, en Diccionario Enciclopédico del Perú, t. A, Lima, Editorial Mejía Baca, 1966, págs. 13-14, 4 vols.

Miguel-Héctor Fernández-Carrión

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