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Antonio Fuentes Zurita

Biografía

Fuentes Zurita, Antonio. Sevilla, 15.III.1869 – 9.V.1938. Torero y ganadero. Fue hermano del banderillero Enrique Fuentes.

Antes de vestir por primera vez de luces, el 16 de agosto de 1885, en Guillena, Antonio Fuentes completó el duro ciclo iniciático en las capeas y cercados de las ganaderías. Ese mismo año toreó como banderillero en la cuadrilla del novillero Ramón Laborda, Chato. En 1887 embarcó rumbo a Cuba, como peón del novillero Macarenito. Todavía en Cuba toreó en las cuadrillas de Antonio Escobar, Boto, y Joaquín Pérez, Torerito de Madrid. De regreso a España, en 1888 y 1889 acompañó a Raimundo Rodríguez, Valladolid.

En esos mismos año sirvió en las cuadrillas de bastantes diestros de poca fortuna, siendo el más conocido de todos Miguel Báez, Litri. El 22 de julio de 1890, Raimundo Rodríguez le cedió un novillo en la plaza de Valladolid, ciudad en la que Fuentes encontró buena acogida y donde residió varios años. En ese festejo, Fuentes resultó herido leve en el muslo derecho. El 31 de mayo de 1891 se presentó en Madrid como medio espada en una corrida que toreaban, según Pérez López, Luis Mazzantini y Guerrita, festejo en el que estoqueó el séptimo toro de la tarde. Los datos facilitados por Cabello Núñez difieren en algunos aspectos: no en el esencial de la fecha, si bien este autor indica que en ese festejo también actuó Francisco Bonar, Bonarillo, que resultó herido por uno de sus toros, quedando Fuentes, que iba contratado como sobresaliente de espada, “con la obligación de estoquearlo”. El 14 de junio siguiente toreó como banderillero en la corrida de Beneficencia celebrada en Madrid, en la que alternaron Lagartijo, Cara-Ancha, Mazzantini, Espartero y Guerrita. En 1892 trabajó en las cuadrillas de Currito y Cara-Ancha, que fue su verdadero maestro.

El 11 de noviembre de ese año llamó la atención del público madrileño poniendo banderillas (a lo largo de su carrera fue un excelente rehiletero), éxito que le valió para debutar como novillero el siguiente 8 de diciembre, junto a Emilio Torres, Bombita, con ganado de Vicente Martínez. Ese mismo cartel se repitió el 18 de diciembre, en esa ocasión con reses del duque de Veragua.

Siguió como banderillero los primeros meses de 1893, hasta tomar la alternativa en Madrid, el 17 de septiembre, en festejo celebrado mano a mano con Fernando Gómez, el Gallo, que le cedió el toro Corredor, de José Clemente. Consiguió ser incluido en el abono madrileño de la temporada siguiente, participando en un total de trece corridas. Una de ellas fue la del 27 de mayo, el día que el toro Perdigón, de Miura, hirió de muerte a Manuel García, Espartero.

Sobre esta época de la carrera de Fuentes, Cossío escribe: “En sus primeros tiempos de matador, Fuentes no lograba sobresalir entre sus compañeros; no se mostraba muy certero con el estoque, aunque su natural elegancia y su valentía encubrían con el capote aquella deficiencia. Sobrevino la muerte de Espartero, y la afición comenzó a adivinar el torero de gran porvenir que había en Fuentes. Hasta entonces se había creído que no pasaría de ser un matador de toros más, que debía su renombre a su etapa anterior de banderillero. La misma fatal tarde del 27 de mayo se reveló el magnífico torero que más tarde fuera”. Según Cabello Núñez, en esa corrida, además del percance de Espartero, también resultó herido Carlos Borrego, Zocato, debiendo Fuentes hacer frente a cinco toros de Miura. No es eso lo que reseña Pérez López, quien indica que Zocato “demostró poco conocimiento y parte del público, muy sensible con lo ocurrido [la cogida de Espartero], pidió que se retirara. Mató como pudo sus tres toros, sin hacer nada digno de mérito ni mención”.

Cossío añade, indicando que se trata de un párrafo tomado de la biografía del torero publicada en uno de los folletos de la biblioteca Sol y Sombra: “Pero aún hubo de luchar durante algún tiempo antes de vencer los obstáculos que a su adelantamiento se oponían, con tenacidad casi invencible por entonces para él, pues a la sazón había de competir, además de con Mazzantini, que todavía conservaba restos muy apreciables de sus prestigios como matador de toros, con Guerrita, en el apogeo de sus glorias taurinas”.

Con su perspicacia habitual, Néstor Luján retrata la relevancia taurina de Fuentes: “Afirma la historia oral de la fiesta de los que toros que al retirarse Guerrita, fue interrogado sobre cómo quedaba el toreo con su ausencia. Y dícese que respondió: ‘Después de mí, naide; después de naide, Fuentes’. Así quedaba consagrado uno de los toreros más refinados y elegantes que hayan pisado la arena. Y a partir de aquel instante le llamaron a Fuentes ‘Rey tuerto’, aludiendo al refrán de que en tierra de ciegos, un tuerto es rey. [...] A la retirada de Guerrita comenzó la boga de Antonio Fuentes, toreando el año siguiente —1900— sesenta y nueve corridas, siendo la temporada en que actuó en más festejos. Su mejor época taurina va de 1893, en que tomó la alternativa, a 1908, en que se retiró por primera vez luego de sufrir un accidente de automóvil [de la afición madrileña se despidió el 5 de abril, alternando con Ricardo Torres Bombita y Machaquito]. Volvió a los toros en 1910 y toreó hasta 1913 con un declive irreparable de condiciones. Los años siguientes los pasó sin contratas, y aún en 1921, en plena derrota física y moral, hizo una breve temporada en Lima, con Juan Belmonte y Rafael El Gallo [el 19 de marzo de 1922, con cincuenta y tres años de edad, toreó en México]. Retirado ya definitivamente, todavía dio la dolorosa sorpresa a sus nostálgicos admiradores de torear como becerrista a los sesenta y pico, en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil.

Tal fue el epílogo punzante de una historia gloriosa.

Antonio Fuentes lo tuvo todo fácil. Una elegancia ingénita, un público favorable y unos toreros medianos hasta que entró en liza la impetuosa tensión de Bombita y Machaquito, y luego Vicente Pastor y El Gallo. Y posiblemente por eso no llegó a endurecer su voluntad. Como torero, su arte académico preludia la elegancia y el clasicismo estético —no taurino— que culminará, mediado el siglo XX, con Gitanillo de Triana, con La Serna, con Manolete. En su momento fue llamado el Petronio de los Toreros, con una referencia más del Quo Vadis de Sinckiewicz que del clásico latino. Esta hipérbole está justificada por la memoria de quienes le vieron, en su mejor momento, poner un par de banderillas al quiebro o trazar, con un sabanazo solemne, su verónica”. Respecto a esa última becerrada (“dolorosa sorpresa”, la denomina Néstor Luján), nada dice la completa cronología que Cabello Núñez incluye en su libro.

En cambio, manifiesta que el 4 de febrero de 1934, cuatro años antes de fallecer, toreó un festival en la Maestranza en el que alternó, entre otros, con Chicuelo y Cagancho.

En 1907, en la época de máximo apogeo de su fama, protagonizó la película Corrida de toros con Antonio Fuentes, del operador catalán José Gaspar. Según Cabello Núñez, “se rodaron unos 500 metros de película”. En esos años hizo temporada en México, país en el que gozó de buen cartel. En España se hizo ganadero de reses bravas y se instaló en su cortijo La Coronela, en la localidad sevillana de Marchena y muy cerca de La Puebla de Cazalla, donde fundó unas bodegas que llevaron su nombre. Según la tradición oral, en esa finca mantuvo varios encuentros con el famoso bandido El Pernales, e incluso se dice, sin ningún fundamento, que éste pasó a América como un miembro más de su cuadrilla. Idea que Fuentes siempre negaba.

 

Bibl.: C. Algaba, Antonio Fuentes Zurita, Barcelona, Ediciones El Gato Negro (Los grandes toreros), s. f.; Uno Al Sesgo [seud. de T. Orts Ramos], Antonio Fuentes Zurita.

Su vida, sus hechos, datos, Barcelona, col. Los Reyes del Toreo, s. f.; Uno Al Sesgo [seud. de T. Orts Ramos], Antonio Fuentes Zurita. Nueva biografía, Barcelona, col. Los Reyes del Toreo, segunda época, s. f.; L. Vázquez y Rodríguez, Antonio Fuentes, Madrid, Tipografía Ambrosio Pérez, 1900 (Bib. Taurina, I); Caricias [seud. de M. Moliné y Roca], Antonio Fuentes, Barcelona, 1906; A. Fuentes, Antonio Fuentes, Madrid, Ediciones Ginés Carrión, 1907; Alamares [seud. de A. Moisés], Galería taurina. Biografías de toreros del día. Antonio Fuentes, Madrid, Imprenta Félix Moliner, 1909; J. Serrano, Antonio Fuentes Zurita, Barcelona, ¿1909?; El Caballero Audaz [seud. de J. M. Carretero Novillo], “Antonio Fuentes, el más elegante”, en El libro de los toreros. De Joselito a Manolete, Madrid, Biblioteca Nueva, 1998, págs. 71-76 (1.ª ed., Madrid, Imprenta Renacimiento, 1916; 2.ª ed. Madrid, Ediciones Caballero Audaz [Sáez], 1947); M. Tormos, De Fuentes a Manolete, Madrid, Ediciones Marasul, s. f.; J. M. Cossío, Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III, Madrid, Espasa Calpe, 1943, págs. 293-297; Don Ventura [seud. de V. Bagués], Historia de los matadores de toros, Barcelona, Imprenta Castells-Bonet, 1943 (Barcelona, De Gassó Hnos., 1970, pág. 92); N. Rivas Santiago, Toreros del romanticismo (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987); G. Corrochano, “¿Qué es torear? Introducción a la tauromaquia de Joselito”, en Tauromaquia, Madrid, Espasa Calpe, 1999, págs. 102-103) (1.ª ed. Madrid, Imprenta Góngora, 1953); F. Claramunt, Historia ilustrada de la Tauromaquia, Madrid, Espasa Calpe, 1989; D. Tapia, Historia del toreo, vol. I, Madrid, Alianza Editorial, 1992; N. Luján, Historia del toreo, Barcelona, Destino, 1993 (3.ª ed.), págs. 166-168; F. Claramunt, Toreros de la generación del 98, Madrid, Tutor, 1998; J. Cabello Núñez, Antonio Fuentes Zurita, La Puebla de Cazalla (Sevilla), Editorial Hermandad de la Triunfal Entrada de Jesús en Jerusalén y María Santísima de la Paz, 2000; V. Pérez López, Anales de la plaza de toros de Madrid (1874-1934), t. I (vol. 2) y t. II (vol. 3), Madrid, Unión de Bibliófilos Taurinos, 2004 y 2006.

 

José Luis Ramón Carrión

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