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Juan de Acosta

Biografía

Acosta, Juan de. ?, ú. t. s. xvii – La Habana (Cuba), 1749. Constructor militar naval.

Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero sí su procedencia habanera, y por tanto criolla. De su familia, al parecer ligada a la construcción naval en La Habana, aprendió el oficio y heredó importantes contactos con los hacendados y asentistas locales.

Las primeras noticias significativas que se tienen de Acosta datan de 1717 cuando se le nombró en atención a sus servicios alférez de la Compañía de Gente de Mar de La Habana. Parece ser que en esta primera etapa estaba al cargo de los guardacostas de la ciudad, ya que sus servicios en este empleo le llevaron a un ascenso como teniente en 1720, pero también empezó a distinguirse como fiel servidor de Su Majestad aprontando y pagando embarcaciones en corso para la persecución de contrabandistas ingleses. Esta actividad, por otro lado muy fructífera, le granjeó el reconocimiento del gobernador y capitán general de La Habana, Gregorio Guazo Calderón. A este reconocimiento sin duda ayudaron las actividades aparentemente altruistas de Acosta, quien en una ocasión llegó a ceder a la Real Hacienda los tres mil quinientos pesos que le correspondían como tercera parte de una presa que hizo por uno de sus barcos armados en corso. Más desinteresada aún si cabe fue la cesión que hizo para su posterior venta de una fragata de veintidós cañones que de igual manera apresó.

Entre 1720 y 1722 realizó una gran actividad. Fue comisionado por el mismo gobernador para que se encargara del rescate del navío San Juan, de la Armada de Barlovento, que se hundió a la entrada del puerto así como del rescate de los treinta mil pesos que traía consigo. Fue encargado de armar y componer una escuadra de dieciséis embarcaciones destinadas al desalojo de los ingleses de las islas de San Jorge y la Providencia, pero al tener noticias de la ocupación francesa de Pensacola fue nombrado director de armamento de la expedición destinada a recuperar este fuerte. Fue tan expeditivo su trabajo en el calafateado y apresto de buques en estas acciones que el gobernador le recomendó, y el Rey aceptó, como capitán de maestranza de La Habana por Real Despacho de 23 de febrero de 1722.

El ahorro que ofrecía a las arcas locales le llevó a controlar la práctica totalidad de los suministros al astillero. De hecho, a mediados de la década de 1720 se hizo necesaria la construcción de ciento veintidós cureñas para los castillos de La Habana y Acosta fue capaz de mejorar la mejor oferta ofrecida hasta entonces para su composición, de once mil pesos, hasta rebajarla a siete mil seiscientos.

Estos méritos no fueron aislados, ya que se empezó a hacer cargo personalmente del control del corte de maderas para el astillero “sin haber querido recibir gratificación alguna por su trabajo”. Para compensar su trabajo el Rey le concedió oficialmente un sueldo de 50 pesos al mes por Real Cédula de 10 de febrero de 1728. Una vez que se hizo con el contrato del asiento, en 1731, ese ingreso regular le fue aumentado a 150 escudos mensuales, que era lo legalmente establecido para los constructores navales.

Juan de Acosta se hizo finalmente cargo del asiento para la construcción naval en exclusiva en La Habana, cuyas cláusulas fueron firmadas el 7 mayo de 1731, obligándose a construir cuatro navíos de línea de a sesenta y cuatro cañones, uno por año. Fue ascendido a capitán de fragata por despacho de 21 de abril de 1732, y desde ese momento no sólo se encargó de la organización y control del astillero habanero, sino también de los aspectos técnicos que rodeaban a la construcción naval. Acosta, como constructor, aunque seguía planos ya definidos de antemano, se permitió introducir mejoras en los navíos que se construyeron bajo su asiento, lo que añade un carácter muy original.

En 1731 se finalizó el primer navío, llamado el Constante, pero a raíz de su construcción Acosta empezó a recibir instrucciones asiduamente para que sus atribuciones no excedieran las del asiento.

En 1732 Acosta terminó un nuevo navío, el África, que empezó ya a generarle ciertos problemas.

La práctica habitual después de la conclusión de un navío en un astillero americano era su viaje a España para su inspección técnica así como para armarlo completamente. El África recibió ciertas críticas de los técnicos gaditanos que no pasaron desapercibidas a Acosta.

El 10 de septiembre de 1733 se tiró la quilla del nuevo navío Europa, con unas características técnicas de sesenta y ocho codos de quilla y sesenta cañones.

Lorenzo Montalvo informó seguidamente a Patiño de que esperaba que la construcción del nuevo buque fuese rápida, como venía siendo hasta ahora, y mostraba la esperanza de que en marzo de 1734 pudiera ya navegar a España. Mostraba también un especial interés por armar en la misma Habana al Europa utilizando las piezas de artillería de un naufragio reciente. A mediados de 1734 se inició la fábrica del tercer navío del asiento, el llamado Asia de sesenta y cuatro cañones. Una vez que los inconvenientes parecieron desaparecer, Acosta se atrevió incluso a solicitar la continuación de su labor constructiva una vez hubiera finalizado los cuatro navíos del asiento, aunque en esta ocasión pedía que se hicieran por cuenta de la Real Hacienda.

Mientras tanto, el 18 de diciembre se botaba el Asia con unas excelentes cualidades marineras, según el gobernador Horcasitas, quien se quejaba también a Patiño de la demora en llegar el dinero de México para la terminación de la parte nueva del astillero, lo que permitiría construir dos navíos al mismo tiempo. Por este motivo, hasta que no se concluyera definitivamente el Asia no se podría iniciar el cuarto y último navío del asiento. En febrero de 1735 requirió abiertamente a Rodrigo de Torres que se le invistiera como “comandante de aquel astillero y su absoluto gobernador y dueño como lo es en todos los arsenales el capitán de maestranza, mayormente cuando no sólo concurre en mí el serlo en este, sino también constructor”.

En el verano de 1735 se inició la construcción del cuarto navío del asiento, que llevaría por nombre América, al tiempo que en la flota al cargo de Benito Antonio Espínola proveniente de Veracruz llegaron los caudales con destino a España. La tesitura no podía ser más propicia, ya que aunque en los navíos de Espínola no había dinero con destino a La Habana, finalmente se determinó desviar cincuenta mil pesos para el nuevo navío y la fragata que se iban a construir igualmente. Las necesidades de dinero eran tan urgentes que nadie puso la más mínima objeción. Montalvo procuró, probablemente no con demasiada felicidad, destacar y conseguir para Acosta todos los elementos constructivos necesarios para el cuarto buque, así como para la mencionada fragata, ya que las órdenes provenientes de Madrid eran muy taxativas al respecto: no se quería el más mínimo retraso en la construcción de navíos.

El 21 de enero de 1736 se botó finalmente el navío América, aunque aún necesitó algunos meses para que estuviera en perfecto estado de navegación a excepción de la artillería que debía llegar desde Cádiz. Al tiempo que Acosta recordaba a Patiño que desde que se le dio el primer dinero para el asiento de los cuatro navíos, el 23 de junio de 1732, hasta la fecha, 23 de febrero de 1736, había construido los navíos del asiento (África, Europa, Asia y América ), así como tres fragatas para la vigilancia de las islas Canarias, una de cuarenta y ocho codos y dos de a cuarenta.

El día 13 de junio de 1737 fue por fin botado el navío San Francisco, alias Castilla, y el 28 del mismo mes el otro navío nombrado Santo Domingo, alias Habana. El 6 de junio de 1738 Juan Acosta y Lorenzo Montalvo firmaron un contrato por el que el constructor se hacía cargo de la fábrica de una fragata de sesenta codos de quilla y cincuenta cañones, con iguales características que la Esperanza, concluida por el propio Acosta años antes. La diferencia con respecto a aquella construcción es que ahora Montalvo le obligó a aceptar duras condiciones de control sobre la fábrica, además de establecer normas muy estrictas sobre el uso de las maderas ya preparadas en el arsenal. De la misma forma, el contrato fijaba el costo total en cuarenta y cuatro mil pesos, por lo que Acosta, que ya no construía en realidad por asiento, tenía que ajustarse fielmente a la letra de lo exigido, que incluía un tiempo máximo de siete meses para la conclusión del buque.

Las obras de los navíos de setenta cañones no parecían completarse totalmente a principios de 1740. Estaba habiendo problemas con los fondos llegados desde el virreinato, algo que tenía mucho que ver con el aumento de la actividad naval inglesa en la segunda mitad de 1739. Todas estas circunstancias, entre las que destacaba sin duda el complicado carácter de Acosta y la proverbial mala relación que tenía con todos aquellos con los que trabajaba, fueron motivos de peso que empujaron a las autoridades madrileñas a firmar el asiento naval con la Compañía de La Habana, desplazando definitivamente de la escena del astillero al constructor. Aunque la fundación de la Compañía databa de 18 de diciembre de 1740, el asiento naval con ella no se cerró definitivamente hasta el 4 de junio de 1741, pese a que el presidente de la Compañía, Martín Aróstegui, se había mostrado reticente a embarcarse en la desconocida tarea de la fábrica de bajeles para el Rey.

Acosta siguió pleiteando con la Corona hasta su misma muerte en 1749.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán (Viso del Marqués, Ciudad Real), 7191.

L. Marrero, Cuba: Economía y sociedad, vol. 11, Madrid, Playor, 1972; D. Inglis, “The spanish naval shipyard at Havana in the eighteenth century”, en New Aspects of Naval History, 5th Naval History Simposium, Baltimore, The Department of History U.S. Naval Academy, 1985; M. Gárate, Comercio ultramarino e ilustración. La Real Compañía de La Habana, San Sebastián, Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, 1993; D. A. Perona, Los orígenes del Ministerio de Marina. La Secretaría de Estado y del Despacho de Marina, 1714-1808, Madrid, Ministerio de Defensa, 1998.

 

José Manuel Serrano Álvarez

 

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