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Enrique Manrique de Ribera

Biografía

Manrique de Ribera, Enrique. El Encubierto. ?, s. m. s. xv – Burjassot (Valencia), 19.V.1522. Rey encubierto de Játiva y agermanado.

De inciertos orígenes, la llegada a tierras valencianas de este castellano de unos veinticinco años de edad se sitúa entre 1520 y principios de 1522. Aunque durante un tiempo vivió como ermitaño en la huerta de Valencia, se trasladó posteriormente a Játiva, vistiendo una inusual indumentaria que le confería aspecto de marinero, para unirse a los agermanados, al parecer al mando del radical Vicent Peris. En todo caso, fue, sin duda, la muerte de éste la que le encumbró desde su inicial consideración de “hombre de la bernia” a la de “rey encubierto”, adquiriendo especial notoriedad a raíz de su discurso sobre el Juicio Final pronunciado en la plaza de la Seo de Játiva el 10 de marzo de 1522 en venganza por la muerte de Peris. Su posterior expedición de castigo contra los vasallos mudéjares de Rodrigo Hurtado de Mendoza, marqués de Zenete, en represalia contra este linaje nobiliario, le granjeó la unánime admiración.

Con todo, el hito crucial de su biografía lo constituirían las revelaciones realizadas en su segundo discurso de exaltación agermanada pronunciado en el mismo lugar que el anterior el 21 de marzo de 1522. Afloraban en él la proclamación de éste como día del Tercer Juicio, los símbolos de un nuevo régimen y la idea del mando único, la atribución de carácter sagrado a la Germanía, la amenaza de remoción de Carlos I y la comunicación de su origen real y su condición de rey encubierto. Éste se declaraba hijo del príncipe Juan —primogénito de los Reyes Católicos— y de Margarita de Flandes, que, habiendo quedado embarazada, a la muerte del príncipe quedó bajo la tutela del cardenal Mendoza, quien al nacer el niño concertó la divulgación de que se trataba de una niña fallecida poco después del parto, a fin de que el trono recayera en el archiduque Felipe, siendo él enviado a Gibraltar, donde fue criado por una pastora. Esta fingida historia y la atribución de la intriga al cardenal Mendoza —padre del virrey, conde de Melito, y de su hermano, el marqués de Zenete, con independencia de la incongruencia cronológica de los hechos narrados, dado que el cardenal había fallecido en 1495— consiguieron que los setabenses, sitiados por el virrey, en su desesperada situación lo recibieran como un enviado de la Providencia para salvarlos; tanto más cuanto que el discurso convertía a la germanía de Játiva en una guerra santa encargada de destruir el Anticristo, someter el Islam, conquistar África y Oriente y recuperar el Santo Sepulcro de Jerusalén.

De esta manera, el Encubierto se convertía en un instrumento al servicio de la Germanía, pero no sin amplias compensaciones. Los atemorizados trece de Játiva le proporcionaron casa, mayordomo, maestresala, pajes, oficiales y doce alabarderos, al tiempo que éste tomó los bienes depositados por los caballeros en la iglesia mayor y dos caballos para sí, se engalanó con ricas vestiduras, y vendió parte de las existencias para costear el sueldo de una guardia montada de veinte hombres y recompensar la deserción de algunos capitanes de las filas del virrey. De esta manera, erigido en Rey encubierto de Játiva, Manrique de Ribera impuso un régimen personalista disfrazado con un ropaje milenarista y pseudo-dinástico, que, no obstante, no llegó a fraguar porque se había impuesto por la fuerza de sus escopeteros, sin contar con el apoyo de la mayoría del clero, de los trece y de los jurados. Fue esta débil situación la que le obligó a recabar el apoyo de Alzira, segundo gran foco de la resistencia agermanada.

Pero el virrey Hurtado de Mendoza no tardó en reaccionar, entablándose una cruenta lucha entre ambos bandos en abril de 1522 en la que resultó herido el Encubierto, sin que ello le impidiera expedir cartas a Valencia para movilizar a la capital. Apercibidos de ello y temerosos de un resurgimiento de la Germanía, los diputados de la Generalitat y los tres estamentos enviaron una embajada al papa Adriano VI solicitando la expedición de un breve que permitiera juzgar a el Encubierto por hereje. Su posterior publicación, el 17 de mayo de 1522 por el inquisidor ordinario de Valencia, se hizo coincidir con un pregón del gobernador Cabanyelles ofreciendo sustanciosas recompensas a quienes lo entregaran vivo o muerto o dieran indicios de su paradero.

Entretanto, desde Játiva el Encubierto preparaba una expedición a Valencia con el propósito de matar al marqués de Zenete y de restablecer la Germanía.

Llegado a la capital, buscó la ayuda del capitán Juan Martí, quien contactó con algunos miembros de la desaparecida Junta de los Trece. No obstante, la delación de uno de ellos —Guillem Cardona— hizo fracasar el plan y Manrique, obligado a huir, se refugió primero en Benimaclet, para pasar después a Burjassot, donde el 19 de mayo de 1522 fue asesinado por unos sicarios. Desde allí el Encubierto fue trasladado a la plaza de la Seo de Valencia, donde se leyó públicamente su sentencia de muerte, siendo quemado su cuerpo y su cabeza expuesta en el portal de Quart.

 

Bibl.: M. Danvila y Collado, La Germanía de Valencia, Madrid, Manuel G. Hernández, 1884; “El encubierto de Valencia”, en El Archivo. Revista de Ciencias Históricas, t. V, cuad. VI (1890); R. García Cárcel, Las Germanías de Valencia, Barcelona, Península, 1981; E. Durán, Les germanies als països catalans, Barcelona, Curial, 1982; “Entorn de la figura de l’encobert”, en Estudis Universitaris Catalans. XXV. Misce.lània Aramón i Serra, vol. III (1983), págs. 154-158; Les Cròniques valencianes sobre les Germanies de Guillem Ramon Català i Miquel Garcia (segle xvi), Valencia, Eliseu Climent, 1984; P. Pérez García, “Conflicto y represión: la justicia penal ante la Germanía de Valencia (1519-1523)”, en Estudis. Revista de Historia Moderna (Valencia, Departamento de Historia Moderna), 22 (1996), págs. 180-197; V. Vallés Borrás, La Germania, Valencia, Alfons el Magnànim, 2000; P. Pérez García y J. A. Catalá Sanz, Epígonos del encubertismo. Proceso contra los agermanados de 1541, Valencia, Biblioteca Valenciana, 2000.

 

Amparo Felipo Orts