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Príncipe don Juan

Biografía

Juan, Príncipe don. Sevilla, 30.VI.1478 – Salamanca, 4.X.1497. Príncipe de Asturias.

Hijo de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Su madre había sufrido un aborto que le hizo temer que no hubiera nueva descendencia y por ello se sometió al tratamiento de un famoso ginecólogo judío, Lorenzo Badoz. No se sabe si esto pudo influir en la frágil salud de este niño que nació hora y cuarto antes del mediodía, en Sevilla, el 30 de junio de 1478. Se le puso el nombre de Juan, que era el de sus dos abuelos, por la devoción que la Reina sentía hacia el apóstol evangelista. Se celebraron grandes fiestas que culminaron el 9 de julio con el bautismo del infante en la catedral. Ofició el cardenal Mendoza y fueron sus padrinos el nuncio apostólico Nicolás Franco, el embajador de Venecia, el condestable Velasco y el conde de Benavente. La madrina, Leonor de Mendoza, duquesa de Medina Sidonia, iba montada a la andaluza a las ancas del caballo del conde de Benavente. Se acuñó una gigantesca moneda de oro, del valor de 50 excelentes. Se repitieron los festejos el 9 de agosto, cuando la reina Isabel salió a misa por primera vez.

La presencia de un heredero varón reforzaba la Monarquía, poniendo fin a las vacilaciones de las Cortes de la Corona de Aragón, que reconocían en las mujeres la transmisión de derechos pero no la capacidad de reinar. Juan II de Aragón hizo dos propuestas que fueron desatendidas: que se anulase la concordia de Segovia, innecesaria al existir un príncipe, y que éste fuese enviado a Cataluña para ser educado en las costumbres de aquellos reinos.

Cuando, en 1479, se negoció la paz con Portugal, se acordó el futuro matrimonio de Juan con la hija de la reina Juana, llamada como su madre y a la que se conoce comúnmente como la Beltraneja. Esto hubiera conducido a enviar al niño a la custodia de su tía abuela Beatriz de Braganza. Pero Juana rechazó la propuesta, prefiriendo ingresar en un monasterio.

En abril de 1480 Juan fue reconocido príncipe de Asturias por las Cortes de Toledo, y en mayo de 1481 las de Calatayud le proclamaron heredero de la Corona de Aragón. Se emprendió a continuación una tarea de rescate del Principado de Asturias a fin de que este señorío pudiera pasar íntegro a manos del heredero cuando alcanzara la edad suficiente.

Don Juan fue el cuarto en ostentar este título y recibir el señorío.

En 1483, a la muerte del heredero de Navarra, Francisco Febo, las Cortes de este reino aceptaron y promovieron una propuesta para casar a la nueva sucesora, Catalina, con el príncipe castellano, pero la madre, Magdalena de Francia, rechazó la oferta y prefirió para ella el matrimonio con Juan de Albret. Por eso se mantuvo invariable la presencia del príncipe en la Corte. Tres personas se encargaron especialmente de su educación: Juan de Zapata, que le enseñó las artes marciales y el espíritu de la caballería, fray García de Padilla, que fue su confesor, y fray Diego de Deza que le instruyó en humanidades y doctrina religiosa.

Los cronistas insisten en que los resultados de esta educación fueron muy satisfactorios. Desde 1490 se tienen frecuentes datos acerca de su presencia en la Corte. El establecimiento de casa propia y la transmisión efectiva del Principado se produjeron en el momento en que se concertó su matrimonio.

Éste formaba parte de la gran maniobra diplomática consistente en crear una alianza entre las cuatro dinastías —Trastámara, Avis, Tudor y Borgoña— a fin de aislar a Francia. Desde 1488 puede decirse que este sistema estaba empezando a funcionar. Los hijos de Maximiliano y el propio príncipe de Asturias eran demasiado jóvenes. Por eso se comenzó hablando de proyectos para el futuro, y en 1493 Fernando e Isabel llegaron a comprometerse con Carlos VIII de Francia para no concluir matrimonios sin su conocimiento y aprobación. El comienzo de la guerra de Italia precipitó las cosas.

El 20 de enero de 1495 se firmaron en Amberes dobles capitulaciones matrimoniales. Juan, que contaba diecisiete años, casaría con Margarita de Austria, y su hermana Juana, de dieciséis, con un hermano de ésta, Felipe el Hermoso, que llegaría a ser rey de Castilla. Firmó los acuerdos el embajador Francisco de Rojas. El 25 de agosto del mismo año, Margarita firmó una renuncia a todos los derechos que pudieran corresponderle a la herencia de Borgoña, condición que no se exigió a Juana. Inmediatamente después, se celebraron en Malinas y en Valladolid los desposorios.

Los Reyes Católicos asignaron a la futura princesa una renta de 20.000 escudos situada en Andújar.

Juana emprendió viaje a Flandes en agosto de 1496 y fue Margarita la primera persona de aquella Corte que la recibió.

En febrero de 1497, aprovechando un momento de tregua, Margarita emprendió el viaje hacia España, haciendo escala en Inglaterra. El 8 de marzo desembarcó en Santander y fue recogida por el rey Fernando en Toranzo, que la acompañó hasta Burgos, en donde estaba prevista la celebración de la boda. Ofició en ella el arzobispo de Toledo, Cisneros, futuro cardenal, pero, como era domingo de Ramos aquel 19 de marzo, hubo que posponer la misa de velaciones, aunque no dejaron de desplegarse las fiestas suntuosas acostumbradas. Aún no había cumplido Juan los diecinueve años, pero comenzó inmediatamente su vida conyugal.

Algunos consejeros, entre ellos Pedro Mártir de Anglería, y también los médicos, recomendaron a la reina Isabel que buscase una interrupción en las relaciones sexuales a las que el príncipe se había entregado con tanto entusiasmo, ya que se temía por los efectos perniciosos sobre una salud que no era muy fuerte. Pero Isabel replicó con una reflexión: “Lo que Dios ha unido no puede ser separado por el hombre”.

Los príncipes permanecieron aquel verano en la Corte, participando en los preparativos de un viaje a Portugal, hacia donde se conducía a la primogénita Isabel para celebrar su segundo matrimonio con el rey Manuel. Poco antes de separarse, en Madrigal, siendo ya el mes de septiembre, Margarita confió a su suegra la noticia de que esperaba descendencia. En Madrigal Juan y su esposa se separaron de los Reyes para dirigirse a Salamanca, de cuyo señorío iban a tomar posesión.

La Corte preparaba brillantes fiestas en Valencia de Alcántara.

Sin embargo, el 1 de octubre, correos a caballo trajeron a los Reyes la terrible noticia: el príncipe, acometido de fiebres, estaba al borde de la muerte y los médicos habían perdido toda esperanza. Fernando partió al galope y pudo recibir las últimas palabras de aquel hijo heredero que falleció en la noche del 3 al 4 de octubre de 1498. Isabel aceptó el hecho recurriendo a las palabras de la Escritura: “Él me lo dio y Él me lo quitó”. Sólo le sobreviviría cinco años. El cadáver fue enterrado en San Vicente de Ávila, en donde, por encargo de la Soberana, Domenico Fancelli levantó un bello monumento. No quedó descendencia, pues Margarita abortó. Pedro Mártir de Anglería cerró la historia con estas palabras: “Aquí yace la esperanza de España entera”.

 

Bibl.: A. Rodríguez Villa, Don Francisco de Rojas embajador de los Reyes Católicos: noticia biográfica y documentos históricos, Madrid, Real Academia de la Historia, 1896; J. B. Sitges, Enrique IV y la excelente señora llamada vulgarmente doña Juana la Beltraneja: 1425-1530, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1912; Duque de Maura, El príncipe que murió de amor: Don Juan, primogénito de los Reyes Católicos, Madrid, Espasa Calpe, 1944; F. Cereceda, Semblanza espiritual de Isabel la Catolica, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1946; E. Belenguer, Fernando el Católico: un moncarca decisivo en las encrucijadas de su época, Barcelona, Península, 1999; L. Suárez Fernández, Isabel I Reina, Barcelona, Ariel, 2000; T. Azcona, Isabel la Catolica: vida y reinado, Madrid, La Esfera de los Libros, 2003; M. Fernández Álvarez, Isabel la Católica, Madrid, Espasa Calpe, 2003; M.ª Ángeles Pérez-Samper, Isabel la Católica, Barcelona, 2004.

 

Luis Suárez Fernández

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