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Carmen de Burgos Seguí

Biografía

Burgos Seguí, Carmen de. Colombine. Almería, 10.XII.1867 – Madrid, 8.X.1932. Escritora, periodista y profesora.

Hija de José de Burgos Cañizares, vicecónsul de Portugal en Almería, y de Nicasia Seguí Nieto, Carmen de Burgos fue la primera de diez hermanos. Vivió su infancia entre una casa burguesa en Almería y un gran cortijo en Rodalquilar, pequeño pueblo de la costa almeriense que la escritora evocó repetidamente en sus obras. A los dieciséis años se casó con Arturo Álvarez Bustos, un periodista local que heredó de su padre una imprenta y los diarios burlescos Almería Bufa y Almería Alegre, dedicados casi exclusivamente a la sátira de tipos contemporáneos. Con Arturo, Carmen tuvo cuatro hijos entre 1890 y 1895, de los que sólo sobrevivió la última: María Álvarez de Burgos, quien llegará a ser una actriz medianamente conocida en el mundo cinematográfico madrileño de la segunda década del siglo XX. Carmen de Burgos había trabajado en los diarios de su marido para paliar la soledad de la casa vacía, dado que él la tenía realmente abandonada, pero lo que al principio le parecía una dura carga laboral le sirvió como experiencia para su tarea periodística posterior. La fría y difícil situación emocional —acentuada por el maltrato del marido—, junto con el desgarro por la muerte de su descendencia, la llevó a abandonar su hogar en 1899, año en que se marchó con su hija María a la casa paterna en el señorial paseo del Malecón almeriense, hoy desaparecido. Instalada allí, acabó los estudios de Magisterio que había iniciado en los últimos años de convivencia matrimonial y, cuando logró el título de maestra, se presentó a unas oposiciones en 1900 como profesora de la Escuela Normal de Guadalajara. Aprobó sin problemas y, con la plaza garantizada, emprendió camino con su hija y acompañada por su hermana Catalina de Burgos, a la que llamaba Ketty. Había empezado una vida nueva con el inicio del siglo y empezaba también a ser una pionera por lo que se refiere a una actitud vital excepcional —mujer que afrontaba una vida de trabajo sola con una hija pequeña a la que mantener—, aun cuando entonces todavía no fuera plenamente consciente de ello.

Antes de alojarse en Guadalajara, pasó una temporada en Madrid, donde probó suerte en distintas editoriales presentando un libro que traía publicado de Almería: Ensayos literarios (1900). El volumen reunía una serie de artículos en los que ya reflejaba su pensamiento anticipado por lo que respecta a la crítica de la situación de la mujer en la sociedad española. En la capital, sin embargo, sólo consiguió publicar unas “Coplas” mediocres que aparecieron en Madrid Cómico y, como le apremiaba el inicio del curso, tuvo que abandonar temporalmente la idea de publicar para hacerse cargo de su clase. Con todo, el sabor de la intelectualidad le había dejado una marca que no olvidaría y proyectó instalarse en Madrid para compaginar la enseñanza con la labor periodística que pretendía.

De hecho, entre 1900 y 1908 combinó su tarea docente en la Escuela Normal con numerosos viajes. En Madrid publicaba, desde 1903, la columna “Lecturas para las mujeres” en el Diario Universal. Augusto Fernández de Figueroa, director de la publicación, le asignó el seudónimo de Colombine. El objetivo de Fernández de Figueroa era que Carmen de Burgos escribiera unas líneas ligeras que contrastaran con el tono austero del diario; quería que ofreciera, en definitiva, breves artículos dedicados a entretener a las damas que tomaran el diario prestado al marido o al padre. Pero ocurrió que la periodista aprovechó la tribuna para ir dando pequeñas dosis de reivindicación y los temas que trataba eran cada vez más candentes. Pasó de las recetas culinarias y los consejos sobre belleza femenina, a los más polémicos asuntos de reivindicación feminista.

En este sentido, inició una encuesta pidiendo la opinión que les merecía a los lectores el divorcio.

La iniciativa se convirtió en un termómetro que valoró la situación de dicha cuestión con tanta eficacia que levantó agrias protestas por parte de los sectores más conservadores del país —el diario El Siglo Futuro fue el gran abanderado contra el proyecto de Carmen de Burgos— y que, en cambio, fue aplaudida por los más progresistas. La periodista, además de seleccionar algunas respuestas para su columna, recogió las que consideró mejores —entre las que destacaban la de su amigo Vicente Blasco Ibáñez, la de Pío Baroja y la de Miguel de Unamuno—, añadió un ensayo sobre el tema y publicó El divorcio en España (1904). Este libro es hoy una de las referencias fundamentales para el análisis histórico de este motivo en el país.

Fiel a su temperamento de trabajadora empedernida, ese mismo año combinó la escritura con la traducción y publicó La inferioridad mental de la mujer, de Paul Julius Moebius, entonces uno de los libros más controvertidos por su ataque directo contra el género femenino. Empezaba ya a ser conocida por su ferviente veta de mujer luchadora. Mientras tanto, en 1905 recorrió Europa gracias a una beca concedida por la Escuela Normal y, fruto de ese periplo, es Por Europa (1905), libro en que relata sus aventuras por Italia, Francia, Suiza, Inglaterra y Portugal.

Es el primero de los libros de viajes que publicó, género en el que destaca con títulos como Mis viajes por Europa (1917) y Cartas sin destinatario (1918).

A partir de 1907 empezó a publicar en El Cuento Semanal, idea de Eduardo Zamacois consistente en ofrecer periódicamente relatos breves en un formato económicamente asequible, que tuvo un enorme éxito. Carmen de Burgos firmó a lo largo de su vida más de cuarenta títulos en varias colecciones similares que nacieron a raíz del éxito de la serie precursora El cuento semanal. Así, aparecieron relatos suyos en La Novela Corta, La Novela Semanal, Los Contemporáneos, La Novela de Hoy, El Libro Popular y La Novela Mundial. Eran novelas breves de tono realista, protagonizadas siempre por mujeres; novelas que, pese a su tono crítico, esbozaban finales esperanzadores para aquellas que se ganaban el destino a fuerza de trabajo. Los relatos le sirvieron a Carmen de Burgos, en definitiva, como espejo de ficción para su ideario progresista y rompedor.

En 1908 se estableció como profesora en Madrid.

Impartió clases de Historia, Geografía, Lengua Castellana, Ética, Derecho y Legislación escolar. También ese año conoció a un adolescente Ramón Gómez de la Serna del que se enamoró perdidamente. De hecho, ambos escritores se sintieron atraídos y poco después (1909) iniciaron una relación sentimental que duró veinte años. Animada por la seguridad económica que le daba el sueldo como maestra y entusiasmada por la nueva relación, fundó la Revista Crítica con la intención de hacerse eco de la cultura sefardí y de las nuevas tendencias literarias del país. En esta revista colaboraron numerosos intelectuales de la época: Andrés González Blanco, Enrique Díez Canedo, Salvador Rueda y el ya mencionado Eduardo Zamacois, entre otros. La publicación promovió también varios premios literarios. Sin embargo, tuvo una vida corta, puesto que la escritora no pudo hacerse cargo de los gastos. Poco después, para su suerte, Ramón heredó Prometeo, una revista que pertenecía a su familia, y le cedió a la escritora un espacio para que continuara su labor de recuperación de la cultura sefardí.

Seguía publicando artículos, además de en el Diario Universal, en ABC, La correspondencia de España y El Globo, de Madrid, y en El Campeón del Magisterio, de Valencia. También era colaboradora de El Heraldo de Madrid, publicación que confió en ella para que viajara a Melilla como corresponsal de guerra a finales del verano de 1909. Esta experiencia le inspiró las crónicas enviadas al periódico y En la guerra (1920), libro de acusado tono antibelicista dedicado a criticar la violencia y sus nefastas consecuencias.

En 1911 publicó la biografía del poeta italiano Giacomo Leopardi, en la que había estado trabajando desde que viajó a Italia en 1905. En 1913 recorrió Sudamérica y el año siguiente volvió a visitar Italia, Francia y otros lugares que había descubierto en su primer viaje por Europa. A partir de 1915, compartió temporadas con Gómez de la Serna en Portugal, país que había sido siempre un punto de referencia político y cultural para la escritora gracias al conocimiento que tenía del mismo por la labor diplomática de su padre. Conoció entonces a su admirado Julio Romero de Torres, pintor que le hizo un retrato sobrio en el que aparece de perfil con un libro en la mano; simbólicamente el cuadro deja el testimonio de una escritora consolidada.

Su hija María se casó en 1917 con el actor Guillermo Mancha y dejó sola a la madre escritora, quien se quedó compartiendo la casa con su hermana Ketty y, a temporadas, con Ramón Gómez de la Serna. Un par de años después (1919), se publicó uno de los libros preferidos de Carmen de Burgos: Fígaro, una biografía sobre Mariano José de Larra, escritor al que admiraba y que le había servido de guía espiritual en su entrada en el mundo de la literatura.

En 1921 apareció El artículo 438, novela corta en la que reclamaba el cambio de las leyes que venían perjudicando a la mujer por el simple hecho de serlo. Ese mismo año se convirtió en presidenta de la asociación llamada Cruzada de Mujeres Españolas, grupo que se quería abanderado en la lucha por la justicia de género en todos los ámbitos. Lideró la primera manifestación reivindicativa de las sufragistas españolas y, siguiendo la misma línea, presidió la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas (1923), destinada también a la reclamación de mejoras en la situación femenina. Fruto de esta dedicación y también de su reflexión es el libro titulado La mujer moderna y sus derechos (1927), que viene a ser una recopilación, meditada y madura, de sus aportaciones en el campo del feminismo. “El feminismo revolucionario es una consecuencia lógica de la opresión que sufre la mujer”, escribió en el ensayo citado, en el que se dedica a analizar las causas de dicha tiranía, aventurando alguna solución. Al final del texto, se muestra optimista y cree que el tema podrá solucionarse con inteligencia: “La palabra feminismo está llamada a dejar de usarse bien pronto, sin necesidad de buscar ninguna que la sustituya, como sucede con la palabra masculinismo. Lograda la justicia para regirse las dos mitades del género humano, no habrá necesidad de hacer esa distinción, que ha obligado a buscar una palabra que represente la vindicación de la mujer”.

El libro habla de divorcio, de sufragio universal, de la capacidad intelectual de la mujer y de la libertad del amor. En 1923 había escrito La malcasada, novela autobiográfica en la que reflejaba su infelicidad matrimonial pasada y sus ansias de libertad. Sin embargo, ella misma será víctima poco después del dolor que provoca el amor cuando se rompe y uno de los dos decide libremente que la relación debe acabar.

En efecto, diciembre de 1929 se convierte en un mes triste para la escritora, porque vive un agrio desengaño personal. Su hija María —separada hace tiempo de Guillermo Mancha— y Ramón Gómez de la Serna protagonizaron un idilio de apenas unos días que le demostró a Carmen que su larga historia de amor había finalizado. El estreno de la obra teatral Los medios seres, escrita por Gómez de la Serna, en la que la hija participaba como actriz, desencadenó la tragedia para todos. Ramón huyó desesperado a París y desde allí a Buenos Aires, donde conoció a su esposa Luisa Sofovich; María Álvarez se perdió en la capital procurando pasar inadvertida y Carmen se desesperó, pero superó la angustia, como hizo siempre, trabajando, así que en 1930 siguió publicando libros, cuentos, artículos y siguió también impartiendo clases.

Meses después se interesó seriamente por la masonería —tema que le venía atrayendo desde que profundizó en la figura del periodista Mariano José de Larra— y fundó la logia “Amor número 1”, en la que participó también María Álvarez, hija pródiga vuelta a casa. Entonces redactó otra de sus biografías: Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael de Riego (Un crimen de los Borbones) (1931).

Al empezar 1931 y, más aún, en el abril que vivió la proclamación de la Segunda República, Carmen de Burgos disfrutó de momentos de felicidad. Parecía que iban a cumplirse todas las peticiones que había venido solicitando desde sus columnas en la prensa y desde las páginas de numerosos ensayos: el voto de la mujer, la aprobación del divorcio, la extinción de la pena de muerte... Durante los meses siguientes se dedicó a pronunciar discursos para comprometerse con el ambiente de revolución que se vivía en Madrid, pero en una de esas charlas le llegó la muerte. Era octubre del año 1932, el país había sorteado el golpe de Estado de Sanjurjo en agosto y la República seguía con vida. Carmen peroraba en el Centro Socialista de Madrid ofreciendo una conferencia sobre cultura sexual. En uno de los momentos álgidos de la disertación, se detuvo.

Un pinchazo en el corazón la doblegó y cayó al suelo. Hubo revuelo en la sala, mientras varios médicos presentes acudieron en su ayuda. Sin embargo, en vista de lo grave de la lesión, se decidió que lo mejor era trasladarla a su casa situada en la calle Nicasio Gallego, número 20, en una zona residencial del centro de Madrid. Sería su último viaje. Al llegar, apenas pudo hacerse más que confirmar la muerte de la escritora provocada por un paro cardíaco. Fue enterrada en el cementerio civil de Madrid, donde sus restos reposan hoy junto a los de su hermana Ketty y los de Trinidad Torres, una de sus cuñadas.

Cuando Carmen de Burgos falleció, parecía haber acabado una trayectoria trazada. Se había rebelado en su Almería natal contra la cerrazón de la sociedad que destinaba a la mujer, si tenía la suerte de gozar de una buena posición económica, a permanecer encerrada en su casa esperando al marido al ritmo de la gestación y el parto; mientras que, si era obrera, sufría numerosas injusticias, entre las que se contaba la desigualdad de salario. Así que huyó de Almería para instalarse en Madrid, en busca de una mayor apertura no siempre real, viajó, pronunció conferencias y escribió pensando siempre en la mejora de la situación de la mujer. Después de más de ciento cincuenta títulos firmados por Carmen de Burgos —además de los ensayos divulgativos y de la creación literaria, escribió numerosos libros prácticos sobre belleza, cocina, jardinería y bordados, entre otros temas considerados exclusivamente femeninos—, queda el legado de su pensamiento. Carmen de Burgos se anticipó a su tiempo en la queja —compartiendo rebeldía con otros nombres importantes, como son los de Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken y Federica Montseny, entre otras—: pidió justicia y libertad para la mujer, pero no en el marco de un feminismo fanático ni exagerado, sino desde la posición que busca el consenso y la igualdad real para iguales condiciones. Carmen de Burgos fue, realmente, una precursora y encarnó un modelo de actitud que numerosas mujeres necesitadas de liderazgo asumieron como propio y que muchos hombres admiraron.

Obras de ~: Ensayos literarios, Almería, 1900; Notas del alma, Madrid, Fernando Fé, 1901; El divorcio en España, Madrid, Viuda de Rodríguez Serra, 1904; H. Keller, Historia de mi vida, trad. de ~, Madrid, Imprenta Felipe Marqués, 1904; L. Tolstoi, La guerra ruso-japonesa, trad. de ~, Valencia, Sempere, 1904; P. J. Moebius, La inferioridad mental de la mujer, trad. de ~, Valencia, Sempere, 1904; E. Renan, La iglesia cristiana, trad. de ~, Valencia, Sempere, 1905; Cuentos de Colombine, Valencia, F. Sempere y Compañía Editores, 1908; La voz de los Muertos, Valencia, F. Sempere y Cia, 191-? (reed. Madrid, Torremozas, 2018); Giacomo Leopardi. Su vida y sus obras, Valencia, F. Sempere y Compañía Editores, 1911, 2 vols.; E. Salgari, Los últimos filibusteros, trad. de ~, Barcelona, Maucci, 1912; Al balcón, Valencia, F. Sempere y Compañía Editores, 1913; J. Ruskin, Las siete lámparas de la arquitectura. El sacrificio. La verdad. La fuerza. La Belleza. El recuerdo. La obediencia, trad. de ~, Valencia, Sempere, 1913; Mis viajes por Europa, Madrid, V. H. de Sanz Calleja, 1917, 2 vols.; Confidencias de artistas, Madrid, Juan Pueyo, [1917]; Cartas sin destinatario: Bélgica-Holanda- Luxemburgo (Impresiones de viaje), Valencia, F. Sempere y Compañía Editores, 1918; En la guerra, Valencia, F. Sempere y Compañía Editores, 1918; Fígaro. Revelaciones. Ella descubierta. Epistolario inédito, Madrid, Librería Beltrán, 1919; La flor de la playa, Madrid, La Novela Corta, 1920; La emperatriz Eugenia. Su vida, Madrid, 1920; El artículo 438, Madrid, Prensa Gráfica, 1921; La malcasada, Valencia, Editorial Sampere, 1923; La mujer moderna y sus derechos, Valencia, El Adelantado de Segovia, 1927; Hablando con sus descendientes, Madrid, 1929; Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael de Riego (Un crimen de los Borbones), Madrid, Biblioteca Nueva, 1931; Puñal de claveles, Madrid, Atlántida, 1931.

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Blanca Bravo Cela