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Natalio Rivas Santiago

Biografía

Rivas Santiago, Natalio. Albuñol (Granada), 8.III.1865 – Madrid, 16.I.1958. Político e historiador.

Procedente de una familia de clase media y tradición liberal, siguió la estela paterna al estudiar Derecho en la Universidad de Granada. Empezó su actividad profesional como abogado y juez municipal en su pueblo, pero muy pronto se adentró en la actividad política, su gran pasión, comenzando desde abajo, como diputado provincial (1892) y logrando ser elegido presidente de la Diputación de Granada (1893) con veintiocho años. Al carecer de una gran fortuna familiar, tuvo que hacer gala de otras habilidades políticas —sus conocidas estrategias para controlar las elecciones en su demarcación— a fin de destacar entre los militantes del liberalismo sagastino. Fue Segismundo Moret quien reconoció su valía y le encargó la jefatura del Partido Liberal en Granada, además de introducirle en las altas esferas de la capital.

Se trasladó a Madrid en 1896 y montó un bufete que, con los años, creció en importancia, lo que le llevó a ocupar, por elección, el cargo de diputado de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid. Fue elegido por primera vez diputado a Cortes en 1901, por el distrito alpujarreño de Órgiva, y mantuvo su escaño en todas las elecciones parlamentarias celebradas hasta 1923. En esos años realizó un completo recorrido por los diferentes peldaños de la política administrativa española: concejal y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid (1901 y 1923); tres veces subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros; subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes en otras tres ocasiones —durante dos mandatos de su amigo Santiago Alba y en otro de Julio Burell—; primer director general de Comercio en el gobierno de Canalejas (1910); y, finalmente, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en el gabinete de concentración presidido por Allendesalazar (12 de diciembre de 1919 a 5 de mayo de 1920). En este tiempo creó una biblioteca para niños dentro de la Biblioteca Nacional; autorizó a la Universidad Central para que otorgase el título de doctor honoris causa; fundó el Instituto Nacional de Investigaciones Biológicas Ramón y Cajal; estableció la Junta para el Fomento de las relaciones artísticas hispanoamericanas; y, por Real Decreto de 6 de marzo de 1920, declaró obligatoria la lectura del Quijote en todas las escuelas primarias nacionales. Ocupó también posteriormente la Presidencia del Consejo de Instrucción Pública. Fue bien conocido su interés por apoyar a la provincia a la que representaba, consiguiendo, en diferentes momentos de su vida política, la creación de la Escuela de Artes y Oficios para la mujer, la construcción de un nuevo edificio para el Instituto de Segunda Enseñanza, la extensión de la red de carreteras en la Alpujarra y la fundación de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Granada.

Con la instauración del Directorio militar, Natalio Rivas abandonó la política de forma ostensible y visible, no realizando ningún acercamiento hacia los nuevos gobernantes, como tampoco intervino en la etapa republicana. En estos años, además de dedicarse al ejercicio profesional de la abogacía y a la realización de los numerosos favores que constituyeron su sello personal, desplegó una activa vida social, organizando en sus salones una tertulia política a la que acudían personalidades muy variadas de la sociedad madrileña.

Allí coincidieron Millán Astray, Calvo Sotelo, Indalecio Prieto y Franco; allí participó este último, en 1926, como actor aficionado en una escena de la película La mal casada, en la que también aparecía la familia Rivas, y allí se discutieron muchos proyectos presentes y futuros de los que dejó constancia en los cuidadosos diarios que redactó durante gran parte de su vida pública. Y es que Natalio Rivas fue muy consciente de su papel de observador de los acontecimientos que le tocaron vivir y de su posición privilegiada como conocedor de los protagonistas directos de la historia, anotando cuidadosamente las conversaciones y comentarios que con ellos mantuvo en unos diarios que en la actualidad aún siguen inéditos y se conservan en la Real Academia de la Historia.

En las décadas de 1920 y 1930 había conseguido un patrimonio muy considerable, que lo sitúa en la lista de los “cien grandes capitalistas de la época” elaborada por Roldán, Muñoz y García Delgado. Además de propietario rural, obtenía beneficios de algunas actividades empresariales, como su puesto de abogado asesor de la Compañía General Eléctrica del Sur de España. Abandonada ya la política, se dedicó de lleno a otra de sus grandes aficiones, la historia, recopilando o adquiriendo muchos archivos privados completos y documentos particulares, ampliando su biblioteca particular que, en 1919, tenía más de seis mil volúmenes, y ordenando su propia colección documental.

Esos materiales constituyeron la fuente de sus publicaciones, casi todas ellas anecdotarios, biografías y semblanzas de políticos y toreros, bien de la época romántica o contemporáneos suyos. Esta nueva faceta de historiador le fue reconocida con su elección para la Real Academia de la Historia, el 8 de marzo de 1940.

La mayor parte de su producción escrita vio la luz en los primeros años del franquismo, en los que también rompió con su continuada posición de ausencia de la escena política para aceptar un puesto de procurador en Cortes (1947), lo que fue interpretado como un gesto de integración en el nuevo régimen. Colaboró en varios periódicos con artículos de carácter histórico.

Un escritor que lo conoció bien en sus últimos años, Emilio Carrere, lo definía en 1946 como “un formidable trabajador intelectual” y un hombre del siglo XIX, porque conservaba las grandes virtudes de los caballeros decimonónicos: el honor y el idealismo.

Si a ellas se añade su sempiterna generosidad —representada por esa política de favores tan admirada por unos como denostada por otros—, su gran ingenio, presente en sus relatos anecdóticos, y la franqueza de carácter, se puede dibujar a grandes trazos la personalidad del que bien puede ser considerado como ejemplo paradigmático de un político de la Restauración.

 

Obras de ~: Congreso de los Diputados, Discursos e intervenciones del Sr. Natalio Rivas Santiago, subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes con motivo de la discusión del presupuesto del expresado departamento, en las sesiones de los días 20, 22, 25, 26, 27 y 28 de noviembre de 1912 en el Congreso de los Diputados, Madrid, Imprenta y Est. de “La Prensa”, 1913; Conferencia dada el 22 de mayo en el Teatro Cervantes por su presidente honorario Excmo. Sr. D. Natalio Rivas Santiago sobre el tema “Una sesión memorable del Consejo de Estado en el reinado de Carlos IV”, Granada, Centro Artístico, Literario y Científico, 1928; Políticos, gobernantes y otras figuras españolas: páginas de mi archivo y apuntes para mis memorias, 2 vols., Madrid, Francisco Beltrán, 1933-1935; La Escuela de tauromaquia de Sevilla y otras curiosidades taurinas, Madrid, Librería de San Martín, 1939; Real Academia de la Historia, El Alcalde de Otivar, héroe de la guerra de la Independencia. Discurso del Excmo. Sr. D. Natalio Rivas Santiago en su recepción pública, y contestación del Excmo. Sr. D. Bernardino de Melgar y Abreu, Marqués de San Juan de Piedras Albas, el día 29 de Junio de 1940, Madrid, 1940; Curiosidades históricas contemporáneas, Barcelona, Juventud, 1942; “Menéndez Pelayo, político”, Revista Nacional de Educación, II (1943), págs. 7-18; Luis López Ballesteros, gran ministro de Fernando VII (páginas inéditas de la historia contemporánea de España), Madrid, Edit. Mediterráneo, s. a. (¿1945?); Semblanzas taurinas, Madrid, Edit. Mediterráneo, s. a. (¿1945?); Sagasta: conspirador, tribuno, gobernante, Madrid, Purcalla, 1946; Anecdotario histórico, Madrid, M. Aguilar, 1946; Toreros del romanticismo: anecdotario taurino, Madrid, M. Aguilar, 1947; Anecdotario histórico contemporáneo: páginas de mi archivo y apuntes para mis memorias, 7 vols., Madrid, Editora Nacional, 1944-1950; Miscelánea de episodios históricos: páginas de mi archivo y apuntes para mis “Memorias”, Madrid, Editora Nacional, 1950; Narraciones contemporáneas: páginas de mi archivo y apuntes para mis memorias, Madrid, Editora Nacional, 1953; José María “el Tempranillo” (historia documental de un bandido célebre), Madrid, Ed. Mediterráneo, s. a.

 

Bibl.: F. J. Sánchez Cantón, El Excmo. Señor Don Natalio Rivas, Madrid, Imprenta y Ed. Maestre, 1958; A. Gallego Morell, Sesenta escritores granadinos con sus partidas de bautismo, Granada, Caja de Ahorros de Granada, 1970, págs. 97-98; J. González Blasco, Órgiva, hitos de su historia, vol. I, Granada, El Puerto, 2003, págs. 139-188; Natalio Rivas y Gregorio Marañón: la diplomacia del jamón, Granada, El Puerto, 2004; P. Vargas Lorente, Diputados a Cortes por la Alpujarra: Natalio Rivas, Granada, Excmo. Ayuntamiento de Albuñol, 2006.

 

María del Mar del Pozo Andrés