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Manuel Allendesalazar y Muñoz de Salazar

Biografía

Allendesalazar y Muñoz de Salazar, Manuel. Guernica (Vizcaya), 24.VIII.1856 – Madrid, 13.VII.1923. Ingeniero agrónomo, catedrático y político.

Fue el séptimo hijo de Manuel Allendesalazar y Loyzaga, III conde de Montefuerte, señor de los vínculos y mayorazgos de Allendesalazar, maestrante de Valencia y gentilhombre de cámara, uno de los fundadores de la Sociedad Bilbaína, miembro de las Juntas Generales de Guernica y senador, natural de Bilbao, y de Rosa Ángela Muñoz de Salazar y Martorell, natural de París, VIII señora de la Villa de Villanueva de Tapia, VIII titular de las dignidades hereditarias del regidor perpetuo y alférez mayor en Santa Fe en los reinos de Granada y de Jaén y dama noble de la Real Orden de María Luisa, orden creada en 1792 por Carlos IV a instancias de su esposa, con el objeto de tener un modo de demostrar benevolencia a las personas nobles de su sexo.

Cursó los estudios de Derecho y de ingeniero agrónomo, ingresando en el Cuerpo en 1879. En 1880 obtuvo por oposición la cátedra de Legislación, Economía y Contabilidad Agraria en la Escuela de Agrónomos.

Hombre de gran religiosidad, el 20 de abril de 1822, contrajo matrimonio en Madrid con María Bernar y Casas.

Se inició en política cuando la heterogénea mayoría liberal elegida en 1881 se desintegró en 1884, permitiendo la reposición de un período conservador con mayoría parlamentaria. En las filas del partido conservador, es elegido diputado por el distrito de Marquina, Vizcaya, por primera vez en 1894 y permanece como tal en el Congreso durante las legislaturas de 1884-1885, 1885-1886, 1886-1887, 1887-1888, 1888-1889, 1889-1890 y 1891-1892. Fue también director general de Hacienda en el Ministerio de Ultramar en 1890. En las elecciones de 10 de abril de 1898 es elegido senador por la provincia de Lérida, jurando y tomando posesión del cargo el 23 de abril de ese año, y lo fue de nuevo en las de 30 de abril de 1899, aunque en el transcurso de esta última legislatura es nombrado por la Corona senador vitalicio por Real Decreto de 2 de mayo de 1900 firmado por Silvela, como comprendido en el párrafo 2.º del artículo 22 de la Constitución, en la vacante producida por el fallecimiento del marqués de Casa Loring. Fue admitido el 24 de noviembre, tras su renuncia como senador electo en cumplimiento del artículo 10 de la Ley de Senadores, no teniendo que volver a jurar. A lo largo de su vida parlamentaria, se distinguió por ser un activo político y por la brillantez de sus intervenciones, con palabra convincente y de impecable elegancia.

En su dialéctica, solía dejar los párrafos y las frases sin terminar, las oraciones sin concluir, por lo que de él se decía que hablaba “en borrador”.

Desempeñó con éxito la alcaldía de Madrid de abril a julio de 1900, cuando la ciudad aún conservaba trazas más propias de la antigua villa que de una ciudad moderna.

Mantuvo siempre una actitud leal y honesta ante las disidencias de los grandes líderes conservadores Maura y Silvela, aunque a éste le unía además una gran amistad. Esta actitud y su conocido talante le supuso que tanto uno como otro acudieran a su consejo y solicitaran su colaboración en los momentos más difíciles.

Desde el 6 de julio al 23 de octubre de 1900 fue ministro de Hacienda con Silvela y desde esta última fecha al 6 de marzo de 1901 mantuvo el mismo cargo en el Gabinete Azcárraga. Con Silvela de nuevo a la cabeza del Gobierno fue nombrado ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, del 6 de diciembre de 1902 al 20 de julio de 1903. Siempre ya con Maura, el 5 de diciembre de este año ocupa la cartera de Agricultura y Obras Públicas hasta el 5 de diciembre de 1904, pasando en esa fecha a desempeñar la de Gobernación hasta el 16. Pocos días después, el 20, es nombrado gobernador del Banco de España, cargo en el que permanece hasta agosto de 1905. Del 21 de enero de 1907 al 21 de octubre de 1909 fue ministro de Estado otra vez con Maura. En su calidad de ex ministro ocupa una plaza en el Consejo de Estado durante el bienio Canalejas, 1910-1912, pasando al año siguiente a dirigir la Compañía Arrendataria de Tabacos.

En abril de 1919 es de nuevo gobernador del Banco de España y el 23 de julio es nombrado presidente del Senado, tomando posesión del cargo en la sesión del día 23, puesto que sólo ostentaría unos meses, pues dimite al ser nombrado presidente del Consejo de Ministros el 19 de diciembre, en sustitución de Sánchez de Toca, que ese mes había sido derribado por las Juntas de Defensa, ocupando también la cartera de Marina. Forma un Gobierno de coalición que agrupa a los sectores más diversos de los fragmentados partidos monárquicos: de los liberales, las ramas de García Prieto, Romanones y Alba, y de los conservadores el partido maurista y el grupo dirigido por el conde de Bugallal. Así, constituyó un Gabinete con el marqués de Lema, Garnica, Fernández Prida, Bugallal, Gimeno, Rivas, Terán, Villalba y Flórez. Acertó al convertir las Juntas de Defensa en comisiones informativas de las respectivas armas y logró conseguir lo que desde 1914 no se había dado en la vida parlamentaria española y que es el primer resorte legal para la autoridad de un Gobierno: la aprobación del presupuesto.

Se adhiere entonces España a la Sociedad de Naciones y se crea el Tercio de Extranjeros, pero el país se va sumiendo en una aguda crisis de conflictividad laboral. Las huelgas, llevadas a cabo por los mineros asturianos, le desbordan, viéndose obligado a presentar su dimisión el 3 de mayo de 1920, sucediéndole Dato. Éste fue asesinado el 8 de marzo de 1921 y al fracasar el intento de Maura de constituir gabinete fue de nuevo llamado por Alfonso XIII a formar Gobierno, lo que esta vez haría con una marcada tendencia conservadora, nombrando al marqués de Lema, Piniés, Argüelles, vizconde de Eza, Fernández Prida, Bugallal, Cierva, Aparicio y Sanz Escarpín. En julio, los ministros Piniés y Argüelles se mostraron en desacuerdo con Cierva y fueron sustituidos con Ordóñez y Wais. De esta época sólo pueden mencionarse las catástrofes que se sucedieron, la derrota de Annual y la matanza de Monte Arruit en Marruecos, lo que determinaría la caída del Gobierno, no sin antes haber creado una comisión investigadora de los hechos, con el fin de depurar responsabilidades.

Fue además maestrante de la Real Caballería de Granada desde 1883, académico profesor de la Real de Jurisprudencia y Legislación, caballero de las Grandes Cruces de la Orden Plana de la Santa Sede, de San Esteban de Hungría, Legión de Honor de Francia, Victoria de Gran Bretaña, Águila Roja de Prusia, la Corona de Baviera, Alberto el Animoso de Sajonia, Estrella Polar de Suecia, Gran Cristo de Portugal, Sol Naciente de Japón, El Sol y el León de Persia, El Doble Dragón de China, la Corona de Rumanía y el Águila de Servia, placa de Hoenhezollern y comendador del Mérito Agrícola de Francia.

De su fallecimiento, sucedido en su domicilio de Madrid, calle de San Jerónimo número 38, el 13 de marzo de 1923, se da cuenta al Senado, pues en su calidad de vitalicio seguía siendo miembro de la Cámara, y en la sesión de 11 de julio, al darse la relación de los senadores fallecidos en el interregno, el conde de Romanones, entonces presidente, dice de él en su homenaje: “En esta lista está un hombre por todos conocido, un nombre que en el Senado significa mucho, porque ha dejado en la Cámara una huella profunda, D. Manuel Allendesalazar lo fue todo en la política, desde alcalde de Madrid a ministro de Fomento, de Instrucción Pública, de Hacienda, de Gobernación, de Estado, presidente del Consejo de Ministros y presidente de esta cámara; y con haber sido tantas cosas, lo que más le distinguía, sobre todo para la consideración del Senado, era la manera y la forma con que desempeñaba las funciones de senador, porque con su vida dejó en el Senado un ejemplo para ser seguido por todos.

Constituía el Senado para él un verdadero sacerdocio, y aquí estaba, un año y otro año con una constancia verdaderamente loable, resistiendo las imposiciones de sus amigos y las sugestiones de sus correligionarios algunas veces, pero no dejando que pasara nada que no debiera pasar y trazando normas nuevas para la vida del Senado. En todo momento defendió con fe grandísima los prestigios de esta casa. Por ello el Senado le debe mucho, porque él concibió de esta manera lo que es el cargo de Senador y lo que son las funciones que le incumben, que no son sólo una reunión de derechos, sino una reunión de deberes que es preciso cumplir. El cargo de Senador no se debe tomar con indiferencia; para atender a todos los deberes contraídos con el Rey y con la Patria, hay que dedicar a su cumplimiento los mayores afanes y las más grandes actividades. Por eso el caso del Sr. Allendesalazar constituye algo excepcional que debe merecer el recuerdo de todos y se debe hacer que su nombre no se olvide nunca en esta Casa. No voy a decir más de esta figura tan preeminente de la política española.

Todos le conocían como un orador elocuente, preciso, que nunca decía más de lo que necesitaba decir ni menos de lo que exigían los debates mismos. El Sr. Allendesalazar en los últimos días de su vida, tuvo que pasar por la amargura de recoger lo que siempre ofrece en la política española mayor cosecha, que son las tristezas y los desengaños. Yo creo interpretar el sentir unánime del Senado al pedir que conste en acta las expresión de su dolor [...]”. El ministro de Gracia y Justicia, conde de López Muñoz, interviene a continuación diciendo: “El Gobierno se adhiere con todo fervor a las elocuentes palabras pronunciadas por el ilustre Sr. Presidente de la Cámara [...] y a semejanza suya, permitidme que haga culminar todo el dolor del Senado en estos instantes, en el que fue su Presidente [...] Fue un diputado de brillante historia, fue en los Consejos de la Corona, algunos de los cuales presidió, un trabajador infatigable, fue un político desinteresado y recto, títulos que son bastante para que nuestros conciudadanos le ofrezcan a cada hora el testimonio de su respeto y su cariño. Pero la característica de él fue su devoción al Senado. La corrección de los caballeros era su norma de conducta; el amor a la Patria, su numen; la lealtad al Rey, su fe; el Senado, su culto. Ahí, en esa primera fila, a manera de combatiente en las avanzadas, ocupaba desde los primeros instantes su escaño, atento a todos los asuntos más o menos importantes —para él todos lo eran—, llevando a los unos su sagacidad política y dando a los otros el vuelo de los grandes debates parlamentarios.

Su palabra correcta era siempre persuasiva; pero cuando invocaba la historia honrosa del Senado, sus prerrogativas, su actuación eficaz, su respeto a las gloriosas condiciones españolas, su palabra se transfiguraba y hacía vibrar de emoción los corazones en todos los lados de la Cámara [...]”. Por aclamación, fue aprobada la propuesta de Romanones y así se recoge en el diario de sesiones de la fecha.

 

Obras de ~: Documentos presentados a las Cortes en la legislatura de 1907-8 / por el Ministro de Estado [...] (Sobre asuntos de Marruecos), Madrid, Imprenta del Ministerio de Estado, 1908; Documentos presentados a las Cortes en las legislaturas de 1905, 1906, 1907 y 1908 por los Ministros de Estado, D. Pío Gullón [...] Don Manuel Allendesalazar y [...] Don Manuel García Prieto, Madrid, Ministerio de Estado, 1905-1911.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Senado, HIS-0027-04.

M. Sánchez Ortiz, Las primeras Cámaras de la Regencia.

Datos electorales, estadísticos y biográficos, Madrid, Enrique Rubinós, 1886; J. F. Dodero Vázquez, Las últimas Cortes de la Regencia [...] Madrid, J. Corrales, 1902; M. Sánchez de los Santos. Las Cortes Españolas. Las de 1907, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Antonio Marzo, 1908; I. del Castillo, El Parlamento español en 1910, Madrid, Viuda y sobrino de J. Corrales, 1910; M. Sánchez de los Santos, Las Cortes Españolas: Las de 1910, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Antonio Marzo, 1910. M. Sánchez de los Santos, Las Cortes Españolas: Las de 1914, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Antonio Marzo, 1914; A. Osorio, Diccionario político español: histórico y biográfico (Desde Carlos IV a 1936), Buenos Aires: Editorial Mundo Atlántico, 1945; J. Gallo de Renovales, Los presidentes del Consejo de la Monarquía 1874- 1931, Madrid, Editorial Purcalla, 1946; VV. AA., Diccionario de Historia de España, Germán Bleiberg (dir.), Madrid, Alianza Editorial, 1979; G. López Arias. Alcaldes de Madrid, Madrid, Avapiés, 1994. J. M. Cuenca Toribio, El poder y sus hombres ¿por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; M. A. Valle de Juan, Los Presidentes del Estamento de Próceres y del Senado (1834-1923), Madrid, La Fundación del Sur, 2002.

 

María Ángeles Valle de Juan