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Juan Van Halen y Sarti

Biografía

Van Halen y Sarti, Juan. San Fernando (Cádiz), 16.II.1788 – Cádiz, 8.XI.1864. Teniente general del Ejército belga, mayor del Ejército ruso y mariscal de campo del Ejército español.

Acertó Pío Baroja al subtitular “el oficial aventurero” la biografía que dedicó a este inquieto militar que para el historiador José Luis Comellas es “el conspirador más típico de la época”. Descendiente de una noble familia de financieros lombardos de apellido originario Mirabello que, trasladada a Flandes, adoptó en el siglo XIV el apellido Van Halen al recibir el señorío de Halen, actual Limburgo belga. Por la madre de su directo antepasado Sir Francis Van Halen, nombrado en 1359 caballero de la Orden de la Jarretera por Eduardo III de Inglaterra, Juan Van Halen era descendiente de Carlomagno. En Flandes los Van Halen brillaron en la política, en el foro, en la milicia y en la Iglesia. Simon Van Halen, antes apellidado Mirabello, hombre de armas, a principios del siglo XIV tomó por esposa a Ysabel de Nevers, hermana natural de Luis de Nevers, conde de Flandes, y fue gobernador de Flandes y hombre principal en la política y en las finanzas en tiempos de Jacobo Van Artevelde; Jacques Bernard Van Halen era en 1730 miembro del Supremo Consejo de Justicia de Brabante; Petrus Livinus Van Halen fue en 1728 abad mitrado; el teniente coronel Mateo Van Halen luchó en la Guerra de Sucesión bajo las banderas del primer Borbón y asistió al sitio y toma de Barcelona en 1714.

El primer Van Halen que llegó a España, a Cádiz, fue Juan Antonio Van Halen y Francken, nacido en Weert en 1703, segundo hijo y varón mayor de Enrique Van Halen y Holmans. Figura ya en 1728 en documentos gaditanos como “rico comerciante”, armador y consignatario de buques para el comercio con América. Fue el fundador de la rama española de la familia. De su matrimonio con Brígida Clementina Morphy, en 1745, fue hijo menor Antonio Van Halen y Morphy, nacido en 1760, único que tuvo sucesión, que casó en 1787 con Francisca Sarti y Castañeda, padres del general. Antonio Van-Halen y Morphy siguió la carrera militar en la Armada, fue jefe de División en la Secretaría de Marina, y llegó a ser secretario de Su Majestad.

Juan Van Halen y Sarti siguió la carrera de las Armas, como lo harían sus dos hermanos menores Antonio y Manuel, e ingresó como guardia marina en 1803, figurando como sub-brigadier de guardia marinas en la fragata Magdalena, de la escuadra de Gravina, en una campaña que habría de concluir en la jornada de Trafalgar aunque la fragata Magdalena no participó en el combate. Navegó en la fragata Anfitrite, y en el navío América en viajes a La Habana, Veracruz y Martinica. En 1806 ascendió a alférez de fragata destinado al navío Príncipe desempeñando diversas acciones contra los corsarios.

En 1807 fue destinado a las órdenes del ingeniero general de Marina en Madrid, donde le sorprendió el 2 de mayo. A la cabeza de un grupo de paisanos del barrio de Lavapiés, en compañía de su amigo el también alférez de fragata José Heceta, llegó al Parque de Monteleón que Daoiz y Velarde convertían en fortaleza. Fue herido de cierta consideración ante Monteleón, y buscado por los franceses huyó de Madrid, participando en la adversa batalla de Rioseco, unido a las tropas del general Blake. Llegado a Ferrol se le dio el mando del cañonero Estrago. Rendida la ciudad, fue acusado de hostigar a los franceses mientras se parlamentaba y estuvo a punto de ser fusilado, perdonándole la vida el propio mariscal Soult, que le hizo trasladar a Madrid a requerimiento del almirante Mazarredo, amigo de su padre. Mazarredo le comprometió con la causa josefina, en virtud de los términos de la capitulación de Ferrol, y buscándosele un destino cortesano y no guerrero, fue nombrado oficial de órdenes del rey José. En tal calidad acompañó al rey intruso en varios viajes y asistió en París al bautizo del hijo de Napoleón, el Rey de Roma. Durante su estancia en la casa de José fueron muy comentados en Madrid sus duelos con oficiales franceses, entre ellos el que celebró con el célebre espadachín coronel Montleger, que le colocó al borde de la sepultura, y el que tuvo con un hermano del general Sebastiani. José le encomendó frecuentes comisiones en el extranjero para alejarle de estos desafíos. Intervino como oficial de Caballería en las batallas de Abensberg y Eckmuhl (Baviera) y Aspern-Essling (Austria). Van Halen ocultará en sus Memorias su presencia en la Grande Armée.

A finales de 1813, fiel a su juramento, Van Halen siguió a su Rey, pero un grosero desplante del Monarca en su residencia de Morfontaine, le llevó a atender las sugerencias de agentes españoles en Burdeos que le hicieron conocer el Decreto de la Regencia que llamaba a su seno a los militares españoles que hubiesen estado comprometidos bajo palabra con el invasor.

Consiguió Van Halen pasar a Barcelona como jefe de escuadrón, y ser destinado al Estado Mayor del mariscal Suchet, que confió en él por su destino anterior en la Casa de José. En enero de 1814, en connivencia con los generales barón de Eroles y Copons, Van Halen se apoderó de una copia de la clave de cifra del mariscal, y un maestro de dibujo de Reus, Juan Antonio Daura, falsificó documentos que ordenaban el abandono de las tropas francesas de las plazas de Tortosa, Peñíscola, Murviedro, Lérida, Mequinenza y Monzón, fingiendo que se trataba de un convenio entre Suchet y los generales españoles. Se presentó Van Halen ante Tortosa, con uniforme de edecán del mariscal, pero el gobernador francés Robert receló y los generales españoles desistieron del ardid, que no consideraron prudente intentar en Peñíscola ni en Murviedro, pero sí en Lérida, Mequinenza y Mozón, donde las falsas órdenes de evacuación de los franceses tuvieron éxito, de modo que las plazas fueron ocupadas por las tropas españolas sin efusión de sangre, liberando para otras operaciones a más de seis mil soldados que llevaban meses en el bloqueo y asedio de aquellas plazas. Por esa acción las Cortes le restablecieron en todos sus derechos ciudadanos, publicaron una acción de gracia “para que Van Halen continúe dando días de gloria y satisfacción a la Patria y en recompensa del servicio importante y extraordinario en la recuperación nacional de las plazas de Lérida, Mequinenza y Monzón”, y la Regencia le promovió a capitán de Caballería el 26 de marzo de 1814, concediéndosele abono como si hubiese servido en la Armada desde el 2 de mayo de 1808. Fue destinado al Ejército de Cataluña a las órdenes directas del general Copons.

El regimiento de Van Halen fue uno de los que recibieron en la frontera al Deseado Fernando VII a su regreso de Valençay en 1814, pero pronto se conocieron las verdaderas intenciones del monarca: conservar el poder absoluto, desoyendo a la Regencia e ignorando la Constitución de 1812, firmando el Real Decreto de 4 de mayo de 1814 que supuso el inicio de la persecución de los constitucionales y, paralelamente, la proliferación de sociedades secretas. Van Halen, que vio perseguidos a muchos amigos liberales, visitó en las cárceles a algunos de ellos y, según confiesa en sus Memorias, se sintió comprometido con aquellas ideas. En 1815 Van Halen fue destinado a Jaén con su regimiento de Cazadores, y a finales de ese año fue preso, conducido al castillo de Marbella y puesto en capilla para ser fusilado. La intervención del capitán general, conde de Montijo, que receló de la autenticidad de la Real Orden ya que no iba numerada y era anómalo que el Gobierno diese instrucciones directas al gobernador de Marbella, salvó a Van Halen. Pronto recibió el capitán general una comunicación del rey negando la existencia de la Real Orden. Una nueva Real Orden de 28 de abril de 1816 proclamaba la inocencia de Van Halen, y otra del 6 de junio le otorgaba el grado de teniente coronel. En Granada Van Halen se inició en la masonería, y al incorporarse a su destino en Murcia, donde se hallaba su regimiento, se afanó en la creación de logias en todo el Levante que promovieran la vuelta a la Constitución de 1812. Celebró numerosas reuniones con Torrijos, López Pinto, Romero Alpuente, y Facundo Infante, entre otros.

La traición de un fingido amigo llevó a la detención de Van Halen en Murcia en los primeros días de septiembre de 1817 y al secuestro de numerosos papeles comprometedores. Tras pasar por los calabozos del Santo Oficio murciano, el Rey atendió el 24 de septiembre una petición del preso y fue trasladado a la Inquisición de Corte por Real Orden de 27 de septiembre. Sobre la audiencia concedida por Fernando VII a Van Halen los autores no han estado de acuerdo; hay no pocos que la niegan. Estos autores aseguran que la entrevista sólo cuenta con el aval de la versión del propio Van Halen en sus Memorias.

Sin embargo, en los “Papeles Reservados de Fernando VII” (Expediente: “Prisión del teniente coronel Van-Halen”, sesenta y seis documentos), se anotan algunas evidencias de su veracidad. Consta una exposición enviada al Rey por Van Halen el día 21 de octubre “en ocho pliegos de papel”, que es la que le pide el monarca a Van-Halen en la entrevista, celebrada el día 19, y otras dos exposiciones del preso al Rey, una el 5 de noviembre y otra sin fecha. Además, en “Verdades oportunas expuestas a Su Majestad por don Juan Van Halen” se recoge la exposición dirigida al rey el 21 de junio de 1821 en la que Van Halen se refiere expresamente a la audiencia con el Monarca y a lo allí dicho. En el manuscrito de la exposición al Rey del 21 de octubre de 1817 y en el mismo pliego, en columna paralela, se incorpora un texto del inspector general de Caballería, Francisco Ferraz, dirigido al Rey en el que se apoya lo escrito por Van Halen, seguramente a instancias del propio Monarca, según consta en el Archivo Militar de Segovia. De no haber sido cierta la audiencia de Fernando VII a Van Halen, éste no se hubiese atrevido a mencionarla en una exposición dirigida al propio Rey y publicada después.

Nadie le refutó entonces.

Otro de los considerados “puntos oscuros” en las Memorias de Van Halen es si recibió o no tormento en la cárcel de la Inquisición de Corte. Menéndez y Pelayo en su Historia de los Heterodoxos Españoles lo niega, y cita como opinión de crédito la de Usoz. Pero Usoz lo niega sencillamente porque no puede creer que “por aquel tiempo llegase la barbarie e iniquidad de los inquisidores a usar el tormento”. Es una opinión; no tiene valor denegatorio. También Menéndez y Pelayo, y antes Usoz, negaron el tormento aplicado a Vicente Richard y a Juan Antonio Yandiola, implicados en la conspiración del Triángulo en 1816, pero cuando el académico de la Historia Natalio Rivas encontró la documentación íntegra del proceso a Richard en un sótano del Archivo Histórico Nacional, se constató el tormento. Y también encontró Natalio Rivas un volante escrito y firmado de puño y letra por Fernando VII dirigido a su alcalde de Casa y Corte. Su texto: “Palacio, 29 de febrero de 1816.

Arjona: estando Yandiola negativo en todo lo que se le pregunta, te autorizo para que eches mano de los apremios, a pesar de haberlos yo abolido”.

Sobre la veracidad de lo que relata Van Halen en sus Memorias, en el folleto antes citado, publicado por él en 1821, se incorporan varios testimonios ante el magistrado Ángel Fernández de los Ríos de personajes que le acompañaron tras su fuga de las mazmorras del Santo Oficio. Comparecen ante el juez: López Pinto, Núñez de Arenas, Facundo Infante, Juan Romero Alpuente, José María de Torrijos, y el doctor José Saumell, médico militar que le atendió profesionalmente tras su fuga. Estos testigos declaran los padecimientos de Van Halen, “que después el que declara tuvo el dolor de cerciorarse por sus ojos ser demasiado ciertos”.

El doctor Saumell significa: “los horribles padecimientos que le había hecho sufrir el infame poder de la Inquisición”. Pese al gusto de la época por las vindicaciones, las refutaciones y las contestaciones no se produjo ningún desmentido. Ni entonces ni luego.

Sus contemporáneos, entre los que se encontraban los inquisidores y otros servidores del Santo Oficio citados en el relato, dieron fe con su silencio de lo dicho por Van Halen. Y no por miedo durante el trienio liberal, porque tampoco se refutó a Van Halen en la “ominosa década”, recuperado el poder absoluto por Fernando VII, y restablecido de derecho el Santo Oficio como consecuencia del Real Decreto de 1 de octubre de 1823.

En la tarde del 30 de enero de 1818 Van Halen, con ayuda exterior, se fugó de los calabozos de la Inquisición de Corte, y tras unos meses convaleciente y escondido en Madrid, marchó con un pasaporte falso a la frontera francesa para pasar a Londres a donde llegó a finales de julio. Inquieto con su suerte, e inactivo, Van Halen rehusó las propuestas de agentes independentistas americanos para incorporarse a sus Ejércitos, y buscó recomendaciones para tratar de incorporarse al Ejército ruso, por la buena acogida del zar a los militares extranjeros. Le apoyó con dineros y cartas de recomendación, entre otros, el emigrado Juan Antonio Yandiola, el conspirador de 1816, diputado en las Cortes de Cádiz y ministro de Hacienda en la segunda época constitucional.

En noviembre de 1818 Van Halen se embarcó en Gravesend, hizo un penoso viaje a través de media Europa, pero sus cartas para el conde Romanzof, gran canciller del Imperio, los hermanos Turgueniev, consejeros de Estado, y el general español Agustín de Betancourt, sobre todo la influencia de este último y del príncipe Galitzin, ayudante de campo del Emperador, consiguieron que el zar Alejandro I le admitiera en la Caballería de su Ejército, en mayo de 1819, como mayor en un regimiento de Dragones destinado en el Cáucaso, la “Siberia caliente”. El jefe de aquel ejército era el prestigioso general Yermolov. Hizo Van Halen parte del viaje a Tiflis acompañando al general Betancourt, y se incorporó al Estado Mayor de Yermolov en Georgia no mucho antes de iniciarse las operaciones militares contra el kan de Kasikumik que se había alzado contra los rusos. Van Halen tuvo especial protagonismo en la importante acción de Joserek, el 12 de junio de 1820, al mando de una columna de caballería cosaca de Apcherón sostenida por dos piezas de artillería. Cuando la columna había iniciado el avance contra el fuerte de Joserek, el general Madatof, que mandaba las tropas, comprendió el riesgo que corría la columna ante el fuego enemigo y ordenó detener el avance pero ya era tarde: estaban a sesenta metros de la primera muralla. Tras un encuentro encarnizado, el estandarte de los cosacos de Apcheron se enarboló en la torre. Van Halen recibió por esta acción la Cruz de la Orden de San Jorge, la más alta distinción rusa al valor militar en tiempos de guerra, y la Cruz de la Orden de San Wladimiro, que otorgaba nobleza hereditaria del Imperio. En una rápida campaña se pacificó todo el territorio.

Al año siguiente Van Halen tuvo noticia del pronunciamiento de Riego y Quiroga en Las Cabezas de San Juan y de la jura de la Constitución por Fernando VII, de modo que decidió pedir su baja en el Ejército ruso y volver a España, decisión que no gustó al zar que ordenó su expulsión del país. Gracias al general Yermolov su abandono de Rusia no resultó trágico para el español. “Debe venerar a Yermolov como a su padre”, le dijo Betancourt al despedirle. La historiografía rusa mantiene que la relación del aventurero español con Nicolás Turgueniev y sobre todo con el activista Nikita Moraviov y su círculo de militares y cortesanos liberales en la sociedad Unión del Progreso, prepararon las ideas para la sublevación llamada de los decembristas del 26 de diciembre de 1825.

El 27 de febrero de 1821 ya está Van Halen en Madrid y consigue destino en el Ejército constitucional de Cataluña, regimiento de la Constitución, a las órdenes de los generales Espoz y Mina y Miláns del Bosch, en lucha contra partidas realistas. Fue jefe de Estado Mayor de Espoz y Mina y de Torrijos, y en la acción de Vendrell, al mando de veinticuatro jinetes y un subalterno, logró dispersar a dos millares de absolutistas al mando del general Romagosa. Por este servicio recibiría su primera Cruz de la Orden Militar de San Fernando. En 1840 recibiría la segunda, también por sus méritos en los campos de Cataluña.

Tras la intervención de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, y no queriendo rendir su espada ni jurar al rey absoluto, Van Halen pide al general Miláns del Bosch, en noviembre de 1823, pasaporte para viajar a La Habana. Allí se contrata como sobrecargo de una goleta que hace travesías al golfo de México, y más tarde planta un cafetal en el distrito de Matanzas.

Enfermo y acosado por las autoridades, instigadas desde la metrópoli, a mediados de 1824 viaja a Estados Unidos, y reside dos años entre Filadelfia y Nueva York dedicado a dar clases de español.

En mayo de 1826 embarca para Europa, llamado a Bélgica por intereses familiares. Durante la travesía escribe sus Memorias. En Bélgica vive en Lieja, se relaciona con círculos masónicos y hace estrecha amistad con al abogado Charles Rogier que traduce sus Memorias al francés. Pronto aparecerían ediciones en Bélgica, Francia, Holanda, Alemania, Inglaterra y años después en Madrid. Sus Memorias le dan en Europa la aureola de “mártir de la libertad”, y acaso por ello cuando se produce la sublevación belga contra los holandeses, en septiembre de 1830, su amigo Charles Rogier, miembro de la Comisión Administrativa, Gobierno provisional belga instalado en el Ayuntamiento de Bruselas, le ofrece ponerse a la cabeza de los voluntarios. Van Halen es nombrado comandante en jefe de las Fuerzas Activas de Bélgica el 24 de septiembre de 1830. Su pericia militar consigue organizar a los voluntarios, convertirlos en un auténtico Ejército —“ministre de la Guerre avant la lettre”, ha escrito el senador e historiador belga barón Francis Delpérée—, expulsar a los holandeses de Bruselas y garantizar la independencia de Bélgica, en cuatro días. Se le nombra teniente general, se le concede la nacionalidad belga, y a la subida al Trono de Leopoldo I es recibido a menudo por el Monarca que le concede la Cruz de Hierro y la Orden de Leopoldo. Fue aún gobernador de Brabante Meridional, antes de regresar a España en 1835, llamado por el general Luís Fernández de Córdova, pese a que en España era sólo teniente coronel.

Se incorporó al Ejército del Centro y fue segundo jefe de Estado Mayor, ascendido a coronel, hasta que, tras los sucesos de La Granja en el verano de 1836, que le desagradaron como militar y como liberal, presentó la dimisión de su destino y regresó a Bélgica.

Volvió Van Halen a España en julio de 1838 y por Real Orden de 1 de noviembre se le facultó para que usara en España el título de teniente general belga, anteponiéndolo al carácter o graduación que tuviese en el Ejército español. El 14 de noviembre fue promovido al empleo de brigadier de Caballería, incorporándose al Ejército de Cataluña en febrero de 1840, y participando en acciones de guerra contra el general carlista Cabrera. Van Halen mandó una división provisional en la batalla de Peracamps —“ una de las más grandes y sangrientas que ilustran los fastos de la guerra civil”— y fue herido de consideración en una carga al frente de novecientos jinetes. El 9 de diciembre de 1840 fue ascendido a mariscal de campo, y recibió el mando de una división y la Comandancia General de Tarragona y Lérida. El 10 de abril de 1841, con sólo una compañía del Regimiento de Infantería de Castilla y algunos mozos de escuadra, batió a las fuerzas carlistas de Marimón y Casulleras, dispersándolas y apoderándose de estos dos jefes. Ese mismo año garantizó el orden en la frontera con Andorra, y negoció un tratado entre aquel principado y España, en cuyo recuerdo se elevó una gran cruz de hierro en lo más alto del puerto de la Bonaigua, en cuyos brazos figuraba: “Juan Van Halen” y en su cabeza “1841”.

El ocaso de Van Halen se inicia en las vísperas del pronunciamiento que supuso la caída de Espartero y la llegada de los moderados al poder. El 2 de enero de 1843, Van Halen dimitió de sus mandos militares, quedando en situación de cuartel, y a finales de junio fue hecho prisionero frente a Sevilla por el general de las tropas pronunciadas, Manuel de la Concha. Por sucesivas Reales Órdenes se le mantuvo en situación de cuartel obligándosele a residir en un punto que no fuese ni capital ni plaza fuerte. A veces disfrutaba de licencia para viajar a Bélgica en donde era recibido por el rey Leopoldo I y frecuentaba a su viejo amigo Charles Rogier, ministro varias veces y presidente del Gobierno. Al regreso de Espartero al poder en 1854 quedó liberado de sus limitaciones de residencia, el 30 de noviembre le fue concedida la Gran Cruz de Carlos III, y el 12 de diciembre fue nombrado gentilhombre de Cámara de Su Majestad con ejercicio. Poseyó también el Collar de Carlos III, y las Grandes Cruces de Isabel la Católica y de San Hermenegildo. Van Halen había casado en 1822 con Carmen Quiroga, de la casa marquesal de Montedoro, de la condal de Ardabani y de la baronial de Paar, hermana del general liberal Antonio Quiroga, el sublevado de mayor rango militar en el pronunciamiento de Las Cabezas de San Juan en 1820, y habiendo enviudado en 1859, contrajo segundas nupcias con Clotilde Butler y Abrines en 1862. Vivió sus últimos años entre El Puerto de Santa María y Cádiz.

Murió en Cádiz el 8 de noviembre de 1864, y está enterrado en el panteón familiar del cementerio de El Puerto de Santa María. Pío Baroja escribió en la biografía que le dedicó: “Todos los que conocieron a don Juan Van Halen en su juventud están conformes en pintarle como hombre inquieto, inteligente, de conversación agradable, donjuanesco, de grandes dotes para figurar en sociedad”.

 

Obras de ~: Restauración de las plazas de Lérida, Mequinenza y castillo de Monzón por medio de una estratagema: ocupación de estas plazas por una de las divisiones del primer Ejército español en los días 13, 14 y 16 de febrero del año 1814, Madrid, Imprenta Real, 1814; Verdades oportunas expuestas a Su Majestad por don Juan Van Halen, Madrid, Imprenta de la calle de la Greda, 1821; Dos palabras al público por una víctima de la Inquisición, Madrid, Imprenta del Censor, 1821; Memoires de don Juan Van Halen: chef d´etat-major d´une des divisions de l´Armée de Mina en 1822 et 1823. Écrits sous les yeux de´l´auteur par Ch. Rogier, Bruselas, H. Tarlier, 1827, 2 vols.; (eds. Lieja, 1827; Paris, 1827 y 1828; Londres, 1827; Nueva York, 1828; Dordrech, 1828; Sttutgar, 1828; Londres, 1830; París, 1836; Madrid, 1842; Madrid, 2008); Histoire authentique des Quatre Journées de Bruxelles, Bruselas, C. J. de Mat, Grand Place, n.º 11-88, 1831; Histoire sur l´Inquisition d´Espagne, Paris, Le Bailly, 1834.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1ª, leg. B-552; Archivo Familiar Van Halen.

P. Chamorro y Baquerizo, Estado Mayor General del Ejército Español (Sección Mariscales de Campo), Madrid, Tomás Fortanet, 1852-1854; F. de P. Pavía, Galería biográfica de los Generales de Marina, Madrid, Imprenta de F. García y D. Caravera, 1874; A. Carrasco Sáyz, Iconografía del Generalato Español, Madrid, Imprenta del Cuerpo de Artillería, 1901; S. Otero Enríquez, Familias españolas de origen flamenco: los Van Halen en Revista de Historia y Genealogía Española, t. I, Madrid, 1912, págs. 216-225; P. Baroja, Juan Van Halen, el oficial aventurero, Madrid, Espasa Calpe, 1933; R. Michels, Don Juan Van Halen (1788-1864). Contribution à l’Histoire Belge et Espagnole”, en Bulletin de l’Association des Amis de l’Université de Liége, Liége, H. Vaillant-Carmanne, Imprenta de l’Académie, janvier-avril, 1936; J. L. Comellas, Los primeros pronunciamientos en España, Madrid, Centro Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Historia Moderna, 1958; F. Toscano de Puelles, “La Familia Van Halen”, en Hidalguía (Madrid), 113 (julio-agosto de 1972), págs. 535- 554; J. Van-Halen Acedo, “Bicentenario de un general romántico”, Madrid-Barcelona, Historia y Vida, n.º 249 (diciembre de 1988), págs. 110-122; J. Van-Halen Acedo, Los Van-Halen, una familia flamenca en España, Madrid, Real Academia de Heráldica y Genealogía, 1991; A. M. Storrer, Le général Van Halen et la Révolution belge de 1830, Bruxelles, ed. Racine, 2005; A. García Fuertes, Dos de Mayo de 1808. El grito de una Nación, Madrid, Madrid Histórico Editorial, 2007; J. C. Galende Díaz, “Juan Van Halen, el español errante”, en Clio, Revista de Historia (Madrid-Barcelona) (2007), págs. 68-75; J. Van-Halen Acedo, “Van Halen, la forja de un aventurero”, en La Aventura de la Historia (Madrid) (octubre de 2008), págs. 70-76.

 

Juan Van-Halen Acedo