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Diego de Hurtado de Mendoza y Sandoval

Biografía

Hurtado de Mendoza y Sandoval, Diego de. Conde de la Corzana (III). Madrid, c. 13.X.1650 – Viena (Austria), 14.VII.1720. Militar, corregidor y gobernador de Gibraltar, virrey de Valencia.

Designado virrey de Cataluña en 1697, aunque no fue admitido en el cargo, fue nombrado virrey de Valencia en 1707 por el archiduque Carlos. Era hijo de Esteban Hurtado de Mendoza y Tomasa Sandoval, hija del V duque de Lerma, casó con Ana Catalina Zúñiga y Tenorio, dejando como hija y sucesora a Tomasa Hurtado de Mendoza.

En 1676 entró en el Ejército, sirviendo principalmente en Cataluña, tras un breve período en Flandes. En 1692 fue nombrado corregidor de la ciudad y tierra de Gibraltar y, casi a continuación, gobernador de su plaza. Destinado de nuevo a Cataluña, en 1696 fue nombrado maestro general de campo del Ejército del Principado. En 1697, durante el acoso que sufrió Barcelona a manos de las tropas francesas, fue nombrado virrey de Cataluña, en sustitución de Velasco. No obstante, apenas pudo desarrollar actividad alguna en su nuevo cargo, pues capituló casi de inmediato. Al retirarse los franceses en 1698, intentó que los catalanes le aceptaran como virrey. Éstos, contrariados por la capitulación anterior de Corzana, se negaron. En su lugar prefirieron a Jorge de Hesse- Darmstadt, otro de los responsables militares durante el asedio y acérrimo partidiario de la defensa de la ciudad, que acabó siendo designado virrey. Tras este revés, el todavía rey Carlos II le nombró comisario general de Infantería y Caballería de España.

La llegada de Felipe V al trono español supuso un cambio drástico en su trayectoria. Su parentesco con Juan Tomás Enríquez, almirante de Castilla, y su parcialidad hacia la Reina, al menos en opinión del partido francés de la Corte, le apartaron de cualquier empleo o cargo relevante, lo que, unido a su débil situación económica, propició su acercamiento a la causa del pretendiente austríaco desde momentos muy tempranos. En 1702 acompañó al almirante de Castilla a Portugal consumando su defección. Era, pues, uno de los primeros nobles castellanos en abrazar la causa austracista.

Desde muy pronto participó activamente en la toma de decisiones del bando del pretendiente. En el Consejo de Guerra que el archiduque tenía en Portugal para decidir el curso de la contienda que había de llevarle al trono, Corzana se puso del lado del almirante castellano y votó por la entrada de las tropas por Andalucía y no por Cataluña. El convencimiento de que Castilla no aceptaría un rey procedente de los reinos orientales motivaba su decisión. Como es sabido, su opinión no contó con el respaldo necesario para salir adelante, quién sabe si determinando el curso de la guerra. Permaneció en Portugal al frente de tropas, aunque pronto acompañó estrechamente al archiduque, convirtiéndose en uno de los ministros españoles que participó con asiduidad en los consejos de Guerra que éste celebró durante el conflicto.

En 1706 acompañó a Carlos en su fallida entrada en Madrid, interviniendo en el gobierno de las tropas, mientras intentaba ganar nuevos adeptos entre los nobles castellanos. Con la posterior retirada a Valencia, por el fracaso del archiduque en su intento de alcanzar el trono castellano, fue designado virrey del reino levantino en marzo de 1707, siendo aceptado, esta vez sí, por las instituciones valencianas. La derrota de Almansa en abril de ese mismo año le impidió realizar labor destacable alguna, abandonando Valencia ante la imposibilidad de defenderla por el repliegue de las tropas de Carlos a Cataluña. Ya en Cataluña, tras ser reconocido con la Grandeza de España, siguió interviniendo en el gobierno, encargándose de cuestiones militares y formando parte del Consejo dejado por Carlos para ayudar a la Reina cuando él marchara de nuevo sobre Madrid en 1710. Tras su retorno, siguió participando en los consejos de Estado y Guerra.

Con la muerte del emperador José de Austria, el trono imperial recayó en Carlos, lo que alteró definitivamente el curso de la contienda. Obligado a partir hacia el imperio, Corzana le acompañó. En 1712 el ya emperador Carlos le nombró plenipotenciario en las negociaciones que sobre la guerra se mantenían en Utrecht. De vuelta en Viena, el propio conde fue uno de los responsables de organizar las ayudas para los exiliados españoles, distribuyéndoles por clases, según su condición. Como Grande de España, él mismo quedaba incluido en la relación de españoles de primera calidad. Con sus propiedades y bienes embargados en España, y pese a todos los honores recibidos, tuvo problemas para subsistir en la capital austríaca, en la que falleció en 1720.

 

Bibl.: A. Rodríguez Villa, Don Diego Hurtado de Mendoza y Sandoval, Conde de la Corzana (1650-1720), est. hist. de A. Rodríguez Villa, Madrid, Fortanet, 1907; P. Voltes Bou, Barcelona durante el gobierno del Archiduque Carlos de Austria (1705-1714), vols. I y II, Barcelona, Instituto Municipal de Historia, 1963, págs. 18, 159, 184 y 243 y págs. 45, 117-118, 128-130, 207 y 229, respect.; H. Kamen, La guerra de sucesión en España, Barcelona, Grijalbo, 1974, págs. 109, 111 y 114- 115; V. León Sanz, Entre Austrias y Borbones. El Archiduque Carlos y la monarquía de España (1700-1714), Madrid, Sigilo, 1993, págs. 29, 54-55, 67, 69, 191-192 y 220; F. de C astellví, Narraciones Históricas, ed. de J. M. Mundet i Gifre y J. M. Alsina Roca, vols. I, II y III, Madrid, Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo Percopo, 1997-2002, págs. 515, 616 y 644, págs. 147, 157, 246, 340, 347, 424, 432 y 457 y págs. 147, 242 y 456, respect.

 

Sergio Villamarín Gómez

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