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Cristóbal Colón de la Cerda

Biografía

Colón de la Cerda, Cristóbal. Duque de Veragua (XIV). Madrid, 8.VII.1837 – 30.X.1910. Doctor en Derecho, político y ganadero.

Hijo de Pedro María Gorgorio Colón Ramírez de Baquedano —de los mismos títulos nobiliarios— y de María del Pilar de la Cerda y Gand. Casó en 1867 con Isabel de Aguilera Santiago-Perales (Salamanca, 1843 – Madrid, 1903), hija de Domingo de Aguilera Contreras, marqués de Benalúa, y de María Santiago- Perales Rojo. Del matrimonio nacieron tres hijos, Genaro (1873), María del Pilar (1875) y Cristóbal (1878).

Su disertación para obtener el grado de doctor en Derecho (Jurisprudencia), por la Universidad Central de Madrid, acerca del Tratado de partición de la Corona de España celebrado entre la Francia y el Austria en vida de D. Carlos II, de clara interpretación positivista y crítica, motivó la reacción contraria y protesta de algunos rotativos como La Esperanza o la Revista de Instrucción pública, Literatura y Ciencias. Colón de la Cerda se dedicó a la política en el partido radical de Ruiz Zorrilla a partir de la revolución del 68, siendo elegido diputado por Arévalo (Ávila) en 1871 y 1872 y por el distrito de Aguadilla (Puerto Rico) en las Cortes de 1876, representación que ostentó durante tres legislaturas, afiliado entonces al partido liberal.

Desde 1878 hasta el final de sus días fue senador por derecho propio, ostentando poco después la vicepresidencia de la Cámara Alta a la que renunció en 1890 para pasar a ocuparse del Ministerio de Fomento en el gabinete de Sagasta durante un corto período de tiempo debido a problemas de salud, que le obligaron a someterse a una operación quirúrgica.

Una vez restablecido, sería nombrado presidente de la Comisión encargada de organizar y dirigir la participación de España en la Exposición Internacional de Chicago (Estados Unidos) que tuvo lugar en 1893, a la que contribuyó exponiendo en el pabellón español los más importantes documentos colombinos que se conservaban en el archivo de su Casa. Formó parte de la representación de España que en 1893 viajó a Cuba y Estados Unidos, acompañando la misión de paz de S.A.R. la infanta Eulalia. El 6 de marzo de 1901, fue nombrado por Sagasta ministro de Marina, cuando se ocupó especialmente de la definición, organización de arsenales y de la reconstrucción de la armada; poco después, en 1904, fue designado consejero de Estado.

En 1879, debido a sus “especialísimos conocimientos en materia de ganadería” se le encomendó la preparación de la Feria y Exposición de Ganados, conocimientos por los que le fue concedida la condecoración al Mérito Agrícola, la presidencia honorífica del Colegio de Veterinarios de Madrid, la presidencia del Consejo Superior de Agricultura, la vicepresidencia de la Asociación de Agricultura de España (desde el 30 de junio de 1892) y la presidencia de la Asociación de Ganaderos del Reino, especialidad sobre la que, en 1887, había publicado su famoso Informe sobre las causas de la decadencia de la ganadería. Su actividad como ganadero, además de la cría de caballos hispano-árabes, de amplio reconocimiento, se centró en la de toros bravos, continuando la labor que iniciara su padre, Pedro Colón Ramírez de Baquedano a partir de la muerte de éste en 1866. Bajo la dirección de Cristóbal Colón de la Cerda, la ganadería Veragua conoció su máximo esplendor, muy apreciada entre el público y diestros por su comportamiento en el ruedo y por su estampa, además de ser la más numerosa de las de la época, con más de un millar de vacas de vientre.

Su éxito como criador de reses bravas estuvo doblemente basado tanto en su conocimiento de las características físicas y de carácter de los animales como de la práctica —fue torero aficionado, discípulo del maestro Antonio López Calderón, Capita— y teoría del toreo, según puso de manifiesto en las apostillas que realizó en 1908 a la obra de Amos Salvador. En 1889, junto con Antonio Hernández, el conde de la Patilla y otros, participó en la sociedad que realizó la construcción de la plaza de toros de París, sita en la calle Pergolese, cercana al bosque de Bolonia, según proyecto de José Oller. De grandes dimensiones (con ruedo de 56 m de diámetro y foro para veintidós mil personas) obtuvo gran éxito en su primera temporada de veintiocho corridas, a pesar de no estar permitido dar muerte al toro y de realizarse de forma simulada.

El cambio de dirección de la plaza en septiembre de 1890, que pasó a ostentar Arthur Fayot, dio inicio a su decadencia, al introducirse espectáculos mixtos de corridas y mojigangas. La plaza abandonó su actividad definitivamente el 6 de noviembre de 1892; declarada la quiebra de la sociedad en 1893, la construcción fue poco después demolida.

Desde los primeros días de septiembre de 1898, cuando se discutían las condiciones de paz entre los Estados Unidos y España sobre las últimas posesiones de ultramar, el duque de Veragua manifestó su preocupación por el destino de los restos mortales de su antecesor, el descubridor de América, entonces depositados en la catedral de La Habana. Así lo transmitió tanto al ministro de Estado, duque de Almodóvar, como al presidente, Práxedes Mateo Sagasta, de manera que Veragua fue comisionado para representar al Gobierno y tomar las decisiones necesarias para repatriar las cenizas de Cristóbal Colón. Distintas localidades españolas manifestaron su deseo de constituirse en depositarias definitivas de los restos: Granada, Córdoba, La Rábida (Huelva) y San Fernando (Cádiz), decidiendo fuera la catedral de Sevilla, con espacio suficiente para albergar asimismo el mausoleo realizado por el escultor valenciano Arturo Mélida, que también sería trasladado desde La Habana. Los restos mortales llegaron al muelle del Guadalquivir de Sevilla el 19 de enero de 1899, recibiendo el duque la urna que fue acompañada en comitiva hasta la cripta de los Arzobispos de la catedral, lugar en el que descansaron hasta que, el 17 de noviembre de 1902, el duque de Veragua presenció el nuevo traslado al mausoleo de Arturo Mélida, para entonces ya instalado en el lado derecho de la nave del crucero, cercano a la puerta de San Cristóbal.

Colón de la Cerda se dedicó asimismo a distintas iniciativas filantrópicas, fundando con su propio patrimonio, en colaboración con Vizaurrondo, la Sociedad Protectora de Niños y la de Madres Trabajadoras.

En el ámbito taurino, Veragua instaló en su propia residencia de la calle San Mateo de Madrid un hospital de toreros, de cuyo funcionamiento se ocuparía, tras su muerte, su hijo el XV duque de Veragua, hasta el inicio de la guerra civil. Colón de la Cerda fue presidente del consejo de administración del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, del que fue uno de sus fundadores, como institución sin ánimo de lucro. Colón de la Cerda recibió durante su vida diferentes distinciones, como el Toisón de Oro, Gran Cruz de Carlos III, Águila Roja de Prusia, órdenes de Leopoldo de Austria, Argen de Canadá, de la Concepción de Villaviciosa de Portugal, etc. Murió en Madrid el 30 de octubre de 1910.

Además de XIV duque de Veragua, sucedió en los títulos de su padre como: XIV marqués de Jamaica, XIV duque de la Vega, XVI almirante de la Mar Océana y XVI adelantado mayor de las Indias.

 

Obras de ~: Tratado de partición de la Corona de España celebrado entre la Francia y el Austria en vida de D. Carlos II, discurso en la investidura de doctor de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, Madrid, J. Martín Alegría, 1860; Informe sobre las causas de la decadencia de la ganadería, Madrid, Imprenta Sucesores de Rivadeneyra, 1887; Marina Militar. Ponencias del Segundo Congreso Naval, Madrid, Imprenta del Fomento Naval, 1904, págs. 3-10; “Apostillas”, en A. Salvador y Rodrigáñez, Teoría del Toreo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000, págs. 97-111.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Senado, Exp. personal, HIS- 0503-04; Archivo del Congreso, Serie documentación electoral, 62 n.º 7, 71 n.º 5, 78 n.º 16.

M. Ovilo y Otero, Escenas contemporáneas, Revista bibliográfica. Biografía de los senadores, diputados publicistas, escritores y hombres útiles; noticias necrológicas de las personas notables y conocidas del país, Madrid, Tipografía de Manuel G. Hernández, 1882-1884, 4 vols.; A. Colón de Carvajal, La familia Colón a través del Archivo de la Casa de Veragua, tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense, 1989; A. Colón de Carvajal y G. Chocano, Cristóbal Colón, incógnitas de su muerte. Primeros almirantes de las Indias (1506-1902), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1992, vol. I, págs. 181-187 y vol. II, págs. 259-282 y 285-289; D. Delgado de la Cámara, Avatares Históricos del Toro de Lidia, Madrid, Alianza Editorial, 2003, págs. 86; A. K. Steen, A Glorious Task: The Eighteen Dukes of Veragua and Their Horses, Sevilla, Editorial A Tale of the Breed, 2006, págs. 43-52; J. M. de Cossío, Los Toros. El Cossío, Madrid, Espasa Calpe, 2007, vol. 2, pág. 149 y vol. 7, págs. 158-159.

 

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