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Arturo Mélida y Alinari

Biografía

Mélida y Alinari, Arturo. Madrid, 24.VII.1849 – 15.XII.1902. Arquitecto, escultor, decorador, ilustrador y pintor.

Nació en el seno de una familia burguesa. Su padre, Nicolás Mélida y Lizana (hijo de Blas Mélida, natural de la población zaragozana de Aljafarín; y María Teresa Lizana, natural de Azlor, Lérida), fue secretario de Su Majestad con ejercicio de decreto, ministro del Tribunal de Cuentas del Reino, superintendente de Hacienda, abogado y diputado a Cortes, ejerciendo la abogacía en el Ilustre Colegio de Madrid. De su madre, Leonor Alinari y Adarve, heredó las raíces artísticas que le había legado su padre florentino. Tuvo Arturo cinco hermanos (Enrique, José Ramón, Federico, Alberto y Carmen), dos de los cuales llegaron a adquirir igualmente renombre en el campo de las humanidades: Enrique y José Ramón. Alberto y Federico siguieron los pasos del padre y decidieron emprender el camino de la abogacía, acabando Alberto destinado en Puerto Rico, donde desempeñó un cargo oficial en la Administración de la isla. Carmen falleció con sólo dieciocho años.

Consciente de sus aptitudes creadoras, Arturo tuvo que renunciar a su anterior dedicación (la carrera militar) para volcarse en la faceta artística. El 7 de mayo de 1873 se casó con Carmen Labaig —de ilustre familia murciana—, con la que tuvo nueve hijos; y el mismo año de su casamiento obtuvo el título en la Escuela Especial de Madrid; a partir de ese momento desde el cual comenzó un cultivo compartido entre la escultura, la arquitectura y la pintura.

Como escultor, modeló figuras para monumentos, como el conmemorativo del marqués del Duero (tras concursar en 1875), destinado a la basílica-panteón de Atocha. En 1877 ganó por concurso la construcción del Monumento a Colón erigido en Madrid. También es de su mano el sepulcro del mismo personaje de la Catedral de Sevilla, diseñado por Arturo en 1891 para la Catedral de La Habana e instalado luego en el crucero de la catedral andaluza en 1902. En el monumento erigido en honor del primer marqués de Comillas (Cantabria) —obra cuyo proyecto general concibió el arquitecto Luis Doménech y Montaner—, esculpió las estatuas de América y Oceanía.

Su trayectoria como arquitecto legó, entre otras, la restauración del claustro de San Juan de los Reyes de Toledo en el año 1882, que le había sido encargada por el ministro de Fomento José Luis Albareda un año antes. En la misma ciudad, proyectó y construyó el edificio destinado a Escuela de Industrias Artísticas, en un nuevo estilo que empleaba elementos mudéjares mezclados con otros isabelinos. Entre su legado arquitectónico se encuentra también la construcción de pabellones, como el de la Exposición de Ganados, celebrada en Madrid en 1882; y el pabellón de España, emplazado en la calle de las Naciones de la Exposición Universal de París de 1889. El éxito alcanzado le hizo merecedor de uno de los tres únicos premios otorgados a los pabellones extranjeros y Arturo Mélida fue condecorado con Medalla de Oro y la Cruz de Oficial de la Legión de Honor; y consiguió ingresar en el Instituto de Francia.

Sobre él recayó además el nombramiento de arquitecto del Palacio de Congreso, en el que realizó las obras de archivo y biblioteca. También estuvo vinculado a la Universidad, donde desempeñó el cargo de profesor interino de Modelado (en 1879) en la Escuela de Arquitectura de Madrid, para luego conseguir la cátedra en propiedad por oposición en 1887. Ingresó como académico de número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1899. Fue consejero de Instrucción Pública y correspondiente del Instituto de Francia. Poseyó la Gran Cruz de Isabel la Católica, perteneció a la Orden de Santiago de Portugal y fue caballero oficial de la Legión de Honor de Francia. Se cuentan, entre sus restauraciones y construcciones, las del castillo de los condes de Peña Ramiro (en Villafranca del Bierzo, León), los palacios de Liniers y Mugiro (en Burgos), la capilla mudéjar en el palacio de la duquesa de Denia (Alicante), el gran capitel del Monumento a Colón, en Palos, de Velázquez; y el palacio del banquero Ignacio Baüer, en la ciudad segoviana de La Granja. Como piezas intermedias entre arquitectura y escultura cabe destacar los proyectos no ejecutados de los monumentos al rey Carlos III y al Dos de Mayo. Otra de las ciudades que todavía conserva obras suyas es Valencia, donde le fue encargado en 1897 (por entonces era Arturo arquitecto de la Universidad de Valencia) el proyecto para sustituir el umbráculo de madera en el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. El umbráculo sustituido había sido construido por Pizcueta.

Su labor como arquitecto, destacada sobremanera por la crítica artística, despuntó en un momento en el que la construcción fue convertida en una profesión liberal, diferente de la Ingeniería. El contexto arquitectónico en el que se desenvolvió Arturo Mélida estuvo claramente influenciado por las tendencias historicistas y eclécticas decimonónicas, lo que acentuó el lado artístico de los arquitectos de entonces, más preocupados por las cuestiones estilísticas que por las estructurales.

Todavía destacó Arturo Mélida en otra faceta, la de ilustrador. Buen ejemplo de ello son las ilustraciones de una de las novelas de su hermano José Ramón de 1887, titulada A orillas del Guadarza. En la edición española de La Hija del Rey de Egipto, de Georg Moritz Ebers y publicada en 1883, aparece también una ilustración suya en la que recreó el país del Nilo. Y también (en colaboración con su hermano Enrique) en algunos Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, en las Memorias del general Fernández de Córdoba, en las Leyendas de Zorrilla y en las Obras Completas de Núñez de Arce.

La decoración de interiores fue otra de sus pasiones.

Algunas casas de la aristocracia madrileña (como la de los Ziburu, Ramón Plá, marqués de Amboage, marqués de Urquijo, duque de Veragua, condes de Valle o José Finat) fueron “engalanadas” por los retoques de Arturo Mélida. Suyas son igualmente la controvertida capilla sepulcral del marqués de Amboage, en el cementerio de San Isidro, la sala de Velázquez del Museo del Prado, el despacho de la Subsecretaría del Ministerio de Hacienda, la iglesia de San Ignacio, una capilla de la iglesia de Santa Cruz, y el techo de la cátedra del Ateneo de Madrid. Poco antes de su muerte, Arturo Mélida aceptó la difícil restauración de las pinturas de la fachada de la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid, y las de la bóveda de uno de los dos salones principales.

Su faceta divulgativa pudo demostrarla en el Ateneo de Madrid, verdadero centro de agitación cultural y artística del Madrid del xix, pronunciando conferencias sobre arquitectura y artes decorativas durante los cursos de 1885-1886 y 1886-1887.

 

Obras de ~: Monumento al marqués del Duero, Madrid, 1875; Monumento a Colón, Madrid, 1877; Restauración de San Juan de los Reyes, Toledo, 1882; Pabellón de la Exposición de Ganados, Madrid, 1882; Pabellón de España en la Exposición Universal de París, París, 1889; Sepulcro de Colón, Sevilla, 1891; Construcciones y restauraciones de los palacios de Liniers y Mugiro (Burgos), del castillo de los condes de Peña Ramiro (Villafranca del Bierzo, León); y palacio de Ignacio Baüer (La Granja, Segovia); Decoración de interiores para casas y palacios de la aristocracia madrileña (como la de los Ziburu, Ramón Plá, marqués de Amboage, marqués de Urquijo, duque de Veragua, condes de Valle o José Finat); capilla sepulcral del marqués de Amboage, cementerio de San Isidro, Madrid; Sala de Velázquez, Museo del Prado, Madrid; Despacho, Subsecretaría del Ministerio de Hacienda, Madrid; Techo de la Cátedra, Ateneo, Madrid.

Ilustración: J. R. Mélida, A orillas del Guadarza, ilustrs. de ~, 1887; G. Moritz Ebers, La Hija del Rey de Egipto, ilustrs. de ~, s. l., 1883; B. Pérez Galdós, Episodios Nacionales, ilustrs. de ~, Madrid, 1881; G. Fernández de Córdoba, Memorias, ilustrs. de ~, s. f.; J. Zorrilla, Leyendas, ilustrs.

de ~; G. Núñez de Arce, Obras completas, ilustrs. de ~.

 

Bibl.: J. Moya Idígoras, En el centenario de D. Arturo Mélida y Alinari (1849-1902), Madrid, Anales y Boletín de la Real Academia de San Fernando, 1951; P. Navascués Palacio, “Arturo Mélida y Alinari”, en Goya, 106 (1972), págs. 234- 241; F. Santa Ana, “Los proyectos de Arturo Mélida para el monumento de Cristóbal Colón en Madrid”, en Miscelánea de Arte (1982); F. Villacorta Baños, Culturas y mentalidades en el siglo xix, Madrid, Síntesis, 1993; J. Mélida Labaig, Arturo Mélida, Miguel Ángel del siglo xix, Madrid (inéd.).

Daniel Casado Rigalt