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Joaquín Espín y Guillén

Biografía

Espín y Guillén, Joaquín. Velilla de Medinaceli (Soria), 3.V.1812 – Madrid, 24.VI.1882. Compositor, crítico y musicógrafo.

Los primeros años de su infancia transcurrieron, al principio, en compañía de sus abuelos paternos, en Cuzcurrita (La Rioja), y, más tarde, con sus padres. Estudió solfeo y órgano con José Aramburu —organista de la catedral de Santo Domingo de la Calzada—, pasando, posteriormente, a Burgos donde continuó su formación con los organistas Vicente Pueyo y Ciriaco Olave a pesar de la disconformidad paterna, pues su padre quería que se dedicase a la abogacía. En 1831 se dirigió a Burdeos (Francia) para perfeccionarse durante nueve meses con el pianista Hoffmann. De regreso ya en España, se presentó a las oposiciones de organista en Santo Domingo de la Calzada y tras pasar positivamente el examen junto con otro aspirante, la oposición fue anulada por una irregularidad de carácter administrativo. Se trasladó entonces a Madrid para continuar sus estudios en el Real Conservatorio de Música, donde ingresó en 1833; allí recibió clases de piano y acompañamiento del maestro Pedro Albéniz y de composición a través del magisterio de Ramón Carnicer, aunque fue expulsado poco después de sus clases —junto con Manuel Suárez, Pedro Camil y Rafael Botella— por Real Decreto en enero de 1834. Entretanto, se procuraba algún dinero impartiendo clases de canto y piano y comenzó a frecuentar los distintos salones aristocráticos, participando como pianista acompañante en las reuniones organizadas por Ángel Inzenga. El 29 de enero de 1836 contrajo matrimonio con Josefa Pérez Colbrand, sobrina de la primera esposa de Rossini (la cantante madrileña Isabel Colbrand). Por este hecho, “era llamado il nepote di Rossini. Tuvieron cuatro hijos: el 8 de abril de 1837 nacía el primero, Joaquín Espín y Pérez de Colbrand, que llegaría a ser un reputado director incluso a nivel internacional. Su hermana Julia, tan sólo un año menor que él (nacida el 18 de noviembre de 1838), haría carrera como prima donna visitando los principales teatros europeos y fue amante del poeta romántico español Gustavo Adolfo Bécquer. De sus otras dos hijas, Josefina y Ernestina, sólo la primera de ellas —nacida el 2 de septiembre de 1840— participó en conciertos privados como cantante cuando todavía era una adolescente. Espín y Guillén fue socio y miembro fundador de distintas instituciones culturales del Madrid decimonónico, como el Liceo Artístico y Literario donde entabló amistad con Zorrilla y Espronceda. En ellas fue estrenando sus primeras composiciones musicales y también en los teatros de la capital, como sucedió con la canción La Caprichosa, interpretada en 1843 en el Teatro del Circo por la señora Gariboldi, prima donna del citado coliseo.

El 2 de enero de 1842 fundó, en compañía de Mariano Soriano Fuertes, el primer periódico musical español: La Iberia Musical, verdadero baluarte de la ópera española frente al férreo dominio de la lírica italiana en los teatros de España, amplió su título durante su primer año por el de La Iberia Musical y Literaria; colaboraron con la publicación literatos, poetas y dramaturgos como Juan Martínez Villergas o José Zorrilla. Se publicó durante cinco años —período harto dilatado a pesar de las lamentables condiciones económicas que vivía el país tras el fin de la primera Guerra Carlista— y destacó, además, por su actividad crítica constante (ligado a la ópera italiana, pero con una especialización en ópera española a partir del segundo año de publicación), por los suplementos musicales que repartía y los conciertos que llegó a organizar, siempre con el fin de promover la creación e instauración de la ópera española. Sirvió de modelo a otras muchas publicaciones que tomaron el testigo dejado por La Iberia, pero será la Gaceta Musical de Madrid —en la década de 1850, dirigida por Hilarión Eslava— la que acusará más su influencia. Desde la praxis, abordó de igual modo el tema del drama lírico nacional: compuso una ópera española en tres actos titulada Padilla o El asedio de Medina (con libreto de Gregorio Romero Larrañaga), cuyo primer cuadro del acto primero fue estrenado —gracias al patrocinio de José Salamanca— con bastante éxito el 9 de julio de 1845, y repuesto al día siguiente. La prensa vio en este “estreno” un presagio del inminente nacimiento del drama lírico nacional, pero lo cierto es que Padilla no llegó a ejecutarse completa. Ese mismo año acudió a Bolonia a petición de Rossini, para arreglar el testamento de la tía de su esposa; “Rossini le recibió con solicitud cariñosísima, le presentó a las personas más notables de la población, e indujo al compositor a que hiciera oposición a la plaza de individuo de la célebre Academia Filarmónica”. El 9 diciembre de 1845 obtuvo el título de maestro compositor de la citada academia. Durante su estancia en Bolonia conoció a Verdi —quien le felicitó por Padilla o El asedio de Medina— y tuvo la oportunidad de establecerse en Italia, ya que Rossini consiguió que el empresario del teatro de Ferrara dejase al compositor español una escritura en blanco; pero Espín y Guillén la rechazó al recibir una comunicación desde Madrid por la cual se le nombraba maestro director y compositor de una compañía de ópera escriturada en el Teatro de la Cruz. La compañía se disolvió al poco tiempo debido a la caída del ministerio de Narváez, pues éste había firmado su nombramiento. Intentó poner en escena su ópera completa, pero ni siquiera los elogios de los compositores italianos —como una carta del propio Rossini en la que alababa su obra— le hicieron valedor de tal honor. En 1847 presentó, junto con Antonio Romero y José Villó, una instancia donde se solicitaba la creación de un colegio de música militar que dependería directamente del Ministerio de Guerra —que no obtuvo éxito— y fundó, en octubre, el Círculo Filarmónico, sociedad que bajo su dirección y en su propio domicilio organizaba eventos musicales que tuvieron bastante calado en la sociedad madrileña, además de impartir clases de solfeo, piano, canto y armonía; su actividad se extiende durante la década de 1850, con especial predilección por la música dramática y con la participación de las principales personalidades musicales del momento.

En 1851 fue maestro de coros y director de la banda militar del recién inaugurado Teatro Real; escribió varias piezas musicales, algunas de las cuales se estrenaron con gran éxito en el magno coliseo, como la Canción española (texto de E. Lizárraga), escrita expresamente para el beneficio de la Frezzolini, prima donna del teatro. Destaca su participación en la Enciclopedia Moderna (cuya publicación se extendió desde 1851 hasta 1855) de Francisco de P. Mellado —primera enciclopedia de su clase existente en España y que gozó de gran aceptación— en la que se encargaba de la redacción de los artículos de música. En 1853 elevó una instancia a la reina Isabel II para solicitar que se crease una sección de música en la Biblioteca Nacional que él mismo se encargaría de dirigir, pero su solicitud fue denegada. Al año siguiente se estrenó en Sevilla, el 12 de febrero, en el Teatro de San Fernando, su primera zarzuela titulada Carlos Broschi, en tres actos con libreto de Teodoro Guerrero; aunque el éxito de su estreno fue un tanto extraño, debió de gozar de cierta fama, pues se repuso en distintos teatros hasta 1856. Fue maestro de coros del Teatro del Circo durante la temporada teatral 1855-1856 y tomó parte en una petición elevada al gobierno (junto con otras figuras relevantes del panorama musical, como Arrieta, Aranguren o Gaztambide) para el establecimiento de la ópera española, aunque no obtuvo la respuesta esperada y el problema del drama lírico nacional siguió sin solventarse. Una Real Orden de 26 de junio de 1855 le nombró segundo organista supernumerario de la Real Capilla, cargo que juró el 10 de julio de ese mismo año para suplir la vacante producida por Juan Guelbenzu, ahora primer organista supernumerario. Tan sólo un año después fue nombrado maestro director de orquesta en las solemnidades de la Universidad Central. El 14 de marzo de 1857 se estrenó, en el Teatro del Circo y a petición suya, su segunda zarzuela: El encogido y el estirado (en un acto, con libreto de Agustín Azcona). En palabras de Barbieri: “A pesar de que la presencia de la Reina suele dar mucha gravedad al público de los teatros, en la noche de El encogido no fue bastante [para] contener los silbidos de la multitud, y los sarcasmos de todos, inclusa la misma Reina que se burló completamente de la obra”. En 1857, una Real Orden con fecha de 14 de diciembre le nombró profesor de solfeo general en los estudios de aplicación “hasta 20 de junio de 1868 en que cesó en virtud de reforma” de la Escuela Nacional de Música y Declamación. La vieja y el granadero —zarzuela en un acto con libreto de Sánchez de Fuentes— se estrenó en el Teatro de la Zarzuela el 12 de septiembre de 1859; no tuvo buen éxito debido a los chistes groseros que impregnaban el libreto. Por estas fechas, otra zarzuela —aunque ésta en tres actos— debió ponerse en escena; la música original era del maestro Ricci y fue arreglada por Espín y Guillén; pasó la censura el 22 de octubre de 1859 y se titulaba La loca por amor o Las prisiones de Edimburgo; se trataba de una de esas obras traducidas —en este caso del italiano— por Miguel Pastorfido. Esta zarzuela, cierra la década de los cincuenta y con ella, su etapa dedicada a la producción zarzuelística. A partir de este momento, no volvió a dedicarse al género.

A partir del 28 de mayo 1862, desempeñará la plaza de ayuda de organista en la Real Capilla y desde 1865 hasta 1867 es maestro de coros en el Teatro Real —coliseo en el que participó como organista en los conciertos sacros celebrados en 1866— y también en el Teatro de Rossini. Tras la reforma acaecida en el Conservatorio de Madrid (ahora Escuela Nacional de Música y Declamación), fue nombrado profesor excedente por Real Orden el 20 de junio de 1868. Su participación en distintos eventos musicales celebrados en las décadas de los sesenta y de los setenta demuestra su presencia en la sociedad musical de la época (como su colaboración como director de orquesta en una solemnidad literaria en honor de Cervantes celebrada en 1869). En su propio domicilio seguía organizando veladas musicales a las que acudían músicos y literatos de nombradía, como Gustavo Adolfo Bécquer, quien frecuentó estas tertulias, probablemente para abrirse camino en la sociedad madrileña, puesto que Joaquín Espín y Guillén era un hombre influyente en el mundo teatral de la capital. Desde el 24 de enero de 1869 se encargó de redactar las “Revistas musicales” en La Iberia. Diario Político, colaboración que duró hasta el 24 de agosto de 1872. Desde entonces, comienza una etapa marcada por su actividad periodística como cronista y crítico musical, que durará sin interrupción hasta su muerte. Participó, en circunstancias similares en La Política (durante el período 1878-1881) y firmó, en mayoría de los casos, bajo el seudónimo de Zampa (ya utilizado por él en los años cuarenta en su propia publicación y en otras con las que colaboraba). Durante los últimos años de su vida tomó parte en las distintas comisiones que tenían como objeto aprobar las empresas que arrendarían el Teatro Real durante las temporadas teatrales que se suceden desde 1879 hasta 1882. Sus composiciones menores seguían ejecutándose en diversos espacios musicales, como es el caso de una Dolora para orquesta que se interpretó en una celebración en honor de Calderón en 1881.

Durante este año sufrió un empeoramiento en su ya mermada salud y falleció el 24 de junio de 1882, a las nueve y media de la mañana. Su muerte pasó casi inadvertida en la Corte. Como comenta Cotarelo y Mori: “Y cuando murió Espín y Guillén, cuando murió el fundador del primer periódico musical de España, el amigo de Larra, de Vega, de Espronceda y de Zorrilla, el fogoso entusiasta adalid de nuestras glorias musicales, cuando murió [...] no tuvo una sola manifestación que indicara siquiera discretamente, modestamente, por el buen parecer, que la prensa había perdido un hijo [...] en cuanto a los músicos, a los compañeros del arte del autor de Padilla, esos, en su gran mayoría, juzgaron completamente inútil dedicar un pequeño recuerdo al compositor desgraciado que, solo por esta cualidad, merecía alguna consideración”.

 

Obras de ~: Escénicas: Padilla o El asedio de Medina, 1845 (inéd.); Carlos Broschi, 1854 (inéd.); El encogido y el estirado, 1857 (inéd.); La vieja y el granadero, 1859; La loca por amor o Las prisiones de Edimburgo, 1859; El bandido de Alcaraz (atrib.); La esmeralda (atrib.); Macías (atrib.). Canto y piano: El adiós de un artista, c. 1842; Il palpito dil cor, c. 1842; La aldeana, c. 1842; El español en Venecia, 1856 (inéd.); Aben- Hamet romanza árabe, 1856 (inéd.); Álbum lírico-español de S. M. la reina D.ª Isabel II, 1856 (inéd.; contiene: ¡A Dios!; El niño dormido; La ausencia de Colás; La mariposa; La noche; ¡No me amas ya!; ¡Pensad en mi!; Plegaria; ¡Te amo mil veces más!); Álbum de Canto (contiene: Barcarola veneciana; La africana; La maja de Triana; La mariposa; La sultana); La ausencia de Colás, c. 1875; Album vocale per camera in chiave di sol con acompto. de piano forte (contiene: Duetto serenata; Il tradito; La lontananza; Non tarderó; Red de amores; Serenata); Romanzas para canto con acompañamiento de piano (contiene: E’un paradiso; Il pianto dell’amor; Io torno a te); Benedictus; Il pentito; L’angiol del dolore; La coqueta (inéd.); La rosa; Morir d’amore; Preghiera; T’amo. Piano solo: Gran vals para pianoforte (inéd.); La granja; Suspiro de amor. Instrumentales: Dolora 1.ª Religiosas: Misa a dúo. Septenario a María Santísima de los Dolores, 1860 (inéd.).

 

Bibl.: VV. AA., Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo- Americana, vol. 22, Madrid-Barcelona, Espasa Calpe, 1924, pág. 210; E. C otarelo y Mori, Historia de la Zarzuela, o sea el drama lírico en España, desde su origen a fines del siglo xix, Madrid, Tipografía de Archivos, 1934; J. S ubirá Puig, Historia de la Música Española e Hispanoamericana, Barcelona, Salvat, 1953; J. R ubio, “Un músico olvidado. Joaquín Espín y Guillén”, en Celtiberia: revista del Centro de Estudios Sorianos, n.º 4 (julio-diciembre de 1952), págs. 209-238; R. Balbín, “Noticias sobre Bécquer”, en Revista de Filología Española, n.º 49 (1966), págs. 321-327; J. Subirá, Historia y anecdotario del Teatro Real, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1980; F. García Redondo, La música en Soria, Soria, Gráfica Andrés Martín, 1983; R. Menéndez Pidal, Historia de España, vol. XXXV, Madrid, Espasa Calpe, 1989, págs. 215-217; L. Iglesias de Souza, Teatro Lírico Español, Vol. I-III, La Coruña, Publicaciones de la Excma. Diputación de La Coruña, 1991; R. Mitjana, Historia de la música en España (Arte Religioso y Arte Profano), Madrid, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, 1993; M.ª E. Cortizo, Teatro Lírico, 1. Partituras Archivo de Madrid, Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU)-Centro de Documentación y Archivos (CEDOA), 1994; E. Casares y C. Alonso (eds.), La música en España en el siglo xix, Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1995; VV. AA., La música en el Boletín de la Propiedad Intelectual (1847-1915), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1997; J. Rubio, “Gustavo Adolfo Bécquer y Julia Espín: los álbumes de Julia”, en El Gnomo: Boletín de estudios becquerianos (Zaragoza), n.º 6 (1997), págs. 133-271; M.ª Dolores Liaño Pedreira, Catálogo de Partituras del Archivo Canuto Berea en la Biblioteca de la Diputación de A Coruña, La Coruña, Diputación Provincial, 1998; C. Alonso, La canción lírica en el siglo xix, Madrid, ICCMU-Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), 1998; R. Sobrino Sánchez, “Espín y Guillén, Joaquín”, y E. Casares, “Crítica Musical”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. IV, Madrid, SGAE, 1999, págs. 771-774 y 168-182, respect.; E. Casares y A. Torrente (eds.), La ópera en España e Hispanoamérica. Una creación propia, Madrid, ICCMU, 1999; E. Casares Rodicio, “Ópera”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. 8, Madrid, SGAE, 2001, págs. 78-114; R. Sobrino Sánchez, “Espín y Guillén, Joaquín”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Zarzuela en España e Hispanoamérica, vol. I, Madrid, ICCMU, 2002, pág. 713.

 

Gloria A. Rodríguez Lorenzo

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