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Diego de la Cueva y Aldana

Biografía

Cueva y Aldana, Diego de la. Madrid, 1636 – Valladolid, 28.VII.1707. Obispo de Valladolid.

Aunque se creía que su nacimiento había ocurrido en Madrid, de familia jienense y de padre caballero de la Orden de Calatrava, el historiador de Valladolid Manuel Canesi afirma que era natural de Dueñas (en Palencia). Siguiendo la trayectoria de servicio de su padre al duque de Medina Sidonia, la familia se trasladó a Valladolid, donde en aquellos momentos residía.

Y en esa ciudad Diego de la Cueva fue alumno del más importante de los colegios de la Compañía de Jesús en el ámbito vallisoletano, el de San Ambrosio, tan próximo física como intelectualmente a la Universidad. Fue alumno, pues, de las Universidades de Valladolid y Salamanca, colegial de Santa Cruz en 1660 (el Mayor de la ciudad del Pisuerga), donde se licenció en Teología en 1664. Se iniciaba así su intensa carrera académica.

Recibió las órdenes mayores dos años después (en 1666). Para entonces, en realidad antes de la licenciatura, era catedrático de Artes, la facultad preparatoria para los estudios universitarios. En 1664 pasó por las cátedras salmantinas de Sagrada Escritura y, sucesivamente, por las de Prima de Filosofía (1665), Lógica magna, Durando (1667), Escoto, santo Tomás (1669), Filosofía moral (1676), Escritura (1678) y Vísperas de Teología en 1681, año en el que recibió el grado de doctor en esta disciplina. Demostró constantemente —como resaltaban sus contemporáneos— sus conocimientos teológicos, además de sus cualidades como predicador. Todo ello lo desarrolló no solamente en la cátedra, sino desde la canonjía de púlpito, la de magistral, en la catedral de Salamanca.

Toda esta carrera académica se vio culminada, como solía ocurrir con personalidades como la suya, en la mitra, y en este caso, en una diócesis no excesivamente bien situada en el conjunto eclesiástico español: la de Valladolid. Antes había sido propuesto para la de Guadalajara en Indias, en el virreinato de Nueva España (1677), pero renunció a la misma. Fue presentado como obispo de Valladolid en junio de 1682, preconizado en el consistorio en mayo de 1683 y consagrado como obispo en la catedral de Salamanca el día de Santiago del mismo año. De su nuevo obispado había tomado posesión, en su nombre, el deán de la catedral vallisoletana, José Escobar, otro hombre de Universidad. La entrada solemne partía de una de las localidades cercanas a la ciudad, en este caso Tordesillas, el 13 de agosto de 1683, más de un año después de haberse iniciado todo el proceso.

El gobierno de Cueva y Aldana en la diócesis de Valladolid fue prolongado, alcanzando casi los veintitrés años. Manuel Canesi no fue parco en los halagos hacia el obispo, al que debió de conocer con cierta profundidad: “Fue muy estimado príncipe de la Iglesia: generoso, liberal, magnífico, con propiedad padre de pobres, reconociendo que sus rentas, tanto son de ellos como suyas [las rentas no eran elevadas en este obispado]; según aquella máxima de que los prelados en tanto son buenos, en cuanto administran la hacienda, para remedio de sus pobres, pues sólo la poseen con título de renta, porque el dominio sólo es del Señor [...] fue manirroto o pródigo en esta obligación con sus pobres”. Formaba parte, sin duda, la caracterización del obispo limosnero del retrato que el Concilio de Trento había realizado del prelado idóneo.

Diego de la Cueva debió de destacar en su comportamiento y en obras que hoy llamaríamos “de asistencia”.

Era De la Cueva obispo de Valladolid cuando se recibió la noticia entusiasta de que la ciudad tenía a uno de sus hijos en los altares, tras la beatificación del franciscano del siglo xv fray Pedro de Valladolid, más conocido como fray Pedro Regalado. Era el año 1683. Entonces comenzaron las fiestas que culminaron a mediados del siglo xviii cuando fue canonizado y nombrado patrono de Valladolid. Diego de la Cueva también conoció los difíciles tiempos de la Guerra de Sucesión, tras la muerte sin heredero del rey Carlos II. No tenía esta contienda solamente una dimensión internacional, sino que llegó a ser un enfrentamiento civil dentro de la Monarquía hispánica.

Diego de la Cueva juró en una catedral, inaugurada en 1682 pero inacabada, fidelidad al rey Felipe V de Borbón, al cual, como a su esposa, llegó a conocer en Valladolid.

No olvidó el prelado la normalización de las manifestaciones de religiosidad y, preocupándole la asistencia de las instituciones y la precedencia de éstas en una ciudad que acogía a varias de ellas, escribió sus Reflexiones cristianas sobre un coche de respeto en la procesión del Corpus, donde denunciaba la presencia solemne del presidente de la Real Chancillería en dicha procesión. También se preocupó del avance de las obras de la iglesia mayor, contribuyendo con mil ducados de moneda de vellón a la conclusión de la torre de las campanas de la catedral, la que Ortega Zapata llamó, antes de su hundimiento en 1841, la “buena moza”. En su testamento, como alumno que había sido de los jesuitas, el prelado legaba sus bienes al colegio de la Compañía en Sanlúcar de Barrameda.

Canesi da cuenta del reconocimiento que la ciudad le hizo a su muerte, con el entusiasmo que demostraba hacia el obispo Cueva y Aldana: “Muchos concurrimos a su entierro —se refiere al mes de julio de 1707— y el cabildo le dio sepultura en su santa iglesia catedral. Dejó una hermana en el religiosísimo convento de las agustinas recoletas de esta ciudad”.

 

Obras de ~: Fábula de la ninfa Calisto y el dios Iupiter, Valladolid, 1651; Panegírico a los cinco protomártires S. Arcadio, S. Probo, S. Pascalio, S. Eutichiano y S. Pablito el primer día que los celebró la nobilísima ciudad de Salamanca, ¿Salamanca?, 1667; Reflexiones Christianas sobre un coche de respeto en la processión de el Corpus, [Valladolid], [1705].

 

Bibl.: J. Interian de Ayala, Sermón fúnebre que en las exequias que la Universidad de Salamanca celebró a la memoria de Diego de la Cueva y Aldana, predicó [...] de el Real Orden de Nuestra Señora de la Merced, Salamanca, 1708; M. de Castro, Episcopologio vallisoletano, Valladolid, Tipografía Cuesta, 1904, págs. 292-295; M. Canesi, Historia de Valladolid (1750), vol. III, Valladolid, Ayuntamiento, 1996, págs. 360- 361; M. A. Sobaler Seco, Catálogo de Colegiales del Colegio Mayor de Santa Cruz de Valladolid (1484-1786), Valladolid, Universidad, 2000, págs. 233-234.

 

Javier Burrieza Sánchez

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