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Francisco Calderón de la Barca

Biografía

Calderón de la Barca, Francisco. Orgaz (Toledo), 17.IX.1641 – Salamanca, 25.II.1712. Predicador real en 1691 y obispo de Salamanca en 1693.

Natural de Orgaz, era hijo de Pedro Calderón de la Barca y de María Nieto. La familia era de origen hidalgo, si bien hubieron de probarlo ante la Chancillería de Valladolid, donde en 1488 el tatarabuelo de su primo hermano Juan de Perea —quien fue, a su vez, padre de Pedro de Perea Nieto, otro capellán de honor en 1739— hubo de probar esa nobleza obteniendo finalmente carta ejecutoria en la que se les reconocía como casa noble con solar. Varios miembros de su familia ocuparon cargos en la Inquisición —su padre mismo fue familiar del Santo Oficio—, así como también obtuvieron hábitos de Órdenes militares.

El padre y los abuelos ostentaron diferentes cargos de gobierno en la villa de Orgaz por el estamento de hijosdalgo.

Fue colegial del Colegio Mayor de Málaga en 1659 y en el de San Ildefonso en marzo de 1662 —ambos en la Universidad de Alcalá—. Llegó a ser rector de este último colegio entre los años 1665 y 1666. Consiguió doctorarse en Teología por la Universidad de Alcalá en 1665. Fue primero canónigo de la catedral de Málaga en 1668 y canónigo magistral de la catedral de Murcia ya en 1690. En 1691 aspira, con la presentación favorable del patriarca de las Indias, al cargo de predicador de Su Majestad, así como al canonicato de la catedral de Ávila, obteniendo finalmente los dos puestos. Tras doctorarse en Artes en Alcalá ocupó la cátedra de esa disciplina en la misma universidad en 1693, consiguiendo ser elevado al canonicato magistral y al de púlpito de la sede primada de Toledo, también en esas fechas.

También en julio de ese año, 1693, su fulgurante carrera culmina con la propuesta para la Sede Episcopal de Salamanca, y su nombramiento, el 16 de septiembre de ese año, siendo consagrado el 4 de octubre en la capilla mayor de la catedral de Toledo por Pedro Palacios Tenorio, obispo de Guadix, y por los obispos auxiliares de Toledo, Francisco Zapata Vera y Alfonso de Santa Cruz. “Caritativo, pero severo” a decir de sus contemporáneos, era además hombre espléndido.

Entregó de su bolsillo once mil ducados para terminar las obras de la catedral. Sufragó en 1705, también de su bolsillo, la reparación del campanario de la citada catedral, destruido a causa de una tormenta.

Dotó una sala de sacerdotes en el Hospital General de Salamanca, concediendo buenas rentas para su servicio.

Levantó el colegio de San Cayetano, adyacente al convento del mismo nombre. Fomentó y presidió las obras de erección de los conventos de San Bernardo y de los carmelitas descalzos de la ciudad. Durante su obispado murió, en el convento de San Francisco de Salamanca, fray Andrés de las llagas, franciscano tenido por santo. Su fallecimiento causó tal duelo popular que ante el temor de acciones incontroladas por parte de la multitud —a fin de saquear su cuerpo para conseguir reliquias— tuvo que intervenir personalmente para darle rápida sepultura.

Los disturbios causados por la guerra en 1706 no dejaron la ciudad indiferente. Ésta se encontraba dividida entre los que habían dado su pleitesía al archiduque y los que se mantenían fieles a la obediencia a Felipe V. El clima enrarecido, en el que no fueron extraños los enfrentamientos armados, hizo que el cabildo de la catedral, con su obispo a la cabeza, se dirigiera al general Vega, representante de la causa borbónica, pidiéndole auxilios para el socorro de la ciudad, ante la noticia de la inminente llegada de las tropas portuguesas al mando del vizconde de Fontearcada como comandante en jefe de las tropas de los aliados austracistas. Vega se negó, traicionando además la causa felipista. La entrada de los aliados —el 19 de septiembre de 1706— abrió las conversaciones con los representantes de la ciudad para el pago de tributos a cambio de respeto para no saquearla. El general Almendáriz tomó, sin embargo, la ciudad el 26 de ese mismo mes y supuso la anulación de los tratados anteriores y el nombramiento de Felipe como Rey legítimo, lo que llevó al obispo a presidir un solemne Te Deum en la catedral. En 1710, Felipe visitó personalmente la ciudad de Salamanca. El obispo y su cabildo en pleno fueron a cumplimentarle y le entregaron mil fanegas de trigo de la mejor calidad para sustento de las tropas.

Murió en Salamanca, en febrero de 1712, durante el ejercicio de su obispado. La guerra, aún en plena efervescencia, impidió el nombramiento de un nuevo obispo y la sede estuvo vacante durante dos años, siendo administrada por dos vicarios.

 

Obras de ~: Segunda consulta, que el Obispo de Salamanca hizo a el Ilustrissimo Señor Comissario General, y al Real Consejo de la Cruzada sobre aver los Contadores de su Santa Iglesia aumentando el repartimiento de las gracias del subsidio, y escusado mas de vna quinta parte, por razon de costas atrassadas, desde el año de mil y seiscientos y noventa y quatro, hasta el presente de setecientos; Oracion evangelica en la solemnissima canonizacion de S. Francisco de Borja [...] en que hizo la fiesta el [...] Cabildo de la S. Iglesia catedral de Malaga en el Real Colegio de S. Sebastian de la Compañia de Iesu [...], Málaga, 1671.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Palacio, exps. personales, caja 7945/5, caja 7840/5; Libros Registro, lib. 6151; Archivo Histórico Nacional, Universidades, lib. 1125, leg. 390, fols. 26-33.

J. A. Vicente Bajo, Episcopologio salmantino, desde la Antigüedad hasta nuestros días, Salamanca, Calatrava a cargo de L. Rodríguez, 1901; V. Guitarte Izquierdo, Episcopologio español (1500-1699). Españoles Obispos en España, América, Filipinas y otros países, Burgos, Ediciones Aldecoa, 1994; L. M. Gutiérrez Torrecilla y P. Ballesteros Torres, Cátedras y catedráticos de la Universidad de Alcalá en el siglo xviii, Alcalá de Henares, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1998.

 

Juan Carlos Saavedra Zapater

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