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Segundo Díaz de Herrera y Serrano

Biografía

Díaz de Herrera y Serrano, Segundo. La Habana (Cuba), 25.II.1836 – Cantavieja (Teruel), 5.VII.1875. Teniente coronel de Infantería de Marina de la Armada, coronel del Ejército de Tierra y héroe de Cantavieja.

Nació en el seno de una familia fuertemente entroncada en la Armada, originaria de Sevilla y en generaciones anteriores de Valladolid. Su padre, Segundo Díaz de Herrera y Mella, teniente general, fue jefe del Apostadero de La Habana, subdirector del Colegio Naval Militar, capitán del puerto de Barcelona, jefe de la División de operaciones en la guerra de África y capitán general del departamento de El Ferrol; el jardín público que se encuentra detrás del edificio de la antigua Capitanía General lleva su nombre, Jardín de Herrera, que llenó de magnolios traídos especialmente de Cuba para ese lugar. Su madre, María Isabel Serrano Piedrahita, hija de un capitán de Milicias rurales en la propia Cuba, era originaria de La Habana.

Su abuelo paterno fue el brigadier Manuel Díaz de Herrera y de Baena y su tío Victoriano alcanzó el empleo de teniente de navío, porque estando de licencia en Madrid (1832) se le declaró una fuerte enajenación mental, arrojándose desde un balcón a la calle y resultando muerto. Los primeros años de su vida transcurrieron sin hechos notables en la casa familiar de La Habana. Por Real Orden de 18 de octubre de 1844 obtuvo gracia de aspirante de Marina.

Le tocó vivir en la época de la restauración posnapoleónica y de las revoluciones liberales. En el año de nacimiento de Díaz de Herrera España se encuentra bajo la regencia de la reina María Cristina de Nápo les hasta la mayoría de edad de la princesa de Asturias María Isabel (futura Isabel II), y en plena Primera Guerra Carlista, que se prolongará hasta los primeros días de julio de 1840. El 1 de septiembre de ese año Madrid se pronuncia contra la Regente y ésta abdica como tal, marchándose a Francia, mientras interinamente Espartero se hace cargo de la regencia, última fase de la minoría de edad de la futura reina, pero sólo resiste hasta julio de 1843, cuando Narváez lo derroca. El 8 de noviembre, las Cortes declaran a Isabel II mayor de edad (tenía trece años recién cumplidos): jura la Constitución de 1837, dos días después, y encarga a Olózaga la formación de gobierno, que será un gabinete progresista de coalición y dará paso a un gabinete moderado presidido por Narváez y a la llamada Década Moderada. Coincidiendo con la entrada de Segundo Díaz en el Colegio Naval de San Carlos se pone en vigor la Constitución de 1845, la moderada por excelencia.

Herrera sentó plaza de guardia marina el 4 de junio de 1848, pero su salud se había deteriorado debido a unos dolores de cabeza sostenidos con efectos de debilidad nerviosa, producidos por la repentina desaparición de una erupción cutánea padecida en su infancia; este no le permite esforzarse en los estudios sin grave perjuicio de su salud. Para remediarlo, el médico del propio colegio le prescribe unos baños minerales sulfurosos, lo que obliga a que su padre tenga que solicitar a la Reina regente licencia para que pueda tomar los baños fuera del colegio durante seis meses, que serían prorrogados por dos períodos de otros seis meses. No quedaría del todo curado, obligándole a solicitar su pase al Cuerpo de Infantería de Marina. Todos sus hermanos varones (que eran cuatro) pertenecieron al Cuerpo General de la Armada.

Por Real Orden de 22 de septiembre de 1849, Su Majestad le concedió gracia de subteniente de Infantería de Marina (sin sueldo ni antigüedad), equivalente a alférez de fragata; aunque tuvo que continuar con el tratamiento hasta 1851.

En 1847, con el levantamiento de Ros de Eroles, se inicia la guerra de los matiners (campesinos), cuyo principal escenario es Cataluña, aunque tiene repercusiones en otras regiones; es la Segunda Guerra Carlista, en la que éstos defienden los derechos de Carlos VI, conde de Montemolín (primogénito de Carlos), tras el fracaso de un nuevo proyecto de boda de éste con Isabel II. En 1849, Gutiérrez de la Concha expulsa nuevamente a Cabrera de España y la guerra concluye con un nuevo fracaso carlista y una amnistía de la Reina, pero subsisten algunos focos insurreccionales, finalmente dominados. Las consecuencias de estas dos guerras, trescientos mil muertos y grandes sumas de dinero, no deciden el endémico enfrentamiento entre absolutistas y liberales, y la política pasa a manos de los militares.

Al salir del Colegio Naval de San Carlos (14 de octubre de 1953), continúa como subteniente, pero ahora efectivo, es decir, con sueldo y antigüedad, y aunque inicialmente queda como excedente, inmediatamente es destinado al Departamento de Cádiz, donde se presenta el 28 de octubre y es asignado a la 15.ª compañía de los batallones de Marina del departamento.

Finalmente, el 30 de noviembre entra en número y es destinado a la 17.ª compañía del Primer Batallón (10 de diciembre). En junio de 1854 se produce la Vicalvarada, sublevación de los generales Dulce y O’Donnell. En Madrid, la multitud quema los palacios de Salamanca, Sartorius, María Cristina, etc. El Manifiesto del Manzanares (julio) suscita el apoyo general del Ejército contra los moderados.

La Reina se ve forzada a llamar a Espartero (progresista), finalizando así la Década Moderada que da paso al Bienio Progresista. Asciende Díaz de Herrera a teniente de Infantería de Marina (8 de noviembre de 1854) y continúa en la 17.ª compañía. Espartero forma un gabinete en el que colabora O’Donnell, que se distancia de aquél y forma la Unión Liberal. Se producen la expulsión de los jesuitas y mítines populares en Barcelona, Zaragoza y parte de Castilla a causa de la dura crisis de subsistencia. Díaz de Herrera embarcó en el vapor Vulcano (31 de diciembre de 1854) para tomar el mando de la guarnición del buque. El 13 de julio de 1856 dimite Espartero y acaba el Bienio Progresista; O’Donnell asume el poder, iniciando el segundo período moderado, disuelve las Cortes y restablece la Constitución de 1845. Al año siguiente nace el futuro Alfonso XII, segundo hijo de Isabel II, y Francisco Armero sucede a Narváez. Una matanza de misioneros en la Conchinchina provoca la intervención de España y Francia; durará hasta 1862.

Díaz de Herrera asciende a capitán (20 de octubre de 1858) y al mismo tiempo desembarca del vapor Vulcano y es destinado como capitán de la 1.ª compañía del 3.er batallón cuya base de estacionamiento se encuentra en Cartagena. A causa de un ataque de cabileños a Ceuta en 1859, España declara la guerra a Marruecos. Herrera asiste a la guerra de África al mando de la guarnición del vapor Vulcano y de las tropas embarcadas en las fuerzas sutiles. Tras la bata lla de Castillejos, con intervención del general Prim y la toma de Tetuán, la victoria de Wad-Ras conduce a la firma de la paz (abril de 1860); Marruecos cede Ifni y una franja costera. El recibimiento tributado a los combatientes es apoteósico; no en vano la guerra ha tenido unas cotas de popularidad difícilmente igualables en nuestra historia.

Al llegar a Cartagena Díaz de Herrera desembarcó del Vulcano y pasó, de nuevo, al 3.er batallón. Allí sufrió un arresto de dos meses de castillo por excederse en castigar a un cabo y dos soldados; cumplió un mes en pabellón y el otro en el de La Cabaña. En 1861 tiene lugar la expedición de Prim a México, a consecuencia de la suspensión de pagos decidida por Benito Juárez, lo que provoca la intervención armada de Inglaterra, Francia y España. Díaz de Herrera forma parte de esta expedición entre 1861 y 1862 porque al acceder el Gobierno mexicano a los pagos, Inglaterra y España se retiran, no así Francia. Al rendir viaje, Herrera pasa destinado al 5.º batallón de la Armada.

Entre 1866 y 1868 se produce la guerra del Pacífico; España se enfrenta a Chile, Perú, Bolivia y Ecuador. Las fuerzas españolas estaban al mando del brigadier Casto Méndez Núñez, a bordo de la fragata acorazada Numancia; las acciones de guerra más importantes fueron los bombardeos de Valparaíso y del Callao. En este año de 1868, Herrera realiza una campaña en Cuba, sin ninguna acción importante que destacar, y asciende a comandante (6 de mayo de 1868). Al regresar de la campaña cubana, es designado 2.º jefe del 2.º batallón del 2.º regimiento, con base en San Fernando. Las arbitrariedades de la Reina y la dureza de los moderados unen a los progresistas, unionistas y demócratas en una revolución antidinástica (la Gloriosa) dirigida por militares liberales.

Prim y el almirante Topete inician en Cádiz el pronunciamiento, cuya dirección asume Serrano. Tras el triunfo de Alcolea y la huida a Francia de Isabel II, se constituye un gobierno provisional presidido por Serrano, se celebran Cortes constituyentes y se instaura nueva Constitución. Las Cortes eligen (16 de noviembre de 1870) a Amadeo de Saboya, candidato de Prim. Comienza en Cuba la revolución independentista que dará lugar a la Guerra de los Diez Años.

El 30 de diciembre de 1870 desembarca en Cartagena el nuevo Monarca.

El asesinato de Prim y el paulatino fraccionamiento de los partidos de la Gloriosa impiden la consolidación de Amadeo de Saboya. Al amparo del cambio de régimen se produce un nuevo alzamiento carlista fallido, conocido como primera fase de la Tercera Guerra Carlista. Díaz de Herra se encuentra presente en la defensa del Arsenal de La Carraca con motivo del conflicto planteado por el Cuerpo de Artillería que precipita la abdicación de Amadeo I (11 de febrero de 1873) y la proclamación de la Primera República, que durará hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el general Martínez Campos proclama la restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII de Borbón, primogénito de Isabel II. En su corta vida, la República había tenido que hacer frente a otra intentona carlista, conocida como la segunda fase de la Tercera Guerra Carlista, y a la Guerra Cantonalista.

En ésta, como en todas sus acciones anteriores, Díaz de Herrera demostró su intrepidez y dotes de mando.

Asciende a teniente coronel (26 de agosto de 1873) y es nombrado primer jefe del 1.er batallón del 1.er regimiento.

Para dar un más vigoroso impulso a la guerra civil (9 de mayo de 1875), la Armada dispone que tomen parte en ella los batallones que aún no han concurrido a la campaña. El 1.er regimiento real de Marina sale de operaciones; su segundo batallón, que operaba en la zona de Castro Urdiales, se encontraba al mando del teniente coronel Díaz de Herrera, el cual reagrupa sus fuerzas, al pasar a depender el regimiento del Ejército del Centro (9 de mayo), y embarca en Castro (14 de mayo) en el vapor Bayones para Santander y en el vapor Pasajes (día 15) para El Ferrol, donde recoge noventa hombres, y sale en demanda de Cádiz, donde se les une el 1.er batallón, formando el 1.er regimiento, al mando del coronel Adolfo Colombo; embarcan (28) en el vapor Ciudad de Cádiz hacia Valencia, adonde llegan el 1 de junio y pasan a Sagunto (4).

Se integra en la 1.ª media brigada de la 1.ª brigada de la 4.ª división del Ejército del Centro al mando del teniente general Joaquín Jovellar. La división la manda el mariscal de campo Pedro Esteban; la brigada, el brigadier Pedro Boyle y la media brigada, el coronel Colombo, jefe del 1.er regimiento, el cual sale para Segorbe (14 de junio) en Castellón y pasa a Lucena del Cid (18 de junio). La formidable plaza carlista de Cantavieja (Teruel), admirablemente situada, preparada y defendida, era el principal baluarte carlista y uno de las más inaccesibles del Alto y quebrado Maestrazgo. Jovellar ha recibido noticias de que el general carlista Dorregaray, con otros importantes jefes, está en Villafranca del Cid (Castellón), marcha a su encuentro. Pernocta en Vista Bella (28 de junio) y al día siguiente se apodera del barranco de Monlleó.

Arreciado el combate por la ofensiva carlista y por el dominante fuego enemigo, son obligadas las tropas alfonsinas a retroceder; en ese momento interviene el 1.er batallón del 1.er regimiento, al mando de su valiente teniente coronel Segundo Díaz de Herrera, quien con su ímpetu y decisión logra detener al enemigo, al que le causa ciento cincuenta bajas, pudiendo, con ayuda de otras unidades, consolidar y desalojar a los carlistas de tan importante posición.

Por esta sobresaliente acción, el Ejército le concede el grado de coronel, si bien no llegó a tener conocimiento de la concesión, pues se hizo pública días después de su fallecimiento. Se distinguen en esta acción los soldados Manuel Gómez y Manuel Aurigube, que resultan heridos. Algo despejado el camino a Cantavieja, se aproxima Jovellar con Chacón y Bayle, ayudado por una división del Ejército de Cataluña y el 30 de junio comienza el sitio de la plaza. Ocupa el 2.º del 1.er batallón los puntos más avanzados bajo los fuegos de la plaza y Díaz de Herrera con cuatro compañías se sitúa en el barranco que lleva a Cantavieja, salida natural del pueblo, para impedir que el enemigo se escape en la noche del asalto. Se toman las primeras trincheras; se abre brecha en un edificio de la derecha de la plaza, brecha que se agranda el día 5 de julio con ingenieros y soldados voluntarios; se hace un ataque de diversión por la derecha y se organiza el asalto en dos columnas: una de trescientos hombres, con el teniente coronel Mariano Fuentes, y otra de trescientos cincuenta hombres, con el teniente coronel Díaz de Herrera. El audaz asalto se dio en esa misma noche del 5 de julio, tras haber abierto brecha, “allá arriba”, la artillería. Los defensores rompieron rabioso y nutrido fuego cuando los asaltantes lograron subir por un muy empinado barranco y todo lo cubría la oscuridad de la noche. Llegado el momento cumbre de la batalla, se lanza Herrera, en unión de los trescientos cincuenta voluntarios, en su casi totalidad infantes de Marina, derrochando valor y heroísmo, pero cae muerto en el campo de batalla y frente al enemigo a pocos metros de la brecha. Tomó el mando de su unidad el capitán Jaime Togores. Se siguió combatiendo encarnizadamente toda la noche y, al día siguiente (6 de julio de 1875), Dorregaray rinde la plaza.

La Armada premió el heroísmo de Díaz de Herrera, disponiendo que su cuerpo reposara en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando y colocando una placa que perpetúa su memoria para ejemplo de las generaciones futuras y que dice: “A la memoria del coronel del Ejército —teniente coronel de Infantería de Marina— Segundo Díaz de Herrera y Serrano, muerto gloriosamente en el asalto a la plaza de Cantavieja en la noche del 5 de julio de 1875” (por motivos desconocidos sus restos no reposan en el panteón).

Asimismo, por real orden se dispuso que se colocara su retrato en el Museo Naval.

En el momento de su defunción se encontraba en posesión de la Cruz de Marina de Diadema Real y era caballero de primera de la Orden del Mérito Naval.

Había sido condecorado con la Medalla de África, las placas del Mérito Naval y Militar y era Benemérito de la Patria.

 

Fuentes y bibl.: Archivo-Museo Don Álvaro de Bazán (El Viso del Marqués, Ciudad Real), Expediente personal, legs. 3364/50 y 620/330; Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1.ª, Exp. personal.

Estados generales de la Armada para los años de 1848-1875, Madrid, Imprenta del Ministerio de Marina, 1847-1874; D. de la Válgoma y El Barón de Finestrat, Real Compañía de guardias marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes, Madrid, Instituto Histórico de Marina, 1955; C. Martínez-Valverde, Enciclopedia del mar, Barcelona, Ediciones Garriga, 1957; J. E. Rivas Fabal, Historia de la Infantería de Marina española, Madrid, Editorial Naval, 1967; C. Martínez-Valverde, “Miscelánea 22.225.- Héroe”, en Revista General de Marina, t. 216 (enero-junio, febrero 1989), págs. 214-215; C. Martínez-Valverde, H. Kinder y W. Hilgemann, Atlas Histórico mundial II, Madrid, Ediciones Istmo, 1999; F. González de Canales y López-Obrero, Catálogo de pinturas del Museo Naval, t. III, Madrid, Ministerio de Defensa-Secretaría General Técnica, 2001, pág. 149; E. Martínez Ruiz y C. Maqueda, Atlas Histórico de España II, Madrid, Ediciones Istmo, 2003.

 

José María Madueño Galán

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