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Santiago de Masarnau Fernández

Biografía

Masarnau Fernández, Santiago de. Madrid, 10.XII.1805 – 14.XII.1882. Compositor, pianista, pedagogo y crítico musical.

Su padre, Santiago de Masarnau y Torres, era natural de Copons, localidad cercana a Igualada (Barcelona), y su madre, Beatriz Fernández Carredano, había nacido en Omoño (Cantabria). En 1806 la familia se trasladó a Córdoba al recibir su padre el nombramiento de secretario de las Reales Caballerizas de esa ciudad, y allí falleció su madre dos años más tarde.

Debido a la invasión francesa en 1808, cambiaron su residencia a Granada, y fue en esa ciudad donde Santiago mostró su temprana inclinación hacia la música, iniciando su formación con el organista de la catedral de Granada José Roure y Llamas. En 1814, y tras el regreso de Fernando VII a España, la familia Masarnau se instaló de nuevo en Madrid, y el padre, que empezó a desempeñar en Palacio el cargo de secretario de la Mayordomía Mayor, recibió al mismo tiempo el título de gentilhombre de Casa y Boca. Fueron años de formación para Masarnau, quien continuó con sus estudios musicales, así como con los generales. Entre sus maestros se encuentran José Boxeras, José Nono y Ángel Inzenga. Por entonces daba ya muestras precoces de su valía artística, componiendo una misa que fue interpretada por la Capilla Real de Palacio en la parroquia de San Justo y Pastor el día de san Pedro de Alcántara con el autor al órgano, e igualmente se tienen noticias de unos valses que escribió con dedicatoria a la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII. Cuando el joven Santiago contaba catorce años, el Rey, por Real Decreto de 29 de agosto de 1817, le concedió una pensión vitalicia de 300 ducados, y además le nombró gentilhombre de la Real Casa dos años más tarde. Sin embargo, en 1823 la familia cayó en desgracia, en circunstancias aún no aclaradas, aunque probablemente por las turbulencias políticas de la época. Su padre fue separado del servicio del Rey, debiendo solicitar su jubilación, y poco tiempo después el propio Santiago de Masarnau perdió su condición de gentilhombre y la pensión que le había sido concedida.

La situación económica no era muy boyante para la familia y, además, el joven Masarnau tenía claro que quería centrarse en la música, así que decidió partir para perfeccionar sus estudios en el extranjero. En 1825 viajó primero a París con la intención de recibir clases de Monsigny, aunque no pudo lograrlo debido al número excesivo de alumnos que éste tenía en aquellos momentos. En su alojamiento en la residencia de la condesa de Goyeneche se dedicó con ahínco a sus estudios, enriqueciéndose con el contacto con las últimas novedades en el campo musical. Asistiendo a veladas y reuniones, se dio a conocer en el círculo musical parisino, y entabló amistad con reconocidas figuras de la interpretación y composición. Entre ellos se encontraba el compositor valenciano José Melchor Gomis, con quien inició una estrecha relación. Al año siguiente se trasladó a Londres, donde recibió clases de Schlessinger, y comenzó pronto a ser conocido como pianista, acompañante y compositor en la capital británica. Obtuvo además el nombramiento de organista de la embajada, y se adentró así en una de las etapas más productivas de su carrera musical. Pero en las Navidades de 1828 cayó enfermo, y aunque su estado de salud no era grave, decidió dejar Inglaterra.

Comenzó otra breve estancia en París, esta vez tan sólo de cuatro meses centrados en su recuperación, aunque sin apartarse del mundo musical, pues llegó a entablar amistad con Gioacchino Rossini. Masarnau volvió en verano de 1829 a Madrid, tras la insistencia de su padre que se había quedado solo. Poco tiempo después falleció su progenitor. Sin embargo, en la capital española no llegó a adaptarse al ambiente musical, que encontraba escaso, y en 1833 volvió a emprender un viaje de nuevo a París y Londres, que esta vez duró un año, pues en 1834 regresaba a requerimiento de su hermano Vicente, integrándose en esta ocasión de lleno en la vida musical madrileña.

Durante dos años abrió los salones de su casa en la calle Hortaleza, en donde celebraba veladas musicales, iniciando así su labor de difusión del repertorio pianístico contemporáneo más importante, junto, naturalmente, a su propia música. Entró como profesor en el Conservatorio, en un puesto de adicto facultativo (sin dotación económica), y comenzó su faceta como crítico musical en las publicaciones periódicas El Artista y El Español. Pero la situación política no marchaba por un camino que le resultara convincente, y a pesar de tener buenos conocidos en ese terreno, como Argüelles o Quintana, y de que su hermano Vicente le había inscrito en la Milicia Nacional, Masarnau emprendió un tercer y último viaje al extranjero, que en esta ocasión duró seis años. Tras unos meses en Londres, ciudad a la que llegó en julio de 1837, se instaló en París, estrechando su relación con Alkan y Chopin, figuras de primer orden en el piano romántico.

De esta época data una de las anécdotas más habitualmente recordadas en torno a su vida musical, pues José M. Esperanza y Solá narra en su biografía una escena acaecida en 1838, quizás conocida de boca del propio protagonista: un día los tres músicos comieron juntos, y tras ello Masarnau interpretó un vals sobre el que estaba trabajando, con un tema que entusiasmó tanto a Chopin que éste le pidió que se lo cediera para poder él mismo desarrollarlo. A pesar de que son bastantes los estudiosos del tema que han intentado identificar con exactitud ese vals en la obra de Chopin, hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta cuál puede ser.

Continuó entonces su amistad con Pedro y Federico de Madrazo, relación que venía desde antiguo; precisamente a este último se deben tres de los retratos que hoy se conocen de Santiago de Masarnau. Pero, junto a esta intensa actividad artística, en el músico madrileño se inició un fuerte vuelco hacia la vida espiritual, que culminó con su ingreso en las Conferencias de San Vicente de Paúl, fundadas por Federico Ozanam en París muy poco tiempo atrás, en 1833. Muestra de ese camino iniciado, que le llevó a alcanzar fama entre los muchos contemporáneos destacados que le conocieron, es el siguiente comentario realizado por Donoso Cortés, en una carta fechada el 28 de julio de 1849: “Cuando estuve en París traté íntimamente a Masarnau y aquel hombre me sojuzgó con sólo el espectáculo de su vida, que tenía a todas horas delante de mis ojos. Yo había conocido a hombres honrados y buenos, por mejor decir, yo no había conocido sino hombres buenos y honrados; sin embargo entre la honradez y bondad de unos, y la honradez y bondad del otro hallaba yo una distancia inconmensurable; y la diferencia no estaba en los diferentes grados de honradez: estaba en que eran dos clases de honradez de todo punto diferentes. Pensando en este negocio vine a averiguar que la diferencia consistía en que la una honradez era natural, y la otra sobrenatural o cristiana”.

Mientras, su hermano Vicente puso en marcha en Madrid un colegio en la calle Alcalá, n.º 27, agregado a la Universidad, y convenció a su hermano para que regresase ya definitivamente a su ciudad natal, lo que realizó finalmente en el año 1843. En el colegio, Santiago se ocupó de la clase de Música, centrada en el piano y el solfeo, así como de la Vicedirección. Su labor pedagógica se vio reflejada en su obra musical, y continuó igualmente participando en actos musicales de la vida madrileña como intérprete. Aunque no llegó a ocupar plaza en el Real Conservatorio, fue requerido en diversas ocasiones para formar parte de jurados en el Liceo de Madrid. En 1844 consiguió de la reina Isabel II el restablecimiento de su plaza entre los gentilhombres de la Real Casa, con el reconocimiento de antigüedad desde 1819. El 11 de noviembre de 1849 fundó la filial madrileña de las Conferencias de San Vicente de Paúl, con Anselmo Oradou y Vicente de la Fuente como socios cofundadores. El cuarto miembro, admitido posteriormente, fue Pedro de Madrazo. Intensificó desde entonces cada vez más su actividad espiritual y religiosa, y trabajó por dotar a la Sociedad de gran impulso, y, así, en 1866 renunció a su plaza de gentilhombre por considerar que debía centrarse en el desempeño de su cargo en la Sociedad.

Vivió momentos difíciles cuando la Sociedad fue disuelta durante la Revolución de 1868, hasta el restablecimiento de la misma en 1875, tras la restauración borbónica en el trono de España. Trabajó de nuevo con esfuerzo para esa nueva etapa de la Sociedad, aunque su salud se encontraba ya debilitada, y finalmente falleció en Madrid en diciembre de 1882. En esos años su laboriosidad extrema fue fruto de su empleo metódico del tiempo, hasta el extremo de que su hermano Vicente decía: “En Santiago no manda nadie excepto el reloj”. Así, pudo desarrollar un amplio abanico de actividades tanto en la enseñanza como en la caridad, y de ello dejaron constancia muchos de sus contemporáneos.

Apreciado extraordinariamente en su tiempo en diversos campos, la misma Concepción Arenal escribió sentidas y hermosas palabras a modo de epitafio tras su muerte en 1882: “Lloro porque ya no volveré a oír aquella voz que daba siempre gusto, lección y consuelo; la palabra del artista, del sabio y del santo; lloro por la patria insensata e infeliz, que ha visto desaparecer al más grande de sus hijos sin un estremecimiento doloroso, como esos enfermos tan graves que se pueden mutilar sin que lo sientan”.

A las facetas reseñadas hasta ahora añadió Santiago de Masarnau su trabajo en el periodismo, a través de sus colaboraciones en El Artista, fundamentalmente, pero también con artículos publicados esporádicamente en la revista No me olvides, fundada y dirigida por Jacinto Salas y Quiroga y, también en El Español.

 

Obras de ~: Canciones: ¡Pobre María!, c. 1835; Romances antiguos castellanos, 1837; Balada del cancionero, 1840; Canto de cuna, 1840; Le Roi de la Montagne, 1840; Souvenir de Venise, 1840. Piano: Le Parnasse, colección de valses, op. 1, London, Boosey & Co., 1826; Variaciones sobre “La Semiramide riconosciuta”, op. 2, London, Boosey & Co., 1826; La Fosantica. Fantasia with Variations on the Thema “Oh, come da quel di”, op. 3, London, Boosey & Co., 1826; Variations on a Spanish Song “Madre la mi madre” by J. Gomis, op. 4, Wills & Royal Music Repository, 1827; La Graziosa. Polacca op. 6, London, Clementi & Co., 1827; Three Scherzini, op. 7, Elatour, 1828; The halt! A March Interrupted by a Skirmish, op. 8, Engelmann, 1828; Rondino brillante, op. 9, Wirms, 1828; Le Parnasse, op. 10, Willis & Co., 1828; Los cantos de las driadas en forma de grandes valses, op. 11, Hermoso y Carrafa, 1831; La Ricordanza. Fantasía con variaciones sobre un tema original para fortepiano, op. 12, José León, 1831; L’inoccente. Polacca, op. 13, Wirms, 1831; Nocturno patético, op. 15, Richault, c. 1833; La ilusión. Fantasía de sentimiento, op. 16, Carrafa, 1837; 3 Morceaux Expressifs, op. 18, Richault, 1837; Boleras, tiranas y manchegas, 3 airs caracteristiques de danses nacionales espagnoles, op. 17, Richault, 1841; Deux Airs caracteristiques, Polo y zapateado, op. 19, Richault, c. 1841; Jota aragonesa, Richault, c. 1841; Andantino di camera pour le piano, op. 20, Richault, 1842; Fantasía dedicada a Cramer, op. 21, Richault, 1842; Une idée fixe, notturno, op. 22, Richault, c. 1845; Ballade pour piano n.º 1, “Invraisemblable, mais... historique, op. 23, Richault, 1845; Ballade sans paroles n.º 2, Maria Sterne, op. 24; Richault, 1845; Ballade sans paroles n.º 3, Dëcouragement, op. 25, Richault, 1845; Remeillement et disipation, ballade sans paroles (inéd.); Seis Zorzicos (inéd.). Violín y piano: Variaciones sobre un tema de la ópera “I Capuleto ed I Montecchi” del Maestro Bellini, op. 14, Madrid, 1831. Música de cámara: Variaciones sobre un tema de la ópera “I Capuleto ed I Montecchi” del Maestro Bellini, op. 14, Madrid, 1831; Cuarteto concertante para piano, flauta, violín y violoncello, c. 1838.

Escritos: Nuevo método de solfeo, Madrid, 1832; con J. N. Hummel, Curso completo teórico y práctico del arte de tocar el pianoforte [...], rev. y trad. de ~, Madrid, Hermoso, 1833; El tesoro del pianista, Madrid, Carrafa y Lodre, 1845; La llave de la ejecución, Madrid, Romero, c. 1858.

 

Bibl.: P. Madrazo, “Galería de ingenios contemporáneos. Don Santiago de Masarnau”, en El Artista, (Madrid), III (1836); J. M. Quadrado, Biografía de don Santiago de Masarnau, Madrid, Tipografía del Sagrado Corazón, 1903; J. M. Esperanza y Sola, “Biografía de Santiago de Masarnau”, en VV. AA., Treinta años de crítica musical, Madrid, Viuda e Hijos de Tello, 1906, pág. 414; M; C. Gómez Amat, Historia de la música española, 5. Siglo xix, Madrid, Alianza Editorial, 1984; F. Suárez, Santiago de Masarnau y las Conferencias de San Vicente de Paúl, Madrid, Rialp, 1994; VV. AA., La música española en el siglo xix, Oviedo, Universidad, 1995; G. Salas Villar, “Santiago de Masarnau y la implantación del piano romántico en España”, en Cuadernos de Música Iberoamericana (Madrid), n.º 4 (1997), págs. 197-222; J. C. Flores Auñón, Semblanza biográfica. Santiago Masarnau Fernández, seglar: fundador y primer presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España (1805-1882), Madrid, Ozanam, 1998; G. Salas Villar, “Masarnau Fernández, Santiago de”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. VII, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2000, págs. 323-331; A. Vega Toscano, “Santiago de Masarnau. Retrato de un músico romántico”, en D. Pacheco, A. R. Díez Torre y A. Sanz (eds.), Ateneístas ilustres, Madrid, Ateneo, 2004, págs. 405-414; A.Vega-Toscano, “Santiago de Masarnau, en el espíritu del romanticismo”, en Santiago de Masarnau (1805-1880). Aires españoles y piezas expresivas (Ana Vega Toscano, piano), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2005 (CD-Rom) (El patrimonio musical hispano, 11).

 

Ana Vega-Toscano