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Rafael Hernando Palomar

Biografía

Hernando Palomar, Rafael. Madrid, 31.V.1822 – 10.VII.1888. Compositor lírico.

Hijo de Pedro Hernando y de Eugenia Palomar que falleció a los dos años de nacer Rafael. En 1837 fue matriculado por su padre en el Real Conservatorio de María Cristina, donde estudió Piano con Pedro Pérez Albéniz (1795-1855), Canto con Baltasar Saldoni (1804-1889) y Composición con Ramón Carnicer (1789-1855). Sus adelantos en la clase de Composición le convirtieron en 1842 en suplente de Carnicer, asistiendo a sus clases alumnos como Barbieri y Gaztambide.

En 1843 se trasladó a París donde recibió lecciones de Canto del tenor Manuel García, hijo (1805-1906), y del bajo Filippo Galli (1783-1853), y practicó la Composición con Michel Carafa (1787-1872), asistiendo durante dos cursos —según Peña y Goñi— a su cátedra en el Conservatorio. En París compuso un Stabat Mater (1847) que dio a conocer en la Sociedad Santa Cecilia, y la ópera Romilda, que fue aceptada por la dirección de la Opera Italiana, aunque los sucesos revolucionarios de 1848 impidieron materializar su estreno.

Ese mismo año, por los sucesos revolucionarios de 1848 y el grave estado de salud de su padre, regresó a Madrid, donde se propuso escribir zarzuelas siguiendo el modelo francés de ópera-cómica. Tras el éxito de El ensayo de una ópera (1848) y Palos de ciego (1849), decidió ampliar a dos actos la forma dramática del género, estrenando Colegialas y soldados (1849) y El duende (1849) —que alcanzó ciento veintiséis representaciones consecutivas—, convirtiéndose así en el restaurador de la zarzuela moderna.

Colegialas y soldados se estrenó seis días después del éxito de Misterios de bastidores (1849) de Oudrid, a beneficio de Francisco Lumbreras, en el teatro de la Comedia —nueva denominación del teatro del Instituto tras el Reglamento de Teatros de 1849—. La obra presentaba por primera vez en el género durante el siglo xix una estructura dramática en dos actos, hecho que posibilitó que en 1851 Barbieri pudiera llegar a estrenar la primera Zarzuela Grande en tres actos. Gracias a esto, los números musicales aumentaron, al igual que se incrementó el número de personajes principales, que adquirieron un mayor nivel de caracterización dramática; y se equilibró la proporción entre los diálogos hablados y los números musicales.

Tras el éxito de Colegialas y soldados, Hernando fue nombrado director de un pequeño teatro situado en la calle de la Magdalena, el teatro de Variedades, para cultivar el nuevo género lírico, contrayendo el compromiso de componer catorce actos en la siguiente temporada lírica. La primera obra que estrenó el compositor fue El duende, una nueva zarzuela en dos actos, con texto de Luis Olona, que se estrenó en la noche del 6 de junio de dicho año de 1849, alcanzando tal éxito —ciento veinte representaciones seguidas en aquella temporada—, que eximió al compositor de los catorce actos exigidos por su contrato.

Hernando reveló un arte más maduro que el de Colegialas y soldados, y en esta partitura incluyó ya algunos fragmentos de música hispánica, como sus seguidillas y “La canción del Tipití” del segundo acto. Cada acto presentaba ya una clara organización interna enmarcada por un fragmento instrumental para comenzar —con mayor entidad el primero de ellos ya que actuaba como obertura de toda la obra—, y un concertante final. Además, los números musicales contenían secciones en un nuevo estilo de recitado, donde la acción dramática continuaba y no se veía truncada por la integración de un número musical. Aparecieron así dos tipos de números: los que detenían la acción, siguiendo el modelo anterior, realizando un comentario o una reflexión sobre ella, y los que la desarrollaban gracias al recitado, encontrando una fórmula híbrida entre las formas cerradas de las primeras zarzuelas, y la escena abierta de avance de la acción dramática, de obras futuras. Este tipo de números fue reutilizado por autores como Gaztambide en zarzuelas estrenadas posteriormente como El estreno de una artista (1852). Hernando desarrolló también en El duende un mayor trabajo de adecuación de los números musicales al desenvolvimiento de la forma dramática, creando una nueva forma unitaria en la que los parámetros teatral y musical estaban íntimamente ligados, combatiendo la incoherencia de obras anteriores.

Tras el éxito obtenido por estas dos obras de Hernando y su zarzuela La mensajera (1849), Joaquín Gaztambide (1822-1870), convencido de la necesidad de asociación de los autores que cultivaban el género lírico nacional, consultó con Salas (1812-1875) y Barbieri (1823-1894) la idea de alquilar el teatro del Circo, y entre ellos decidieron, a propuesta de Barbieri, formar una sociedad compuesta, además de por ellos tres, por los compositores Hernando, Oudrid (1825-1877) e Inzenga (1828-1891), que ya habían escrito zarzuela con éxito, y el autor dramático Luis Olona (1823-1863). Gaztambide los convocó varias veces en su casa, y allí decidieron arrendar el teatro del Circo, formar una compañía de zarzuela “a partido”, y comprometer a los mejores poetas para que escribieran libretos adecuados para la consolidación del género lírico nacional. Tras varias reuniones, constituyeron la Sociedad Lírico-Española, consiguiendo un capital económico con el que acometer la empresa, y distribuyeron las responsabilidades iniciales. Se fijó a cada uno un sueldo de 20 reales diarios en concepto de socios directores del teatro, y se distribuyeron los cargos de la forma siguiente: Olona, presidente director; Gaztambide, director de orquesta; Barbieri, maestro de coro; Salas, primer actor; Hernando, jefe de contabilidade e Inzenga, archivero. Pero las elevadas inversiones exigidas le llevaron a abandonar el proyecto en junio de 1853.

Tras su salida de esta sociedad, Hernando perdió el protagonismo lírico que había conseguido con sus dos obras iniciales, y sólo logró ver representada en el Conservatorio su zarzuela en un acto El tambor (28 de abril de 1860), con libro de Emilio Álvarez, interpretada en una función a beneficio de los heridos de la Guerra de África.

El compositor, que desde 1852 era secretario del Conservatorio de Madrid, se convirtió en 1858 en profesor numerario de Armonía. Desde la secretaría del Conservatorio, el maestro madrileño fue el hombre de confianza de Eslava, llevando a cabo una ingente labor organizativa; elaboró el segundo Reglamento Orgánico del centro (diciembre de 1857), y consiguió llevar a cabo reformas de gran utilidad, como la del Gran Salón para desarrollar recitales y actos académicos. Hernando es también autor de un “Proyecto-Memoria para la creación de una Academia de Música”, buena prueba de su cultura musical histórica; a ese texto contestó Barbieri en un folleto titulado La Zarzuela, publicado en Madrid en 1864. Pero tras la Revolución de 1868 se vio obligado a abandonar el centro.

En 1860 Hernando fundó la Sociedad Artístico- Musical de Socorros Mutuos, asociación filantrópica de la que fue secretario general. Esta asociación, a cuya comisión ejecutiva pertenecían Eslava, Inzenga y Gaztambide, organizó conciertos de bastante envergadura, teniendo en cuenta la incipiente afición filarmónica madrileña. Consagrado a la enseñanza y a la secretaría de dicha Sociedad Artístico-Musical de Socorros Mutuos, fue abandonando la composición y el teatro lírico. Escribió todavía obras de circunstancias, como la fantasía sinfónico-religiosa El nacimiento (1857), para celebrar el del príncipe de Asturias, futuro Alfonso XII, en una función regia dentro del Conservatorio; compuso el Himno académico inaugural de los Premios a la virtud; la fantasía La proclamación (1874); el himno La paz (1875) para festejar la llegada de Alfonso XII, un Coro y marcha triunfal para el regreso de los ejércitos victoriosos de África; y una Marcha fúnebre española. Estas obras conmemorativas están recogidas en un Álbum histórico-musical conmemorativo (Madrid, 1877). En 1867 estrenó también una Misa votiva a santa Cecilia en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto.

Rafael Hernando fue nombrado caballero de la Orden de Carlos III y académico de número de la Sección de Música de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Es autor también de los folletos Petición de subvención para el teatro lírico nacional (Madrid, 1881) y Dictamen proponiendo la creación de una sección de música en las academias provinciales de Bellas Artes (Madrid, 1884).

 

Obras de ~: El ensayo de una ópera, libreto de J. del Peral, Madrid, 1848 (estreno) [en Archivo del teatro Tacón de La Habana (ATTLH) (Cuba)]; Palos de ciego, libreto de J. del Peral, Madrid, 1849 (estreno) (en ATTLH); Colegialas y soldados, libreto de M. Pina y F. Lumbreras, Madrid, 1849 (estreno) (en Archivo Lírico de la Sociedad de Autores y Editores); El duende, libreto de L. Olona, Madrid, 1849 (estreno); El duende (2.ª parte), libreto de L. Olona, Madrid, 1851 (estreno); El tambor, libreto de E. Álvarez, Madrid, 1860 (estreno).

 

Bibl.: A. Peña y Goñi, La ópera española y la música dramática en España en el siglo xix, Madrid, Imprenta de El Liberal, 1881 [ed. facs., Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCM), 2004]; E. Cotarelo y Mori, Historia de la zarzuela o sea del drama lírico en España, desde sus orígenes, Madrid, Tipografía de Archivos, 1934 (ed. facs., Madrid, ICCMU, 2000); A. Ruiz Tarazona, “Rafael Hernando, un precursor”, en Cuadernos de Música y Teatro (Madrid, Sociedad General de Autores), 3 (1989), págs. 37-52; VV. AA., Actas del Congreso Internacional “La Zarzuela en España e Hispanoamérica. Centro y periferia, 1800-1950”, en Cuadernos de Música Iberoamericana (Madrid), vols. 2-3 (1996-1997); M. E. Cortizo, “Rafael Hernando”, en L. Finscher (coord.), Die Musik in Geschichte und Gegenwart, Kasel, Bärenreiter und Metzler, 2000; M. E. Cortizo, “Rafael Hernando”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. VI, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2002, págs. 260-266; M. E. Cortizo, “Hernando, Rafael”, “Colegialas y soldados”, “El duende” y “El ensayo de una ópera”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la Zarzuela. España e Hispanoamérica, Madrid, ICCMU, 2003; A. Le Duc, La Zarzuela. Les origines du théâtre lyrique national en Espagne (1832-1851), Hayen, Mardaga, 2003.

 

María Encina Cortizo Rodríguez