Ayuda

Alfonso Jiménez

Biografía

Jiménez (o Ximénez), Alfonso. Vich (Barcelona), 25.IX.1738 – ?, f. s. XVIII. Coronel del Ejército e ingeniero en segundo.

El ingeniero militar Alfonso Jiménez estuvo al frente de las eternas obras del puerto de Málaga, estudió el estado de las fortificaciones de la ciudad y proyectó la batería provisional de San Nicolás. Descendiente de una familia con profundas raíces castrenses, su padre, Antonio Ximénez, fue capitán graduado de la Infantería de S.M. y su tío, sargento mayor del Regimiento de la Reina.

Las primeras referencias que se tienen de él datan de mediados del año 1772, cuando, como oficial del Regimiento de la Princesa, fue destacado a Málaga al frente del segundo batallón, desde Badajoz. Preocupado por su tropa y el grave problema de escasez de lugares apropiados y en su afán por servir como ingeniero ordinario, propuso a sus superiores varios proyectos, uno de ellos el de habilitar las antiguas Atarazanas como cuartel y otras funciones al servicio de la ciudad. A tal efecto, con fecha de 29 de noviembre de 1774, remitía a la superioridad el proyecto de reforma correspondiente. Se trataba de un ambicioso plan, destinado a reformar totalmente las citadas atarazanas, ampliando sus instalaciones, que debían tener la capacidad, al menos, para “1.986 soldados de infantería y tres escuadrones de caballería para las urgencias de la costa y necesidades del pueblo”, proyecto que finalmente no se llevó a cabo.

El 31 de octubre de 1776 se le concedía el grado de teniente coronel y el nombramiento de ingeniero ordinario con antigüedad del 11 de febrero de 1766. Seguramente la obra más importante realizada por Alfonso Jiménez fue la construcción de la gran maqueta de la plaza de Cádiz, construida entre 1777 y 1779.

Los primeros antecedentes en la construcción de maquetas de las ciudades de España se remontan a 1723, cuando por iniciativa real se encargó a don Miguel Marín, ingeniero en segunda, “passar a Cádiz a hazer el plano en relieve de aquella plaza”. Sin embargo, no fue hasta 1776 cuando se dieron los pasos definitivos para la creación del Gabinete de relieves y, con ello, la puesta en marcha de la construcción del modelo gaditano, siendo en este momento cuando el rey resolvió que se levantasen “bajos relieves de todas las Plazas y Fortificaciones de España y sus adyacentes capaces de Defensa”.

Los primeros trabajos en este sentido fueron realizados por Alfonso Jiménez, por entonces capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa, siendo los tres presidios menores de Melilla, el Peñón y Alhucemas los elegidos por la superioridad para comenzar. El interés de la Monarquía en la realización de estas maquetas se produjo cuando el brigadier del Cuerpo de Ingenieros Francisco Sabatini encargó a Alfonso Jiménez el levantamiento del bajo relieve de las islas Chafarinas, en aquel momento de plena actualidad por las continuas incursiones marroquíes en los dominios españoles del norte de África. Los modelos en relieve de las fortificaciones de la isla del Rey, del Congreso y de Isabel, islas que componen este pequeño archipiélago, fueron los antecedentes de la maqueta gaditana. Los levantamientos fueron depositados en el Real Sitio de Aranjuez, donde fueron estudiados por Sabatini en noviembre de 1776.

Tras quedar satisfechos sus jefes por el trabajo, Alfonso Jiménez fue designado por el rey Carlos III para un gran proyecto secreto propiciado por el director del Ramo de Fortificaciones, Silvestre Abarca, y por el jefe del Cuerpo de Ingenieros, general y director general, Francisco Sabatini, consistente en elaborar a escala 1:250 las principales ciudades fortificadas del reino.

El nombramiento de Alfonso Jiménez como responsable de este proyecto se produjo rápidamente ante el inminente desplazamiento de su batallón hacia tierras americanas y la necesidad de que el citado capitán permaneciese en España. El primer bajo relieve que debía realizar era el de Cádiz y sus fortificaciones, “para después pasar a Ceuta, y cualquier otra Plaza en Andalucía que por su importancia y situación merezca hacerse su relieve”. El día 26 de abril de 1777 confirmaba Alfonso Jiménez el comienzo de sus trabajos para la maqueta de Cádiz y su inicial traslado a esta para realizar “la dirección de lebantar en planos, perfiles y vajo relieve de todas las plazas de España”. En agosto de 1777 había realizado los planos de la bahía y los reconocimientos necesarios. El trabajo siguiente, como informaba en carta al conde de Ricla, sería el de “levantar las porciones de la Puerta de Tierra que sirve de medida al modelo en la qual he travajado las cosas mas menudas con el ausilio de su mayor estención. A lo que he continuado cortando una infinidad de perfiles y elevaciones y en donde estos no ha sido suficiente, he procedido a la copia del terreno en zera y otros borrones que aumenta la perfección que deseo”. Según su testimonio, la maqueta fue empezada “por lo más fuerte y prolixo que es el lado de Puerta Tierra en cuyas minas, flancos, alturas, comunicaciones, quarteles, poternas, algibes y pavellones no escuso diferencia de un pie ni el punto más mínimo de su original”.

A finales de 1778 tenía ya “concluido un tercio del pueblo y que de los otros dos que dize tiene ya hechos, le faltan el fuerte de San Sebastián con su arrecife y bajos, los reductos de las puertas de tierra, la herradura del muelle con tres fábricas principales militares y civiles del rey, las partes menores de toda la fortificación, recorrer toda la obra y afinar sus adornos, para poderla encajonar”.

El plano en relieve o maqueta de la ciudad de Cádiz se realizó aproximadamente, a escala 1/250, entre 1777 y 1779, construido con maderas nobles, plata, marfil…, materiales traídos desde lejanos puntos de España y otros territorios de la Monarquía. Tras su conclusión, Jiménez quedó algún tiempo en la ciudad a la espera del nuevo encargo, hecho que no había de producirse por los diversos cambios que se ocasionaron durante el tiempo que duró la construcción del bajo relieve.

En un primer momento se planteó la posibilidad de realizar la maqueta de Gibraltar, aunque pronto fue desechada la idea por los problemas que ello conllevaba. De esta sólo llegó a realizar un frente, que entregó a la superioridad. Después se propuso la creación del modelo de Ceuta, aunque las reducidas dimensiones que la superioridad solicitaba y la situación bélica impidieron su levantamiento.

Finalmente, alejado de la construcción de modelos por las nuevas circunstancias, fue encargado de proteger las costas de El Puerto de Santa María. Realizando su nuevo trabajo, sufrió una caída del caballo, lo cual acabó debilitando aún más su maltrecha situación física. Destinado al Ramo de Fortificación, pasaba primero a Mahón, donde le acometieron numerosos problemas de salud, debiendo regresar a El Puerto de Santa María, donde estuvo a punto de morir y desde donde poco después, en 1784, sería destinado a Extremadura. Desde Badajoz, donde trabajó en la frontera con Portugal, pasaba a la Corte, nuevamente por motivos de salud durante un breve periodo.

Desde Madrid era destinado nuevamente a Málaga, desde la que, el 29 de noviembre de 1774, informaba respecto al castillo de San Lorenzo, en contra de su demolición preconizada por el ingeniero director Pedro Martín Zermeño, partidario de ella. Jiménez decía en su informe sobre el citado fuerte, que era “un Hornabeque o herradura irregular muy indefensa y baja, desde luego es un recinto que más levantado sostiene una buena batería a la mar, la que sirve para levantar el Pabellón de la Nación y hacer la salva a los navíos extranjeros, batir la borda de la boca del puerto y cercar los Cuarteles y Almacenes de Artillería, las aguadas para los Presidios Menores y parapeto para las crecientes del río”. El 31 de julio de 1786 firmaba, como ingeniero en segundo y comandante del Cuerpo de la plaza, un extenso informe para poner remedio a las inundaciones causadas por el río Guadalmedina, informe en el que se desdecía de su defensa del castillo de San Lorenzo, al que ya consideraba como “inútil y aún perjudicial”.

También dirigió el levantamiento de una batería de 18 cañones en el muelle viejo y, como responsable de las obras y defensas del puerto, atendía a las necesidades que apreciaba en sus continuas y periódicas revisiones y que comunicaba a sus superiores, del estado de las mismas y opciones. Como consecuencia, una “Real orden de 9 de marzo de 1787 por la que el Rey Carlos III, por medio del marqués de Vallehermoso, ordenaba se hicieran las reparaciones que tras un informe del ingeniero Alfonso Jiménez, en la cual se advertía en el cabo del muelle viejo de Levante, pues podría haber daños irreparables en su estructura en la zona de Poniente”.

Posteriormente, siguió en Málaga, debilitándose fuertemente su salud. En un informe se decía de él lo siguiente: “ha estado casi siempre enfermo, pero haviendo tomado interinamente el mando de aquella dirección por ausencia del propietario, tuvo varios debates con los vocales de la Junta de Reales Obras, y el difunto marqués de Sonora dio orden para que no entendiese en ellas”. Esa situación hizo que fuera propuesto su traslado a Valencia en 1787, hecho al que se resistió hasta el punto de sufrir un Consejo de Guerra. Finalmente se decidió que este oficial “no se halla en estado de desempeñar como se debe el servicio del Cuerpo de Ingenieros”. Sin embargo, en 1788 se proponía su ascenso a ingeniero en segundo, estando a las órdenes del conde de Ricla.

En 1789 se encontraba destinado en Valencia desde donde pasaba a Peñíscola, aunque con residencia en Vinaroz, realizando en Peñíscola los planos de una ermita y de un hospital. En ese mismo año fue ascendido a coronel, solicitando su traslado a Valencia para hacer ingresar a sus hijos como cadetes en el Ejército. Ya con 51 años y una salud muy mermada, se le concedía el retiro.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas (AGS), Exps. pers.

H. Capel et al., Los Ingenieros Militares en España. Siglo XVIII. Repertorio biográfico e inventario de su labor científica y espacial, Barcelona, Publicaciones y ediciones de la Universidad, 1983; J. López Muiños, Algunos aspectos de la Ingeniería Militar española y el Cuerpo Técnico, Madrid, Ministerio de Defensa, 1993; F. R. Cabrera Pablos, Puerto de Málaga, de Felipe V a Carlos III. La construcción del puerto de Málaga: su estructura militar (1700-1788), Málaga, Servicio de Publicaciones de la Autoridad Portuaria de Málaga, 1994; L. F. Martínez-Montiel, “La maqueta de Cádiz, algunos apuntes sobre la construcción y su autor”, en Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, 12 (1999), págs. 279-292; A. Gil Albarracín, Documentos sobre la Defensa de la Costa del Reino de Granada (1497-1857), Barcelona, Ingoprint, S. A. 2004; R. Garófano Sánchez, “La maqueta del siglo XVIII de la Plaza Fuerte de Cádiz. Su estancia en Madrid y regreso a Cádiz”, en Periférica: Revista para el análisis de la cultura y el territorio, 21 (2020), págs. 106-125; A. Lara Villodres, “El ingeniero militar del XVIII don Alfonso Ximénez”, en La Opinión de Málaga, 11 de marzo de 2024.

 

Juan Carrillo de Albornoz y Galbeño