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José Tormo y Juliá

Biografía

Tormo y Juliá, José. Albaida (Valencia), 25.XII.1721 – 26.XI.1790. Obispo de Orihuela, benefactor, ilustrado.

Nacido en una familia de labradores acomodados, estudió Teología y Filosofía en la Universidad de Valencia, obteniendo ambos doctorados. Posteriormente, fue profesor en estas disciplinas. Ya en el Seminario de Orihuela, fue el primer catedrático de Teología Dogmática. Detentó varias dignidades y pasó por todos los oficios propios de un clérigo secular. En 1748 y 1755 opositó a una canonjía en la Catedral valenciana, consiguiéndola finalmente. El arzobispo Andrés Mayoral le nombró su obispo auxiliar, aunque Carlos III le propuso posteriormente para la sede de Orihuela, tomando posesión de la misma el 20 de julio de 1767.

A la formación de estos eclesiásticos contribuyó notablemente el mencionado arzobispo de Valencia, Andrés Mayoral (1737-1769), siendo después promocionados a diferentes mitras de distintas diócesis. José Tormo pertenecía a ese grupo que, en líneas generales, fueron vinculados y acusados con lo que se identificaba como “jansenismo”: Felipe Bertrán para Salamanca, José Climent para Barcelona; Francisco Armanyá, para las diócesis de Lugo y Tarragona, además de Rafael Lasala, obispo auxiliar de Valencia y después titular de Solsona. Como los citados Bertrán y Climent, Tormo pertenecía a la escuela tomista. Sin embargo, los primeros prelados salidos de Valencia, en el pontificado de Mayoral, no compartieron esta línea. Asensio Sales —que fue obispo de Barcelona entre 1755 y 1766, antes que Climent— manifestó su disconformidad respecto a la excesiva inclinación del arzobispo Mayoral hacia los tomistas. Por eso, defendió a los jesuitas en los “tiempos recios”.

La promoción episcopal de Tormo tuvo como destino un recóndito obispado, como era el de Orihuela, alejado de la Corte, parco en rentas y en el cual permaneció por espacio de veintitrés años, sin posibilidad de ser enviado a otro mejor y más dotado, pero en el que consiguió notables realizaciones. Instituyó en el mismo sesenta y cinco vicarías y reglamentó la vida diocesana a través de una importante colección de pastorales. Prestó atención a la reimpresión de libros raros, como eran los sínodos de Orihuela de 1569, 1600 y 1663, dando vigencia plena a las disposiciones del Concilio de Trento.

En 1768, Tormo formó parte del Consejo Extraordinario establecido por Carlos III para dictaminar sobre los bienes de la Compañía de Jesús. En su caso, tras la expulsión de los jesuitas, se le entregó el Colegio que estos regulares poseían en Orihuela. Allí fundó el de la Purísima Concepción para niñas de familias pobres. Su posición antijesuítica, le valió notables enfrentamientos contra los miembros de su Cabildo catedralicio, donde todavía se encontraban canónigos del tiempo del obispo Gómez de Terán, los cuales habían mostrado una marcada inclinación jesuítica. Intervino en 1769 en el examen de las doctrinas del obispo Climent, de quien era amigo y cuya ortodoxia defendió. La posición de Tormo venía también definida por un claro regalismo, unas posiciones episcopalistas y un fuerte rigorismo moral, tan contrario al laxismo asociado con la Compañía de Jesús. Por otra parte, su dictamen sobre la conveniencia de extinción de los jesuitas, tras la expulsión, fue uno de los más virulentos y radicales, comparable en sus argumentos con pastorales tan conocidas como la del arzobispo de Burgos, Rodríguez de Arellano. Impuso silencio férreo a la población más sensible hacia el extrañamiento de los jesuitas como eran los conventos de monjas, evitando la recreación de revelaciones sobrenaturales sobre la decisión gubernamental o las que anunciaban un próximo regreso de los regulares de la Compañía.

Como obispo ilustrado, continuó el impulso otorgado al seminario diocesano por su antecesor Juan Elías Gómez de Terán (1738-1758), uno de los prelados que más se distinguió en la reforma de estas instituciones. Aquel fundió las instituciones existentes anteriormente, otorgándoles las oportunas constituciones. Tormo añadió un nuevo edificio y enriqueció el conjunto con una excelente biblioteca, con una gran variedad de materias, que reflejaban la reforma educativa de los seminarios, que se iba a llevar a cabo en el tiempo del reinado de Carlos III. En el terreno docente, a él le corresponderá la adecuación de los contenidos de la enseñanza y los planes de estudios a las directrices dispuestas por el gobierno. Dadas sus posiciones, no le costó mucho eliminar las cátedras suaristas del Seminario. Con todo, supo dar una inclinación moderada a la reforma de su plan de estudios entre 1778 y 1782. No compartió, por ejemplo, el proyecto de Rodríguez Campomanes de suprimir la Universidad de Orihuela para, con las rentas municipales que la sustentaban, fundar un colegio destinado a las lenguas latina, griega y hebrea, el cual podría vincularse al Seminario. El obispo consideraba que aquel proyecto provocaría un desvío de la principal tarea a la cual tenía que estar dedicado el seminario como centro de formación de sacerdotes, dentro de un ambiente de retiro. Una línea moderada, a pesar de su tomismo y rigorismo en otros aspectos, que sus sucesores conducirían hacia el conservadurismo.

A pesar del proyecto mencionado de Campomanes, el obispo oriolano reforzó en el plan de estudios del Seminario la Cátedra de Estudios Bíblicos, con la creación de la de Lenguas Griega y Hebrea, dentro de la línea de recuperación de las inquietudes del humanismo del siglo XVI; estableció la Cátedra de Locis Theologicis; eliminó cualquier texto o autor que pudiese ser asociado con una inclinación laxista en el estudio de la moral. El catecismo de Ripalda, por ejemplo, fue sustituido por el texto de Fleury. En la oratoria sagrada fue obligatoria la lectura de fray Luis de Granada. Una vez que hubieron desaparecido las cátedras suaristas, se mostró cauto en el terreno de la teología y la filosofía, rechazando algunas recomendaciones gubernamentales desde las cuales se podía producir una disociación entre ambas disciplinas. Una solución adoptada por otros seminarios españoles y donde se dejaba claro hasta dónde se quería llegar con el espíritu reformista del momento. Eso sí, como obispo del siglo XVIII, mostraba cuál era el objetivo final: la adecuada formación intelectual de los eclesiásticos. Por eso, en el profesorado recurrió a sacerdotes que compartían ese horizonte, como ocurrió con el setabense Joaquín Lorenzo Villanueva.

En 1774, creó la Biblioteca Pública en el palacio episcopal, cuidando de ella dos beneficiados, que se encargaban de servir los libros. Además de la mencionada ampliación del Seminario, impulsó la construcción de la iglesia parroquial de Cox, consagrándola en 1778; levantó otras parroquias en la diócesis. Procuró superar esa detención de las obras de la iglesia de Santa María de Elche, contribuyendo personalmente con 2000 pesos y consiguiendo, además, el auxilio monetario del duque de Arcos. Facilitó, además, la llegada de las aguas a la ciudad ilicitana, desde las fuentes de Barrenas. Los primeros análisis del proyecto comenzaron en 1784, concluyendo con la entrada del agua el 27 de junio de 1789. Se ocupó de la realización de diques en Benferri y Rojales para evitar inundaciones.

Al final, se mostró partidario de restaurar la sede de Saetabis, con capital en Xàtiva. Sobre esta cuestión habló con el mencionado Joaquín Lorenzo Villanueva, después diputado en las Cortes liberales. Tormo ya se hallaba gravemente enfermo en su villa natal de Albayda. Con anterioridad, cuando era canónigo de la Catedral de Valencia, tuvo que mostrarse contrario a esta desmembración pues perjudicaba a la archidiócesis valenciana a la que pertenecía. Sabiendo que no había hecho todo lo posible para conseguirlo, le pidió a Lorenzo Villanueva que continuase hasta culminar con este objetivo: “¡Ojalá pudiera yo reparar este daño con la sangre de mis venas! Acaso podra V. influir en ello algun día: ruégaselo á V. con todas veras”.

Su reformismo se mostraba también en sus cartas pastorales, vehículo de transmisión de sus ideas. Impulsaba, así, la reducción de los días festivos con el objeto de facilitar el trabajo; trataba de evitar el exceso de la devoción de imágenes y reliquias; vigiló la impresión de estampas y la circulación de medallas que no respondían a la religiosidad ilustrada. Pensaba como tal, que la reforma pasaba por la Iglesia y por el citado Seminario que impulsó.

 

Obras de ~: Aviso pastoral del Ilmo. señor D. Joseph Tormo, obispo de Orihuela, a sus diocesanos: sobre la extinción de los Beneficios simples y ereccion de ellos en curatos de riguroso concurso synodal, Madrid, en la Imprenta de Gabriel Ramirez, 1768; Carta pastoral del ilustrísimo Señor [...], para que los templos y altares de su diócesis se edifiquen conforme a las reglas que prescribe el arte, recordado por nuestro pio y Catholico monarca en carta del excelentísimo Señor Conde de Floridablanca, fecha en San Lorenzo el Real a veinte y nueve de noviembre de mil setecientos setenta y siete, Murcia, por Felipe Teruel, s. f.; Edicto pastoral que el ilustrísimo señor obispo de Orihuela ha mandado publicar, se alando el Abito Clerical para todos los eclesiasticos de su diócesi, en conformidad a lo prevenido por el Sagrado Concilio de Trento, s. f.; Colección de pastorales y edictos de Josef Tormo, obispo de Orihuela, Murcia, en la viuda de Felipe Teruel, s. f.; Manual Christiano o Compendio de algunas oraciones, hymnos y canticos, dispuesto por Don Joseph Tormo, Murcia, en la imprenta de la viuda de Felipe Teruel, s. f.; Descripcion, constituciones y ordenanzas para el regimen y gobierno del Colegio de dos seminarios fundado en la ciudad de Orihuela por D. Juan Elias Gomez de Teran, Obispo de dicha ciudad y Obispado, añadidas por el mismo Ilmo. Fundador y por los Sres. Ilmos. Obispos D. Jose Tormo y D. Simon Lopez, Orihuela, por la viuda de Santa Maria, s. f.; A las muy reverendas madres prioras, abadesa y religiosas de los monasterios de nuestra jurisdicción y diocesi de Orihuela con motivo de la expulsión de los regulares de la Compañia, Joseph, Obispo de Orihuela, s. l., s. f.

 

Bibl.: J. B. Vilar, “Dictamen del Dr. José Tormo, obispo de Orihuela, recomendando la supresión de la Compañía de Jesús (1769)”, en Hispania Sacra, 31 (1978-1979), págs. 343-355; A. Mestre Sanchis, “Religión y cultura en el siglo XVIII”, en R. García-Villoslada (dir.), Historia de la Iglesia en España, IV. La Iglesia en la España de los siglos XVII y XVIII, Madrid, Biblioteca Autores Cristianos, 1979, págs. 586-745; M.ª L. Cabanés Catalá, “El Seminario de Orihuela durante los episcopados de Juan Elías Gómez de Terán y José Tormo”, en Orígenes del Seminario de Orihuela 1742-1790, Murcia, Caja de Ahorros del Mediterráneo-Obispado de Orihuela-Alicante, 1992; M. Martínez Gomis, “El Seminario de Orihuela en el siglo XVIII”, en Orígenes del Seminario de Orihuela 1742-1790, Murcia, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Obispado Orihuela-Alicante, 1992, págs. 63-89; Vida literaria Joaquín Lorenzo Villanueva, ed., intr. y notas de G. Ramírez Aledón, Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, Diputación Provincial, 1996; C. Mas Galván, “Tres seminarios españoles del Setecientos: Reformismo, Ilustración y Liberalismo”, en Cuadernos de Historia Moderna (2004), págs. 163-200.

 

Javier Burrieza Sánchez